Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Memoria y Sabiduría (por J-R Flecha)

En el diálogo Fedro, Platón pone en boca de Sócrates una curiosa leyenda. El que inventó los caracteres de la escritura se presentó orgulloso al rey de Tebas a darle cuenta de su invento. Pero el rey lo reprendió diciendo que al inventar la escritura había dado muerte a la memoria de los hombres.
En estos años pasados, se decía que la famosa frase de Descartes “Pienso, luego existo”, parecía haber sido sustituida por esta otra: ”Fotocopio, luego existo”. En este momento habría que modificar todavía estos aforismos y afirmar con aplomo y arrogancia: “Lo bajo de internet, luego lo sé”.
Salomón le pidió a Dios el don de la sabiduría (1 Re 3, 5.7-12). La prefería a todas las riquezas de este mundo. Pero la sabiduría no equivalía a erudición ni a un fácil truco para tener a mano algunas fórmulas en el momento de un examen. La sabiduría era el arte de saber conducirse en la vida por el camino recto. La sabiduría equivalía a la justicia.

LA JERARQUÍA DE VALORES

También el evangelio que hoy se proclama (Mt 13, 44-52) contiene una sencilla y hermosa lección sobre la verdadera sabiduría. Jesús la expresa bajo la forma de tres parábolas inspiradas en la vida ordinaria de las gentes de su alrededor: agricultores de Galilea, mercaderes de Cafarnaúm y pescadores del lago de Genesaret.
• Un hombre encuentra un tesoro en el campo y lo esconde de nuevo. Vende todo lo que tiene y, lleno de alegría, se apresura a comprar aquel campo.
• Un comerciante en perlas finas, encuentra una de gran valor. También éste vende todo lo que tiene y la compra.
• Unos pescadores arrojan la red en el mar y recogen toda clase de peces. Llegados a la costa se sientan y hacen la selección entre los buenos y los malos peces.
Las tres parábolas coinciden en una enseñanza. Es preciso estar preparados para hacer las opciones justas en la vida. En eso consiste la verdadera sabiduría. Hay que establecer una jerarquía de bienes y de valores. Y aprender a prescindir de lo que vale menos para conseguir lo que vale más. Aunque parezca costosa, esa decisión comporta una gran alegría.

LAS VERDADERAS OPCIONES

“El reino de los cielos se parece…” El mensaje de las parábolas quedaría incompleto si se olvidara esa breve introducción que las encabeza. Jesús no es un moralista. Es un profeta. No vende fáciles recetas para aumentar la autoestima personal. Revela el rostro, la presencia y las expectativas de Dios con relación a la humanidad. Es decir, el Reino de Dios.
• “El reino de los cielos se parece a un tesoro”. El Reino de Dios está escondido a los ojos de muchos. Pero existe y es real. Sale a nuestro encuentro cuando menos lo sospechamos. Y exige de nosotros la disponibilidad para entregar todo lo que hacemos y tenemos. La parábola nos sugiere la valía de la fe.
• “El reino de los cielos se parece a un comerciante”. El Reino de Dios puede estar expuesto a la luz pública. Pero sólo quien anda buscándolo, lo encuentra. Hace falta tener sed para encontrar la fuente que mana y corre. Hace falta la capacidad para conocer el valor que encontramos para arriesgarlo todo. La parábola nos habla de la aventura de la esperanza.
• “El reino de los cielos se parece a la red”. El Reino de Dios es inabarcable como el mar. Requiere de nosotros arrojo y valentía, pero también la preparación y los instrumentos necesarios para captar su riqueza. Y el discernimiento necesario para apreciar el valor de las opciones. La parábola nos da la clave de la sabiduría que, sin duda, es el amor.

