Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Iconografía y simbología de S. Pedro apóstol. Ejemplos (1)

 Iconografía de S. Pedro

Se le representa como una persona de edad madura y barbado con un color de pelo que oscila entre el canoso o un castaño oscuro.

Viste indumentaria tradicional de túnica azul, símbolo de su sencilla humanidad que es revestida por la gracia divina, y túnica roja u ocre que encierra diversos significados (sangre derramada en el martirio, inundado por los dones del Espíritu Santo para su labor, amor al Señor...)

Es tradicional también su representación como sumo pontífice con vestimentas y objetos litúrgicos: alba, cíngulo, casulla y capa, con tiara triple sobre la cabeza que significan los tres poderes que reúne  como Padre de reyes y príncipes (poder terrenal y político), Rector del mundo (autoridad sobre el orbe y los fieles) y Vicario de Cristo (máximo poder y autoridad espiritual en la tierra)

Atributos artísticos más frecuentes:

Las llaves, que simbolizan el poder otorgado por Cristo para el perdón o no de los pecados que  también se interpreta como la concesión del poder temporal-terrenal y espiritual dado por Cristo a la Iglesia.

El gallo, que recuerda sus tres negaciones a Jesús

La cruz invertida, que recuerda su martirio.

Libro, anuncio de la Buena Noticia en la misión de continuar la labor evangelizadora de Jesús

Barca o red, en menor medida, recordando su origen sencillo y el mensaje de su llamada a "pescar hombres" a partir de entonces.

Dos ejemplos:


S. Pedro
Anónimo 1901
Iglesia S. Pedro de Boñar (León)







Negaciones de S. Pedro apóstol
Óleo sobre lienzo
Anónimo s. XVII
Museo diocesano de Ciudad Real




Los enviados y la comunidad Mt 10, 37-42 (TOA13-26)

Un matrimonio de Sunam suele recibir al profeta Eliseo y decide preparar una habitación en la terraza de su casa para recibirlo cada vez que pase por allí.

La hospitalidad hacia el profeta, recibe de Dios el premio de una fecundidad siempre esperada. Aconsejado por Guejazí, su criado, Eliseo promete a aquel matrimonio que el año próximo por la misma época, la mujer estaría ya abrazando a un hijo (2 Re 4,8-14).

En el salmo responsorial, podemos nosotros prometer nuestra gratitud a nuestro Dios: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88).

No es vana nuestra canción. San Pablo nos ha dicho que los redimidos por Cristo, hemos de considerarnos muertos al pecado para vivir con él una vida nueva (Rom 6,3-11).

LA PAGA DEL JUSTO

En el evangelio de este domingo se recuerda el discurso de misión, en el que Jesús dirige a sus apóstoles cuatro advertencias sobre el desprendimiento que se pide al enviado y tres gestos de hospitalidad que se esperan de una comunidad cristiana ideal:

- Habrá de acoger a los enviados como si acogiera al Señor que los envía.

- Habrá de recibir a los profetas, no solo por cortesía, sino tan solo por ser profetas.

- Habrá de mostrarse siempre hospitalaria con los discípulos del Maestro. (Mt 10,37-42).

Una y otra vez se insiste en los avisos de Jesús. “El que no me sigue no es digno de mí”. “El que pierda su vida por mí, la encontrará”. “El que os recibe, me recibe a mí”.  

  Él motiva las decisiones radicales del creyente. Solo por él se puede entregar la vida. Es él quien es recibido cuando se recibe a sus mensajeros y a sus discípulos.

Con todo, hay una frase que parece ser el resumen de todas las demás: “El que recibe a un justo por ser justo, tendrá paga de justo”. Quien recibe a un justo, recibirá la recompensa del Justo que con él se ha identificado.

LOS CAMINOS DEL MUNDO

El verbo “recibir” aparece muchas veces en la boca de Jesús, como un eco de la   hospitalidad propia de su pueblo. En realidad, ahora suena como el signo del reino de la gratuidad que él anunciaba.

• “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí”. Con estas palabras, el Maestro se identifica con sus apóstoles. Como se ve, invita a las comunidades cristianas de ahora y de siempre a no mirar con nostalgia los tiempos de la primera comunidad. No tuvieron más privilegio los que oyeron a Jesús que los que en el día de hoy prestan atención a sus enviados.

