Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

El libro que tu cerebro no quiere leer

Una propuesta original, útil y amena a medio camino entre guía de inspiración, divulgación científica y filosofía práctica. . Una obra que nos muestra que nuestra percepción de la realidad es limitada, explica el funcionamiento del cerebro y propone un camino para cambiar nuestra perspectiva y encontrar la felicidad. . El autor entrelaza anécdotas de su propia vida, experimentos científicos y referencias a personajes conocidos y a la cultura popular. ¿Podemos reeducar el cerebro para ser más felices y vivir con plenitud? La respuesta es un rotundo sí. Hoy, gracias a los avances en neurociencia, podemos entender mejor cómo funcionan la mente y el organismo, y utilizar ese conocimiento para mejorar nuestra realidad. Vivimos rodeados de una cantidad descomunal de información y solo una pequeña parte (alrededor de un 5%) alcanza nuestra consciencia. Cuando entendemos cómo el organismo genera los pensamientos y la realidad, podemos influir en el sistema para sustituir el miedo, las imágenes mentales más arraigadas y los mecanismos de respuesta automáticos por el pensamiento no lineal, la felicidad y la confianza en la vida, que siempre está ahí para proporcionarnos aquello que necesitamos. Desde una perspectiva tan didáctica como divertida, David del Rosario, investigador y divulgador científico, convierte la neurociencia en una herramienta de transformación, cien por cien aplicable en el día a día. Un viaje fascinante, del átomo a las estrellas, que revolucionará tu forma de vivir y de entender el mundo.

Autor: David del Rosario

Editorial: Ediciones Urano

ISBN 978-84-16720-62-0

216 páginas

Precio: 16 euros (Ebook 5,50 euros)

La alegría de anunciar el Evangelio Lc 10, 1-12.17-20 (TOC14-22)

1. El evangelio (Lucas 10,1ss) es todo un programa simbólico de aquello que les espera a los seguidores de Jesús: ir por pueblos, aldeas y ciudades para anunciar el evangelio. Lucas ha querido adelantar aquí lo que será la misión de la Iglesia. El “viaje” a Jerusalén es el marco adecuado para iniciar a algunos seguidores en esta tarea que Él no podrá llevar a cabo cuando llegue a Jerusalén. El evangelista lo ha interpretado muy bien, recogiendo varias tradiciones sobre la misión  que en los otros evangelistas están dispersas. El número de enviados (70 ó 72) es toda una magnitud incontable, un número que expresa plenitud, porque todos los cristianos están llamados a evangelizar. Se recurre a Num 11,24-30, los setenta ancianos de Israel que ayudan a Moisés con el don del Espíritu; o también a la lista de Gn 10 sobre los pueblos de la tierra. No se debe olvidar que Jesús está atravesando el territorio de los samaritanos, un pueblo que, tan religioso como el judío, no podía ver con buenos ojos a los seguidores de un judío galileo, como era Jesús.

2. El conjunto de Lc 19,2-12 es de la fuente Q; sus expresiones, además, lo delatan. Eso significa que las palabras de Jesús sobre los discípulos que han de ir a anunciar el evangelio fueron vividas con radicalidad por profetas itinerantes judeocristianos, antes que Lucas lo enseñase y aplicase a su comunidad helenista. Las dificultades, en todo caso, son las mismas para unos que para otros. El evangelio, buena noticia, no es percibido de la misma manera por todos los hombres, porque es una provocación para los intereses de este mundo. El sentido de estas palabras, con su radicalidad pertinente, se muestra a los mensajeros con el saludo de la paz (Shalom). Y además debe ser desinteresado. No se puede pagar un precio por el anuncio del Reino: ¡sería un escándalo!, aunque los mensajeros deban vivir y subsistir. Y, además, se obligan a arrostrar el rechazo… sin por ello sembrar discordias u odio.

3. Advirtamos que no se trata de la misión de los Doce, sino de otros muchos (72). Lo que se describe en Lc 10,1 es propio de su redacción; la intencionalidad es poner de manifiesto que toda la comunidad, todos los cristianos deben ser evangelizadores. No puede ser de otra manera, debemos insistir mucho en ese aspecto del texto de hoy. El evangelio nos libera, nos salva personalmente; por eso nos obligamos a anunciarlo a nuestros hermanos, como clave de solidaridad. Resaltemos un matiz, sobre cualquier otro, en este envío de discípulos desconocidos: volvieron llenos de alegría (v. 20), “porque se le sometían los demonios”. Esta expresión quiere decir sencillamente que el mal del mundo se vence con la bondad radical del evangelio. Es uno de los temas claves del evangelio de Lucas, y nos lo hace ver con precisión en momentos bien determinados de su obra. Los discípulos de Jesús no solamente están llamados a seguirle a Él, sino a ser anunciadores del mensaje a otros. Cuando se anuncia el evangelio liberador del Señor siempre se percibe un cierto éxito, porque son muchos los hombres y mujeres que quieren ser liberados de sus angustias y de sus soledades. ¡Debemos confiar en la fuerza del evangelio!

