Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Un banquete para la libertad Mt 22,1-14 (TOA28-26)

1. El evangelio del banquete que un rey da por la boda de su hijo es una de las parábolas más sofisticadas del evangelio de Mateo, que marca unas diferencias substanciales con la que nos ofrece Lucas (14,15-24); incluso podríamos hablar de parábolas distintas. Mateo nos habla de un rey, rechazado por los magnates, y tras ser maltratados y asesinados algunos de sus criados, manda atacar y destruir la ciudad. Ahora se debe ir a los cruces de los caminos para instar a los transeúntes a que vengan al banquete. Como es lógico, vinieron toda clase de gentes, buenas y malas. ¿Qué significa, pues, que tras esta invitación tan generosa e informal, el rey venga a la sala del banquete y encuentre a uno que no tiene traje de bodas? Esto cambia el sentido de la interpretación de los vv. 1-10, cuando la sala se llenó de invitados, poniendo de manifiesto que incluso los que no estaban preparados son invitados a un banquete de bodas. Aquí nos encontramos con lo más extraño, quizás lo más importante y original de la parábola de Jesús redactada por Mateo.

2. Los vv. 11-14, sobre el traje de bodas, pues, deben ser un añadido independiente. Estaríamos ante una reconstrucción alegorizante para la comunidad de Mateo, que saca unas consecuencias nuevas para los miembros de esa comunidad cristiana tan particular, con objeto de que sepan responder siempre a la llamada que se les ha hecho. Pensemos en la «justicia» de las buenas obras, del compromiso constante, de la perseverancia, a lo que es muy dada la teología del evangelio de Mateo. En todo caso no debemos perder de vista que la parábola la pronunció Jesús para poner de manifiesto la fiesta de la libertad de Dios que llama a todo el que encuentra. Por lo mismo, el significado del traje de boda, añadido posteriormente (quizás se trataba de una parábola independiente), debe estar supeditado al primero, porque no es lógico que los invitados por los caminos estén preparados para una boda. No obstante deberíamos suponer que en la semiótica del vestido con que se quiere generar el texto, todo el mundo, incluso lo más pobres, siempre encuentran unas ropas más decentes para ir a una boda o a un banquete; de lo contrario no tendrían sentido los vv. 11-14. Por eso pensamos con otros intérpretes que se trata de una parábola sobreañadida a la original de los vv. 1-10, que son los coinciden más con Lc 14.

3. En todo caso, la parábola es escandalosa, y debe seguir siéndolo en cuanto a los motivos de los que rechazan el banquete, como en la actitud del rey que, en vez de suprimir el banquete, invita a todo el mundo que se encuentre por los caminos: hay que buscar a las personas que no están atadas a nada ni a nadie; son libres. El banquete no es un acto burlesco, sino que Jesús piensa en el festín de la salvación; no en una fiesta de compromiso, sino de libertad. En ese supuesto, hasta el hombre que no lleva vestido de boda, independientemente de la teología de Mateo, habría que entenderlo, hoy y ahora, como que no está allí como los demás, libre para la gracia de Dios. Quien no posea esa actitud, “ese vestido”, estará echando por tierra la fiesta de la libertad y de la gracia.

El banquete del Reino Mt 22,1-14

“Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera” (Is 25,6). Isaías anuncia que todos los pueblos de la tierra acudirán al monte del Señor, es decir, a su templo de Jerusalén. 

Pero junto a la promesa del banquete hay otros motivos de alegría: el olvido de los fracasos del pueblo, la superación  del dolor y de las lágrimas, de los lutos y aun de la muerte. Todo un horizonte nuevo para la esperanza. 

El piadoso israelita responde a esa invitación manifestando su deseo de llegar hasta el templo de Dios: “Habitaré en la casa del Señor por años sin término” (Sal 22).la esperanza. 

Desde la cárcel, san Pablo agradece a los fieles de Filipos la ayuda que le han enviado. No deberían molestarse por él. Está acostumbrado a andar holgado y a pasar necesidad. Y les manifiesta el motivo de su paz: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4,13).

TRES ESCENAS

 En el evangelio que hoy se proclama (Mt 22,1-14) se nos muestran tres escenas que pueden suscitar en nosotros sentimientos muy diversos.

• El primer acto recuerda a un rey que quiere celebrar la boda de su hijo con un espléndido  banquete. Los creyentes creemos que Dios quiere celebrar la alianza de su Hijo con nosotros. Y sabemos que Dios no nos impone una carga, sino que nos invita a una fiesta. 

