SEPTIEMBRE: inicio curso, acogida, lecturas, arte cristiano y santos, actividades, juegos, propuestas de lecturas, humor, imagen-viñeta para reflexionar, fichas, manualidades, cómics... ***Si bien los materiales propios del blog están protegidos, su utilización ES LIBRE (aunque en ningún caso con fines lucrativos o comerciales) siempre que se conserve el diseño integral de las fichas o de las actividades así como la autoría o autorías compartidas expresadas en las mismas.
Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus
El vendaval de Espíritu Jn 14,15-16.23b-26 (PAC8-16)
“Cada
uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (Hch 2, 11). Esa es la exclamación que recorre las calles
de Jerusalén cuando los discípulos salen del salón donde han sido sorprendidos
por el vendaval del Espíritu de Dios.
Antes
eran tímidos y ahora son valientes. Antes estaban dominados por el miedo a los
jefes de los judíos, pero ahora exponen con energía la obra y la palabra de
Jesús de Nazaret. Antes estaban acobardados por la muerte ignominiosa de su
Maestro. Ahora dan un convencido testimonio de la resurrección de su Señor.
La
ciudad está llena de peregrinos llegados de todas las naciones del mundo
conocido. Y todos entienden el mensaje. Babel había marcado el desastre de la
confusión de las lenguas. Jerusalén inicia el milagro de la comprensión
universal. Babel era el orgullo, la altanería el endiosamiento. Pentecostés es
el paso del Espíritu, la obediencia de la fe y la era del amor.
TRES DONES
“Envía
tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103). Con razón el
salmo expresa el anhelo más profundo del corazón humano. El anhelo de la vida.
El orante de la primera alianza busca y espera recibir el don más precioso e
inefable del Espíritu de Dios. Ese Espíritu que el orante de la nueva alianza
confiesa como “Señor y dador de vida”.
Junto
al don de la vida, los cristianos valoramos y pedimos otro don igualmente
precioso: el de la unidad. En la nueva comunidad, todos nos reconocemos como
miembros de un mismo cuerpo. Todos somos útiles y necesarios. Todos somos
iguales en dignidad. “Todos hemos bebido de un solo Espíritu”, como nos
recuerda san Pablo (1 Cor 12, 13).
Todavía
hay un tercer don que agradecemos y tratamos de recordar cada día: el don del
envío. El Señor resucitado abre ante nuestros ojos un horizonte universal. “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado,
así también os envío yo”. (Jn 20, 21)
TRES NOTAS
El
Evangelio de Juan que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 29, 19-23)
nos recuerda tres notas importantes de este don del envío del Señor:
• “Recibid el Espíritu Santo”. No podríamos
recorrer los caminos del mundo si no fuéramos movidos por su vendaval. No
acertaríamos a transmitir las palabras del Señor. No llegaríamos a hacer
visible su presencia sin la gracia del Espíritu.
•
“A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. El Señor es el rostro de la misericordia de
Dios. Pero ha querido confiar a sus apóstoles el tesoro de su perdón. Que el
espíritu nos haga testigos del amor y la ternura de Dios.
•
“A quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. Más asombrosa que la
autoridad de perdonar es la responsabilidad de retener el perdón cuando los
corazones se endurecen. Que el Espíritu nos conceda la gracia del
discernimiento y del buen consejo.
Mirar al cielo y a la tierra Lc 24,46-53 (PAC7-16) Ascensión
“Galileos,
¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado
para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse” (Hch 1, 11).
Los dos varones con vestiduras
resplandecientes que hablan así a los discípulos nos recuerdan a los que
aparecieron junto al sepulcro vacío.
En
su boca resuena la voz celestial. Antes
nos descubría el misterio de la vida del resucitado. Ahora nos anuncia
su retorno. En ambos casos, es una voz que viene del cielo la que nos ayuda a
recuperar la esperanza después de la muerte de Jesús y después de su aparente
ausencia de esta tierra.
El
cielo es la metáfora de la gloria de Dios y del Dios de la gloria. Claro que
seguiremos mirando al Cielo, pero sin olvidar la realidad de este suelo. No
podemos desentendernos de nuestra historia. Esperamos que en esta tierra se
manifieste un día esa gloria de Dios que hace nuevas todas las cosas y hace más
humano nuestro mundo.
