AGOSTO: vacaciones, lecturas, arte cristiano y santos, actividades, juegos, propuestas de lecturas, humor, imagen-viñeta para reflexionar, fichas, manualidades, cómics... ***Si bien los materiales propios del blog están protegidos, su utilización ES LIBRE (aunque en ningún caso con fines lucrativos o comerciales) siempre que se conserve el diseño integral de las fichas o de las actividades así como la autoría o autorías compartidas expresadas en las mismas.
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En medio de la crisis Mt 14,22-33 (TOA19-26)
No es difícil ver en la barca de los discípulos de Jesús, sacudida por las olas y desbordada por el fuerte viento en contra, la figura de la Iglesia actual, amenazada desde fuera por toda clase de fuerzas adversas y tentada desde dentro por el miedo y la poca fe. ¿Cómo leer este relato evangélico desde la crisis en la que la Iglesia parece hoy naufragar.
Según el evangelista, “Jesús se acerca a la barca caminando sobre el agua”. Los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tormenta y la oscuridad de la noche. Les parece un “fantasma”. El miedo los tiene aterrorizados. Lo único real es aquella fuerte tempestad.
Jesús les dice tres palabras: “Ánimo. Soy yo. No temáis”. Solo Jesús les puede hablar así. Pero sus oídos solo oyen el estruendo de las olas y la fuerza del viento. Este es también nuestro error. Si no escuchamos la invitación de Jesús a poner en él nuestra confianza incondicional, ¿a quién acudiremos?
Pedro siente un impulso interior y sostenido por la llamada de Jesús, salta de la barca y “se dirige hacia Jesús andando sobre las aguas”. Así hemos de aprender hoy a caminar hacia Jesús en medio de la crisis: apoyándonos, no en el poder, el prestigio y las seguridades del pasado, sino en el deseo de encontrarnos con Jesús en medio de la oscuridad y las incertidumbres de estos tiempos.
No es fácil. También nosotros podemos vacilar y hundirnos como Pedro. Pero lo mismo que él, podemos experimentar que Jesús extiende su mano y nos salva mientras nos dice: “Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?”.
¿Por qué dudamos tanto? ¿Por qué no estamos aprendiendo apenas nada nuevo de la crisis? ¿Por qué seguimos buscando falsas seguridades para “sobrevivir” dentro de nuestras comunidades, sin aprender a caminar con fe renovada hacia Jesús en el interior mismo de la sociedad secularizada de nuestros días?
Esta crisis no es el final de la fe cristiana. Es la purificación que necesitamos para liberarnos de intereses mundanos, triunfalismos engañosos y deformaciones que nos han ido alejando de Jesús a lo largo de los siglos. Él está actuando en esta crisis. Él nos está conduciendo hacia una Iglesia más evangélica. Reavivemos nuestra confianza en Jesús. No tengamos miedo.
Fuente: José Antonio Pagoda
El Señor, luz en la noche Mt 14,22-33 (TOA19-26)
El vendaval y la calma Mt 14,22-33 (TOA19-26)
“Después del fuego, el susurro de una brisa suave”. En la primera lectura de la misa de este domingo se nos presenta a Elías refugiado en una cueva del monte Horeb (1 Re 19,9-13). En aquel lugar, el Dios de la liberación se había mostrado a Moisés. También Elías espera oír la palabra del único Dios para poder enfrentarse a los que promueven el culto a Baal.
Contra lo que imaginaba el profeta, Dios no se presenta en el huracán ni en el terremoto ni en el fuego. Dios se hace presente en el suave susurro de la brisa.
Todos deberíamos dirigirle con humildad las palabras del salmo responsorial: “Muéstranos, Señor tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84,9-14).
San Pablo manifiesta a los romanos el amor que le une a los de su raza, que tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas (Rom 9,1-5)
EL MIEDO
Después de la distribución de los panes y los peces, Jesús pide a sus discípulos que tomen la barca para adelantarse, mientras él despide a la gente y se retira al monte para orar a solas. Pero la barca es fuertemente sacudida por el viento y por las olas (Mt 14,22-33).