Reflexión 17 domingo TO-ciclo A

Crecer de la buena semilla (por Fano)



Evangelio 16ºTO (por J-R Flecha)

Creíamos que habían pasado ya los tiempos de la intolerancia, pero no. Los que presumen de tolerantes sólo aceptan a los de su partido político, a los que profesan su misma ideología o aplauden a su mismo equipo deportivo. Innumerables “graffiti” nos indican desde todos los muros a quién hay que odiar y a quién hay que matar. ¡Eso dicen!
En la liturgia católica se lee en este domingo un texto del libro de la Sabiduría (Sap 12, 13.16-19). El autor conocía bien tanto la tradición hebrea como la cultura griega. En medio de una sociedad politeísta, él reconocía un solo Dios. Y a él se dirige confiado: “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia”.
Su oración es una verdadera confesión de fe. Pero incluye también un código de conducta moral al afirmar: “Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus siervos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento”. En realidad, sólo quien se sabe pecador es capaz de perdonar.
Moderación, indulgencia, humanidad y esperanza. Cuatro virtudes que resumen el espíritu cristiano de la tolerancia. Si alguna vez los creyentes no han sido “tolerantes” es que no han actuado con fidelidad a su fe, o que se han visto obligados a ejercer el derecho a la legítima defensa de sus vidas y las de sus seres queridos.

PACIENCIA Y ESPERANZA

En la misma línea se sitúa el evangelio de hoy (Mt 13, 24-43). La parábola del trigo y la cizaña es bien conocida. Pero es también muy olvidada en la práctica. En las primeras comunidades había hermanos de distinta proveniencia: unos judíos y otros griegos. También había hermanos que vivían con seriedad los ideales cristianos y otros que trataban de acomodarlos a sus gustos y caprichos. Como ahora.
En ese ambiente, siempre debió de haber algunos que soñaban con una comunidad perfecta y trataban de expulsar a los relajados. Los buenos no podían tolerar a los malos. En esa situación, la parábola de la cizaña era una sencilla lección sobre la paciencia. Y ya se sabe que la paciencia es la esperanza vivida en la cotidianidad.
Ante el deseo de arrancar la cizaña y el peligro de arrancar con ella el trigo, el dueño de los campos aconseja dejarlos crecer juntos. Al tiempo de la cosecha se podrá separar el uno de la otra. Así pues, la tentación consiste precisamente en adelantarse a la cosecha, es decir en atribuirse el papel del último juez de la historia.
Para el cristiano, la tolerancia no significa ignorar la diferencia entre el bien y el mal. Cuando se dice que “todo vale” es que “nada vale”. Para el cristiano la tolerancia se identifica con la paciente esperanza. Y con la humildad de quien ha renunciado a creerse el juez definitivo de la historia.

SIETE ELEMENTOS

En el texto evangélico, los discípulos piden a Jesús que les explique la parábola. De nuevo nos encontramos con una alegoría: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo y los segadores son los ángeles”.
• Siete son los elementos que se identifican. Este número perfecto nos sitúa en la consumación del tiempo y de la historia. Tras las intervenciones humanas, con frecuencia dictadas por el principio del mal, llega la hora de la verdad y del bien. El relato nos dice que el bien y el mal coexisten y conviven en la historia. Pero la promesa divina anuncia el juicio de Dios sobre la historia.
• En su encíclica “Salvados en esperanza” Benedicto XVI ha escrito que la meditación del juicio nos ayuda a ver como provisional la valoración que hacemos de las cosas. Sólo el juicio de Dios puede asegurar la justicia. Ante los atropellos que amenazan a los inocentes, “la fe en el Juicio final es ante todo y sobre todo esperanza, esa esperanza cuya necesidad se ha hecho evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos” (SS 43).

Madrid preparada para recibir al Papa



Artículo de ABC de hoy mismo (6 de julio de 2011) sobre la planificación y servicios del aeródromo de Cuatro Vientos donde se celebrará el encuentro principal de la Jornada Mundial de la Juventud.

Lluvia de vida (por Fano) 15º TO_A







Reflexión dominical 15º domingo TO (por J-R Flecha)

El texto del libro de Isaías que hoy se proclama (Is 55, 10-11) compara la palabra de Dios con la lluvia y la nieve. Bajan de los cielos y no vuelven allá sino después de empapar la tierra y fecundarla. La lluvia y la nieven recorren un camino de ida y vuelta. También la palabra de Dios: viene de él en forma de revelación divina y retorna a él en forma de plegaria y de alabanza que brota de labios humanos.
Pero entre el origen y el destino de la palabra de Dios está el camino que ésta recorre. Dios no habla en vano. Con su palabra quiere fecundar nuestras vidas, es decir nuestros pensamientos y deseos, nuestras obras y esperanzas. Sin la lluvia de su palabra todos nuestros proyectos permanecen mustios y estériles. Sólo cuando acogemos la palabra de Dios y nos dejamos guiar por ella, podemos dar frutos de vida.

