Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Recordando la meta Jn 14,1-12 (PAA5-26)

“Al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas” (Hech 6,1). Esta primera lectura de este domingo quinto de Pascua está llena de lecciones también para nosotros.

En primer lugar, vemos que la primera crisis de la comunidad no procede de la diversidad de creencias sino de un problema práctico, referido a la justicia y a la convivencia.

En segundo lugar, esa crisis se soluciona por medio del diálogo fraterno y por el reparto de responsabilidades. Una dificultad práctica da origen a una institución nueva.

La fe nos lleva a exclamar con el salmo responsorial: “Que tu  misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti” (Sal 32).

En realidad, solo la fe en Jesucristo, piedra angular de la Iglesia, nos ayudará a vivir como pueblo adquirido por Dios. Así podremos anunciar el gozo de haber sido liberados de las tinieblas para vivir en una luz maravillosa (1 Pe 2,9).

DESORIENTADOS

El evangelio que hoy se proclama nos lleva de nuevo a la sala de la última cena de Jesús con sus discípulos (Jn 14,1-12). De nuevo escuchamos otra dificultad del apóstol Tomás, que dice a Jesús: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?”

En estos tiempos, el acoso de las ideologías, la presión de la publicidad y la autosuficiencia de los intelectuales ha llevado a mucha gente a sentirse desorientada.

Son muchas las personas que tienen la impresión de no saber qué camino seguir para vivir en serenidad y alcanzar la paz y la justicia.

Son numerosos los jóvenes que en la fiesta de la Pascua han recibido el bautismo. Muchos de ellos confiesan que se sentían totalmente desorientados en una sociedad en la que no se estiman ni promueven los valores fundamentales. 

En un día como hoy decía el papa Francisco: “Recordemos la meta. Pensemos que estamos llamados a la eternidad. Al encuentro con Dios” (7.5.23).

ORIENTACIÓN

El domingo anterior, Jesús se presentaba como la puerta del redil, que ofrece a sus ovejas defensa y libertad. Hoy Jesús nos ofrece una triple revelación sobre su ser y su quehacer. 

• “Yo soy el camino”. Corremos el riesgo de desviarnos cuando tratamos de seguir los caminos que nos señala nuestra autosuficiencia. Con demasiada frecuencia aceptamos sin rechistar las pistas que nos presentan los interesados en desorientarnos.   

• “Yo soy la verdad”. Tenemos el peligro de repetir rutinariamente que “nada es verdad y mentira; que todo es del color del cristal con que se mira”.  Nos tragamos ingenuamente las mentiras que se nos ofrecen y caemos en un relativismo infame.  

• “Yo soy la vida”. Ya no hay duda de que estamos viviendo en una “cultura de la muerte”. Se ha convertido en un inmundo negocio dar muerte a los no nacidos, a los mayores, a las víctimas de la droga o a los secuestrados en una parte y otra del mundo. 

El camino de la verdad y de la vida Jn 14,1-12 (PAA5-26)

1. El evangelio de hoy de Juan, es uno de los discursos de revelación más densos de su obra. Está inserto en el testamento de Jesús a los discípulos en la última cena, que es un relato muy particular de este evangelista. Es un discurso de despedida. Aquella noche, entiende Juan, Jesús comunicó a los suyos las verdades más profundas de su vida, de su existencia y de su proexistencia (existir para otro). Jesús se propone, se auto-revela, como el camino que lleva a Dios; se presenta igual a Dios, igual a Dios que es Padre. El centro del mismo es la afirmación de Jesús como «camino, verdad y vida».

2. Ya sabemos que el camino es para andar y llegar a una meta; la vida es para vivirla, gustarla y disfrutarla; la verdad es para experimentarla como bondad frente a la mentira, que engendra desazón e infelicidad. En el mundo bíblico la verdad (emet) no es una idea, sino una realidad que se hace, se realiza, se lleva a la práctica. En el mundo de la filosofía helenista puede que la verdad sea algo más ideológico. Camino, verdad y vida, pues, son cosas concretas que se viven, que se hacen, que se experimentan. Estas son cosas que todos buscamos en nuestra historia: queremos caminos que nos lleven a la felicidad; amamos la verdad, porque la mentira es la negación del ser y de los bueno; queremos vivir, no morir, vivir siempre, eternamente.