Bien sabemos que en las páginas de la Biblia, el mar representa con frecuencia la fuerza del mal. En este caso, atemorizados por el bramido del mar y por la fuerza del oleaje, los discípulos de Jesús se sienten en peligro.
Cerca del amanecer se les muestra su Maestro, caminando sobre las olas. Cuando la fe es débil, no es fácil percibir la presencia de Dios y la fuerza de su poder. Así que la media luz de la madrugada y el miedo que se ha apoderado de los discípulos, les hacencreer que es un fantasma. Pero el Señor se acerca para traer la calma.
Atemorizados por los continuos ataques a la fe y a la Iglesia, muchos creyentes de hoy desean que Dios irrumpa con fuerza en nuestra historia. Pero Dios es discreto.
LA CONFIANZA
El Señor se cuida de los que ha elegido y les dirige una frase de aliento para que afronten la travesía: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”. Nunca deberíamos olvidaresa voz.
• “¡Ánimo!”. Muchos han escrito que la fe deshumaniza a la persona. No es verdad. La fe suscita en el creyente una fuerza que a veces parece inexplicable. La fe mueve montañas y aplaca tempestades. La fe no ignora las dificultades, pero ayuda al creyente a superarlas.
• “Soy yo”. Muchos atribuyen a la fuerza de su propia voluntad la capacidad para superar los obstáculos de la naturaleza y las sacudidas de la historia. Pero no es verdad. El ser humano es más débil y vulnerable de lo que está dispuesto a reconocer. Necesita la confianza en la presencia y la protección de Aquel que es la fuente de la vida.
• “No tengáis miedo”. Muchos piensan que “el hombre vive cada vez más en el miedo”, como escribió Juan Pablo II (RH 15). Pero los creyentes recuerdan que en los evangelios se repite una y otra vez la exhortación divina a superar el miedo. Esainvitación va dirigida a la Iglesia y a cada uno de los que navegamos en esa barca.
El pelícano. Simbología y sagrarios
El cerebro del niño explicado a los padres
En 2015, un joven neuropsicólogo publicó un libro claro, cercano y profundamente útil para madres, padres y educadores. Diez años después, El cerebro del niño explicado a los padres se ha convertido en un fenómeno editorial, con más de 40 ediciones, más de 900.000 ejemplares vendidos y traducciones a 26 idiomas.
Esta edición especial por su 10.º aniversario celebra el impacto de un libro que ha cambiado la forma de criar y educar, integrando el conocimiento científico con la realidad cotidiana. Álvaro Bilbao ofrece en él herramientas prácticas, cercanas y aplicables para acompañar el desarrollo de los niños desde la comprensión de su cerebro, sus emociones y su manera de aprender.
Con prólogo inédito y materiales adicionales, esta edición es también un homenaje a quienes han encontrado en sus páginas una forma más empática, consciente y respetuosa de acompañar la infancia.
Plataforma Editorial
Dadles vosotros de comer Mt 14,12-21 (TOA18-26)
Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se está haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”.
Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.
La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.
Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.
¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.
En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?
¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”?
José Antonio Pagola
La compasión "divina" de Jesús Mt 14,12-21 (TOA18-21)
Rabietas de Míriam Tirado
La decisión más importante Mt 13,44-52 (TOA17-26) José Antonio Pagoda
El evangelio recoge dos breves parábolas de Jesús con un mismo mensaje. En ambos relatos, el protagonista descubre un tesoro enormemente valioso o una perla de valor incalculable. Y los dos reaccionan del mismo modo: venden con alegría y decisión lo que tienen, y se hacen con el tesoro o la perla. Según Jesús, así reaccionan los que descubren el reino de Dios.
Al parecer, Jesús teme que la gente le siga por intereses diversos, sin descubrir lo más atractivo e importante: ese proyecto apasionante del Padre, que consiste en conducir a la humanidad hacia un mundo más justo, fraterno y dichoso, encaminándolo así hacia su salvación definitiva en Dios.
