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El agua de la vida Jn 4,5-15.19b-26.39a.40-42 (CUA3-17)

“Golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.  Con ese mandato dirigido a Moisés, Dios responde a las murmuraciones de su pueblo, torturado por la sed en el desierto (Es 17,3-7). Una y otra vez, en el camino de la esperanza surge la tentación de la nostalgia. En lugar de seguir al Dios del futuro, el pueblo añora a los dioses del pasado.
Tras haber recordado a Adán y a Abraham, la liturgia cuaresmal nos presenta En este tercer domingo la figura de Moisés. Entre el pueblo y su Dios, Moisés se nos muestra como el mediador. Es verdad que no es él quien envía el agua, pero su obediencia contribuye a calmar la sed de los peregrinos. Y a que llueva el perdón divino sobre la blasfemia humana.
Con razón el salmo responsorial nos repite un oráculo de salvación: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón” (Sal 94).
Y con razón san Pablo nos recuerda que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,4). El amor de Dios es el agua que nos da vida y Jesucristo es el nuevo Moisés que nos abre ese manantial de gracia y de esperanza.

EL SÉPTIMO HOMBRE
El agua del antiguo pozo de Jacob es lo que buscaba aquella mujer de Samaría. Ella mira al pasado de su pueblo, pero Jesús la invita a imaginar un futuro insospechado: “Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice ‘dame de beber’, le pedirías tú, y él te daría agua viva” (Jn 4,10).  Ahora es la mujer la que pide esa agua que da vida.
Por el camino de esta mujer han pasado ya seis hombres. Ninguno de ellos le ha traído la paz y la felicidad. Jesús es el séptimo hombre que llega a su vida. El séptimo hombre es el enviado por Dios. Ya no es solo un judío. Se revela como un profeta. Es el Mesías y el Salvador. En este relato, la escalada de sus títulos resume toda una catequesis.
En el evangelio de este tercer domingo de cuaresma el agua preanuncia el bautismo de los catecúmenos en la fiesta de la Pascua. Al igual que Elías pidió de comer a una mujer pagana, Jesús pide de beber a una mujer que podría ser considerada como pecadora. El verdadero profeta llega siempre como un indigente.

EL CÁNTARO
En el centro de este diálogo estupendo, sobresale la revelación del Profeta sospechado y del Mesías largamente esperado: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.
• “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed”. Así es. Muchas veces nos hemos acercado a pozos engañosos que no han calmado nuestra sed de felicidad.
• “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor”. Muchas veces hemos buscado satisfacción en el exterior, olvidando que el manantial esta en nuestro interior.
• “Un agua que salta hasta la vida eterna”. Muchas veces limitamos nuestros deseos a lo efímero y caduco, cuando el Señor nos abre a un horizonte de eternidad.

No es extraño que los griegos atribuyan a la samaritana el nombre de Santa Fotina, es decir, la Iluminada. El cántaro que ella dejó junto al pozo está a disposición de los que han de llevar a sus hermanos el agua de la fe y de la esperanza.

Cronos va a mi clase

Cronos, el transcurrir del tiempo, va a nuestras clases y las alborota con sus prisas, tanto que apenas disfrutamos de la belleza de nuestra tarea. Nos hace falta escuchar mejor, pensar, mirar despacio a los ojos de otro ser humano, a los de un niño… Sentirnos maestros. Porque, siendo profesores, desempeñamos una tarea imprescindible, recorremos el camino más humano, ofrecemos la herencia más valiosa, exploramos la fuente de riqueza más necesaria, imaginamos sueños que duran siempre, hacemos el mundo mejor. Como docentes, cambiamos las vidas y abrimos futuros, así que estamos en disposición de comprender y aceptar la oportunidad que se nos ofrece, nuestro kairós. Un libro útil para comprender mejor cuál es la dimensión esencial del tiempo en educación.





Autor: Carmen Guaita
Editorial PPC
ISBN 9788428828505
144 páginas.
Precio: 14 euros.

El encuentro Mt 17,1-9 (CUA2-17)

Obediencia Mt 17,1-9 (CUA2-17)

“Abraham marchó como le había dicho el Señor” (Gén 12,4). En la primera lectura de los domingos de Cuaresma, la liturgia nos lleva a hacer un recorrido por la historia de la salvación. De hecho, nos presenta las figuras de Adán y Eva, Abraham, Moisés, el rey David y el profeta Ezequiel, para culminar el Domingo de Ramos con el Siervo de Dios.
Pues bien, frente a la desobediencia de Adán y Eva, se subraya hoy la obediencia de Abraham, El patriarca sale de su tierra y de la casa de su padre hacia una tierra y un destino que Dios le ha de mostrar. El suyo es un itinerario de fe y de esperanza. Un modelo para el camino que ha de seguir todo creyente. 
Por otra parte, en la segunda lectura de los domingos cuaresmales, todos los textos, tomados de los escritos paulinos, subrayan la salvación que nos ha llegado por Jesucristo. Hoy se recuerda que Él “destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio”.