• “El que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. Con esta expresión el Maestro se identifica con el Padre celestial. El que envía a sus discípulos es a su vez un enviado. Puede pedir fidelidad a la misión, porque él ha sido fiel a la misión que le ha sido confiada.  También hoy, quien cree en Jesús no se aleja de Dios, sino todo lo contrario.

Las verdaderas radicalidades evangélicas Mt 10,37-42 (TOA13-26)

 El evangelio de este domingo vuelve sobre el "discurso de misión". Mateo señala para su comunidad que ser discípulo y seguidor de Jesús lleva consigo el vivir en conflicto. Perseverar en el discipulado supone romper ciertas tradiciones que nos atan, hasta las más familiares. No se trata de romper afectos familiares, sino lazos que no nos dejan libres. En un "crescendo" eficaz de la alternativa radical que se nos presenta en esta parte del discurso misionero, se pone de manifiesto que cuando la familia nos impone sus  criterios de amor o de odio, de intereses mundanos o de herencia, el discípulo estará en conflicto. Pero Mateo pone de manifiesto que nadie puede estar por encima del evangelio. Jesús, al pedir amarle a El más que a la familia, no está desestabilizándola; está proponiendo una nueva forma de ser hijo, de ser padre o madre y de ser hermano. Estos dichos son famosos, porque algunos discípulos itinerantes los llevaron hasta sus últimas consecuencias, como se refleja en el documento que le sirve a Mateo (Documento Q) para elaborar estas enseñanzas.

El "seguimiento" de Jesús, en verdad, es algo que está lleno de 'radicalidades". Las cosas radicales son aquellas sin las cuales no es posible que nada subsista. El evangelio no podría ser el evangelio si se imponen a los discípulos otros criterios distintos de autoridad y prestigio. Los "dichos" de Jesús recogidos en este discurso están expresados semíticamente y pueden sonar a algo imposible: ¿es posible odiar al padre y a la madre por seguir a Jesús? ¡sería un "contra-dios"! Pero quieren decir algo muy importante. Incluso sabemos que este tipo de "dichos" de Jesús sobre aborrecer a la familia y llevar la cruz obedece a actitudes escatológicas de algunos grupos cristianos que fueron más allá de lo que Jesús quería exigir.

Es una nueva propuesta en la que no se imponen o no se deben imponer imperiosamente los lazos de sangre, el clan familiar, la cultura heredada, los criterios impositivos de los más fuertes o de lo que siempre se debe hacer. El cristiano seguidor de Jesús, amante de la verdad del evangelio, debe amar al padre, a la madre, al hermano, pero nunca debe, a causa de ellos, ceder al odio, al rencor, a la violencia, a la maldición. El cristiano está llamado a una cadena mucho más grande de solidaridad, hasta dar de beber un vaso de agua a cualquiera, sea quien sea, incluso al enemigo nuestro o de nuestra familia. Así es como debemos entender estas palabras del evangelio de la misión.

Tampoco es cuestión de "endulzar" las exigencias por el hecho de que se hayan expresado de una forma semítica en que las que prevalecen los contrastes. Dicen lo que dicen y exigen lo que exigen: algo radical. Pero no se entienda como algo radical por difícil o por imposible, sino por sentido y por coherencia. Se trata de algo vital, porque si no hay raíces, no crece la vida. Eso es lo mismo que el amor a los enemigos: el evangelio no permite el odio de ninguna de las maneras. Por tanto, cuando hay enemigos o nos los creamos en nuestra mente y en nuestro corazón, estamos lejos de Jesús, de su causa del evangelio y de su Dios: cuando hay odio muere el evangelio.