PARÁBOLA Y ALEGORÍA

El evangelio de Mateo (Mt 13, 1-23) nos ofrece hoy el conocido texto del sembrador y la semilla esparcida en terrenos diferentes. En su aparente sencillez, este texto encierra muchas sorpresas. En realidad, la primera parte es una parábola que nos revela el proyecto de Dios. La segunda parte es una alegoría que exhorta a los hombres a acoger el mensaje divino.
• La parábola habla del sembrador y la semilla. El sembrador es generoso y la semilla es abundante. Es verdad que el terreno es muy variado. De todas formas, la cosecha es sorprendente. La tierra buena suple la escasez y aun la esterilidad de los caminos pisoteados, de los pedregales y los zarzales. Una parábola sobre la grandeza y riqueza del Reino de Dios. Una parábola esperanzadora para animar a los pusilánimes.
• La alegoría habla sobre todo del terruño en el que cae la semilla. La semilla es la palabra del Reino. Una palabra eficaz por sí misma. Pero su eficacia no es mágica. Está condicionada a la acogida que le presta o le niega la tierra. Si la parábola presentaba a Dios, la alegoría advierte a los creyentes, a los no creyentes y a los creyentes no practicantes. Y alude al misterio de la libertad humana, que puede hacer estéril la palabra de Dios.

OJOS Y OÍDOS

Entre la parábola y la alegoría el evangelio incluye una explicación del lenguaje parabólico empleado por Jesús. En esta ocasión nos interesa solamente recordar la bienaventuranza que se incluye en ese contexto: “Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen”.
• “Dichosos vuestros ojos porque ven”. A lo largo del evangelio aparecen ciegos que descubren el paso y el misterio de Jesús. Pero hay también personajes religiosos que se niegan a ver lo evidente de su obra. Los verdaderos discípulos de Jesús son tan sólo quienes con mirada limpia descubren en él al Salvador y al Mesías.
• “Dichosos vuestros oídos porque oyen”. En el evangelio Jesús tocó los oídos y la boca de un sordomudo, pronunciando una palabra misteriosa: “Ábrete”. Pero hay también personajes y aun discípulos que se escandalizan de sus palabras y lo abandonan. El verdadero discípulo escucha la palabra del Señor, vive de ella y la anuncia con valentía.
• A decir verdad, muchas veces nos preguntamos si la revelación contenida en esta frase no será también una exhortación. En ese caso podríamos traducirla así: “Dichosos vuestros ojos cuando acepten mirar y vuestros oídos cuando decidan escuchar”. Leída así, esta frase nos interpela a todos.

La JMJ Madrid 2011 bate récord de inscritos.



Artículo de ABC sobre el evento.

Los 10 mandamientos de las vacaciones cristianas

Primer Mandamiento: También en los meses de calor amarás al Señor tu Dios cálidamente, sobre todo las cosas, incluyéndote a ti mismo.

Segundo Mandamiento: No tomarás vanamente el nombre de Dios, quejándote de las incomodidades del termómetro en baja o en alza, o por la moda o las costumbres, siempre pasajeras.

Tercer Mandamiento: Pondrás especial cariño y cuidado en santificar las fiestas en este tiempo de trabajo menor, procurando programarte unas vacaciones con Dios, en el clima suave del amor suyo.

Cuarto Mandamiento: Aprovecharás la temporada estival para reforzar los lazos familiares, quizás más relajados o más en tensión durante el resto del año.

Quinto Mandamiento: No matarás el tiempo, sino que tu merecido descanso será más cambio de actividad que aburrimiento malsano y atrofiante.

Sexto Mandamiento: También en vacaciones, el sexto precepto del decálogo nos llamar a vivir la sexualidad y la castidad según los distintos estados de la vida y según la ley de Dios y de su Iglesia.