¿Qué podemos decir hoy después de veinte siglos de cristianismo? ¿Por qué tantos cristianos buenos viven encerrados en su práctica religiosa con la sensación de no haber descubierto en ella ningún “tesoro”? ¿Dónde está la raíz última de esa falta de entusiasmo y alegría en no pocos ámbitos de nuestra Iglesia, incapaz de atraer hacia el núcleo del Evangelio a tantos hombres y mujeres que se van alejando de ella, sin renunciar por eso a Dios ni a Jesús?
Después del Concilio, Pablo VI hizo esta afirmación rotunda: ”Solo el reino de Dios es absoluto. Todo lo demás es relativo”. Años más tarde, Juan Pablo II lo reafirmó diciendo: “La Iglesia no es ella su propio fin, pues está orientada al reino de Dios del cual es germen, signo e instrumento”. El Papa Francisco nos viene repitiendo: “El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios”.
Si ésta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba “reino de Dios”? ¿Por qué no saben que la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia?
La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el “tesoro” del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano, que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.
El Papa Francisco nos está diciendo que “el reino de Dios nos reclama”. Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar. Seguramente, la decisión más importante que hemos de tomar hoy en la Iglesia y en nuestras comunidades cristianas es la de recuperar el proyecto del reino de Dios con alegría y entusiasmo.
La decisión acertada Mt 13,44-52 (TOA17-26)
“Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”. Así oraba Salomón al comenzar su reinado (1 Reyes 3,5.7-12). No pedía a Dios una larga vida o muchas riquezas, Salomón solo pedía “discernimiento para escuchar y gobernar”.
Aceptar la voluntad de Dios y vivir de acuerdo con sus mandamientos nos daría sabiduría y orientación en estos tiempos en los que todos los días se repite que “todo vale”.
Deberíamos revisar nuestras prioridades y manifestarlas con valentía. Para ello, podemos hacer nuestra la confesión del salmo responsorial: “Señor, más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata” (Salmo 118,72).
A pesar de nuestra tibieza, hoy queremos repetir con fe las palabras que san Pablo escribe a los romanos: “A los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rom 8,28).
EL TESORO Y LA PERLA
En el evangelio que se proclama en este domingo (Mt 13,44-52) se recuerdan tres parábolas de Jesús sobre el Reino de Dios.
• En la primera, el reino de Dios, se presenta como un tesoro que un labrador encuentra en el campo. Puesto que el tesoro encontrado por azar tiene un valor inmenso, la decisión más justa es vender lo que se posee para comprar aquel campo.
• En la segunda parábola el reino de los cielos, o Reino de Dios, se presenta como una perla que encuentra un comerciante, que la ha buscado durante años. También él cree que debe desprenderse de sus bienes para conseguir algo que vale mucho más.
Es evidente que hay que tener la lucidez para descubrir lo que realmente vale y la decisión para desprenderse de lo que vale menos. Esa es la verdadera sabiduría: la que nos lleva a tomar en cada momento la decisión acertada.
Con razón escribió san Pablo VI, en su exhortación sobre el anuncio del Evangelio (8.12.1975), que el Reino de Dios hace que todo lo demás se convierta en “lo demás”. De todo se puede prescindir menos de la grandeza y la gracia de acoger a Dios como Señor.
LA RED Y LOS PECES
Además, el evangelio nos propone una tercera parábola. El reino de los cielos se identifica con la red que los pescadores echan en el mar, esperando recoger toda clase de peces, buenos y menos buenos. También esta imagen encierra algunos desafíos.
• El Reino de Dios nos pide una mirada universal. No podemos encerrarnos en nuestros límites. Tenemos que abrirnos a todos los hombres y mujeres, de cualquier clase y condición. Todos somos invitados a reconocer a Dios como Señor y como guía de nuestra existencia.
• El Reino de Dios exige un cuidadoso discernimiento. No todos los peces que quedan prendidos en la red tienen el mismo valor en el mercado. Es verdad que el bien y el mal conviven en nuestra vida. Pero no se pueden identificar a la ligera.
