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San Buenaventura (15 julio) Biografía, iconografía y su simbología

Biografía fundamental

Giovanni nació en Bagnoregio, al norte de Roma, hacia el año 1217. En 1236 se trasladó a París para completar sus estudios y, en 1243, tras obtener el título de magister, se convirtió en hermano menor franciscano, siendo destinado como miembro de la Provincia Romana y tomando el nombre religioso de Buenaventura. Entre los años 1243 y 1248, completó sus estudios teológicos bajo la dirección de Alejandro de Hales; En 1248 obtuvo el título de bacalarius biblicus ordinarius e inició a comentar los libros del Antiguo y Nuevo Testamento.

En 1254 fue nombrado magister regens ad schola fratrum y, tres años después, magister cathedratus  junto con Fr. Tomás de Aquino de la Orden de los Predicadores. Fueron años prolíficos de estudio y enseñanza de diversas exposiciones bíblicas. En 1257 terminó su famoso Breviloquium.

A sus 40 años fue elegido Ministro general durante el Capítulo celebrado en Roma, presidido por el papa Alejandro IV. Acometió la redacción de un cuerpo legislativo basado en los diversos reglamentos y dictámenes elaborados precedentemente en la Orden que sería aprobada por el Capítulo General de Narbona en 1260, por esto es conocida como Constitutiones Generales Narbonenses, que ejercieron una gran influencia en la posterior legislación franciscana. En este Capítulo se le encomendó la tarea de escribir una nueva “leyenda” sobre San Francisco que completara los elementos que faltaban en las precedentes y que unificara la profusa literatura que circulaba sobre él. Así, en el siguiente Capítulo General celebrado en Pisa en el 1263, presentó la Legenda maior sancti Francisci .

Simultaneó el gobierno de la Orden con una importante actividad pastoral, caracterizada por el ejercicio de la predicación tanto a clérigos y religiosos como al pueblo en general. El intenso trabajo realizado en sus numerosos viajes favoreció su reconocimiento a nivel eclesiástico, que culminaría en su nombramiento como arzobispo de York en 1265 por el papa Clemente IV. lo que no impidió la continuidad de su producción literaria y sus relaciones universitarias.

El Papa Gregorio X pidió su colaboración en el 1272 para la preparación del II Concilio de Lyon atrayendo a aun delegación griega al mismo.

El 28 de mayo de 1273 recibió el anuncio de su nombramiento como cardenal obispo de Albano cuya consagración tuvo lugar el 11 o 12 de noviembre en Lyon, por el papa Gregorio X junto con Pedro de Tarentaise, el primero de la Orden de Predicadores, que más tarde ascendería al trono petrino con el nombre de Inocencio V en 1276.

Durante la cuarta sesión del Concilio, en la mañana del 15 de julio de 1274, Buenaventura partió a la casa del Padre celestial. 

En 1474, el Papa Sixto IV inició el proceso de canonización que concluyó con su proclamación como santo el 14 de abril de 1482. En la bula de canonización Superna caelestis patria, civitas Ierusalem ya se le designa Doctor de la Iglesia, pero es el Papa Sixto V quien le proclama oficialmente como tal con la bula Triumphantis Hierusalem de 1588.

Iconografía básica y su simbología

Representado de adulto que viste hábito franciscano, como hermano menor que fue de la orden, sujeto con un cordón de tres nudos alusivos los tres votos religiosos (la pobreza, la caridad y la obediencia).

Cardenal. Cómo tal porta sobre la cabeza capelo (sombrero de ala ancha) o bonete (gorro cuadrangular de tres o cuatro picos) cardenalicio de color rojo. Del mismo color, puede completar su vestuario con una muceta (capillo corto sobre los hombros que cubre hasta los codos) o una capa eclesiástica.

Libro y pluma por su prolífica producción teológica. Los sostiene, o, sentado, con el libro abierto escribiendo con la pluma. 

Cruz y corazón remarcado. Subraya la contemplación y la inspiración divina impresas en sus obras.

