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MAGNIFICA HUMANITAS / "La magnifica humanidad" - León XIV Infografías resumen y texto completo

La primera carta encíclica del Papa León XIV, titulada Magnifica humanitas («Magnífica humanidad»), ha sido publicada hoy oficialmente por el Vaticano. El documento aborda d «la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial», estableciendo la postura ética y moral de la Iglesia ante la actual revolución tecnológica. La encíclica fue firmada el pasado 15 de mayo, en conmemoración del 135º aniversario de la histórica encíclica social Rerum novarum de León XIII (1891).

El texto consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión y los ejes principales de su mensaje son:

- Prioridad de la dignidad humana: El texto advierte contra el riesgo de crear una «Babel tecnológica», insistiendo en que las herramientas digitales y los algoritmos deben estar siempre al servicio de las personas y no al revés.

- Riesgos del poder tecnocrático: Alerta sobre un desarrollo tecnológico desmedido y sin límites éticos que pueda ser utilizado para beneficiar solo el poder de unos pocos, marginar a los más vulnerables o deshumanizar las relaciones sociales.

- Gobernanza y responsabilidad: Exige marcos de transparencia, regulación internacional y un diálogo abierto entre la teología, las ciencias humanas y los líderes de la industria tecnológica.

- Paz, trabajo y justicia social: Vincula el impacto de la IA con el futuro del empleo digno, la automatización militar (armas autónomas) y la necesidad de proteger a los menores de edad en el ecosistema digital.

Infografías que resumen su contenido:








Dos oraciones diferentes. Fariseo y publicano


 

Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo en mí (Trinidad)

 




Sacramentos de servicio: Matrimonio y Orden Sacerdotal





 

S. Felipe Neri (26 de mayo). Breve biografía, arte, dibujo a color y para colorear

"Aparición de la Virgen a S. Felipe Neri"
Carlo Marata
Óleo sobre lienzo
(Ca. 1675)
Galleria Palatina-Palacio Pitti (Florencia-Italia)

Breves datos biográficos

Nació en Florencia en 1515 donde destacó desde niño por su buen carácter y piedad. En 1533 se trasladó a Roma, donde vivió inicialmente como laico dedicado al estudio y a servir a los pobres y peregrinos.

Ordenado sacerdote en 1551, convirtió el confesionario en un centro de transformación espiritual gracias a su paciencia y capacidad de escucha. y revolucionó la pastoral urbana reuniendo a laicos para orar, cantar y realizar obras de caridad. Esto dio origen a la Congregación del Oratorio, aprobada en 1575.

Falleció en Roma el 25 de mayo de 1595. Su estilo de vida sencillo y su enfoque en la alegría atrajeron a multitudes, dejando una huella imborrable en la Iglesia.





 

Dejad que los niños se acerquen a mí Mt 19,14


 

Envía tu Espíritu Jn 20,19-23 (PAA8-26) Pentecostés

 De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados” (Hech 2,2). Se celebraba la fiesta de Pentecostés y los apóstoles estaban reunidos en Jerusalén. Tal vez se preguntaban cómo iniciar la misión que el Señor les había confiando. 

De pronto, un  trueno se deja “oír” por todos. Y a continuación, unas lenguas como de fuego se dejan “ver” sobre cada uno de ellos. Entran en juego los sentidos corporales.  

 Es la presencia del Espíritu de Dios. Es como una nueva creación. Una nueva manifestación de lo divino. Una elección y una misión. Habrán de dirigirse no solo al pueblo de Israel, sino también a todas las gentes, que los oirán en sus respectivas lenguas.   

Con el salmo responsorial dirigimos al Padre la súplica que es obligada en el día de hoy: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de a tierra” (Sal 103).

San Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir que Jesús es Señor, sino por el Espíritu Santo”. Vivamos unidos, porque “todos hemos bebido de un solo Espíritu (1 Cor 12,3.13). 

DISCERNIMIENTO Y DOCILIDAD

El evangelio que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos remite a aquel primer día de la semana en que Jesús resucitado se presentó en medio de sus discípulos y les deseó la paz. Ellos lo reconocieron  al ver sus llagas y se llenaron de alegría.  

Entonces, Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos”. En una sociedad como la nuestra ¿Qué significan esas palabras?

• Recibir el Espíritu Santo es acercarnos a la fuente.  La verdad que podamos anunciar y el bien que podamos hacer no brotan de nuestra mente ni de nuestra voluntad.  Solo el Espíritu de Dios puede librarnos de nuestra presunción y de nuestro desaliento.

• Perdonar o retener los pecados tampoco depende de nuestra personal apreciación de la responsabilidad de los demás. Solo el Espíritu puede mover a los pecadores a la conversión y concedernos el discernimiento para evaluar la responsabilidad, la culpa y el arrepentimiento. Del Espíritu viene el perdón, el discernimiento y la docilidad para reflejar su misericordia.  