• El Reino de Dios comporta una actitud de humilde esperanza. Con frecuencia juzgamos las actitudes de los demás. Pero nuestros juicios no siempre son acertados y respetuosos. La verdadera valoración del bien y del mal corresponde a los ángeles de Dios.
Fuente: https://jrflecha.blogspot.com/
El tesoro de la sabiduría del Reino Mt13,44-52 (TOA17-26)
1. El texto evangélico de hoy es el final del c.13 de Mateo, el capítulo de las parábolas por antonomasia, en que una y otra vez se compara el "Reino de los cielos" con las cosas de este mundo, de la tierra, del campo, de la cizaña. En este caso, nos hemos de fijar en el tesoro del campo y la perla (vv. 44-46). Son como dos parábolas en una, aunque pudieran ser independientes en su momento. Las dos parábolas, tras una introducción idéntica, narran el descubrimiento de algo tan valioso que los protagonistas (un hombre cualquiera y un comerciante) no dudan ni un instante en vender todo lo que tienen para adquirirlo; lo hallado es tan extraordinario que están dispuestos a desprenderse de cuanto poseen con tal de apropiárselo. No todos los días tiene uno la suerte de descubrir un tesoro o una perla de inmenso valor. Cualquier hombre sería feliz con un descubrimiento semejante. Por eso, haría todo lo posible por obtenerlo, aunque para ello tuviera que pagar un alto precio. En las dos parábolas, los bienes que poseen los protagonistas del relato, pocos o muchos, son suficientes para que con su totalidad puedan adquirir lo que han encontrado. En ambos casos, el acento recae sobre el descubrimiento y sobre la decisión que toman los dos protagonistas.
2. Efectivamente, la decisión que toman parece desproporcionada o, al menos, arriesgada. Pero hemos de considerar que tienen una seguridad en esa decisión que les lleva hasta ese destino. ¿Es sabiduría o coraje (parresía)? Las dos cosas. Los elementos secundarios de las narraciones -si entendemos que son dos-, no dejan de tener sentido, aunque ya sabemos que en la interpretación de los parábolas no debemos exagerar o alegorizar cada una de las cosas que aparecen. Bien es verdad que en la primera hay un elemento sorpresa, porque es como el hombre que está en el campo, muy probablemente contratado, y encuentra el tesoro por casualidad. En el caso del mercader que recorre los bazares, sin duda, que siempre espera encontrar algo extraordinario y por eso porfía.3. Como en los dos casos la comparación es con el “reino de los cielos” (bien en el caso del tesoro, bien en el caso del mercader) entonces el sentido no puede ser otro que este: cuando uno encuentra el Reino de Dios, bien porque ha tenido la suerte inesperada de encontrarse un tesoro o bien porque lo iba buscando habiendo oído hablar de él, entonces todo está en poner en marcha la sabiduría y el coraje de que uno es capaz, los cinco sentidos, arriesgarlo todo, entregar todo lo que uno tiene, por ello.
4. ¿Es que el reino de Dios es un tesoro? Naturalmente que sí. Porque es el acontecimiento de un tiempo nuevo de gracia y salvación, de felicidad y amor que Jesús ha predicado y que ha convertido en causa de su vida y de su entrega. Por eso lo importante de estas dos parábolas es la decisión que toman ambos protagonistas y más todavía la alegría de esta decisión en el caso de tesoro en el campo (extraña que el mercader de perlas no tenga esta reacción primera, aunque sea la misma decisión). No he encontrado mejor conclusión que esta: «El Reino aparece así como un don al alcance de todos, de los afortunados y de los inquietos, de los que sin buscarlo se lo encuentran por casualidad y de los que lo descubren al final de una búsqueda. Para responder adecuadamente a ese don, aceptándolo y haciéndolo suyo, el ser humano ha de estar convencido de que el Reino es lo más valioso que se le puede ofrecer y, en consecuencia, ha de estar dispuesto a anteponerlo a cualquier otro bien» (cf. F. Camacho Acosta, Las parábolas del tesoro y la perla, Isidorianum, 2002).
