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Pérdidas y hallazgos Lc 15,1-3. 11-32 (CUC4-25)

 “Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto”. Con ese oráculo, Dios recuerda a Josué que él ha liberado a su pueblo y lo ha ido guiando hacia la libertad (Jos 5,9).  

Tras la fatigosa peregrinación por el desierto, Dios promete a su pueblo que podrá disfrutar de los frutos esperados y podrá ofrecer al Señor las primicias de sus cosechas.

El salmo responsorial convierte aquellas promesas del pasado en una certeza para el presente. A nosotros la fe y la esperanza nos aseguran esa  generosidad de nuestro Padre. Por eso nos alentamos unos a otros cantando: “Gustad y ved qué bueno es el Señor” (Sal 33).

El primer don de ese Padre generoso es el de la reconciliación. San Pablo nos anuncia que Dios nos ha reconciliado consigo por medio de Cristo. Nos ha invitado a aceptar su perdón y a reconciliarnos con nuestros hermanos (2 Cor 5,17-21).

NUESTRA DIGNIDAD

La parábola que hoy se proclama pertenece al capítulo evangélico de las pérdidas y los hallazgos. Un pastor perdió una oveja y no descansó hasta que la encontró. Lo mismo hizo una mujer que había perdido una moneda. Más elocuente aún es el relato sobre un hijo que se había perdido y ha sido reencontrado por su padre y por su hermano   (Lc 15,32). 

 El hijo que se fue de casa busca la libertad. Lejos de su casa, se convierte en un esclavo de sus gustos, en un servidor de un amo que lo trata como a un esclavo y en un solitario despreciado por todos. 

 En realidad, la parábola que llamamos del hijo pródigo es la parábola de la generosidad liberadora del padre. En la experiencia de la soledad, el hijo menor redescubre el valor del hogar familiar.

 Por su parte, el hijo mayor permanece en la casa, pero nunca ha llegado a descubrir la libertad que le proporciona el amor de su padre. Solo el amor nos hace libres. Solo el amor nos hace reconocer nuestra dignidad. 

LIBERTAD Y ALEGRÍA  

Al retornar a casa, el hijo menor pide a su padre que lo  reciba como un jornalero más. Seguramente esa es la última tentación. Los verdaderos creyentes no pueden presentarse ante Dios reclamando un salario por su trabajo. 

• Al que regresa triste y pobre el padre lo recibe con los brazos abiertos. Lo viste de fiesta para subrayar su dignidad. Y le entrega el anillo con el que él ratifica los contratos. La alegría por el hijo reencontrado revela la confianza del padre y demanda la responsabilidad del hijo. 

• Y al hijo mayor, que ha permanecido en la casa, el padre le recuerda una doble relación. Es un hijo, con el que el padre comparte todos sus bienes. Y tiene un hermano, al que debe aceptar y recibir como tal. 

A las palabras del hijo menor, el padre no responde con palabras, sino  con los gestos de la fiesta y la alegría. Pero al hijo mayor sí que le dirige una invitación que marca el tono de todo el relato: “Deberías alegrarte porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. 

El Dios, Padre, pródigo de sus hijos Lc 15,1-3. 11-32 (CUC4-25)

En este domingo nos encontramos en el corazón de la Cuaresma, y de alguna manera, en el corazón del evangelio de Lucas, que es la lectura determinante del Ciclo C del año litúrgico. En el corazón, porque Lc 15, siempre se ha considerado el centro de esta obra, más por lo que dice y enseña en su catequesis, que porque corresponda exactamente a ese momento de la narración sobre Jesús. La otras lecturas de hoy simplemente acompañan a la grandeza y radicalidad de lo que hoy se nos comunica en el evangelio. Por eso, el misterio de la reconciliación, diríamos que se expresa maravillosamente en el evangelio de este día: Lc 15,11-32. Esta es una de las piezas maestra de la literatura narrativa del Nuevo Testamento, y una maravillosa historia de amor de padre frente a egoísmos y rencores de hijos. Jesús, ante las acusaciones de los que le reprochan que le da oportunidades a los publicanos y pecadores, cosa que no entra en los cálculos de las tradiciones más exigentes del judaísmo, contesta con esta parábola para dejar bien claro que eso es lo que quiere Dios y eso es lo que hace Dios por medio de él.