Iglesia. Por la aportación de sus escritos teológicos y místicos así como el título de Doctor Seráfico por el que es conocido y por haber sido declarado Doctor de la Iglesia.

TRES Ejemplos artísticos:


S. Buenaventura en el  concilio Lyon de 1274
Francisco de Zurbarán. Ca..1629
Óleo sobre lienzo.
Museo del Louvre (París)





S. Buenaventura
Simone Sacchettini. 1611
Óleo sobre lienzo.
Descalzas Reales de Valladolid





S. Buenaventura
Pedro Ruiz Glez. Ca.1699
Óleo sobre lienzo.
Coleccion particular















San Benito abad, patrono de Europa (11 de julio)

Breve biografía

Benito de Nursia fue un monje y abad que vivió en los siglos V y VI d.C. Fundó varios monasterios y escribió una regla para monasterios que se convirtió en fundamental para el monacato occidental. La Iglesia católica lo venera como patrón de Europa. 

La principal fuente su vida espiritual es el segundo libro de los Diálogos del papa Gregorio Magno a finales del siglo VI dedicado íntegramente a san Benito en el que lo presenta como gran asceta, un líder profético de monjes, fundador de monasterios, autor de una regla y hacedor de milagros. 

Benito y su hermana gemela Escolástica nacieron en una familia noble cristiana en Nursia (la actual Norcia). En el año 480 d.C. Benito fue a Roma para sus estudios. Se cansó de la vida en Roma, al haber encontrado la vida de sus compañeros disoluta e inmoral, y a sus maestros no cristianos y corruptos. Esto le llevó a abandonar sus estudios en Roma para seguir una vida espiritual. Dejó la ciudad con su fiel nodriza familiar Cirila, que lo acompañó hasta Enfide (la actual Affile). Benito pasó un tiempo viviendo como ermitaño, en aislamiento espiritual en una cueva identificada posteriormente como el Sacro Speco en Subiaco. Los monjes de un monasterio cercano pidieron a Benito, que por entonces era un hombre santo muy conocido, que se convirtiera en su nuevo abad. Sin embargo, su insistencia en una disciplina monástica adecuada le enfrentó a la comunidad, que intentó envenenarlo. Benito escapó milagrosamente del daño y regresó a su cueva. Más tarde estableció 12 monasterios cerca de Subiaco y residió en el 13º como abad. Alrededor del año 529 d.C. dejó Subiaco y, con sus discípulos más devotos, viajó hacia Cassino donde fundó un monasterio en la antigua acrópolis pagana de la colina que domina la ciudad. Aquí escribió la sumamente influyente Regla de los Monasterios sirvió como primer abad del nuevo monasterio hasta su muerte el 21 de marzo, tradicionalmente considerado en 547. Le siguió poco después su hermana Escolástica, que, inusualmente, fue enterrada en la misma tumba. 

Miles de monasterios que finalmente llegaron a seguir su Regla también difundieron la veneración de este santo. Según una tradición, las reliquias de San Benito fueron trasladadas al monasterio de Fleury (Francia) en el año 672. Este traslado se celebra litúrgicamente el 11 de julio. En 1947, el Papa Pío XII reconoció a San Benito como el «Padre de Europa». En 1964, el papa Pablo VI lo declaró «Patrón de Europa». En 1980, el papa san Juan Pablo II amplió el grupo de Patronos de Europa, añadiendo a Cirilo y Metodio y a Catalina de Siena, Brígida de Suecia y Edith Stein en 2000. 

La fiesta de San Benito se celebra el 11 de julio, día del traslado de sus reliquias aunque los monasterios benedictinos mantienen también la celebración el 21 de marzo, fecha de su fallecimiento.

Fuente: https://osb.org/es/nuestras-raices/san-benito/

Iconografía clásica

Es representado, habitualmente, como un anciano, generalmente barbado y tonsurado, que viste hábito o saya negra propia de la Orden benedictina, que sujeta un báculo abacial con la mano derecha, un libro y puede ir acompañado de un cuervo con un pan en el pico y una copa rota.