• El segundo acto evoca a los invitados que se excusan para no participar en el banquete. Sin duda, pensamos en los hermanos de la primera alianza que se negaban a aceptar en Jesús al Hijo de Dios. Pero nuestros intereses nos llevan a ignorar la invitación de Dios.

 • El tercer acto presenta a los pobres que han sido invitados por los caminos para participar en el banquete. Entre ellos hay uno que no viste adecuadamente. No creamos que basta llamarse cristianos. Es necesario vivir como corresponde a la llamada de Dios.

LA INVITACIÓN

Como en tantas otras ocasiones, se puede decir que esta parábola es un evangelio en el evangelio. Es decir, es un buen resumen del anuncio de la salvación.

• En primer lugar, la parábola nos habla de Dios. Nos hace ver que Dios es generoso, que piensa en nosotros, que nos convida a una fiesta, que espera que aceptemos su llamada.

• Además, denuncia a todos los que desprecian la invitación de Dios, considerando que sus propios planes y deseos, sus proyectos e intereses son mucho más importantes.

• La parábola nos recuerda que los pobres y marginados de este mundo han sido también invitados a la fiesta que Dios ha organizado para todos.

• Y finalmente, nos enseña que la generosidad de Dios no puede convertirse en una fácil excusa para que nos atrevamos a vivir de forma irresponsable.

  El evangelio denuncia la autosuficiencia de quienes ignoran la voluntad, el amor y la llamada de Dios. Y denuncia también la frivolidad de los que, confiados en la magnanimidad de Dios, no se preocupan de honrarle como se debe.  

Padres e hijos. Poner límites.


 

San Francisco de Asís (4 de octubre)





 

San Francisco de Asís (4 de octubre). Mapa vital


 

Viñadores homicidas Mt 21, 33-43 (TOA27-26)

La parábola que este domingo tenemos ante nosotros está dirigida, en primer lugar, a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. El campo en el que se lleva a cabo esta vez el trabajo se concreta en una viña, algo muy querido por Dios. Como se puede comprobar al leer la primera lectura y el salmo responsorial, la vid es un elemento central de la Escritura para explicar la relación de Dios con su pueblo. Si la Biblia se refiere al pan como alimento cotidiano del hombre, y al agua, como don que hace posible la vida y la fertilidad, la vid y su producto, el vino, aluden a algo que va más allá de lo ordinario. Este sirve para celebrar, para hacer fiesta, para «alegrar el corazón». Al mismo tiempo, es el elemento que se utiliza para expresar el don del amor de Dios con su pueblo, Israel. La profecía de Isaías pone de manifiesto que Dios aparece como el viñador que ama entrañablemente su viña, Israel, y se desvela en cuidados por ella, como si de una esposa se tratara. A cambio, únicamente recibe la infidelidad, significada en los agrazones, uvas no comestibles.

El propietario y los criados

En el Evangelio la imagen es distinta: el propietario de la viña ha arrendado a unos labradores la viña, tras haberla plantado y establecer las condiciones para que diera el máximo fruto. Como consecuencia de estos cuidados, las vides producen sus frutos, pero los labradores, en lugar de devolver al propietario lo que le pertenece, pretenden quedarse con las uvas. Para ello, no vacilan a la hora de eliminar a los distintos criados que el señor de la viña les envía, hasta, por último, enviar a su propio hijo, al que también asesinarán «fuera de la viña». Con estas palabras, Jesús no está relatando únicamente la historia de la relación de Dios con el pueblo elegido. La tradición de la Iglesia ha comprendido que los criados enviados por el dueño de la viña eran los profetas, quienes eran ejecutados por poner en evidencia el pecado del pueblo y de sus dirigentes políticos y religiosos, y señalar a estos como traidores de la voluntad de Dios. Cuando el Evangelio se refiere al hijo, no cabe duda de que Jesús se está señalando a sí mismo y a la suerte que ha de correr, puesto que es quien mejor encarna al propietario. El pasaje concluye con la constatación de un hecho: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». Esta cita, del salmo pascual por excelencia, confirma que el destino último del plan de Dios se cumple y no fracasa; que ese hijo al final ha vencido y el designio de Dios se ha cumplido. Pero, al mismo tiempo, el Señor recuerda que si los primeros elegidos para cuidar la viña rechazan esta llamada, la obra de Dios no se parará y será encargada a otros.