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/26-7-2026/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
La salud mental de niños y adolescentes
Ansiedad, depresión, TDAH, autolesiones, suicidio… ¿Cómo detectar estos problemas de salud mental en nuestros hijos y alumnos, en niños y adolescentes de nuestro retorno? ¿Cuáles son los factores de riesgo ( personales, familiares y sociales ) que inciden sobre los menores? ¿Qué hacer, como padres y como educadores, ante el abuso del móvil y las pantallas, ante las adicciones a juegos, redes sociales y herramientas tecnológicas en general? ¿Cómo atajar el acceso a la violencia y a la pornografía? De todos estos temas trata este libro, ayudando a identificar, primero, cada una de estas situaciones, y proponiendo, después, diversas herramientas de prevención, mejora de la salud mental y coaching emocional que el autor está utilizando con muy buenos resultados en la escuela y con las familias.
Editorial S. Pablo
ISBN 9788428572712
244 páginas
Precio 18 euros
Importancia de lo pequeño Mt 13, 24-43 (TOA16-26)
Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.
Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas “semillas” de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño “fermento” de vida humana.
La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.
La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.
La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.
Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.
Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.
La cizaña llama a la paciencia: ¡Dios no corta por lo sano! Mt 13,24-43 (TOA16-26)
1. El evangelio nos expone hoy la parábola de la cizaña que aparece en medio del trigo. Todos conocemos los pormenores de esta narración: el vecino enemigo que siembra cizaña, que al principio se parece al trigo y luego lo ahoga, como el mal ahoga frecuentemente al bien. Es una parábola de ingentes resortes psicológicos y de experiencia; hasta un niño puede percatarse de la gravedad de lo que ha sucedido y de lo difícil que es tomar una decisión. El dueño sabe que había dado buena semilla para sembrar, y desde el principio habla a sus servidores de un enemigo. En realidad todo esto es secundario hasta llegar a la pregunta clave: ¿quieres que arranquemos la cizaña?
2. Sabemos que Mateo suele alegorizar muchos las explicaciones de las parábolas que ha encontrado en la tradición. En este caso conocemos por el Evangelio de Tomás (57) cómo pudo ser la parábola más primitiva que pretendía llamar a la paciencia de los impacientes frente al mal o frente a los que son malos. Porque se trata de hablar de Dios que no actúa como muchos fundamentalistas o apocalípticos quisieran. Dios tiene sus propios caminos. Y la propuesta original de Jesús era precisamente la de imitar al hombre de la parábola, no la de esperar para ver que en el "juicio final" los malos serán castigados. El sentido, pues, es bien distinto y debemos recuperar el tenor de la parábola de Jesús.3. Sorprende, desde luego, la seguridad del dueño, su paciencia, su confianza, diríamos que su benignidad y justicia a la espera de los acontecimientos finales. Esta parábola, exclusiva de Mateo, no aparece en los otros evangelistas. Sabemos, pues, que no es solamente Dios quien siembra, sino que hay otros que lo hacen. Pero lo importante y decisivo es saber esperar. La moralización, en este caso, es importante: no hace falta ser duros como el pedernal, fundamentalistas; al bien y a la bondad hay que darle sus oportunidades. Sólo cuando se tiene la paciencia de Dios es posible acertar en los juicios, porque nuestro Dios es un Dios comprometido con todos sus hijos.
4. No es razonable defender que el hombre solamente puede acceder a Dios cuando es perfecto; eso es puro fundamentalismo y teológicamente es indefendible. En la religión evangélica planteada por Jesús, toda persona tiene sus oportunidades desde sus experiencias de gracia y también de miseria. Esta parábola de la cizaña y el trigo puede ser una descripción de nuestra propia vida personal. Sentirse alejado de Dios cuando en nosotros crece el mal sería un suicidio espiritual que no se contempla en lo que pudo ser la parábola original de Jesús. Todos sabemos que debemos dar cuenta de nuestra vida, pero la "paciencia" divina es un regalo que todos necesitamos.
