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Jesús busca una religión de vida Jn 2,13-25 (CUB3-24)
1. El relato de la expulsión de los vendedores del templo, en la primera Pascua “de los judíos” que Juan menciona en su obra, es un marco de referencia obligado del sentido de este texto joánico. En el trasfondo también debemos saber ver las claves mesiánicas con las que Juan ha querido presentar este relato, teniendo en cuenta un texto como el de Zac 14,21 (el deutero-Zacarías) para anunciar el día del Señor. Es de esa manera como se construyen algunas ideas de nuestro evangelio: Pascua, religión, mesianismo, culto, relación con Dios, vida, sacrificios. Jesús expulsa propiamente a los animales del culto. No debemos pensar que Jesús la emprende a latigazos con las personas, sino con los animales; Juan es el que subraya más este aspecto. Los animales eran los sustitutos de los sacrificios a Dios. Por tanto, sin animales, el sentido del texto es más claro: Jesús quiere anunciar, proféticamente, una religión nueva, personal, sin necesidad de “sustituciones”. Por eso dice: “Quitad esto de aquí”. No se ha de interpretar, pues, como un acto político-militar como se hizo en el pasado. Es, consideramos, una profecía “en acto”.
2. El evangelio de Juan, pues, nos presenta esa escena de Jesús que cautiva a mentes proféticas y renovadoras. Desde luego, es un acto profético y no podemos menos de valorarlo de esa forma: en el marco de la Pascua, la gran fiesta religiosa y de peregrinación por parte de los judíos piadosos a Jerusalén. Esta es una escena que no debemos permitir se convierta en tópica; que no podemos rebajarla hasta hacerla asequiblemente normal. Está ahí, en el corazón del evangelio, para ser una crítica de nuestra “religión” sin corazón con la que muchas veces queremos comprar a Dios. Es la condena de ese tipo de religión sin fe y sin espiritualidad que se ha dado siempre y se sigue dando frecuentemente. Ya Jeremías (7,11) había clamado contra el templo porque con ello se usaba el nombre de Dios para justificar muchas cosas. Ahora, Jesús, con esta acción simbólico-profética, como hacían los antiguos profetas cuando sus palabras no eran atendidas, quiere llevar a sus últimas consecuencias el que la religión del templo, donde se adora a Dios, no sea una religión de vida sino de… vacío. Por eso mismo, no está condenando el culto y la plegaria de una religión, sino que se haya vaciado de contenido y después no tenga incidencia en la vida.
3. No olvidemos que este episodio ha quedado marcado en la tradición cristiana como un hito, por considerarse como acusación determinante para condenar a muerte a Jesús, unas de las causas inmediatas de la misma. Aunque Juan ha adelantado al comienzo de su actividad lo que los otros evangelios proponen al final (Mc 11,15-17; Mt 21,12-13; Lc 19,45-46), estamos en lo cierto si con ello vemos el enfrentamiento que los judíos van a tener con Jesús. Este episodio no es otra cosa que la propuesta de Jesús de una religión humana, liberadora, comprometida e incluso verdaderamente espiritual. Aunque Juan es muy atrevido, teológicamente hablando, se está anunciando el cambio de una religión de culto por una religión en la que lo importante es dar la vida los unos por los otros, como se hace al mencionar el «cuerpo» del Jesús que sustituirá al templo. Aquí, con este episodio (aunque no sólo), lo sabemos, Jesús se jugó su vida en “nombre de Dios” y le aplicaron la ley también “en nombre de Dios”. ¿Quién llevaba razón? Como en el episodio se apela a la resurrección (“en tres días lo levantaré”), está claro que era el Dios de Jesús el verdadero y no el Dios de la ley. Esta es una diferencia teológica incuestionable, porque si Dios ha resucitado a Jesús es porque no podía asumir esa muerte injusta. Pero sucede que, a pesar de ello, los hombres seguimos prefiriendo el Dios de la ley y la religión del templo y de los sacrificios de animales. Jesús, sin embargo, nos ofreció una religión de vida.
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/3-3-2024/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
El signo del templo Jn 2,13-25 (CUB3-21)
“Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí” (Éx 20,2). Moisés entrega a su pueblo los mandamientos que ha recibido de Dios. Pero antes de los deberes que ha de cumplir, ese mismo pueblo ha de recordar los favores con que Dios lo ha enriquecido.
En efecto, Dios ha tomado la iniciativa para liberar de Egipto a su pueblo. Pero la liberación es siempre un itinerario. Para ser libre, el pueblo ha de comportarse de acuerdo con los grandes valores morales, que tutelan por una parte la majestad de Dios y, por otra, la dignidad de la persona humana. Para eso están los mandamientos.
Al salmo responsorial (Sal 18) la asamblea responde hoy con una confesión de los discípulos de Jesús: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
San Pablo recuerda a los Corintios que ante los signos que exigen los judíos y la sabiduría que buscan los griegos, se alza el misterio de la cruz. Para los primeros, Cristo crucificado es un escándalo. Para los segundos es una necedad. Ahora bien, para los llamados a seguirle, Cristo es fuerza y sabiduría de Dios (1 Cor 1,22-25).
LA PREGUNTA
El evangelio de este tercer domingo de cuaresma nos sitúa en las vísperas de la fiesta de Pascua. Jesús llega al templo de Jerusalén y expulsa a los mercaderes que se han instalado en sus pórticos para vender bueyes, ovejas y palomas para los sacrificios. Además, se enfrenta a los que cambian el dinero profano por las monedas aceptadas para las ofrendas.