LA ESPERANZA
La
esperanza es el signo de esta fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos.
Directamente aparece en el texto de la carta a los Hebreos, que hoy se nos
presenta como texto alternativo para la segunda lectura de la misa:
“Mantengámonos firmes en la esperanza, porque es fiel quien hizo la promesa”
(Heb 10,23).
Hoy
se nos revela la gloria de Jesús y al mismo tiempo queda velada ante nuestros
ojos. “La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad
de Jesús en el dominio celestial de Dios, de donde ha de volver, aunque
mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres”. Así nos lo explica el
Catecismo de la Iglesia Católica (n. 665).
Mirar
al cielo puede ser una tentación. Una fácil evasión de las tareas que nos
esperan en la tierra. Pero puede ser una profesión de fe en la divinidad de
Jesús. Un gesto de esperanza en su venida gloriosa. Y una petición del amor que
necesitamos para difundirlo como servicio a nuestros hermanos más necesitados.
LA PACIENCIA
El
Evangelio de Lucas que hoy se proclama (Lc 24 52-53) nos recuerda tres notas
importantes de este misterio de la ascensión del Señor:
• “Mientras los bendecía, se separó de ellos,
subiendo hacia el cielo”. Jesús bendice a sus discípulos. Y en ellos nos
bendice a todos los que creemos en él. Su bendición nos acompaña y nos sostiene
en los caminos de la misión.
•
“Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría”. No se puede vivir de la
nostalgia. Ni se debe encerrar el alma en la tristeza. El Señor nos ha dejado
la responsabilidad de dar testimonio de él allí donde ha sido condenado y donde
es olvidado o despreciado.
•
“Estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”. Los bendecidos por el Señor
bendicen a Dios con su oración y su testimonio. La esperanza genera la
paciencia. Lentamente irán descubriendo que el Señor los envía a todos los
caminos del mundo.
La nueva comunidad Jn 14,23-29 (PAC6-16)
“Hemos
decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que las
indispensables” (Hch 15, 28). Los
apóstoles y los dirigentes de la comunidad de Jerusalén tienen que tomar una
decisión. Hay quien pretende que se imponga la circuncisión a los nuevos
discípulos del Señor, llegados del mundo pagano.
Parece
una cuestión de ritos. En realidad, planteaba un problema fundamental.
Significaba que para ser seguidores de Jesús era necesario acomodarse a la ley
de Moisés. Había que abrazar el judaísmo. En ese caso cabía preguntarse qué
aportaba el Evangelio y qué podía significar la nueva vida.
Pero tan importante como la pregunta es la
respuesta. No hubiera sido posible encontrar la solución acertada sin la
inspiración del Espíritu Santo, que guía a la nueva comunidad de los creyentes.
Es el Espíritu quien la conduce, le descubre lo esencial de la fe y la lleva a
no imponer preceptos innecesarios.
LA PALABRA
Durante
los domingos del tiempo pascual hemos venido leyendo algunos pasajes del libro
del Apocalipsis. En el texto que hoy se proclama aparece de nuevo por tres
veces el Cordero. Es el Señor. Él es la luz que ilumina a la nueva ciudad de
los discípulos (Ap 21,23).
•
También por tres veces el evangelio de hoy se refiere a la “palabra” del Señor
(Jn 14, 23-29). En primer lugar se dice que quien le ama guardará su palabra.
Una vez más se ofrece el criterio del amor verdadero. No es tan solo un
sentimiento. Es una escucha activa y un cumplimiento de todo lo que comporta y
exige la palabra del Señor.
•
Junto al retrato del creyente, el evangelio
ofrece en un segundo momento el retrato del no creyente. Este se
caracteriza porque no ama a su Señor. Y, en consecuencia, no se preocupa por
escuchar y guardar sus palabras.
•
En tercer lugar, Jesús explica que la palabra que escuchan sus discípulos no es
tan solo la de su Maestro. Es la misma palabra del Padre que lo ha enviado. Así
que la fidelidad del discípulo a la palabra de Jesús es un eco de la fidelidad
de Jesús a la palabra del Padre.