Séptimo Mandamiento: No robarás un verano inmerecido, ni abusarás de los dones de la naturaleza en contra de Dios, su único dueño.

Octavo Mandamiento: Cuidarás especialmente de la lengua durante las vacaciones, evitando el chismorreo, la crítica fácil y la calumnia, siempre más peligrosas que una tormenta de verano.

Noveno Mandamiento: También en vacaciones, guarda la pureza del corazón, del cuerpo, de la mente, de la imaginación, de los pensamientos y de los deseos.

Décimo Mandamiento: No desearás vacaciones desproporcionadas, pero procurarás tener lo que merecéis tú y tu familia, sin olvidar a los que este año tampoco podrán veranear.


(cf. Ecclesia Digital)

¿Cómo vivir en vacaciones?

1.- Busca tiempo para leer. Es una manera de perfeccionarte con el saber de los demás.

2.- Busca tiempo para rezar. Es el modo de entrar en contacto con Dios y expresarle tu amor.

3.- Busca tiempo para meditar. Es un ejercicio necesario para llegar a la profundidad de tu corazón.

4.- Busca tiempo para dialogar. Es la acción más noble del ser humano a través de la cual uno escucha y habla, reciba y da; y así crece y se consolida la amistad.

5.- Busca tiempo para observar a los demás. Es una atitud que te enseñará mucho y te ayudará a imitar lo positivo de los otros y a evitar sus defectos.

6.- Busca tiempo para contemplar la naturaleza. Es el arte de Dios, donde El se ha manifestado en toda su belleza.

7.- Busca tiempo para también trabajar, hacer algo, diligentemente. Es el precio que has de pagar por realizarte a ti mismo, ser útil a los demás y construir una sociedad más justa y humana.

8.- Busca tiempo para viajar. Es una actividad que enriquece en gran manera, porque entras en contacto con gentes y culturas diversas que te pueden complementar.

9.- Busca tiempo para evaluarte a ti mismo. Es un momento propicio para hacer balance, de decidir con energía lo bueno que debes potenciar y lo malo que debes corregir.

10.- Busca tiempo para amar. Es la esencia de la vida, que brinda al ser humano sentido y felicidad.

El Corpus y su protocolo



Un artículo con algunos datos interesantes y que nos adentra en cómo se vive el Corpus más antiguo de España en la ciudad de Toledo.

Las lecturas del Corpus

Del maná del desierto al pan entregado para todos. Un recorrido por la Palabra de Dios que nos une al Señor Eucaristía. Si quieres adentrarte sólo tienes que decir SÍ

Corpus con Fano









Pensar con la Trinidad (con J-R Flecha)

TRES VALORES

En esta fiesta de la Trinidad de Dios se recuerdan y proclaman unas palabras que el evangelio de Juan pone en labios de Jesús cuando habla con Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único, para que no perezca ninguno de los que creen en el, sino que tengan vida eterna” (Jn 3, 16). Tres valores se anuncian en el texto.
• El valor del amor. Es un don gratuito e inmerecido que Dios ofrece al mundo, es decir a la entera familia humana. Dios no nos ha amado por ser nobles o buenos. Podemos llegar a serlo precisamente porque Él nos ha amado previamente.
• El valor de la fe. Es nuestra respuesta agradecida a ese diálogo por el que Dios nos ofrece su amor. Creer no es sólo afirmar unas verdades. Creer es aceptar a Jesús como Señor y Salvador que ha entregado su vida por nosotros.
• El valor de la vida. Es este el resultado de ese diálogo de amor y de fe. La vida verdadera, la vida definitiva no es fruto del esfuerzo humano. Es la donación del Dios viviente que nos incorpora a su propia vida.
Tres valores que nos definen como cristianos, tres valores que orientan nuestra peregrinación por el mundo y tres valores que estamos dispuestos a testimoniar cada día.