5. Una religión no se mide por la enjundia de su “perfección”, sino por la entraña de su misericordia. No está descartada la vocación a ser santos, pero la verdadera entraña de la religión de Jesús, de la relación con su Dios, es que nunca perdamos la imagen de ser “hijos de Dios” y podamos acudir a Él en nuestras necesidades. No es posible entender esta parábola sino en el contexto del judaísmo que Jesús vivió. En su teología oficial cabía la misericordia, lo contrario sería denigrar la religión de los profetas… pero si esto es papel mojado, entonces todo venía a ser una religión de “puros” y Dios sabe que esto no es posible. Así experimentó Jesús a Dios para trasmitirlo a todos y por eso nos ofrece este mensaje en una parábola como ésta de la cizaña: la paciencia de Dios hace posible la conversión y la fidelidad.
Luz y oscuridad Mt 13,24-43 (TOA16-26)
“Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres” (Sab 12,18). Los poderosos de este mundo no son moderados e indulgentes con los que no los apoyan. Muchos prometen hacer justicia, pero la acomodan a sus propios intereses.
Pero, el poder de Dios se manifiesta precisamente en su misericordia. Dios nos ofrece la esperanza de ser perdonados. Y nos enseña que quien trata de ser justo debe ser humano con relación a los demás.
Con el salmo responsorial proclamamos hoy esa cualidad divina que deseamos y pedimos para nosotros: “Tú, Señor, eres bueno y clemente” (Sal 85).
Nos da confianza leer lo que san Pablo escribe a los romanos: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom 8,26).
LUZ Y OSCURIDAD
El texto evangélico que hoy se proclama refleja el ámbito agrícola con un mensaje sobre la siembra y la cosecha (Mt 13,24-43). De nuevo pone en boca de Jesús una parábola y a continuación le atribuye una alegoría.
• La parábola refleja la paciencia de Dios. Él es el sembrador de la buena semilla. Trabaja a plena luz del día y permanece cerca de su campo. Pero hay un enemigo que actúa en la oscuridad, sembrando en el campo una mala semilla. Los obreros se muestran preocupados y parecen tener prisa por arrancar la cizaña, pero el dueño da muestra de su paciencia y los exhorta a esperar hasta el tiempo de la siega.
• La explicación que ofrece Jesús es una alegoría. Los protagonistas son el Hijo del hombre que siembra el buen trigo y el diablo que siembra la cizaña. El trigo son los ciudadanos del Reino de Dios y la cizaña representa a los partidarios del maligno. A la hora de la siega, el trigo será recogido en los graneros y la cizaña será arrojada al fuego. Y eso es lo que sucederá con los malvados, nacidos de la semilla sembrada por el maligno.
EL BRILLO DEL SOL
La alegoría se refiere especialmente a los justos, que son representados por el trigo. Ellos son los que han nacido de la buena semilla sembrada por el mismo Señor. La promesa que se refiere a ellos contiene tres palabras sobre las hemos de fijar nuestra atención.
• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En primer lugar, el texto menciona a los justos. Es una alegría saber que los que han nacido de la iniciativa y de la semilla sembrada por el Hijo del hombre son reconocidos y calificados como “justos”.
• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En segundo lugar, se alude a la luz del sol. De hecho, se recuerda que la buena semilla fue sembrada a pleno día. Y se anuncia que los justos alcanzarán un futuro tan brillante como el sol.
• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En tercer lugar, se menciona al Padre celestial. La buena semilla son todos “los ciudadanos del reino”. Su destino y la plenitud de su vocación se sitúa precisamente en el reino de su Padre.