EL PADRE
Con todo, en el texto evangélico que hoy se
proclama es más llamativa aún la frecuencia con la que se evoca al Padre. Su
identidad y su obra podrían resumirse, al menos, en estas seis afirmaciones de
Jesús:
•
El Padre ama a los que guardan la palabra de Jesús y la cumplen.
•
Junto con Jesús, el Padre hace morada en los fieles que aman y escuchan su
palabra.
•
El Padre se da a conocer por medio de la palabra que comunica a Jesús.
•
En nombre de Jesús, el Padre enviará a los discípulos el Defensor, el Espíritu
Santo.
•
El Padre que envió a Jesús es el destino final de su vida.
•
Porque el Padre es más que Jesús.
Los milagros del cielo
Película que he visto hace nada, como suele decirse, y que recomiendo. Las críticas de los entendidos la ponen de vuelta y media por el "tufillo" de la parroquia y mensaje cristiano. No puedo tener una opinión más diametralmente opuesta, máxime cuando las mayores críticas vienen de críticos de cine muy progresistas y más enamorados todavía del cine de autor.
Basada en hechos reales, el hilo conductor es la historia de una niña que sufre un grave trastorno de motilidad intestinal que le avoca, poco a poco, a un desenlace vital inevitable pues no hay cura para ello. Y ello a pesar de que los padres logran que la niña sea tratada por el mayor especialista del país. Todo ello se complica con un accidente que, paradójicamente, es el punto de inflexión para una curación inexplicable.
Un "drama" que llena una película del sufrimiento y de la enfermedad elevados a lo más sensible pues se centra en el dolor infantil que da pie a observar la vivencia de la fe de una familia que sufre lo cotidiano de ser cristianos: confianza, dudas, alejamiento, arrepentimiento, fortalecimiento de la fe.
Temas a los que el cine no nos tiene muy acostumbrados por ser una muerte real y tal vez ese sea su problema para los críticos, anestesiados ya con las montañas de muertes gratuitas de la cinematografía mundial, de la que no se salva ni la de autor.
(junto a estas líneas, la familia real que inspiró esta película; la protagonista del milagro es la hija mediana)
Tribulación y Amor Jn 13,31-33a.34-35 (PAC5-16)
“Hay
que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios” (Hch 14, 22). Esa podría ser una de esas frases
que nos envían con frecuencia los amigos. Llegan superpuestas a una hermosa
foto de un lago o de la cumbre nevada de un monte. A primera vista nos
impresionan. Después las olvidamos, atraídos por la belleza del paisaje.
En
la ciudad de Listra, colonia romana y patria de Timoteo, los apóstoles Pablo y
Bernabé habían curado a un hombre tullido. Al ver el portento, las gentes
quisieron adorarlos como a dioses, Pero ellos pregonaron a gritos que eran
hombres y nada más. El texto nos da cuenta de la persecución que sufrieron en
las ciudades de Licaonia.
“Hay
que pasar por muchas tribulaciones para
entrar en el reino de Dios”. Esa frase no es un lema inocente para
encabezar la predicación de un retiro
espiritual. No es una pura teoría. Es la
conclusión de una experiencia de persecución sufrida por los apóstoles. Sólo
después de haber sufrido, podían animar a los hermanos con esta exhortación.
LA HORA
El
evangelio que se proclama en este quinto domingo de Pascua (Jn 13, 31-35) se
sitúa en el escenario de la última cena de Jesús con sus discípulos.
Exactamente, después de que Judas salió del Cenáculo para internarse en la
noche. Para él había llegado la hora de entregar a su maestro en manos de los
sacerdotes del templo de Jerusalén.
• “Ahora es glorificado el hijo del hombre, y
Dios es glorificado en él”. Para Jesús, aquella salida del discípulo traidor
marcaba la llegada de su glorificación.
Jesús había previsto este momento. Es más lo había anunciado a sus seguidores.
Pero ellos nunca hubieran sospechado que la glorificación iba a coincidir con
la crucifixión.