PERSONA Y COMUNIDAD

En la segunda lectura de hoy se recoge una bendición que san Pablo escribe a los Corintios: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros”.
• El amor del Padre que eligió, liberó y perdonó a Israel ha sido derramado sobre nosotros como prenda de elección, liberación y perdón.
• La gracia y la verdad nos han sido dadas por Jesucristo, que nos ha llamado amigos y nos ha invitado a seguirle por el camino.
• La comunión del Espíritu nos libera de la dispersión y del egoísmo narcisista para reunirnos en una comunidad de vida y de esperanzas compartidas.
En esta fiesta de la Trinidad Santa de Dios meditamos esta bendición. Agradecemos la revelación de Dios. Y tratamos de anunciar la dignidad de cada persona y el gozo de participar de la fraternidad comunitaria.

Fiesta de la Trinidad

Ver un cuadro: Trinidad de El Greco

La Trinidad es un cuadro pintado por El Greco (Domenikos Theotokopoulos, 1541-1614). Este óleo sobre tela mide 300 centímetros de alto y 179 cm de ancho, y fue ejecutado entre 1577 y 1580, siendo uno de los nueve lienzos que realizó para el monasterio de Santo Domingo de Silos (el Antiguo), en Toledo. Actualmente se encuentra en el Museo del Prado de Madrid, España.

Se representa la escena en la que Dios Padre sostiene el cuerpo de su hijo Jesucristo muerto. Sobre ellos el Espíritu Santo representado en forma de paloma. Alrededor de estas tres personas de la Trinidad, aparecen ángeles en diversas posturas, algunos de ellos con expresiones dramáticas en los rostros.

La influencia más marcada en esta obra procede de Miguel Ángel en el modelado de la anatomía de las figuras amplias y escultóricas; aunque el cromatismo nos recuerda también a Tintoretto.


En el cromatismo predominan los tonos fríos (malva, naranja, azul y verde), con aislados toques cálidos que aportan vitalidad a la escena.


El canon de belleza clásico, donde la cabeza es la séptima parte del cuerpo, es aumentado por el cretense, siendo sus figuras muy alargadas. Aquí lo apreciamos en el enorme cuerpo de Cristo y en el ángel, que está de espaldas introduciéndonos en la escena, un recurso muy manierista. El eje de simetría en el que siempre se colocan los tres miembros de la Trinidad está roto al salirse de él la cabeza de Dios Padre, de modo que la composición se organiza a través de líneas zigzagueantes que se continúan en las piernas de Jesús.

Trinidad y II concilio Constantinopla (año 553)

Durante muchos siglos la Iglesia ha aprobado diversas aclaraciones sobre la teología cristiana en los concilios. La Trinidad ya afirmada como Padre, Hijo y Espíritu Santo frente a herejías que no aceptaban como tal, encuentra una DEFINICIÓN en forma de anatema en el II concilio de Constantinopla del año 553. El anatema o formulación que rechaza lo contrario de lo que el canon recoge de dicho concilio queda explicitado de la siguiente forma:



Can. 1. Si alguno no confiesa una sola naturaleza o sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y una sola virtud y potestad, Trinidad consustancial, una sola divinidad, adorada en tres hipóstasis o personas; ese tal sea anatema. Porque uno solo es Dios y Padre, de quien todo; y un solo Señor Jesucristo, por quien todo; y un solo Espíritu Santo, en quien todo.

Benedicto XVI y los profesores de religión católica

Gracias al trabajo de dos blogs amigos (profesoradodereligion y profedereli) os enlazo para vuestra reflexión como docentes especialistas en religión Católica el discurso (IR) que el papa Benedicto XVI dirigió a profesores de religión el 25 de abril de 2009. Aquí ofrezco un aperitivo sabroso:



"...gracias a la enseñanza de la religión católica, la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro."

De vuelta a lo Ordinario

Este año se necesitará más fuerza para no sucumbir en la larga etapa, con la que da comienzo el “Tiempo Ordinario”, al carecer no sólo del alivio externo de las luces de colores y del clima festivo, sino de trabajo estable, economía suficiente, convivencia pacífica, estabilidad familia, posible quiebra de la salud...

Sin embargo, éste es tiempo propicio para constatar la hondura de los cimientos de la casa, y la profundidad de las raíces del árbol de la propia existencia. Es el tiempo de descubrir si hemos cimentado sobre roca o sobre arena, y si estamos junto a la corriente del manantial, o en secano.