3. Nadie puede llegar al Padre sino por Jesús (“por mi”). Los hombres buscan a Dios, necesitan a Dios; pero no a cualquier Dios, sino el Padre. Jesús lo ha revelado de esa forma y en ello ha empeñado su palabra y su vida: ésta es su verdad. San Juan, pues, está afirmando que no es posible experimentar a Dios sino por medio de Jesús. Muchos ha hablado del absolutismo joánico, lo que llama la atención desde le punto de vista cristológico, ya que el Jesús de los evangelios sinópticos no se expresaba así. Estamos de acuerdo que esta manera de hablar depende de los catequistas y teólogos de la comunidad joánica, no de palabras o “logia” reales de Jesús de Nazaret. Este absolutismo joánico se explica porque en este momento de la cena, de la despedida, del testamento o última voluntad, Jesús está revelando todo en beneficio nuestro, en beneficio de los que “son de la verdad” (Jn 18,37), como dirá a Pilato en el momento de ser juzgado. Escuchar su voz, es confiar en su palabra de vida .

4. A Jesús, lo propone San Juan, con estos conceptos tan consistentes como el que puede liberarnos en nuestra existencia agobiada y, a veces, no menos esquizofrénica. Podemos decir que esta alta teología joánica sobre quién es Jesús para la comunidad cristiana, es una propuesta de fe; pero no una propuesta de experiencias abstractas, sino de las realidades que buscamos siempre y en todas partes. El es el camino que nos lleva a Dios como Padre, porque de otro forma hubiera seguido siendo un Dios “desconocido” para nosotros. No basta con decir Dios, sino que esa intimidad con el Padre lo hace accesible para siempre. La cristología de Juan, pues, se “abaja” en el misterio de la paternidad de Dios para que no estemos desamparados y sin confianza. Un Dios, padre, que también es madre, hace la teología más humana y, desde luego, la fe más terapéutica y espiritual. Jesús se atrevió más que nadie, y precisamente por ello es la verdad de nuestra existencia cristiana y la vida de nuestra experiencia de fe.

Bookcrossing


 

La voz del pastor Jn 10,1-10 (PAA4-26)

 “Salvaos de esta generación perversa”  Con esas palabras responde Pedro a las gentes que le preguntan qué han de hacer, tras escuchar de boca del Apóstol que Dios había constituido a Jesús como Señor y Mesías (Hch 2,14.36-41).

 La palabra de Dios nos ayuda a comprender que la salvación no viene de lo que nosotros tenemos o fabricamos. Es un don que recibimos gratuitamente del Salvador.

Con el salmo responsorial proclamamos a Jesucristo  como nuestro pastor  y nuestro guía: “El Señor es  mi pastor, nada me falta” (Sal 22).

De Pastor nos habla también la primera carta de Pedro: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,25).

EL ENCUENTRO

En el domingo cuarto de Pascua todos los años recordamos la figura del Buen Pastor.  Este año, Jesús se aplica a sí mismo la imagen de la puerta del aprisco: “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”  (Jn 10,9).

 La puerta cierra la casa y defiende nuestra intimidad. Pero la puerta nos libera del encierro, facilita la salida para poder contemplar la belleza del  mundo creado por Dios.

Además, nos gusta decir a nuestros parientes y amigos que  nuestra puerta siempre estará abierta para acogerlos en nuestra casa.   

Así pues, en Jesús toda persona puede encontrarse con Dios. En Jesús, Dios se nos abre y manifiesta, nos sale al encuentro, nos acoge y nos perdona.

Por otra parte, Jesús nos advierte para que no abramos la puerta a los falsos redentores. Solo merecen nuestra acogida quienes llegan hasta nuestra casa trayendo la paz y la verdad.  

 EL DISCERNIMIENTO

En un domingo como este, el papa Francisco aludía a Jesús, diciendo que «las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una» (Jn 10,3).

Y añadía el Papa: “El Señor nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Pero también dice el Evangelio que hay otras voces que no debemos seguir: las de los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas”. Y sugería cómo diferenciarlas:

• La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone. La voz maligna seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras, pero pasajeras.