TESTIGOS DE LA VERDAD Y EL PERDON

Pero antes de ese precioso encargo, Jesús manifiesta ante sus discípulos la  misión que él  mismo ha recibido: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Ese envío es lo que garantiza su autoridad y lo que fundamenta y motiva nuestra responsabilidad.

• “Como el Padre me ha enviado”. Jesús es consciente de haber sido enviado por el Padre celestial. Él dijo alguna vez que atender a su voluntad era su comida. Escucharla y cumplirla era el sustento de su vida y era la razón de su actuación en el mundo. 

• “Así también os envío yo”. Sin embargo, Jesús había buscado colaboradores para anunciar por todo el mundo la llegada del Reino de Dios. El que había sido enviado por el Padre, los envía a ellos y nos envía a nosotros a anunciar la presencia misericordiosa de Dios.

La paz y el gozo Jn 20,19-23 (PAA8-26) Pentecostés

1. El evangelio de hoy, Juan (20,19-23), nos viene a decir que desde el mismo día en que Jesús es resucitó de entre los muertos, su comunicación con los discípulos se realizó por medio del Espíritu. El Espíritu que «insufló» en ellos les otorgaba discernimiento, alegría y poder para perdonar los pecados a todos los hombres.El saludo de la paz, shalom, se repite en el relato por dos veces para confirmar algo que va mucho más allá del saludo cotidiano en el mundo bíblico y entre los judíos. Es el saludo de parte de Dios y es el saludo para preparar los que les va a otorgar a los suyos: la fuerza del Espíritu Santo. De esa manera la unión entre Jesús resucitado y el Espíritu Santo es indiscutible. Será, pues, el mismo Espíritu, es que les garantice el acontecimiento de la resurrección. Pero también el de la misión.

2. Pentecostés es la representación decisiva y programática de cómo la Iglesia, nacida de la Pascua, tiene que abrirse a todos los hombres. Esta es una afirmación que debemos sopesarla con el mismo cuidado con el que San Juan nos presenta la vida de Jesús de una forma original y distinta. Pero las afirmaciones teológicas no están desprovistas de realidad y no son menos radicales. La verdad es que el Espíritu del Señor estuvo presente en toda la Pascua y fue el auténtico artífice de la iglesia primitiva desde el primer día en que Jesús yo no estaba con ellos.

La misión y la Esperanza - Ascensión del Señor

“A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.  

• En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.

• Después, aparecen dos hombres que  recuerdan a los que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc 24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una explicación celestial.

• Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc 1,35).

El Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).

Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).

EL TRIPLE ENCARGO

En el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos (Mt 28,16-20): 

• Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.

• Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de bautizar  a las gentes en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.  

PRESENCIA Y COMPAÑÍA

La triple tarea que, al ser glorificado,  Jesús deja a sus discípulos no habría de ser fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:

• “Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado por el ángel como el Emmanuel, es decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno,  él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.

• “Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de soledad.  

• “Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos. Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman. Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero siempre bien atentos al presente.

Yo estaré con vosotros siempre Mt 28,16-20 (PAA7-26)

1. El evangelio de este día es el final del evangelio de Mateo y se quiere poner de manifiesto lo que Lucas ya nos ha expresado con la presentación de la «Ascensión»: es el momento de los discípulos, de sus seguidores, que tienen que llevar el evangelio allí donde Jesús no pudo ir: a todo el mundo. Desde lo alto de un monte, con todo el simbolismo que esto tiene en la Biblia, Jesús les otorga a los suyos un poder comunicador de salvación y de gracia.

2. El bautismo en su nombre, será por otra parte, el sacramento de iniciación de los que quieran llevar una vida nueva en este mundo. Mateo ya había elegido un monte para la enseñanza de Jesús que ha pasado a la historia como el «sermón de la montaña» (Mt 5-7). Con ello se quería ir más allá del monte Sinaí y de la ley del Antiguo Testamento, la ley del la Alianza. Para culminar la teología de una Alianza nueva dada en una enseñanza nueva, ahora Mateo, en Galilea, nos presenta al Resucitado corroborando, con un nuevo poder, lo que ya les había trasmitido en el sermón de la montaña.

3. Mas no podemos menos de resaltar que a la promesa de hacer discípulos en todo el mundo (aquí el evangelio de Mateo se hace absolutamente universalista), corresponde la promesa del mismo Jesús de estar con los suyos siempre. Muchos autores resaltan con razón que aquí se retoma el significado de “Emmanuel” (Dios con nosotros) como cumplimiento de la profecía de Is 7 y del anuncio a José (Mt. 1,23). Como el nombre que recibió fue Jesús, no concretamente “Emmanuel”, y Jesús significa “Dios salva”, quiere decir que la promesa se cumple porque la salvación de Dios con la humanidad no tendrá límites. Y esto, prometido al final, como Señor resucitado que tiene todo el poder, en el “monte”, es de una importancia teológica irrepetible.