San Buenaventura (15 julio) Biografía, iconografía y su simbología
Biografía fundamental
Giovanni nació en Bagnoregio, al norte de Roma, hacia el año 1217. En 1236 se trasladó a París para completar sus estudios y, en 1243, tras obtener el título de magister, se convirtió en hermano menor franciscano, siendo destinado como miembro de la Provincia Romana y tomando el nombre religioso de Buenaventura. Entre los años 1243 y 1248, completó sus estudios teológicos bajo la dirección de Alejandro de Hales; En 1248 obtuvo el título de bacalarius biblicus ordinarius e inició a comentar los libros del Antiguo y Nuevo Testamento.
En 1254 fue nombrado magister regens ad schola fratrum y, tres años después, magister cathedratus junto con Fr. Tomás de Aquino de la Orden de los Predicadores. Fueron años prolíficos de estudio y enseñanza de diversas exposiciones bíblicas. En 1257 terminó su famoso Breviloquium.
A sus 40 años fue elegido Ministro general durante el Capítulo celebrado en Roma, presidido por el papa Alejandro IV. Acometió la redacción de un cuerpo legislativo basado en los diversos reglamentos y dictámenes elaborados precedentemente en la Orden que sería aprobada por el Capítulo General de Narbona en 1260, por esto es conocida como Constitutiones Generales Narbonenses, que ejercieron una gran influencia en la posterior legislación franciscana. En este Capítulo se le encomendó la tarea de escribir una nueva “leyenda” sobre San Francisco que completara los elementos que faltaban en las precedentes y que unificara la profusa literatura que circulaba sobre él. Así, en el siguiente Capítulo General celebrado en Pisa en el 1263, presentó la Legenda maior sancti Francisci .
Simultaneó el gobierno de la Orden con una importante actividad pastoral, caracterizada por el ejercicio de la predicación tanto a clérigos y religiosos como al pueblo en general. El intenso trabajo realizado en sus numerosos viajes favoreció su reconocimiento a nivel eclesiástico, que culminaría en su nombramiento como arzobispo de York en 1265 por el papa Clemente IV. lo que no impidió la continuidad de su producción literaria y sus relaciones universitarias.
El Papa Gregorio X pidió su colaboración en el 1272 para la preparación del II Concilio de Lyon atrayendo a aun delegación griega al mismo.
El 28 de mayo de 1273 recibió el anuncio de su nombramiento como cardenal obispo de Albano cuya consagración tuvo lugar el 11 o 12 de noviembre en Lyon, por el papa Gregorio X junto con Pedro de Tarentaise, el primero de la Orden de Predicadores, que más tarde ascendería al trono petrino con el nombre de Inocencio V en 1276.
Durante la cuarta sesión del Concilio, en la mañana del 15 de julio de 1274, Buenaventura partió a la casa del Padre celestial.
En 1474, el Papa Sixto IV inició el proceso de canonización que concluyó con su proclamación como santo el 14 de abril de 1482. En la bula de canonización Superna caelestis patria, civitas Ierusalem ya se le designa Doctor de la Iglesia, pero es el Papa Sixto V quien le proclama oficialmente como tal con la bula Triumphantis Hierusalem de 1588.
Iconografía básica y su simbología
Representado de adulto que viste hábito franciscano, como hermano menor que fue de la orden, sujeto con un cordón de tres nudos alusivos los tres votos religiosos (la pobreza, la caridad y la obediencia).
Cardenal. Cómo tal porta sobre la cabeza capelo (sombrero de ala ancha) o bonete (gorro cuadrangular de tres o cuatro picos) cardenalicio de color rojo. Del mismo color, puede completar su vestuario con una muceta (capillo corto sobre los hombros que cubre hasta los codos) o una capa eclesiástica.
Libro y pluma por su prolífica producción teológica. Los sostiene, o, sentado, con el libro abierto escribiendo con la pluma.
Cruz y corazón remarcado. Subraya la contemplación y la inspiración divina impresas en sus obras.
Iglesia. Por la aportación de sus escritos teológicos y místicos así como el título de Doctor Seráfico por el que es conocido y por haber sido declarado Doctor de la Iglesia.
TRES Ejemplos artísticos:





