De la misma manera, si seguimos a Jesús, debemos renunciar a nosotros mismos y a lo nuestro. Eso significa lisa y llanamente "llevar su cruz". Pero ¡cuidado!: no veamos aquí solamente renuncia total a la voluntad propia, al honor, a la dicha terrena, recorriendo el duro camino de Jesús por el sendero señalado por Dios, lo que Jesús exige de sus discípulos. Quien acepte el evangelio debe hacerlo por voluntad propia, por honor, y por disfrute personal. Quien acepte estas radicalidades, no debe hacerlo en contra de su voluntad y de su libertad. Si fuera así, ser cristiano, seguir Jesús, sería un drama inhumano inaceptable. Si mi familia, mi clan, mi pueblo nacionalista, me imponen los criterios de mi existencia, de mi libertad y de mi paz, entonces yo estoy con Jesús antes que con los míos. Y ésta, y no otra, es la "cruz", entiendo, que debe llevar el discípulo.

S. Pedro, apóstol (29 de junio junto a S. Pablo)

9 Momentos biográficos sobresalientes

VOCACIÓN. Pedro y su hermano Andrés eran oriundos de la población de Betsaida, en Galilea muy cerca del lago Tiberíades en el cual desarrollaban su labor habitual: eran pescadores. Son los dos primeros llamados por el Señor a acompañarlo (Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; Lc 5,1-11). Sin embargo, en el evangelio de Juan, es su hermano Andrés quien le conduce ante el Mesías y, éste, le dice: "Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que quiere decir Pedro [piedra, en griego]" (Jn 1,42)

PROFESIÓN DE FE Y PRIMADO. Leemos en Mateo que Jesús interpeló a los discípulos por quién se decía que era él. Pedro contestó: "Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". A lo que Jesús respondió: "Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre. Y yo a mi vez te digo que "TÚ ERES PEDRO Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA. A TI TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS Y LO QUE ATES EN LA TIERRA QUEDARÁ ATADO EN LOS CIELOS, Y LO QUE DESATES EN LA TIERRA QUEDARÁ DESATADO EN LOS CIELOS" Jn 16,13-20

FORMACIÓN EVANGÉLICA  (Jn 13,1-17) A pesar del tiempo compartido con Jesús,  en el ritual de purificación previo a la Última cena se niega a que le lave los pies (tarea reservada a los siervos o esclavos). Pero amansa su corazón al comprender la disyuntiva en la que le pone Jesús.

EL FALLO Y EL ARREPENTIMIENTO (Mc 14,66-72) Una vez detenido Jesús, Pedro lo sigue. Pero previamente, el Señor había vaticinado una triple negación de Pedro que lo había dejado desconcertado. Y así ocurre hasta que el canto del gallo devuelve a Pedro a una realidad que el creía imposible.

TESTIGO DE LA RESURRECCIÓN  (Jn 20,1-7) Ante el anuncio aparente alocado de María Magdalena, echa a correr hasta la tumba y es el primero en entrar en ella para comprobar que el Maestro había cumplido, una vez más su palabra y había resucitado.

ANUNCIO DE LA BUENA NOTICIA (Hch 2,14-36) Pedro, alentado por el Espíritu recibido ese día de Pentecostés, se dirige a la gente en la que será el primero de muchos anuncios del Evangelio de Jesús. 

ENCARCELACIÓN DE PEDRO (Hch 12). Herodes Agripa I logró detenerlo y fue conducido a prisión encadenado. Sin embargo, la intervención de un ángel, lo liberó de las cadenas y le posibilitó la huida de la cárcel. Es un momento rememorado cada primero de agosto como "S. Pietro in vincoli", iglesia romana donde se conservan aquellas cadenas según la tradición cristiana. Al escapar de la cárcel se refugiará en la casa de la madre de Juan Marcos, fiel colaborador que le acompañará en su tarea misionera y que escribirá el evangelio de MARCOS.

CONCILIO DE JERUSALÉN. Recogida en Hch 15, la reunión de los apóstoles con Pablo concluyó que los gentiles convertidos no tenían que cumplir la Ley de Moisés (circuncisión, prohibición de alimentos, etc.) al ser bautizados. Así, los apóstoles se encargarían de la evangelización de los judíos mientras que Pablo haría lo propio con los gentiles. 

MARTIRIO. La Biblia no narra el final de Pedro. Es el libro apócrifo de Hechos de Pedro quien aporta el martirio de Pedro en Roma, seguramente entre los años 64-67, y crucificado en posición invertida, hacia abajo.