Fray Miguel de Burgos Núñez

El jardín interior (mirarse hacia adentro para creyentes o no)

El presente volumen reúne los escritos más iluminadores del cardenal Martini sobre la necesidad de conocerse y aceptarse.

No es fácil entender lo que queremos en lo más hondo de nosotros mismos. Aspiramos a demasiadas cosas diversas, a veces incluso opuestas y contradictorias entre sí. Nos fragmentamos, y nuestro deseo se asemeja más a un coro discordante que a la voz de un solista.

En la vida de toda persona debe haber un momento para detenerse, encontrar una pausa de silencio y reflexionar sobre quiénes somos y sobre el sentido de nuestra acción cotidiana en el mundo.

Encontrarse como «seres pensantes» es la vía privilegiada de la espiritualidad, una vía que nos salva del sinsentido y que puede ser practicada por todos, incluso por quienes no se reconocen en ningún Dios y en ningún Absoluto.

Este libro se dirige a todas las personas que, sean creyentes o no, consideran una dimensión inalienable de la propia experiencia aquella interioridad que no cesa de interrogarse y de reflexionar.

Autor: Cardenal Martini
Editorial: Sal Terrae
ISBN 978-84-293-2481-5
248 páginas
Precio: 18 euros

La vocación del discípulo Lc 9,51-62 (TOC13-22)

“Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.”  Con esas palabras responde Eliseo a la llamada que le dirige el profeta Elías. De hecho, Eliseo ofrece un convite a su gente y regresa para seguir al maestro que lo ha llamado. Así se nos cuenta en el texto que se lee en la primera lectura de este domingo (1 Re 19,16b.19-21). 

El profeta Elías había sido llamado por Dios para defender la fe de Israel, que se veía amenazada por el culto a Baal, que había introducido la reina Jezabel. Si Elías había defendido la majestad de Dios, su discípulo Eliseo había de manifestar su misericordia. Ambos profetas obedecían al impulso del Espíritu de Dios. 

Al Espíritu se refiere también san Pablo al exhortar a los Gálatas a no seguir los deseos y los instintos inmediatos: “Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne… Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley” (Gál 5,13-18).  

ACOGIDA Y SEGUIMIENTO

 Pues bien, el instinto de la ira domina aún en Santiago y Juan, hijos de Zebedeo. Se habían acercado a una aldea de Samaría para pedir alojamiento para Jesús y sus discípulos. Son conocidos los recelos qe experimentaban los samaritanos frente a los judíos. Así que bastó que los peregrinos se dirigieran a Jerusalén para ser rechazados.

Santiago y Juan hubieran querido condenar al fuego a aquel poblado. Las diferencias culturales y religiosas, los recelos y los prejuicios no permitían  a aquellas gentes practicar la hospitalidad. Por otra parte, los prejuicios y las normas de conducta de su pueblo sugerían a los discípulos el deseo de vengarse de ellos (Lc 9,51-62).

Pero el relato evangélico no se refiere solo a estos dos discípulos que todavía no han asimilado el espíritu de su Maestro. Hay otros tres que podrían haber seguido el camino del discipulado. Al primero Jesús le revela su propia pobreza. No tiene donde reclinar la cabeza. Al segundo le recuerda la primacía del anuncio del reino de Dios.

SEGUIMIENTO Y GENEROSIDAD

 El relato evangélico trata de presentar algunas formas de vocación que debieron de repetirse una y otra vez en las primitivas comunidades cristianas. De hecho, se concluye con el diálogo entre un tercer candidato y el mismo Jesús:

• “Te seguiré Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia”. Con esta frase el texto evangélico nos recuerda el gesto filial de Eliseo. En la comunidad de Israel era muy importante el respeto a los padres y la vinculación con la familia de origen. Este candidato parece decidido a seguir a Jesús, pero no quiere ignorar  a su propia familia.

• “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. La respuesta de Jesús se diferencia de la respuesta que el profeta Elías dio a Eliseo. Jesús no condena las atenciones que una persona debe a su familia. Pero ayuda al candidato a entender que la vocación a seguir al Mesías está antes que todos los deberes.