- Hábito negro. Simboliza la renuncia a lo terrenal y la muerte al mundo para priorizar en su vida los bienes celestiales. Explícita cuatro valores definitorios del benedictismo: consagración, penitencia, austeridad y entrega a Dios.

Báculo abacial: simboliza la autoridad espiritual sobre la comunidad monástica como su pastor para guiarla y corregirla con caridad pero con firmeza así como para advertirla de los peligros y tentaciones que pueden acechar a la comunidad.

Libro. En ocasiones, abierto, alude a la Regla que escribió como conjunto de normas para ordenar la vida de sus seguidores.

El cuervo con el pan y copa rota. Simbolizan la protección divina ante el mal y la traición. Aluden al intento de asesinato que sufrió por parte de un sacerdote envidioso valiéndose un pan envenenado o de unos monjes rebeldes que lo intentaron con una bebida con veneno, copa que se rompió en pedazos cuando San Benito la bendijo con la señal de la cruz.

Mitra en el suelo. Simboliza la renuncia a la ambición del poder terrenal por el servicio y la generosidad hacia Dios y los demás. Cabe recordar que S. Benito ni fue ordenado sacerdote ni obispo.


S. Benito abad
Francisco de Casas. 1742
Talla de Madera
Iglesia de S. Martin Pinario (Santiago de Compostela)




S. Benito abad
Alonso Berruguete. Ca. 1527
Museo Nacional de la Escultura. Valladolid




La Cruz de San Benito

 



La Medalla de San Benito es una de las devociones más poderosas y apreciadas en la tradición católica. Considerada por muchos como un verdadero escudo espiritual, se le atribuye una gran eficacia para proteger contra el mal, las tentaciones y las influencias demoníacas. Su valor es tan reconocido que incluso los exorcistas la utilizan frecuentemente en su oficio, tanto como protección personal como instrumento de liberación y auxilio en las oraciones del ritual de exorcismo.

Significado de la cara: En las medallas antiguas aparece, rodeando la figura del santo, este texto latino completo:
Eius in óbitu nostro preséntia muniámur.
«Que a la hora de nuestra muerte nos proteja tu presencia».
En las medallas actuales, esta frase suele desaparecer y es sustituida frecuentemente por:
Crux Sancti Patris Benedicti
o, de forma más sencilla, por la inscripción:
Sanctus Benedictus.

Significado del reverso: En cada uno de los cuatro extremos de la cruz se lee:
C. S. P. B. → Crux Sancti Patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito).
En el palo vertical de la cruz:
C. S. S. M. L. → Crux Sácra Sit Mihi Lux (Que la Santa Cruz sea mi luz).
En el palo horizontal de la cruz:
N. D. S. M. D. → Non Dráco Sit Mihi Dux (Que el demonio no sea mi jefe).
Empezando por la parte superior y siguiendo el sentido de las agujas del reloj:

V. R. S. → Vade Retro Satána (Aléjate, Satanás)
N. S. M. V. → Non Suáde Mihi Vána (No me aconsejes cosas vanas)
S. M. Q. L. → Sunt Mála Quae Libas (Es malo lo que me ofreces)
I. V. B. → Ípse Venéna Bíbas (Bebe tú mismo tu veneno)

En la parte superior, encima de la cruz, suele aparecer en algunas medallas la palabra PAX y, en las más antiguas, IESUS.

No cabe duda de que la medalla de San Benito es una de las más apreciadas y veneradas por los fieles. Se le atribuyen poderes y remedios tanto contra ciertas enfermedades de personas y animales como contra los males espirituales, especialmente las tentaciones y el poder del mal. También es frecuente colocarla en los cimientos de nuevos edificios como garantía de protección y bienestar para sus habitantes.