San Pablo, apóstol (29 de junio junto a S. Pedro apóstol). Iconografía y ejemplos para contemplar y colorear

 Breve biografía

Nacido en Tarso en una familia judía farisea, entre el año 5 y 10, tuvo también la ciudadanía romana. Estudió en Jerusalén y en sus primeros momentos persiguió a los cristianos. Presenció la lapidación el protomártir Esteban.

En el camino a Damasco el Señor se le apareció en un gran resplandor preguntándole "Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?". Quedó ciego y siguió las instrucciones recibidas de contactar con Ananías al llegar a su ciudad de destino, un cristiano preeminente de la comunidad del lugar. Este, tras un primer momento de vacilación le recibió, le curó y lo bautizo.

Comienza así una actividad misionera que se extendería a lo largo de cuatro viajes por el Mediterráneo oriental y que concluirían en Roma, lugar al que es trasladado desde Palestina tras su detención por las autoridades judías y la apelación paulina de ser juzgado por el emperador como romano que era. En la capital imperial romana fue decapitado entre los años 64-67 según la tradición. Sus restos descansan en la basílica de S. Pablo extramuros de Roma.

Su conversión y relaciones iniciales con la Iglesia primitiva, incluyendo el decisivo concilio de Jerusalén en el que el apostolado aprueba su evangelización a los gentiles se encuentra recogidos en el libro de los Hechos de los apóstoles.

El cuerpo paulino del Nuevo Testamento se compone de 13 cartas: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón.

Iconografía

Vestido con túnica ceñida y manto, porta el evangelio en su mano izquierda mientras levanta la espada, instrumento de su martirio, con la derecha. Su rostro barbado y sereno se suele complementar con una calvicie notoria. Con la imagen descrita son frecuentes las representaciones de su martirio así como una seriación de su vida (en especial, en retablos de iglesias bajo su advocación).

Ejemplos artísticos:


S. Pablo apóstol
Escultura de alabastro
Damián Forment 1511-18
Iglesia de S. Pablo de Zaragoza








Martirio de S. Pablo
Óleo sobre lienzo
Andrés Rubira
Primera mitad siglo XVIII
Museo de la Real Academia de S. Fernando de Madrid








Otras DOS iconografías ligadas a Juan el Bautista (con dibujos color/colorear)

Las representaciones de Juan bautista y Jesús, de niños, jugando o interactuando, acompañados de un cordero, título con el que el primo mayor presentará-reconocerá públicamente al menor. aunque típicas son menos numerosas.

La imagen del cordero alude al reconocimiento del Hijo de Dios por Juan en la escena del bautismo recogida por el evangelista Juan: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29).


Juan bautista y el niño Jesús
Talla de Luisa de Roldán. 1691-92 
Ermita  de los santos Móstoles (Madrid)



Junto a ellas también cabe añadir a las múltiples formas artísticas de plasmar a Juan bautista en pleno ministerio anunciador de la llegada del Mesías. En estas, es muy frecuente el paisaje junto a un río, algo arbolado, el vestido con piel de camello y alzando el brazo derecho a modo de exhortación de los presentes.

Juan bautista
Talla de Juan de Juni. 1540
Trascoro de la catedral nueva de Salamanca








Nacimiento de Juan, el bautista, el primo del Señor

Centrando la Solemnidad

Cada 24 de junio la Iglesia celebra la solemnidad de la natividad de San Juan Bautista. Comparte con Jesús y la Virgen María ser los únicos de quienes la Iglesia celebra su nacimiento humano y su nacimiento a la vida eterna.

El propio Jesús dijo de Juan: "En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no hay otro mayor que Juan el Bautista" (Mt 11,11). Último de los grandes profetas de Israel, primer testigo de Jesús, iniciador de un bautismo para el perdón de los pecados y, en este contexto, bautista de Jesús; mártir por defender la ley judía.

Ya en el siglo IV encontramos conmemoraciones litúrgicas de San Juan Bautista en fechas diversas. La del 24 de junio se fija según el Evangelio de San Lucas, 1,36a, cuando se dice que Isabel estaba ya en "su sexto mes"; por tanto, seis meses antes de la Navidad. Desde el siglo VI esta fiesta tiene una Víspera. 