La Eucaristía, experiencia del Reino de Dios Lc 9, 11-17 (Corpus Christi)

1. Lucas ha presentado la multiplicación de los panes como una Eucaristía. En este sentido podemos hablar que este gesto milagroso de Jesús ya no se explica, ni se entiende, desde ciertos parámetros de lo mágico o de lo extraordinario. Los cinco verbos del v. 16: “tomar, alzar los ojos, bendecir, partir y dar”, denotan el tipo de lectura que ha ofrecido a su comunidad el redactor del evangelio de Lucas. Quiere decir algo así: no se queden solamente con que Jesús hizo un milagro, algo extraordinario que rompía las leyes de la naturaleza (solamente tenían cinco panes y dos peces y eran cinco mil personas). Por tanto, ya tenemos una primera aproximación. Por otra parte, es muy elocuente cómo se introduce nuestro relato: los acogía, les hablaba del Reino de Dios y los curaba de sus males (v.11). E inmediatamente se desencadena nuestra narración. Por tanto la “eucaristía” debe tener esta dimensión: acogida, experiencia del Reino de Dios y curación de nuestra vida.

2. Sabemos que el relato de la multiplicación de los panes tiene variantes muy señaladas en la tradición evangélica: (dos veces en Mateo: 14,13-21;15,32-39); (dos en Marcos: 6,30-44; 8,1-10); (una en Juan, 6,1-13) y nuestro relato. Se ha escogido, sin duda, para la fiesta del Corpus en este ciclo por ese carácter eucarístico que Lucas nos ofrece. Incluso se apunta a que todo ocurre cuando el día declinaba, como en el caso de los discípulos de Emaús (24,29) que terminó con aquella cena prodigiosa en la que Jesús resucitado realiza los gestos de la última Cena y desaparece. Pero apuntemos otras cosas. Jesús exige a los discípulos que “ellos les den de comer”; son palabras para provocar, sin duda, y para enseñar también. El relato, pues, tiene de pedagógico tanto como de maravilloso.

3. La Eucaristía: acogida, experiencia del Reino y curación de nuestra vida. Deberíamos centrar la explicación de nuestro texto en ese sumario introductorio (v. 11), que Lucas se ha permitido anteponer a la descripción de la tradición que ha recibido sobre una multiplicación de los panes. Si la Eucaristía de la comunidad cristiana no es un misterio de “acogida”, entonces no haremos lo que hacía Jesús. Muchas personas necesitan la “eucaristía” como misterio de acogida de sus búsquedas, de sus frustraciones, de sus anhelos espirituales. No debe ser, pues, la “eucaristía” la experiencia de una élite de perfectos o de santos. Si fuera así muchas se quedarían fuera para siempre. También debe ser “experiencia del Reino”; el Reino anunciado por Jesús es el Reino del Padre de la misericordia y, por tanto, debe ser experiencia de su Padre y nuestro Padre, de su Dios y nuestro Dios. Y, finalmente, “curación” de nuestra vida, es decir, experiencia de gracia, de encuentro de fraternidad y de armonía. Muchos vienen a la eucaristía buscando su “curación” y la Iglesia debe ofrecérsela, según el mandato mismo de Jesús a los suyos, en el relato: “dadles vosotros de comer”.

4. Son posible, desde luego, otras lecturas de nuestro texto de hoy. No olvidemos que en el sustrato del mismo se han visto vínculos con la experiencia del desierto y el maná (Ex 16) o del profeta Eliseo y sus discípulos (2Re 4,42-44). Y además se ha visto como un signo de los tiempos mesiánicos en que Dios ha de dar a su pueblo la saciedad de los dones verdaderos (cf Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; 132, 15; Jr 31,14). De ahí que nos sea permitido no esclavizarse únicamente a un tipo de lectura exclusivamente cultual envejecida. El Oficio de la liturgia del Corpus que, en gran parte, es obra de Sto. Tomás de Aquino, nos ofrece la posibilidad de tener presente estos aspectos y otros más relevantes si cabe. La Eucaristía, sacramento de Cuerpo y la Sangre de Señor, debe ser experiencia donde lo viejo es superado. Por eso, la Iglesia debe renovarse verdaderamente en el misterio de la Eucaristía, donde la primitiva comunidad cristiana encontró fuerzas para ir rompiendo con el judaísmo y encontrar su identidad futura.

Fray Miguel de Burgos Núñez