Su origen se fundamenta en la vida de san Benito, tal como la describe el papa san Gregorio Magno en el Libro II de los Diálogos. El santo Padre de los monjes utilizó repetidamente el signo de la cruz como instrumento de salvación, verdad y purificación.
La medalla tal como hoy la conocemos puede remontarse al siglo XII o XIV, aunque su tradición es probablemente más antigua. Su aprobación oficial llegó en 1742 por parte del papa Benedicto XIV, y desde entonces su devoción no ha dejado de crecer.

 Fuente: La Medalla de San Benito, abad #yosoyliturgo


San Bernabé (11 de junio) Arte. biografía, dibujos (color y para colorear) e iconografía

 


Talla de Vicente Ochoa (1958)
Concatedral de Santa María la Redonda de Logroño (La Rioja)


Breve biografía:

A pesar de que San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesucristo, es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, aún por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su activa tarea apostólica.

Bernabé era un judío de la tribu de Levi, había nacido en Chipre; su nombre original era el de José, pero los Apóstoles lo cambiaron al de Bernabé que significa ‘hombre esforzado’. Se le menciona en las Sagradas Escrituras, en el cuarto capítulo de los Hechos de los Apóstoles; se menciona la venta de sus propiedades.

El Santo fue elegido para llevar el Evangelio a Antioquía, instruir y guiar a los neófitos. Para esta misión obtuvo la cooperación de San Pablo. Los dos predicadores obtuvieron gran éxito; Antioquía se convirtió en el gran centro de evangelización y fue ahí donde, por primera vez, se dio el nombre de Cristianos, a los fieles seguidores de Cristo. Tiempo más tarde, se les encomendó una nueva misión y partieron a cumplirla, acompañados por Juan Marcos. Primero se trasladaron a Seleucia y después a Salamina, en Chipre. Luego llegaron a Pafos, donde convirtieron al procónsul romano Sergio Paulo, navegaron hasta Perga en Panfilia, donde Juan Marcos los abandonó. En Iconium, en Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados. En Listra, San Pablo curó milagrosamente a un paralítico y los habitantes paganos los confundieron con dioses. De regreso a Antioquía pasaron por todas las ciudades que habían visitado para confirmar y ordenar presbíteros. Surgieron ciertas diferencias entre San Pablo y San Bernabé, por lo que decidieron separarse. San Bernabé partió entonces hacia Chipre, acompañado de Juan Marcos, para visitar las iglesias que ahí se habían fundado.

Alrededor del año 60 ó 61, San Bernabé ya había muerto. Se dice que fue apedreado hasta morir en Salamina. Otra tradición nos lo presenta como predicador en Alejandría y en Roma y además como primer obispo de Milán. (Fuente: aciprensa).


Iconografía: vestido tradicional de túnica ceñida con cinto y manto sobre el hombre al modo hebreo. Porta palma símbolo de su muerte martirial, Sagradas Escrituras, como uno de los primeros evangelizadores de la primera comunidad cristiana y el cuchillo tiene una connotación más local riojana, simbología ligada a su protección hasta romper el asedio francés que sufrió Logroño en el año 1521.



Martirio de S. Bernabé. Iglesia del santo en El Escorial (Madrid-España)


Martirio de San Bernabé
Francisco de Mora (1598-1600)
Óleo sobre tabla 
Iglesia de S. Bernabé de El Escorial (Madrid)









 

S. Felipe Neri (26 de mayo). Breve biografía, arte, dibujo a color y para colorear

"Aparición de la Virgen a S. Felipe Neri"
Carlo Marata
Óleo sobre lienzo
(Ca. 1675)
Galleria Palatina-Palacio Pitti (Florencia-Italia)

Breves datos biográficos

Nació en Florencia en 1515 donde destacó desde niño por su buen carácter y piedad. En 1533 se trasladó a Roma, donde vivió inicialmente como laico dedicado al estudio y a servir a los pobres y peregrinos.

Ordenado sacerdote en 1551, convirtió el confesionario en un centro de transformación espiritual gracias a su paciencia y capacidad de escucha. y revolucionó la pastoral urbana reuniendo a laicos para orar, cantar y realizar obras de caridad. Esto dio origen a la Congregación del Oratorio, aprobada en 1575.