Iconografía típica 

La escena escenifica un parto de Isabel, postrada en una cama, asistida por matronas y criadas, que frecuentemente bañan, sostienen o envuelven a Juan recién nacido, y a su padre Zacarías, mudo, escribiendo su nombre en una tablilla, siguiendo el relato del primer capítulo del evangelio lucano.


Nacimiento de Juan bautista
Juan Martínez Montañés. 1610-20
Bajorrelieve del retablo de Juan bautista 
Iglesia de la Anunciación. Sevilla








Iconografías ligadas

Es típica, aunque menos numerosas, las representaciones de Juan bautista y Jesús, de niños, jugando o interactuando, acompañados de un cordero, título con el que el primo mayor presentará-reconocerá públicamente al menor.

Junto a ellas también cabe añadir a las múltiples formas artísticas de plasmar a Juan bautista en pleno ministerio anunciador de la llegada del Mesías. En estas, es muy frecuente el paisaje junto a un río, algo arbolado, el vestido con piel de camello y alzando el brazo derecho a modo de exhortación de los presentes.

Entre el ruido y la esperanza Mt 10,26-33 (TOA12-26)


 

Nuestros miedos Mt 10,26-33 (TOA12-26) J.A.Pagoda

Cuando nuestro corazón no está habitado por un amor fuerte o una fe firme, fácilmente queda nuestra vida a merced de nuestros miedos. A veces es el miedo a perder prestigio, seguridad, comodidad o bienestar lo que nos detiene al tomar las decisiones. No nos atrevemos a arriesgar nuestra posición social, nuestro dinero o nuestra pequeña felicidad.

Otras veces nos paraliza el miedo a no ser acogidos. Nos atemoriza la posibilidad de quedarnos solos, sin la amistad o el amor de las personas. Tener que enfrentarnos a la vida diaria sin la compañía cercana de nadie.

Con frecuencia vivimos preocupados solo de quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizá no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos.

La fe confiada en Dios, cuando es bien entendida, no conduce al creyente a eludir su propia responsabilidad ante los problemas. No le lleva a huir de los conflictos para encerrarse cómodamente en el aislamiento. Al contrario, es la fe en Dios la que llena su corazón de fuerza para vivir con más generosidad y de manera más arriesgada. Es la confianza viva en el Padre la que le ayuda a superar cobardías y miedos para defender con más audacia y libertad el reino de Dios y su justicia.

La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Cuando un creyente escucha de verdad en su corazón las palabras de Jesús: «No tengáis miedo», no se siente invitado a eludir sus compromisos, sino alentado por la fuerza de Dios para enfrentarse a ellos.

Otras veces nos paraliza el miedo a no ser acogidos. Nos atemoriza la posibilidad de quedarnos solos, sin la amistad o el amor de las personas. Tener que enfrentarnos a la vida diaria sin la compañía cercana de nadie.

Con frecuencia vivimos preocupados solo de quedar bien. Nos da miedo hacer el ridículo, confesar nuestras verdaderas convicciones, dar testimonio de nuestra fe. Tememos las críticas, los comentarios y el rechazo de los demás. No queremos ser clasificados. Otras veces nos invade el temor al futuro. No vemos claro nuestro porvenir. No tenemos seguridad en nada. Quizá no confiamos en nadie. Nos da miedo enfrentarnos al mañana.

Siempre ha sido tentador para los creyentes buscar en la religión un refugio seguro que nos libere de nuestros miedos, incertidumbres y temores. Pero sería un error ver en la fe el agarradero fácil de los pusilánimes, los cobardes y asustadizos.

La fe confiada en Dios, cuando es bien entendida, no conduce al creyente a eludir su propia responsabilidad ante los problemas. No le lleva a huir de los conflictos para encerrarse cómodamente en el aislamiento. Al contrario, es la fe en Dios la que llena su corazón de fuerza para vivir con más generosidad y de manera más arriesgada. Es la confianza viva en el Padre la que le ayuda a superar cobardías y miedos para defender con más audacia y libertad el reino de Dios y su justicia.