• “Hijitos, me queda poco de estar con
vosotros”. Nos sorprende la ternura con que Jesús se dirige a sus discípulos.
Solamente en esta ocasión aparece la palabra hijitos en los evangelios. Nos
sorprende también la claridad con la que Jesús ha previsto su suerte y su
muerte. El tiempo de su misión terrestre toda a su fin. Y él lo sabe.
Y EL MANDATO
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús
había recogido la regla de oro de todas las culturas (Mc 12,31), según el texto
que se leía en el libro del Levítico (Lev 19,18). Pero en la hora de su
despedida modificaba sustancialmente aquel precepto:
•
“Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Lo
habitual era que el mismo sujeto se tomara a sí mismo como la medida del amor.
Desde ahora, la medida del amor sólo puede ser Jesús.
•
“La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos
a otros”. Los grupos humanos tratan de distinguirse por sus hábitos o la
etiqueta que pegan a sus vestidos. Los discípulos de Jesús habrán de
distinguirse por el amor mutuo.
El cordero y las ovejas Jn 10,27-30 (PAC4-16)
“Teníamos
que anunciaros primero a vosotros la
palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida
eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el
Señor”. (Hch 13, 46). Son impresionantes esas palabras de Pablo y Bernabé, al
constatar el rechazo de sus oyentes a la palabra que predican.
El
discurso de Pablo a los judíos en Antioquía de Pisidía es paralelo al que
dirigirá a los griegos en Atenas. Son dos formas de anunciar el mensaje de
Jesucristo a las dos culturas antagónicas del momento. El Apóstol es un hombre
bicultural y las conoce bien. Sabe y
proclama que el evangelio de Jesús es salvación para unos y para otros.
Pero
su experiencia es dura. Los judíos esperan un mesías poderoso. Los gentiles del
mundo helénico solo buscan una nueva sabiduría. Así que ambos rechazan a
Cristo. Como dirá Pablo a los Corintios,
el Cristo crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles.
Mas para los llamados es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor, 1-23-24).
EL CORDERO
El
Apocalipsis ha sido escrito en una hora de persecución a los que han aceptado a
Cristo como su Señor. Por eso resultan molestos a los poderes del imperio. Ante
los ojos del autor de este libro pasa la muchedumbre inmensa de los que
“vienen de la gran tribulación y han
lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero” (Ap 7,14).
Por
tres veces se menciona al Cordero en la segunda lectura de este domingo. Aunque
suene a paradoja, la Sangre del Cordero ha blanqueado los mantos de los
mártires. Es más, el Cordero les libra del hambre y de la sed, del sol y del
bochorno, como anunciaba el libro de Isaías a los que retornaban del destierro
(Is 49,10). Además, el Cordero será su pastor y los conducirá hacia fuentes de
aguas vivas.
La
imagen del Pastor es la señal característica de este domingo cuarto de Pascua.
Todos los años proclamamos en este día el capítulo 10 del evangelio de Juan.
Cada año nos sorprende un detalle que ya creíamos aprendido y asimilado. Este
año vemos que Jesús se identifica con el Pastor generoso que guía y protege a las ovejas recibidas del Padre
celeste (Jn 10, 27-30).
Y
EL PASTOR
El breve texto del evangelio de hoy se
articula en tres contraposiciones que hablan de la misericordia del Pastor y de
sus dones, pero también de la suerte de
las ovejas:
•
“Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.
El primer don es la escucha. Escuchar la voz del Señor en medio de la
algarabía de este mundo es signo de fidelidad.
•
“Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. El segundo don es el
seguimiento del Señor. Seguirle exige renunciar a nuestro capricho y aceptar su
plan.
•
“Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano” El
tercer don es la pertenencia. Ser de Cristo da a los creyentes una seguridad
que nadie puede imaginar.
Juego de la misericordia (tipo Oca)
Entretenido y divertido juego de las obras de misericordia ideado y creado por Francisco Javier Leoz Ventura, sacerdote de Pamplona-Tudela, delegado episcopal de Religiosidad Popular. En el primer archivo encontraréis el tablero y las fichas de juego. En el segundo las reglas para comenzar a divertirse y a aprender.