Falleció en Roma el 25 de mayo de 1595. Su estilo de vida sencillo y su enfoque en la alegría atrajeron a multitudes, dejando una huella imborrable en la Iglesia.





 

Las columnas de la Iglesia Mt 16,13-19

 San Pedro y san Pablo son los pilares de la Iglesia. Pero su categoría humana los convierte en modelos de coherencia y de rectitud. 

El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 12,1-11) nos lleva a recordar un famoso fresco de las “logias” vaticanas, en el que Rafael dejó plasmada la liberación de Pedro. Herodes lo había metido en la cárcel durante la semana de Pascua. Pero “mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él”. 

Con Simón Pedro nosotros repetimos confiadamente la palabras del salmo:  “El Señor me libró de todas mis ansias” (Sal 33).

LA ORACIÓN DE LA IGLESIAS

Orar por Pedro era un deber de gratitud y de amor para la primera comunidad de Jerusalén. Pedro habrá de ser bien consciente de que esa oración de su gente le ha “liberado de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos” (Hech 12,11). 

De Pedro nos dice el evangelio (Mt 16,13-19) que reconoció a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. A cambio, Jesús le cambió su nombre de Simón por el de Pedro, para hacer de él la piedra sobre la que edificaría su Iglesia. 

También Pablo era consciente de que el Señor lo había liberado de la boca del león, para que fuera a anunciar la salvación a todas las gentes que antes consideraba como extrañas.  Así  resume a su discípulo Timoteo su propia tarea de apóstol y misionero: “El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles” (2 Tim 4,17-18). 

A decir verdad, la diferencia de talante y de opiniones de estos dos hombres no los separó en vida de la gran misión que les fue confiada por su Señor ni los aleja ahora en nuestra veneración.

DOS APÓSTOLES

Los dos apóstoles y pilares de nuestra fe han sido liberados por Dios para convertirse en agentes de la liberación y en mensajeros de la verdad. 

• Pedro es el modelo de una fe que reconoce a Jesús como el ungido de Dios. Esa era la condición mínima para ser un auténtico discípulo de Jesús de Nazaret. Los que pretendían seguirlo por otros motivos pronto abandonaron el camino. 

• Y Pablo nos recuerda la necesidad de aceptar que uno ha corrido por la pista equivocada. Es evidente que en el mundo de hoy es muy difícil reconocer los propios errores. La obsesión por imponer a los demás las propias ideas o la propia ideología puede hacernos duros y cínicos hasta negar la evidencia.   

• Estos dos apóstoles son testigos de la fe. Pero son también modelos de humanidad. Ambos estuvieron al servicio de los otros. En un mundo secular, muchos ponen la salvación en la técnica o en la política, en el arte o en la guerra. Nosotros creemos que el camino de la salvación parte de la humildad. 

La "confesión" de Pedro es la "piedra" Mt 16,13-19

 El texto de la confesión mesiánica de Pedro nos ofrece una de las lecturas más discutidas de la exégesis de Mateo. En su probable fuente, Mc 8,27ss, la confesión es de otro tono y, además, no están presentes las palabras sobre el "primado". Es evidente que la tradición "católica" ha hecho un tipo de lectura que viene marcada por la sucesión apostólica de Pedro. Es, desde luego, de valor histórico que Simón, uno de los Doce, recibió el sobrenombre o apodo de Kefa (en arameo; kephas, en griego) y que sería traducido como Petros en griego, que significa "roca". El que haya sido en este momento o en otro todo lo que se explica del sobrenombre en Mateo, no es relevante históricamente (pudo ser en otro momento cf Jn 1,42; Mt 4,18; 10,2), pero sí es significativo. Pedro pudo recibir este sobrenombre del mismo Jesús y haber sido llamado de esa manera durante su ministerio.

