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La siembra y la cosecha Mt 13,1-9 (TOA15-26)
“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo”. Así dice el Señor en este oráculo que encontramos en el libro de Isaías (Is 55,10-11).
Todo sembrador desea que la semilla que esparce en el campo produzCa un fruto abundante. La palabra de Dios es eficaz y puede producir una abundante cosecha.
Con el salmo responsorial nosotros alabamos al Señor, porque él es quien cuida de la tierra, la riega y la enriquece sin medida (Sal 64,10).
Según san Pablo, vivimos en la esperanza. Pero junto con nosotros, toda la creación espera ser liberada de la esclavitud de la corrupción. También la creación desea dar un buen fruto (cf. Rom 8,18-23).
LA PARÁBOLA Y LA ALEGORÍA
El evangelio propone hoy a nuestra meditación la célebre parábola del sembrador: “Salió el sembrador a sembrar…” (Mt 13,1-23). El sembrador esparce ampliamente la semilla. Pero a la hora de la cosecha los resultados son muy diversos.
• La primera parte es una parábola que se refiere al sembrador. El relato sugiere su generosidad, su confianza y su esperanza. Él conoce bien las diferencias del terreno y los riesgos con los que ha de enfrentarse la semilla. Sin embargo, confía obtener una buena cosecha. Evidentemente el buen sembrador es Dios.
• La segunda parte es una alegoría que se refiere a los destinatarios de la evangelización. Son muchos los que ponen tales dificultades al mensaje que no le permiten producir el fruto deseado por el sembrador. Pero hay algunos que lo reciben con buena voluntad. A la generosidad del sembrador ha de responder la buena acogida de los oyentes del mensaje.
LA HUMILDAD Y EL ORGULLO
Entre la parábola y la alegoría se incluye una frase desconcertante: “Al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene” (Mt 13,12). Sin duda, es un refrán popular, muy semejante a alguno de los proverbios, como este: “Hay quien es generoso y se enriquece, quien ahorra injustamente y se empobrece” (Prov 11,24).
• “Al que tiene se le dará y tendrá de sobra”. Hay algunos que tienen la humildad suficiente para prestar atención a la palabra de Dios, que es un don totalmente gratuito. Esos verán abundar la espléndida cosecha que nace de esa semilla que han acogido.
• “Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. Y hay otros que están tan orgullosos de su ciencia y de su piedad que no tienen la humildad para acoger el mensaje de la nueva vida. Esos verán que a fin de cuentas pierden hasta la sabiduría que creían poseer.
La Palabra de Dios, semilla que engendra Mt 13,1-23 (TOA15-26)
1. La parábola del sembrador y su explicación abre estos domingos de lectura continua en los que se nos van a presentar distintas parábolas, que Mateo concentra precisamente en el c. 13. Podemos decir también que esta es una parábola ecológica, por sus símbolos. La semilla que cae en distintas tierras, que después se compara con distintas actitudes, debe ser la Palabra de Dios que conduce nuestra historia, que crea una relación hermosa y llena de sentido.
2. Cuando la historia no se contempla desde el horizonte de la Palabra de Dios, entonces todo se resiste a la armonía, a la fraternidad, a la paz, e incluso a la calidad de vida digna para todos. En todo caso, Jesús, con su parábola -ya que la explicación probablemente procede de la iglesia primitiva que era más timorata-, intentaba decir que, pase lo que pase, la Palabra de Dios siempre produce fruto; basta acogerla desde nuestras posibilidades. Unas veces producirá más y otras menos, pero siempre será luz de nuestra vida. Porque en esto de la luz, de la gracia y de la salvación, la cantidad no cuenta de verdad.