Pero la costumbre se había hecho ley. La gente había llegado a aceptar aquel mercado como un servicio al culto que se celebraba en el templo. Ya no percibían que oscurecía el sentido del culto. Los profetas habían dicho que Dios prefiere la misericordia antes que los sacrificios ofrecidos en el templo. Pero aquel mensaje había costado la vida a los profetas.
Ahora Jesús resulta sospechoso para “los judíos” de su tiempo. De hecho, le dirigen una pregunta por su poder y exigen un signo que muestre la autoridad con la que pretende terminar con aquella costumbre. No les bastan los signos de misericordia y compasión con los que Jesús atiende a las gentes. Y no lo reconocen como el verdadero signo de Dios.
LA RESPUESTA
También hoy nos interpela el relato evangélico de la limpieza del templo de Jerusalén. Pero más nos interpela la respuesta que Jesús dirige a los que cuestionan aquella acción.
• Jesús anuncia que el verdadero templo de Dios será su propio cuerpo. A la luz de la fe, nosotros confesamos que la humanidad de Jesús era, es y será siempre el espacio en el que Dios se manifiesta a los hombres. En su humanidad los hombres podemos acercarnos verdaderamente a Dios.
• Para afirmar su autoridad, Jesús ofrecía como signo su poder para reconstruir el templo. Pero no se refería al templo de piedra, sino a su propio cuerpo. En el cuerpo de Cristo podemos descubrir a Dios. En el cuerpo de Cristo damos gloria a Dios y nos encontramos en oración con todos los creyentes.
• Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de sus palabras y llegaron a comprender su promesa de reconstruir el templo. La resurrección de Cristo los llevó a entender que él era el Señor. Jesús era más que aquel Templo y más que la Ley recibida de Moisés.
Jesús busca una religión de vida Jn 2,13-25 (CUB3-21)
1. El relato de la expulsión de los vendedores del templo, en la primera Pascua “de los judíos” que Juan menciona en su obra, es un marco de referencia obligado del sentido de este texto joánico. En el trasfondo también debemos saber ver las claves mesiánicas con las que Juan ha querido presentar este relato, teniendo en cuenta un texto como el de Zac 14,21 (el deutero-Zacarías) para anunciar el día del Señor. Es de esa manera como se construyen algunas ideas de nuestro evangelio: Pascua, religión, mesianismo, culto, relación con Dios, vida, sacrificios. Jesús expulsa propiamente a los animales del culto. No debemos pensar que Jesús la emprende a latigazos con las personas, sino con los animales; Juan es el que subraya más este aspecto. Los animales eran los sustitutos de los sacrificios a Dios. Por tanto, sin animales, el sentido del texto es más claro: Jesús quiere anunciar, proféticamente, una religión nueva, personal, sin necesidad de “sustituciones”. Por eso dice: “Quitad esto de aquí”. No se ha de interpretar, pues, como un acto político-militar como se hizo en el pasado. Es, consideramos, una profecía “en acto”.
2. El evangelio de Juan, pues, nos presenta esa escena de Jesús que cautiva a mentes proféticas y renovadoras. Desde luego, es un acto profético y no podemos menos de valorarlo de esa forma: en el marco de la Pascua, la gran fiesta religiosa y de peregrinación por parte de los judíos piadosos a Jerusalén. Esta es una escena que no debemos permitir se convierta en tópica; que no podemos rebajarla hasta hacerla asequiblemente normal. Está ahí, en el corazón del evangelio, para ser una crítica de nuestra “religión” sin corazón con la que muchas veces queremos comprar a Dios. Es la condena de ese tipo de religión sin fe y sin espiritualidad que se ha dado siempre y se sigue dando frecuentemente. Ya Jeremías (7,11) había clamado contra el templo porque con ello se usaba el nombre de Dios para justificar muchas cosas. Ahora, Jesús, con esta acción simbólico-profética, como hacían los antiguos profetas cuando sus palabras no eran atendidas, quiere llevar a sus últimas consecuencias el que la religión del templo, donde se adora a Dios, no sea una religión de vida sino de… vacío. Por eso mismo, no está condenando el culto y la plegaria de una religión, sino que se haya vaciado de contenido y después no tenga incidencia en la vida.
3. No olvidemos que este episodio ha quedado marcado en la tradición cristiana como un hito, por considerarse como acusación determinante para condenar a muerte a Jesús, unas de las causas inmediatas de la misma. Aunque Juan ha adelantado al comienzo de su actividad lo que los otros evangelios proponen al final (Mc 11,15-17; Mt 21,12-13; Lc 19,45-46), estamos en lo cierto si con ello vemos el enfrentamiento que los judíos van a tener con Jesús. Este episodio no es otra cosa que la propuesta de Jesús de una religión humana, liberadora, comprometida e incluso verdaderamente espiritual. Aunque Juan es muy atrevido, teológicamente hablando, se está anunciando el cambio de una religión de culto por una religión en la que lo importante es dar la vida los unos por los otros, como se hace al mencionar el «cuerpo» del Jesús que sustituirá al templo. Aquí, con este episodio (aunque no sólo), lo sabemos, Jesús se jugó su vida en “nombre de Dios” y le aplicaron la ley también “en nombre de Dios”. ¿Quién llevaba razón? Como en el episodio se apela a la resurrección (“en tres días lo levantaré”), está claro que era el Dios de Jesús el verdadero y no el Dios de la ley. Esta es una diferencia teológica incuestionable, porque si Dios ha resucitado a Jesús es porque no podía asumir esa muerte injusta. Pero sucede que, a pesar de ello, los hombres seguimos prefiriendo el Dios de la ley y la religión del templo y de los sacrificios de animales. Jesús, sin embargo, nos ofreció una religión de vida.
Fray Miguel de Burgos Núñez