• La voz del enemigo nos distrae del presente y quiere que nos centremos en los miedos del futuro o en la tristeza del pasado. La voz de Dios dice: “Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes practicar la creatividad del amor”. 

  • La voz que viene de Dios nos dice: “¿Qué es bueno para mí?”. En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me apetece hacer?”. Qué me apetece: la voz del mal siempre gira en torno al ego, a sus pulsiones, a sus necesidades, al todo y ahora.

• La voz de Dios y la del tentador hablan en diferentes “ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la falsedad, el chismorreo; por el contrario, el Señor ama la luz del sol, la verdad, la transparencia sincera. 

Yo he venido para que tengan vida en plenitud Jn 10,1-10 (PAA4-26)

1. El evangelio de Juan (10,1-10), nos habla del «buen pastor» que es la imagen del día en la liturgia de este cuarto domingo de Pascua. Comienza el evangelio con una especie de discurso enigmático, que es así para los oyentes, ya que este texto es bien claro: en el redil de las ovejas, el pastor entra por la puerta, los ladrones saltan por la tapia. Es una especie de introducción para las afirmaciones cristológicas de Juan. Esas afirmaciones, con toda su carga teológica, se expresan con afirmaciones de revelación bíblica, con el «yo soy».

2. En el AT Dios se reveló a Moisés con ese nombre enigmático de Yahvé (algunos piensan que significa “yo soy el que soy”, aunque no está claro). Ahora, Jesús, el Señor, no tiene recato en establecer lo sustancial de lo que es y de lo que siente. Y de la misma manera que ha dicho en otros momentos que es la verdad, la vida, la resurrección, la luz, ahora se nos presenta con la imagen del pastor, cuya tradición veterotestamentaria es proverbial, como nos muestra el Salmo 23. En realidad, la imagen de este texto joánico es la de Jesús como «puerta», aunque en el conjunto de Jn 10 se juega precisamente con las dos imágenes: puerta y pastor.

3. La imagen de la puerta es la imagen de la libertad, de la confianza: no se entra por las azoteas, por las ventanas, a hurtadillas, a escondidas. Es la imagen, pues, de la confianza. En el Antiguo Testamento se habla de las puertas del templo: "Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor, los vencedores entrarán por ella" (Sal 118,19-20). Las puertas del templo o de la ciudad eran ya el mismo conjunto del templo o de la ciudad santa (es una especie de metonimia, con lo que se expresa el todo por una parte). Por eso dice el Sal 122,2: "ya están pisando nuestros pies tus puertas Jerusalén"; cf. Sal 87,1-2; 118,21; etc.). Pasar por la puerta era ¡el no va más! para los peregrinos. Ahora Jesús es como la nueva ciudad y el nuevo templo para encontrarse con Dios. Porque a eso iban los peregrinos a la ciudad santa a encontrarse con Dios.

4. Jesús en este evangelio se propone, según la teología joánica, como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida y con la verdad de nuestra existencia. No es una pretensión altisonante, aunque la afirmación cristológica de Juan sea fuerte. Eso no quita que debamos mantener un respeto y una comprensión para quien no quiera o no pueda entrar por esa puerta, Jesús, para encontrar a Dios. Nosotros, no obstante, los que nos fiamos de su palabra sabemos que él nos otorga una confianza llena de vida.

5. Se habla de un “entrar y salir” que son dos verbos significativos de la vida, como el nacer y el morir. En Jesús, puerta verdadera de la vida, ésta adquiere una dimensión inigualable. Por la fórmula de revelación, del “yo”, se quiere mostrar a Jesús que hace lo contrario de los ladrones que entran de cualquier manera en la casa, para robar, para matar, para llevarse todo lo que pueden. Jesús, puerta, “viene” para dar, para ofrecer la vida en plenitud (v. 10). Pero en este domingo pascual, el símbolo de la puerta debemos enhebrarlo a la significación del misterio de la resurrección de Jesús. Es verdad que en el texto joánico este significado no cuenta, pero sí debemos tenerlo presente en la predicación, ya que la resurrección de Jesús es la “puerta” de la vida nueva para El y para todos nosotros. Y solamente es desde la resurrección cómo podría expresarse el Cristo de Juan esas expresiones de revelación del “yo soy” la vida, la resurrección, el buen pastor, la luz…

Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/26-4-2026/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/