3. Es muy probable que haya sido la iglesia posterior y su moralismo excesivo, la que se haya propuesto acentuar eso de la cantidad como un perfeccionamiento anhelado, y así se refleja en la explicación de la parábola, donde ya todo se centra en el campo que acoge, no en la semilla. Sin embargo, el profeta de Nazaret era menos perfeccionista y quería trasmitir una confianza inaudita en la fuerza de Dios que nos llega por la palabra profética y por la parábola profética del sembrador. El sembrador sabe que no todo lo que siembra se recoge al final, sino que siendo más realista confía "en conjunto" en la semilla que esparce, es decir, en la palabra que ilumina y que salva.
4. Cuando alguien solamente ha podido entregar el 20, o el 60 de su vida (incluso el 30 y el 40), Dios no lo desprecia, sino que lo tiene muy en cuenta. Su amor a los hombres y mujeres que viven en este mundo no le hace despreciar lo que su amor engendra, aunque sea una mínima parte de lo que debería haber sido. Porque para Jesús, en este caso, se trataba de poner de manifiesto la fuerza de la semilla, de la palabra, del evangelio de vida. Porque sin esa semilla, sin esa palabra de gracia y de buenas noticias, no hay manera de que los seres humanos se puedan fiar de Dios y serle fieles. Jesús está sembrado, en esta parábola “el evangelio” frente a le Ley (la Torá). Con el evangelio se entiende que la semilla es gracia; con la ley, lo que vale es la ”producción” en cantidades semejantes a la inversión.
El Reino como un grano que crece en esperanza Mc 4,26-34 (TOB11-24)
Las parábolas de Jesús son toda una excusa para hablar del misterioso crecimiento del reino que anuncia. Es verdad que había anunciado con una seguridad inquebrantable que "ya está aquí" o que "en medio de vosotros". Mc 1, 14-15 lo pone como frontispicio de todo y como programa, a la vez que exige conversión y confianza en ese anuncio. Pero podían preguntarle, como de hecho sucedió ¿dónde está ese Reino? De allí que las dos parábolas del crecimiento, mediante los símbolos de un grano (aunque un grano es pequeño, no se resalta este punto) y una semilla de mostaza (que es como una cabeza de alfiler) vengan a decirnos algo significativo de sus comienzos, de sus logros y de su consumación. Se da una cierta disimilitud y contraste en el final de las dos comparaciones: la del grano en lo que se refiere a lo que, a causa del crecimiento y la consumación final, no tendrá sentido (se desechará) y la de la mostaza nos habla del Final en términos más positivos, porque se hará grande y vendrá a ser "hogar" y protección de multitudes de pájaros.
El reino está ya aquí, pero solo como una semilla que es confiadamente un final grandioso o apropiado. No son parábolas o comparaciones deslumbrantes, pero están llenas de sentido. Debemos aceptar la misma naturalidad de este mensaje en cuando es algo que ya está sembrando, que está creciendo y por eso tiene misterio. Como tiene misterio la comparación de la levadura (cf Mt 13,33; Lc 13,29-21) que poco a poco impregna la masa. Eso quiere decir que está "germinando" y por eso se alumbrará un mundo nuevo, tanto en el caso de acabar algo que no tiene sentido en la historia (y por eso de meterá la hoz) o en el caso de que se construya un "hábitat" donde vengan todas las aves a protegerse. Incluso deberíamos entender que se trata de toda clase de aves y por lo mismo que se estaría apuntando a los paganos. Son los dos aspectos del Reino y de su transformación de la historia: algo quedará caduco, pero lo más importante es la imagen de los pájaros que anidan.
Es ese final bueno y liberador el que debemos proponer como mensaje de las parábolas de hoy. Es verdad que se nos habla de "meter la hoz”, pero es lógico que esta historia humana debe dejar aquí todo aquello que no tiene sentido, que es opuesto al proyecto y a la plenitud del Reino de Dios. Pero en la parábola de la mostaza, que comienza con el sentido de la "nimiedad" de lo insignificante y de lo mínimo, todo se transforma hasta ofrecernos la imagen de un árbol cósmico donde todos puedan encontrar no solamente el hábitat humano, sino la verdadera felicidad del Reino. Así, pues, quiere decirnos Jesús, son las cosas de Dios. Esta es la propuesta de esperanza que forma parle de la entraña del Reino, por insignificante que parezca. En estas metáforas, pues, proponía Jesús un mensaje que llenaba los corazones de los sencillos.