La llamada a ser viñadores honrados

La raíz del pecado de los viñadores homicidas consiste en querer atribuirse algo que no les pertenece. Es una nueva versión del «seréis como dioses» del Génesis. Pretenden actuar como propietarios, cuando en realidad son trabajadores. Por esto, el Evangelio de este domingo es una llamada también no solo a aceptar a los enviados de Dios y a Jesucristo, como el Hijo predilecto del Padre, sino también a reconocernos criaturas agradecidas a nuestro Creador. Cuando el hombre juega a ser creador en lugar de criatura se dirige hacia su propio fracaso, ya que pretende apropiarse de una naturaleza que no le pertenece. No es el hombre quien da o quita la vida, quien decide a su propio arbitrio el bien o el mal, o quien tiene en sí la posibilidad de dar la vida eterna. Trabajar como labradores honrados en esta viña no es una esclavitud; es llevar a término el don de Dios que hemos recibido.

Fuente: https://alfayomega.es/los-vinadores-homicidas/

Los viñadores malvadas Mt 21,33-46 (TOA27-26)


 

Aceleración y descanso (por Francesc Torralba)

En nuestro sistema-mundo, no hay tiempo para demorarse ni para descansar. La desmesura inherente al sistema tiene como consecuencia la castración espiritual de la persona. Se vive tan absorto en la producción y en el consumismo que la capacidad de trascender, de ir más allá, de elevarse al plano de lo metafísico, se deteriora profundamente. Esta exigencia trae consigo la ausencia del silencio, el exceso comunicativo y la renuncia a la vida contemplativa a favor de la vida productiva.

El descanso no solo ha de considerarse como el contrapunto necesario al trabajo, sino como el clima indispensable para la creatividad y la fiesta. Cuando todo está planificado a priori y el tiempo de productividad segmentado hasta el milímetro, no existe posibilidad alguna de crear, de indagar nuevos contenidos y procedimientos, uno no se abre a la posibilidad de errar o fracasar, porque todo esto resta beneficios. Sin embargo, para crear ex novo, para imaginar lo que nadie ha imaginado, para dar a luz a la novedad, se requiere del descanso.

Cuando uno está mentalmente descansado, sale de las autopistas del pensamiento, rompe las rutinas ordinarias, empieza a pensar lo que no había pensado hasta aquel momento y a imaginar lo que jamás había intuido, porque la mente es permeable a nuevas rutas e itinerarios. El descanso abre la persona a la creatividad, a la fantasía y, también, a la innovación. Desde la lógica tecnocapitalista, se valora especialmente al profesional que requiere de pocas pausas, que gestiona eficientemente su tiempo, que su tiempo de relax es muy limitado, casi inexistente, que está permanentemente disponible para hacer crecer a la organización.

Esta absoluta disponibilidad tiene como consecuencia la disolución de su vida social, familiar, de su vida más allá del entorno laboral. Está disponible para sus jefes, pero no lo está para sus hijos, ni para sus padres ancianos, ni para sus amigos, porque no puede duplicarse, ni clonarse digitalmente. La vida en la red facilita esta disponibilidad absoluta a lo laboral, una disponibilidad que trasciende los espacios y los tiempos laborales. Se puede trabajar desde cualquier lugar del mundo y a cualquier hora si uno tiene conexión y el dispositivo a su alcance. No hay excusas.

Cansancio y vulnerabilidad humana

En el marco del sistema, el cansancio está mal visto, como también la enfermedad, la decrepitud, la debilidad, la ancianidad y la dependencia. El paraíso del éxito laboral pertenece a quienes saben prevenir el cansancio antes de que haga acto de presencia y saben cómo gestionarlo cuando aflora. Lo fundamental es saber guardar las formas, disimular con oportunas marcas de maquillaje los síntomas del cansancio cuando aparecen en el rostro.

En nuestro entorno cultural, se oculta el cansancio, como la necesidad de descansar, pero la fatiga mental, física, emocional, incluso, espiritual es una consecuencia lógica de la vulnerabilidad o, mejor dicho, una epifanía de la fragilidad intrínseca del ser humano. Tarde o temprano, hace mella en él. Los seres humanos nos cansamos y no solo físicamente. Nos cansamos de los demás, de los próximos y lejanos; de los productos televisivos, de las series, de los programas de radio, de los políticos, de los clientes, incluso de nosotros mismos. El cansancio no es algo placentero, algo que se busque intencionalmente. Es la consecuencia de la actividad física y/o mental desarrollada de manera persistente. El cansancio revela la vulnerabilidad humana y ese rasgo nos une a todos los miembros de la especie humana más allá de nuestras particularidades y comunidades de pertenencia.

En este sentido, el cansancio, aunque no sea buscado, crea puentes entre seres humanos de distintas tradiciones y culturas, suscita una especie de fraternidad ontológica que se sustenta en lo más profundo, en el sentimiento de tener lo que Immanuel Kant denomina una “extraña raíz común”.

Fuente: Religión y Escuela Núm. 368 (marzo de 2023) pág. 34

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