...es el momento de descubrir la estabilidad emocional, la madurez personal, la fortaleza de espíritu, que provienen de la dimensión trascendente que concede la fe.

No es momento de moralismo, ni de dar consejos desde la mesa de escribir a quienes viven en la intemperie de sí mismos. Pero es de amigos compartir la experiencia que pueda ayudar, ofrecer la palabra sincera, el gesto solidario, dar la seguridad del recuerdo afectivo.

Estamos en el momento propicio de hacernos encontradizos con quienes puedan necesitar una presencia compasiva. Es la ocasión de orar con más fuerza por la unión y comunión de los cristianos. Es tiempo responsable para acrisolar la fidelidad doméstica, la ayuda mutua, y de saber lo que influye el estímulo amigo.

Que no sea por ti por quien el otro decaiga en su esperanza, o merme su ilusión en la entrega o caiga en la desgana y apatía.

Tiempo Ordinario, tiempo de comenzar la tarea, de renovar el proyecto, como quienes saben que el bien hacer tiene efectos difusivos de estabilidad y de esperanza.Ya no se llaman tiempos fuertes el Adviento, la Cuaresma y la Pascua, en comparación con el Tiempo Ordinario, como si éste fuera tiempo menor, cuando es el más largo.

Feliz y próspero Tiempo Ordinario

(Extracto del artículo de Ángel de Buenafuente publicado en la web periodista digital el pasado enero)

El significado de Pentecostés

El Espíritu, esa fuerza que tira de ti hacia Dios



Espíritu de la verdad y del Amor (por J-R Flecha)

“Cuando estábamos con Él no nos hacía falta fe para creer lo que veíamos. Cuando estuvimos sin Él, la fe se nos escapó como un agua entre los dedos. Pero la Paloma-Halcón tiró de nuestras almas desenvainándolas, y por primera vez nos dimos cuenta de que éramos hombres”.


En los versos apasionados y rotundos de José Luis Martín Descalzo los apóstoles van expresando a borbotones la radical mudanza que en ellos operó el Espíritu de Dios. Antes pensaban, después hacían. Antes imaginaban a Dios como un arrullo de ternura. Después comprendieron que Dios era el arrebato del vértigo.

Hoscos y angulosos, bien plantados están en tierra los apóstoles que colocara Subirachs en la fachada de la basílica de la Virgen del Camino, en León. Sólo María, elevada un tanto sobre ellos, pone serenidad en aquel grupo prendido en la sorpresa. Pero sobre todos ellos flota el fuego. Y a todos ilumina la paloma que forma estrella con las manos de María.


Es Pentecostés. Es el fin de la nostalgia y el alborear de la esperanza. Es el olvido del temor y el amanecer de la osadía. Es Pentecostés. Es la libertad de los pensamientos de la carne y el vuelo de los sueños del espíritu. Es Pentecostés. El cierre de una época de esclavos y el alba de la nueva libertad. Es el nacimiento de la Iglesia.

No hay palabras precisas para contar lo que pasó. La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama (Hech, 2, 1-11) parece dudar en la elección de los signos para expresar aquel arrebato. Un ruido “como” de viento recio. Unas lenguas “como” llamaradas. ¿Quién podrá describir el paso del Espíritu de Dios?

Las imágenes que reflejan aquel Pentecostés evocan dos de los elementos cósmicos: el viento y el fuego. Violentos y temidos, ellos nos arrebatan y nos transforman, nos empujan y nos encienden, nos acarician y nos hieren, nos crean y nos destruyen. ¿Quién pensó alguna vez que lo divino podía adormilarnos?


Desconcertados y sorprendidos. Esas son las palabras que se emplean en el texto. Con ellas se retrata a los testigos que de todas las tierras han llegado a Jerusalén. Hablan los galileos, llenos del Espíritu, y los peregrinos los oyen hablar cada uno en su propio idioma. ¿Quién dijo jamás que la fe separaba los pueblos y las culturas?