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/16-6-2024/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
La Palabra de Dios, semilla que engendra Mt 13,1-23 (TOA15-23)
1. La parábola del sembrador y su explicación abre estos domingos de lectura continua en los que se nos van a presentar distintas parábolas, que Mateo concentra precisamente en el c. 13. Podemos decir también que esta es una parábola ecológica, por sus símbolos. La semilla que cae en distintas tierras, que después se compara con distintas actitudes, debe ser la Palabra de Dios que conduce nuestra historia, que crea una relación hermosa y llena de sentido.
2.Cuando la historia no se contempla desde el horizonte de la Palabra de Dios, entonces todo se resiste a la armonía, a la fraternidad, a la paz, e incluso a la calidad de vida digna para todos. En todo caso, Jesús, con su parábola -ya que la explicación probablemente procede de la iglesia primitiva que era más timorata-, intentaba decir que, pase lo que pase, la Palabra de Dios siempre produce fruto; basta acogerla desde nuestras posibilidades. Unas veces producirá más y otras menos, pero siempre será luz de nuestra vida. Porque en esto de la luz, de la gracia y de la salvación, la cantidad no cuenta de verdad.
3.Es muy probable que haya sido la iglesia posterior y su moralismo excesivo, la que se haya propuesto acentuar eso de la cantidad como un perfeccionamiento anhelado, y así se refleja en la explicación de la parábola, donde ya todo se centra en el campo que acoge, no en la semilla. Sin embargo, el profeta de Nazaret era menos perfeccionista y quería trasmitir una confianza inaudita en la fuerza de Dios que nos llega por la palabra profética y por la parábola profética del sembrador. El sembrador sabe que no todo lo que siembra se recoge al final, sino que siendo más realista confía "en conjunto" en la semilla que esparce, es decir, en la palabra que ilumina y que salva.
4.Cuando alguien solamente ha podido entregar el 20, o el 60 de su vida (incluso el 30 y el 40), Dios no lo desprecia, sino que lo tiene muy en cuenta. Su amor a los hombres y mujeres que viven en este mundo no le hace despreciar lo que su amor engendra, aunque sea una mínima parte de lo que debería haber sido. Porque para Jesús, en este caso, se trataba de poner de manifiesto la fuerza de la semilla, de la palabra, del evangelio de vida. Porque sin esa semilla, sin esa palabra de gracia y de buenas noticias, no hay manera de que los seres humanos se puedan fiar de Dios y serle fieles. Jesús está sembrado, en esta parábola “el evangelio” frente a le Ley (la Torá). Con el evangelio se entiende que la semilla es gracia; con la ley, lo que vale es la ”producción” en cantidades semejantes a la inversión.
El sembrador Mt 13,1-23 (TOA15-17)
Parábola del sembrador Lc 8,4-15 ¿Es verdad?
___ La semilla es la Palabra de Dios
___ Las águilas comieron la semilla en el borde del camino
___ Los cristianos que ponen a Dios en su corazón dan mucho fruto
___ Las semillas se ahogaron entre las piedras por falta de humedad
___ Los cardos protegían a las semillas
___ El sembrador iba tirando semillas por todos los lados
Parábola del sembrador Lc 8,4-15 ¿Correcta o equivocada?
1) El VIÑADOR/SEMBRADOR salió a los campos para trabajar
2) La SEMILLA/CESTA cayó junto al camino y la PISARON/RECOGIERON
3) Los RATONES/PÁJAROS comieron los granos que cayeron junto al CAMINO/SENDERO
4) Los granos que cayeron entre piedras se RESBALARON/SECARON
5) Los granos que cayeron en los CARDOS/PRADOS se ahogaron
6) En la tierra FÉRTIL/POBRE los granos dieron el MIL/CIENTO por uno