Amoris Laetitia "La alegría del Amor"
En la festividad de S. José (19 de marzo) de este año el papa Francisco nos presentaba en forma de exhortación apostólica las conclusiones y líneas pastorales surgidas del pasado Sínodo sobre la familia. Un documento tan extenso como sabroso de contenido que los católicos debemos de conocer. Os invito pues a su lectura y si os es mas cómodo a bajarlo en PDF (solo pinchas en la flecha hacia abajo que sale en la esquina superior derecha).
Volviendo al principio Jn 21,1-14 (PAC3-16)
La
primera lectura que se proclama en este domingo tercero de Pascua (Hch 5,
27-41) resume en muy pocas frases algunas convicciones que mueven a los
evangelizadores que anuncian el mensaje de Jesús en todo tiempo y lugar.
•
“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Muy poco significan las
prohibiciones humanas cuando se está dispuesto a dar la vida por el mensaje de
Cristo.
•
“El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús”. La fe en la resurrección de
Cristo es la fuente de la que brota el coraje para anunciar el evangelio.
•
“Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le
obedecen” El testimonio comunitario de los creyentes es animado por la fuerza
del Espíritu.
•
“Los apóstoles salieron…contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre
de Jesús”. La alegría y la fuerza de los mártires será siempre un desafío.
Contra
toda apariencia y contra toda persecución, los testigos de Cristo podrán cantar
con el salmo: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado” (Sal 29).
LOS MISMOS GESTOS
El
evangelio que hoy se proclama nos invita a recuperar el ideal primero. De
hecho, nos lleva a las orillas del lago de Galilea. Allí había encontrado Jesús
a sus discípulos primeros. Y allí vuelve
el Resucitado para reunir a los dispersos y desalentados.
•
De nuevo los discípulos pasan por la experiencia de una noche de pesca
infructuosa. Y por la gozosa experiencia de una amanecida en la que la
obediencia al Señor llena sus redes con una enorme cantidad de peces.
•
De nuevo, el Señor toma el pan y el pescado y se lo da. De nuevo se repiten los
gestos venerables que significan y hacen visible su misericordia. Y, sobre
todo, su entrega personal a sus discípulos.
•
De nuevo Jesús, se dirige a Simón con una palabra ya sabida: “Sígueme”. Se
repite la misma invitación de aquella
vez, cuando lo encontró realizando sus tareas de pescador en aquella
ribera.
Y EL MISMO ENCARGO
Pedro había prometido fidelidad a Jesús una
inquebrantable fidelidad y lo había negado tres veces. El Resucitado no
reprende su traición. Viene a confiarle una misión.
•
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. En la triple pregunta de Jesús hay una cierta
gradación. Es como si el Maestro fuera bajando el tono para ajustar sus deseos
a las posibilidades y la fragilidad de su apóstol.
“Sí,
Señor, tú sabes que te quiero”. Y así es. Jesús conoce los sentimientos de
Simón. Conoce sus ímpetus y sus caídas. Pero sabe que sólo amamos a aquellos de
los que todavía esperamos algo. Y él espera al menos ese afecto de su
discípulo.
•
“Apacienta mis corderos y mis ovejas”. En otro tiempo le aseguró una tarea de
pescador de hombres. Ahora le confía una responsabilidad de pastor de su propio
rebaño. Ese rebaño por el que el Pastor bueno ha entregado la vida. Tal es su
confianza.
Resucitó (Marcos Witt)
Letra:
Algunos pensaban que todo habia acabado
a las redes a pescar,
el cuerpo del maestro
en una cueva fue a parar,
un monte y tres cruces,
de testigos quedaron,
la mujeres con sus lágrimas,
la tierra enjugaron.
Tres días pasaron y mujeres llegaron
Para ungir a su Señor,
La piedra movida, la tumba vacía y un ángel descendió,
Les dijo ya no teman,
Se que quieren ver a Jesús,
Por qué, por qué buscáis en los muertos,
A quien vive hoy.