La fe no crea hombres cobardes, sino personas resueltas y audaces. No encierra a los creyentes en sí mismos, sino que los abre más a la vida problemática y conflictiva de cada día. No los envuelve en la pereza y la comodidad, sino que los anima para el compromiso.

Cuando un creyente escucha de verdad en su corazón las palabras de Jesús: «No tengáis miedo», no se siente invitado a eludir sus compromisos, sino alentado por la fuerza de Dios para enfrentarse a ellos.

Fuente: https://docs.google.com/document/d/1Le44w9yJoUgpt4Iw5mmZ1QzttM5seECKJSVOe7AdGjU/edit?pli=1&tab=t.0

El medio y la decisión Mt 10,26-33 (TOA12-26)

  “Delatadlo; vamos a delatarlo… A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él” (Jer 11,10). Ese era el cuchicheo que Jeremías podía oír al pasar entre las gentes que lo conocían. No había hecho mal alguno. Pero denunciaba la impiedad e inmoralidad de su pueblo. 

 A lo largo de la historia de la Iglesia son innumerables los creyentes que han sido asesinados  por su amor al bien y la verdad. Las persecuciones contra los mensajeros del evangelio no terminaron con la libertad concedida a los cristianos por el emperador Constantino. 

Con el salmo responsorial cada uno de nosotros puede manifestar su confianza en el Señor que lo ha llamado: “Que me escuche tu gran bondad, Señor” (Sal 68).

Con todo, sabemos y creemos que, gracias al sacrificio de Cristo, el favor y la gracia de Dios han sido derramados sobre nosotros, como dice san Pablo a los Romanos (Rom 5,12-15).

EL PRECIO DE LOS GORRIONES

En el evangelio que se proclama en este domingo, Jesús repite hasta tres veces la exhortación: “No tengáis miedo” (Mt 10,26-33). La tentación del miedo parece tan antigua que la vemos reflejada ya en los discípulos de Jesús. Con razón, Jesús les ofrece tres razones para superar el miedo:

- No han de tener miedo a los hombres, puesto que solo tratan de servir a la verdad, mientras que la mentira siempre termina por ser descubierta. 

- No han de temer a los que matan el cuerpo, pero no pueden dar muerte al alma. El espíritu humano sobrevive a los ataques de los tiranos.  

- Finalmente, los discípulos no han de tener miedo, porque el Padre celestial los conoce personalmente, vela por ellos y los premia con su presencia. 

Para apoyar esas llamadas a la confianza Jesús les propone una parábola que refleja su observación de la realidad: “¿No se vende un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.

VERDAD Y VALENTÍA

Aunque sea muy importante, no tener miedo es solo la parte “negativa” de la misión profética. El profeta ha de hacer algo positivo. Ha de ponerse de parte de Jesús ante los hombres. De esa confesión de fe y de su fidelidad en el presente, depende el futuro al que ahora se prepara. 

• La actitud del apóstol que predica el evangelio del Reino de Dios lo presenta y distingue siempre como discípulo del Maestro.  Si el discípulo se pone de parte de Jesús ante los hombres, el Maestro se pondrá de su parte ante el Padre celestial. 

• Pero la actitud del apóstata es la decisión de renegar del Maestro, por temor a perder prestigios humanos y ganancias terrenas. Ahora bien, si el discípulo niega a Jesús ante los hombres, el Maestro también lo negará ante el Padre celestial.

Evangelio Mt 10,26-33 (TOA12-26)

Este evangelio viene a ser como una respuesta al texto que se lee en la primera lectura sobre las confesiones de Jeremías. Allí podíamos sacar en consecuencia que, ante este tipo de experiencias proféticas, el silencio de Dios puede llevar a un callejón sin salida. Ahora, la palabra de Jesús es radical: no temáis a los hombres que lo único que pueden hacer es quitar la voz; pero incluso en el silencio de la muerte, la verdad no quedará obscurecida. Esta es una sección que forma parte del discurso de misión de Jesús a sus discípulos según lo entiende Mateo.

No es un texto cómodo, justamente porque la misión del evangelio debe enfrentarnos con los que quieren callar la verdad, y es que la proclamación profética y con coraje del evangelio, da la medida de la libertad y de la confianza en Dios. Cuando se habla de alternativa radical se entiende que hay que sufrir las consecuencias de confiar en la verdad del evangelio de Jesús. Aunque la verdad no está para herir, ni para matar, ni siquiera para condenar por principio, sino a "posteriori", es decir, cuando se niega la esencia de las cosas y del ser.