Pero el texto en cuestión de Mt 16,13-20 es campo de batalla entre católicos y protestantes. No lo debemos ocultar. Y las interpretaciones corresponden a las "tradiciones" cristianas de unos y de otros. Los católicos siempre interpretarán que "piedra" (petra) se refiere a Pedro (petros); los protestantes afirmarán que petra, por ser femenino, no se refiere a Pedro, sino a la confesión anterior: "tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo". ¿Qué nos está permitido interpretar exegéticamente? La verdad es que las dos cosas son posibles. Pero hay muchos problemas por medio: ¿es una tradición unitaria? ¿son dos tradiciones unidas por el redactor de Mateo? Todas estas cosas quedan para un análisis crítico-literario-exegético de envergadura. En principio, nos parece más razonable interpretar que "sobre esta roca" ha de referirse a la confesión que Pedro acaba de pronunciar. Vendría a ser como decir que Simón recibe un nombre nuevo Petros, porque ha hecho una confesión decisiva y fundamental sobre la que ha de construirse (petra) la Iglesia.

Cada evangelista ha redactado la confesión de Pedro según sus preocupaciones teológicas y eclesiales. Las de Mateo están bien claras por el conjunto del texto de hoy. El problema, pues, sería si las palabras laudatorias de Jesús, después de la confesión de Pedro, son del mismo Jesús o de la Iglesia primitiva. Esto, desde luego, tiene divididos a los especialistas, aunque es más coherente pensar que la Iglesia posterior necesitó reivindicar la figura de Pedro como testigo cualificado y como "primero" entre los Doce. No deberíamos exagerar, como se hace frecuentemente, que los arameismos de las palabras laudatorias de Jesús nos llevan directamente a las mismas palabras de Jesús. De hecho, otros autores dan a entender que la construcción griega de estas palabras es más armónica de lo que parece; que no hay tanto arameismo en las mismas y que estamos ante la teología de un autor (en este caso Mateo) más que ante una "profecía" del Jesús histórico.

Estas palabras, pues, significan que Pedro ha de ser el defensor de la Iglesia contra todas las asechanzas a las que está y estará sometida. La pregunta es ¿dónde está fundamentada la Iglesia, en Pedro o en Cristo? En Cristo, claro está (cf I Cor 3,11; Ef 2,20), y es eso lo que confiesa Pedro en el evangelio de Mateo. Por lo mismo, no se puede echar sobre las espaldas del pescador de Galilea todo el peso de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios que ha ganado Cristo con su vida, con su entrega y su resurrección. Y otro tanto habría que decir de los sucesores de Pedro. De la misma manera, pues, la metáfora de "atar y desatar" se ha de interpretar en este tenor de defensa de la comunidad, del nuevo pueblo, de la Iglesia. Porque no debemos olvidar que esa misma metáfora la usará después Mt 18,15-20 para aplicarla a los responsables de la comunidad ante el pecado de los que son recalcitrantes y rompen la comunión.

En definitiva, el texto de Mateo, la fuerza del "tu es petrus" no debe hacernos olvidar que Pedro fue elegido por Jesús no para ser Papa, que es una institución posterior, reafirmada con la "infalibilidad" doctrinal, sino al servicio de la salvación de los hombres; aunque será inevitable tenerlo en cuenta en la historia de la interpretación del papado. Pero no podemos echar encima del texto de Mateo más de lo que dice y de lo que afirma; sin olvidar, además, la Iglesia o comunidad en la que aparece, una comunidad judeocristiana que necesitó de transformaciones muy radicales en confrontación con el judaísmo tradicional. Desde luego, los seguidores de Jesús que aceptamos el evangelio tenemos como "roca" de salvación la confesión de fe que hace Pedro. Pero no es la confesión de un hombre solitario y cargado de responsabilidad personal para "atar y desatar", porque tiene las "llaves" del Reino de los cielos. Es la confesión de una Iglesia a la que él representa. Porque la salvación de cada uno de los cristianos o de cualquier hombre o mujer no dependen de Pedro tampoco, sino de la gracia y la misericordia de Dios, revelada en Jesucristo, y a quien Pedro confiesa.