CUATRO DETALLES
En el evangelio de este segundo domingo de cuaresma se lee todos los años el relato de la transfiguración de Jesús en un monte alto.  El texto de este año, tomado del evangelio de Mateo, contiene cuatro detalles exclusivos, relacionados por parejas:
• Se concede a Pedro un cierto protagonismo. Es él quien se ofrece a levantar por su cuenta tres tiendas: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías.
• Pero los evangelios de Marcos y Lucas añaden que Pedro no sabía lo que decía. Solo el evangelio de Mateo suprime esa observación que podría oscurecer su autoridad.
• Según este evangelio, al oír la voz de lo alto que los invita a escuchar a Jesús, los discípulos predilectos cayeron de bruces, dominados por el miedo.
• Pero solo este evangelio, al sentido del oído y de la vista, añade también el tacto. Jesús se acercó a los discípulos, los tocó y les dijo: “Levantaos y no tengáis miedo” (Mt 17,7).

LA VOZ DE LA NUBE
Los tres evangelios sinópticos coinciden en introducir la voz que procede de la nube, signo de la presencia de Dios: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo”.
• “Este es mi Hijo amado”. La Transfiguración de Jesús nos revela el rostro de Dios. Nunca podrá ser confundido con los dioses de los paganos. Los de antes y los de ahora. El verdadero Dios es Padre y es amor,
• “En él me complazco”. Jesús recoge la imagen del Siervo de Dios, al que se dedicaban aquellos hermosos cantos en la segunda parte del libro de Isaías. Él ha sido elegido y enviado. Él es el predilecto de Dios. Pero él nos salvará por sus dolores. 

• “Escuchadlo”. El Deuteronomio pedía al hebreo que escuchase a Dios. Ahora Dios nos pide que escuchemos a Jesús. Él es la Palabra hecha carne. La Palabra definitiva de Dios. Pero escucharlo no es una frivolidad. Es aceptar su vida y su suerte, tomar su cruz y seguirle.

15 recursos para trabajar el Acoso Escolar

De plena actualidad, el ACOSO ESCOLAR en los centros educativos es una cuestión preocupante que debe centrar esfuerzos de concienciación en todos los niños y jóvenes con los que tratamos, trabajamos y vivimos. El siguiente enlace os proporciona información sobre 15 recursos para combatir el acoso escolar. Son metodologías interesantes que espero sean de provecho (VER INFORMACIÓN)

La Tentación Mt 4,1-11 (CUA1-17)

¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín? Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gén 3,1.5). Los primeros capítulos del Génesis crean muchos problemas de fe a las gentes. Bastaría fijarse en su estilo parabólico. Y ver que solo en las fábulas hablan los animales.
El discurso de la serpiente es engañoso. En él se encierran dos grande cuestiones que inquietan a los hombres de hoy. En primer lugar se presenta a Dios como aquel que prohíbe la realización humana. Y en segundo lugar, se suscita en la persona el deseo de decidir por su cuenta la esencia del bien y del mal.
Está en juego la imagen misma de Dios. Y, en consecuencia, se plantea la cuestión de la identidad y de los poderes del hombre. Así que la tentación no es una frivolidad.
En la carta a los Romanos, san Pablo presenta a Jesucristo como el nuevo Adán (Rom 5,12-19). Si el primero refleja nuestro coqueteo con el mal, que nos lleva a creernos dioses, el segundo nos revela la grandeza del bien, que consiste en aceptar a Dios como Señor.

LAS TENTACIONES DE ISRAEL
En el evangelio de este primer domingo de cuaresma se lee todos los años el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto.  El texto tomado del evangelio de Mateo evoca las tentaciones del pueblo de Israel. De ellas recibimos orientación para afrontar nuestras propias tentaciones.
• Pretender que las piedras se conviertan en panes evoca el hambre que el pueblo peregrino padeció en el desierto y el don del maná y las codornices (cf. Ex 16). Pero Jesús sabe que el hombre no vive solo de pan.
• Proponer a Jesús que se arroje desde el alero del templo, recuerda que el pueblo sediento tentó a Dios, al pensar que Dios estaba contra él (cf. Ex 17, 1-7). Pero Jesús advierte que nunca se debe tentar a Dios.
• Ofrecer a Jesús los tesoros de todos los reinos del mundo, nos muestra de nuevo el espectáculo del pueblo que decidió adorar a un becerro de oro (cf. Ex 32).  Pero Jesús proclama que solo a Dios se debe adorar.

LA PALABRA Y SUS VALORES
En el relato de las tentaciones de Jesús se contraponen constantemente la humanidad y la debilidad de Jesús, que siente hambre; y la imagen y la majestad de Dios, a quien es preciso escuchar. Por eso se repite hasta tres veces la solemne apelación a la palabra divina.
•  “Está escrito”. Así responde Jesús. No basta el pan de cada día, por necesario que sea. Hace falta alimentarse de la Palabra de Dios.
•  “Está escrito”. Dios es nuestro Padre, compasivo y misericordioso. Pero tienta a Dios quien se expone al peligro y lo convierte a él en un fácil salvavidas

•  “Está escrito”. Los tesoros y la magnificencia de todos los reinos nos fascinan. Pero a nada y a nadie debemos la adoración que solo Dios merece.