Se ha de tener muy presente, en la lectura del texto, que no es más importante el profeta que su mensaje, ni la misión del evangelizador que el evangelio mismo. Por eso es muy pertinente la aclaración de: lo que "os digo en secreto" -que es la "revelación" de la verdad del evangelio y del reino de Dios, mensaje fundamental de Jesús-, no lo guardéis para vosotros. Eso es lo que se debe proclamar públicamente, porque los demás también deben experimentarlo y conocerlo. No está todo en una adhesión personal, sino en el sentido "comunicativo". La dialéctica entre secreto/proclamación no obedece a los parámetros de los "mass media", sino más bien a la simbología bíblica de luz/tinieblas que se experimenta en la misma obra de la creación y transformación del caos primigenio. Es como una autodonación, tal como Dios hizo al principio del mundo.

Tampoco está todo en hacer una lectura de la verdad del evangelio con carácter "expansivo", sino transformador. De esa manera cobran sentido las palabras sobre los mensajeros, las dificultades de ser rechazados y la exhortación a una "autoestima" cuando se lleva en el alma y en el corazón la fuerza de la verdad que ha de trasformar el mundo y la historia. Jesús pronunció estas palabras recogidas por Mateo, en el discurso de misión, sabiendo que el rechazo de los mensajeros estaba asegurado. Por eso se debe tener el "temple profético" para dejarse seducir por Dios y no por el temor a los poderosos de este mundo. No se trata solamente de ser combativos, dispuestos a la polémica, sino de creer en la verdad del evangelio que, no mata, sino que trasforma.

Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/21-6-2026/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

Misión compasiva Mt 9,36-10,8 (TOA11-26)

 1. El evangelio nos ofrece el testimonio de la elección de los Doce y su misión, en la perspectiva de un nuevo pueblo de la Alianza. Debemos notar una diferencia con la teología de la Iª Lectura donde la fuerza de la Alianza se resolvía en la identidad de un pueblo de sacerdotes y apartado del mundo por la santidad. Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, ha venido a dar un nuevo rostro más humano a este pueblo. Ya no es la teología de lo sagrado lo que prevalece, sino la identidad de un pueblo sencillo, perdido, débil, sin pastores, sin santidad aparente. Para esto se instituye a los "Doce", cuya misión no será apartarlo de los demás pueblos, sino curar sus heridas, sus miserias y atender a sus necesidades más perentorias.

III.2. Y el verdadero modelo es el mismo Jesús que nos es presentado como el "pastor" que "se compadece" del pueblo. Se usa un verbo de una gran trascendencia bíblica (splagnízomai), que indica el estremecimiento del seno materno ante su hijo, actitud que nunca desaparece de una madre, incluso cuando ya su hijo se ha alejado de ella. Esto, pues, habla a las claras del amor gratuito, activo y generoso de quien se siente parte del otro y sufre con el otro. En Mateo, este verbo es utilizado varias veces (Mt 14,14; 15,32; 20,34; cf. 18,27) para hablar de la bondad y la misericordia de Jesús que lo lleva a actuar para aliviar las miserias del pueblo. Actúa como pastor, pero se quiere decir que actúa como una madre.

III.3. Por eso los "Doce", que son el signo de un nuevo pueblo que Jesús ha querido congregar, deberán ser "pastores" que no hagan lo que los sacerdotes de la religión antigua hicieron: no se compadecieron del pueblo por tal de poner a salvo la "santidad" de Yahvé. El pueblo está enfermo y necesita a una madre que tenga entrañas de misericordia. Que cure las enfermedades, que ponga su seno materno donde crece la gratuidad y la cercanía del Dios salvador. Porque es Dios mismo quien quiere presentarse así, como una madre más que como un Dios que abusa de su santidad, de su lejanía, de su misterio.