2. Se podrían escribir páginas enteras de la narración, de su intriga asombrosa, de los “tempi” narrativos, de su desenlace. Se podría recurrir a hermenéuticas sofisticadas de las formas en las que esto se ha logrado. Del lenguaje y el arte de la misma intriga divina. De hecho hay libros maravillosos que pueden servir no solamente para preparar el texto a nivel literario, exegético, teológico y espiritual (cf v.g. F. CONTRERAS MOLINA, Un padre tenía dos hijos, Estella, Verbo Divino, 1999). Hay textos clásicos de escritores y predicadores que dan en la tecla verdadera de la armonía y la polifonía del texto bíblico. La hermenéutica podría decirnos que no es un texto sagrado, sino de simple humanidad. Pero no es verdad que en boca de Jesús no sea precisamente sagrado: es describir lo divino por lo humano.

3. Es toda una justificación y una defensa incuestionable de Dios, de Dios como Padre. Por eso no es, propiamente hablando, la parábola del hijo pródigo, del hijo que vuelve, del hijo que se arrepiente, aunque esto es muy importante en la narración y en su profundidad simbólica. Es la parábola del Padre, de Dios, que nunca abandona a sus hijos, que nunca los olvida. De ahí que algunos autores, con razón, han señalado que deberíamos comenzar a entender la parábola fijándonos en el hijo mayor; el que no quiere entrar a la fiesta que da el padre por haber encontrado a su hijo. Él, que siempre se ha quedado con el padre en la casa, tiene unos derechos legales que nadie le niega, pero le falta la capacidad del padre para tener la alegría de ver que su hermano ha vuelto. No tiene mentalidad de hijo, de hermano; es alguien que está centrado en sí mismo, sólo en él, en su mundo, en su salvación.

4. El hijo mayor, en el fondo, no quiere que su padre sea padre, sino juez inmisericorde. Porque esto es lo importante de la parábola, por encima de cualquier otra cosa: que se ha organizado una fiesta por un hermano perdido, y no está dispuesto a participar en ella. Jesús está hablando de Dios y es la forma de contestarle a los escribas y fariseos que se escandalizan de dar oportunidades a los perdidos: el Dios que él trae es el de la parábola; el que viendo de lejos que su hijo vuelve, sale a su encuentro para hacerle menos penosa y más humana su conversión, su vuelta, su cambio de mentalidad y de rumbo. Esta es su significación última y definitiva. ¿Estaríamos nosotros dispuestos a entrar a esa fiesta de la alegría? ¿Queremos para los otros el mismo Dios que queremos para nosotros?

Repasar la Parábola del Padre Bueno (Lc 15,11-32)

(3º Ed. Primaria)
Coloca en orden cronológico las frases siguientes1) El padre estrecha contento en sus brazos a hijo menor
2) El hijo menor quería comer el almuerzo de los cerdos
3) El hijo mayor pide explicaciones al padre por la fiesta que da a su hermano
4) El padre despide muy triste a su hijo menor
Y ahora elabora con cada frase un dibujo y construirás tu propio cómic

Subraya las afirmaciones correctas y transforma en verdaderas las falsas:
- Cuando hacemos el bien nos sentimos tristes
- Podemos elegir entre hacer el bien o hacer el mal porque somos libres
- Cuando elegimos el mal, los demás confían en nosotros
- Los amigos han de tener los mismos gustos
- Durante la Cuaresma los cristianos se preparan para celebrar la Navidad
- Durante la Cuaresma los cristianos reflexionan sobre sus actitudes

Parábola del hijo pródigo Lc 15,11-32 Texto

Parábola del hijo pródigo Lc 15,11-32 Ordenar

Ordena esta frase:

pecado cielo el contra he “Padre, ti; y contra

tuyo”. merezco ya llamarme no hijo

“P...

Parábola del hijo pródigo Lc 15,11-32. Sopa de letras




Parábola del hijo pródigo Lc 15,11-32. Verdad o mentira

Subraya la palabra correcta y tacha la incorrecta:

1) Un hombre tenía TRES/DOS hijos.
2) El hijo MENOR/MAYOR pidió la herencia a su padre.
3) El hijo AHORRÓ/DESPILFARRÓ toda su fortuna.
4) Acabó cuidando CERDOS/OVEJAS para un rico.
5) ARREPENTIDO/CABREADO, pensó en volver a su casa.
6) Su padre se ENFADÓ/ALEGRÓ de ver que regresaba.
7) Le pusieron unas PLAYERAS/SANDALIAS en los pies.
8) En la fiesta mataron un TERNERO/POLLO para comer.
9) Su hermano MAYOR/MENOR estaba muy enfadado.
10) El hijo estaba BORRACHO/PERDIDO pero lo encontraron.

Parábola del hijo pródigo Lc 15,11-32. Laberinto