Cuando los hombres tratan de auparse como si fueran dioses, la algarabía se hace incomprensible. Sólo cuando prestan atención al paso del Espíritu pueden aprender el lenguaje del amor. Babel es el desconcierto. Pentecostés es la armonía recobrada. ¿Quién dijo que proclamar las maravillas de Dios podía enfrentar a los humanos?

LA NUEVA CREACIÓN

El evangelio de esta fiesta nos lleva al día primero, en que el Señor rompió las ataduras de la muerte. Es el anochecer y el miedo encierra a los discípulos que hace dos días lo abandonaron y huyeron. Pero de pronto aparece el Señor y su aliento y su mensaje serán para siempre inolvidables:
• “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Pentecostés es ya la fiesta del envío. La palabra del Señor se abre a horizontes de universalidad. No puede quedar encerrada por el miedo ni por el orgullo de una secta.
• “Recibid el Espíritu Santo”. Pentecostés es la fiesta de la nueva creación, puesto que ya en la primera, el espíritu se cernía sobre las aguas primordiales. Es la fiesta de la nueva creación, que nos hace hermanos del nuevo Adán, modelo definitivo del hombre y de lo humano.
• “Perdonad y retened pecados”. Pentecostés es la fiesta que revela la misericordia compasiva de Dios. La fiesta que muestra la mediación de la Iglesia en el perdón de los pecados. La fiesta que recuerda que la libertad puede cerrarse al don del perdón y de la gracia.

Pensar Pentecostés

Evangelio. Encuentro de Amor

Anunciar el Evangelio


Ascensión (ciclo A) Reflexión

Subió a los cielos (por J-R Flecha)

“No; yo no dejo la tierra. No; yo no olvido a los hombres. Aquí yo he dejado la guerra: arriba están vuestros nombres”. Esos versos de José Luis Blanco Vega nos ayudan a iniciar la oración de la alabanza en la mañana de la solemnidad de la Ascensión del Señor. En ellos escuchamos un eco de la despedida de Jesús.
Efectivamente, su Ascensión a los cielos no significa un desprecio de esta tierra que recorrieron sus pies. Ni un desaire a los hombres a los que consideraba en verdad como sus hermanos y amigos. Él era el primogénito de entre los muertos. Y con él llevaba hasta la gloria eterna de Dios a la humanidad entera, sus gozos y sus lamentos.
Su Ascensión nos invita a mirar a los cielos, sin olvidar las tareas que nos han sido encomendadas en este suelo. El verso nos recuerda que “arriba están nuestros nombres”. Como escribía San Pablo, “nuestra ciudadanía está en los cielos”. Somos peregrinos y exiliados, siempre enganchados por la nostalgia de nuestra patria.

NUESTRO INTERCESOR

En el Credo profesamos nuestra fe en la gloria del Resucitado: “Jesucristo subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso”. Son palabras que repetimos con frecuencia. Pero necesitan una reflexión para que puedan iluminar nuestra vocación de creyentes y nuestra tarea de cada día.
- Los “cielos” son en el pensamiento hebreo una expresión con la que se pretende evitar el nombre sagrado de Dios. Subir a los cielos no significa, por tanto un ascenso a un lugar del espacio estrellado, que, de todas formas quedaría tan lejos de Dios como la superficie de la tierra. Subir a los cielos significa abrirnos el camino hacia Dios. “Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre”, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica.
- También el asiento junto a Dios es otra bella imagen. Con ella se indica la dignidad divina de Jesús. Y la intimidad que en la gloria se concede al que se había abajado como un esclavo. “Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías”, como explica el mismo Catecismo. Ahora sabemos que el Señor es igual al Padre en cuanto Dios e intercesor y mediador de todos los que nos gozamos de ser sus hermanos.