III.4. Jesús se presenta como modelo para la misión, que Mateo proyecta extraordinariamente en el "discurso de la misión" (Mt 10). Es verdad que este evangelio de Mateo se ha fijado expresamente, todavía, en el pueblo de Israel (las ovejas perdidas de la casa de Israel). No obstante aquí ya están puestos los fundamentos de una misión menos nacionalista, para que los Doce puedan llegar a todos los hombres, ya que el nuevo pueblo de Dios no puede estar separado de los demás, sino que debe estar en comunión con todos los pueblos de la tierra. Desde luego, la compasión de Jesús destruye, sin duda, el nacionalismo endógeno del pueblo de la Alianza. Con Jesús, pues, más que del pueblo de la Alianza se debe hablar de la "humanidad compadecida".

12 para recoger los caminos


 

Sagrado Corazón de Jesús. Origen, símbolos y significado, y dibujos

La historia de la fiesta del Sagrado Corazón se remonta al siglo XVII, con las apariciones de Jesús a santa Margarita María Alacoque, monja de la Visitación en el monasterio de Paray-le-Monial, en Francia. Entre 1673 y 1675, Jesús le reveló su ardiente corazón de amor por la humanidad y le pidió que instituyera una fiesta dedicada a su Sagrado Corazón. Durante estas apariciones, Jesús expresó su deseo de que esta fiesta se celebrara para : Reparar las ofensas a su amor, animar a los fieles a consagrarse a su Sagrado Corazón, difundir la devoción al Sagrado Corazón como fuente de gracias.

Aunque la devoción al Sagrado Corazón encontró fuertes resistencias al principio, poco a poco fue reconocida gracias al apoyo de San Claudio La Colombière, director espiritual de Margarita María. En 1765, el Papa Clemente XIII autorizó oficialmente la celebración de la fiesta en la Iglesia universal, y en 1856, el Papa Pío IX la convirtió en solemne fiesta litúrgica. 

Se celebra el segundo viernes después del domingo de Pentecostés.





 

Jesús, el Señor, el Pan de VIDA


 

La mujer en la Biblia


 

San Bernabé (11 de junio) Arte. biografía, dibujos (color y para colorear) e iconografía

 


Talla de Vicente Ochoa (1958)
Concatedral de Santa María la Redonda de Logroño (La Rioja)


Breve biografía:

A pesar de que San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, aún por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica.

Bernabé era un judío de la tribu de Levi, había nacido en Chipre; su nombre original era el de José, pero los Apóstoles lo cambiaron al de Bernabé que significa ‘hombre esforzado’. Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles; se menciona la venta de sus propiedades.

El Santo fue elegido para llevar el Evangelio a Antioquía, instruir y guiar a los neófitos. Para esta misión obtuvo la cooperación de San Pablo. Los dos predicadores obtuvieron gran éxito; Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos, a los fieles seguidores de Cristo. Tiempo más tarde, se les encomendó una nueva misión y partieron a cumplirla, acompañados por Juan Marcos. Primero se trasladaron a Seleucia y después a Salamina, en Chipre. Luego llegaron a Pafos, donde convirtieron al procónsul romano Sergio Paulo, navegaron hasta Perga en Panfilia, donde Juan Marcos los abandonó. En Iconium, en Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados. En Listra, San Pablo curó milagrosamente a un paralítico y los habitantes paganos los confundieron con dioses. De regreso a Antioquía pasaron por todas las ciudades que habían visitado para confirmar y ordenar presbíteros. Surgieron ciertas diferencias entre San Pablo y San Bernabé, por lo que decidieron separarse. San Bernabé partió entonces hacia Chipre, acompañado de Juan Marcos, para visitar las iglesias que ahí se habían fundado.

Alrededor del año 60 ó 61, San Bernabé ya había muerto. Se dice que fue apedreado hasta morir en Salamina. Otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma y además como primer obispo de Milán. (Fuente: aciprensa).


Iconografía: vestido tradicional de túnica ceñida con cinto y manto sobre el hombre al modo hebreo. Porta palma símbolo de su muerte martirial, Sagradas Escrituras, como uno de los primeros evangelizadores de la primera comunidad cristiana y el cuchillo tiene una connotación más local riojana, simbología ligada a su protección hasta romper el asedio francés que sufrió Logroño en el año 1521.