EL CONSUELO Y LA FUERZA

En el texto evangélico que hoy se proclama (Mt 28, 12-20) Jesús envía a sus seguidores a hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y a enseñarles a guardar todo lo que él había mandado”. Ésa es nuestra tarea en todo tiempo y en todo lugar.
Pero no estamos solos en esa misión. Jesús se despide diciendo: “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
• “Yo estoy con vosotros”. Jesús había sido anunciado como el “Emmanuel”, que significa “Dios con nosotros”. A la hora de su despedida quiere dar fe de aquel nombre y de aquella misión. Él es el Dios hecho humano que ha estado y estará para siempre con nosotros.
• “Yo estoy con vosotros”. Está con nosotros en su Palabra, en la asamblea de sus fieles, en el misterio eucarístico del pan y del vino y en la presencia interpelante de los hambrientos y sedientos, y de todos los pobres y marginados.
• “Yo estoy con vosotros”. Él está con nosotros en el consuelo que nos transmite gracias a su Espíritu y en la fuerza con que el mismo Espíritu nos ayuda a dar testimonio de su vida y de su misión en este mundo nuestro.

Un paseo por la Capilla Sixtina

Os presento un enlace muy visual que permite realizar una visita a la capilla Sixtina del Vaticano con una rotación de 360º tanto en vertical como en horizontal. VER CAPILLA SIXTINA .

Una explicación sencilla sobre su composición la podéis encontrar en VER COMPOSICIÓN

Sobre el Juicio final: VER JUICIO FINAL.

El amor, sí, el amor Felipe (por Fano)



Despedidas y Promesas (por J-R Flecha)

En el pasaje que hoy se ofrece a nuestra meditación se contienen tres promesas de Jesús, que, en el fondo, nos acercan al misterio de la Trinidad de Dios. La primera de ellas se refiere al Espíritu: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.
El Defensor es el Paráclito, que puede traducirse como Abogado, es decir, el que es llamado en nuestro auxilio (ad-vocatus). Es el Consolador que nos es enviado por el Padre a petición del Hijo. El Espíritu conoce nuestras necesidades, nos defiende del mal que nos amenaza desde fuera y del mal que nosotros escondemos en nuestro corazón.
El evangelio lo llama “el Espíritu de la verdad”. En el diálogo con la Samaritana, Jesús había anunciado que los verdaderos adoradores adorarán al Padre “en espíritu y en verdad”. No pretendía él defender una religiosidad intimista. Preanunciaba el acceso al Padre, no por nuestras propias fuerzas, sino gracias al Espíritu de la verdad.

VER Y VIVIR

El segundo bloque de las promesas de Jesús se refiere a Él mismo. En primer lugar, el Maestro manifiesta su voluntad de permanecer al lado de aquellos a los que ha elegido: “No os dejaré desamparados, volveré”. La llamada inicial de Jesús es firme y definitiva. La fidelidad del discípulo está motivada y apoyada por la fidelidad de su Maestro.
La promesa de Jesús se sitúa en el contexto de un evangelio en el que la vista tiene tanta importancia. “El mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis porque yo sigo viviendo”. El creyente ha recibido el don de unos ojos nuevos. Y, por otra parte, el Señor resucitado será visible en la palabra, en los sacramentos y en la presencia de los hermanos.
Pero la promesa de Jesús incluye la participación del creyente en la misma vida divina, de la que el Maestro es testigo: “Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros”. Jesús comparte la vida del Padre. Y a ese intercambio vital y amoroso son admitidos los que él ha llamado amigos.

AMOR Y MANDATOS

Finalmente hay un tercer bloque de promesas que, como la antífona de un salmo, se repiten al inicio y al final de este pasaje evangélico. Son promesas que vinculan el amor con el cumplimiento de los mandamientos.
• “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. En las relaciones humanas, el amor no es un solamente un sentimiento. Es, sobre todo, un compromiso. En la relación del cristiano con Jesús, el amor se manifiesta en el cumplimiento de los mandatos del Señor.
• “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama”. El amor no consiste sólo en palabras. No basta con aceptar en teoría los mandamientos del Señor. Es preciso ponerlos por obra. Ese cumplimiento es la prueba de la libertad del creyente. Y de su amor.
• “Al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a Él”. El mutuo amor entre el discípulo y su Maestro implica también al Padre, que ama a quien ama a su Hijo. Habitualmente se dice que sólo se ama lo que se conoce. El evangelio cambia el orden de los factores. Sólo conoce a Jesús quien lo ama. Ese amor es signo, prenda y camino de la revelación del Señor.