Resucitó, Resucitó,
No está en una cruz clavado,
Ni en una tumba sepultado,
Resucitó, Resucitó,
No está en una cruz clavado,
Ni en una tumba sepultado,
Él ha vencido la muerte,
El Maestro vive hoy, vive hoy.
Los once amigos estaban reunidos
Sin saber qué hacer,
Era conocida la palabra oída
De que el Cristo iba a volver,
Sin embargo no entendieron,
La promesa se olvidó,
La palabra no era carne en su corazón,
Hablando de todas las cosas pasadas
Les llegaron a proclamar,
El Rey esta vivo como es posible
Llenos de incredulidad,
Jesús llegó con ellos,
Diciendo: Mi paz os doy,
Mirad mis manos, mirad mis pies,
¡Yo mismo Soy!.
Resucitó, Resucitó,
No está en una cruz clavado,
Ni en una tumba sepultado,
Resucitó, Resucitó,
No está en una cruz clavado,
Ni en una tumba sepultado,
Resucitó,
No está en una cruz clavado,
Ni en una tumba sepultado,
Él ha vencido la muerte,
El Maestro vive hoy, vive hoy.
vive, el vive hoy,
En mi oh sí, ahora está sentado a la diestra del Señor,
el intercede por ti y por mi por nuestra victoria,
Aleluya,
A Jesús nuestro Dios, nuestro Rey,
Es el único que ha visto la muerte,
Y ha resucitado
Misericordia divina Jn 20,19-31 (PAC2-16)
“Los
apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo”. Así comienza
la primera lectura de este domingo segundo de Pascua (Hch 5,12). Ha comenzado
el tiempo de la Iglesia. Los discípulos del Señor hacen ahora visible su
misericordia.
En
realidad, la compasión de Dios se hace visible en la curación de los enfermos.
Es interesante observar que la gente que se acercaba a los apóstoles deseaba
que al menos la sombra de Pedro cayera sobre los pacientes que les acercaban.
También
hoy la humanidad sufre en su cuerpo y en su espíritu y busca por todas partes
un alivio a sus ansias y dolores. Podemos preguntarnos si también el paso de
los cristianos de hoy aporta una respuesta a las expectativas de la humanidad.
Con
el salmo responsorial agradecemos haber sido aliviados de nuestros males: “Dad
gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal
117)”.
LOS CONTRASTES Y LA MISERICORDIA
El
evangelio nos recuerda dos momentos de la revelación del Resucitado a sus
discípulos (Jn 20, 19-31). El texto parece jugar con diversas contraposiciones.
Es como si intentara ofrecernos una pintura que se configura con un fuerte
claroscuro
-
En primer lugar se contraponen el miedo y la alegría. Tras la muerte de Jesús,
los discípulos están todavía atemorizados. Pero el descubrir a Jesús presente
en medio de ellos, los llena de alegría.
-
En segundo lugar observamos que el miedo los mantiene paralizados y con las
puertas cerradas. Pero el aliento de Jesús los exhorta a salir a la calle. Los
encerrados, se convierten ahora en los enviados.
-
En tercer lugar, intuimos que los discípulos no han superado el sentido de
culpa por haber abandonado a Jesús. Pero el resucitado no viene a reprenderles
su falta. Al contrario, los convierte en ministros del perdón y de la
misericordia.
LA PROTESTA Y LA FE
Con frecuencia oímos calificar a Tomás como
“el incrédulo”. Pero olvidamos que fue precisamente él quien había desafiado a
los otros discípulos a seguir al Maestro: “Vayamos también nosotros a morir con
él” (Jn 11,16). Tomás tenía fe para aceptar la muerte. ¿Es que ahora no tiene fe para aceptar la vida? Habrá que
repensar sus palabras y las del Señor.
•
“Si no veo la señal de los clavos…, no creo”. Esas palabras no delatan la
incredulidad de Tomás. Son una protesta personal contra los que aplauden la luz
sin haber aceptado la cruz.
•
“Trae tu dedo… No seas incrédulo, sino creyente”. Las palabras de Jesús se
dirigen a Tomás y a todos nosotros. Ni incrédulos, ni crédulos. Se nos pide la
seriedad de los creyentes.
•
“Señor mío y Dios mío”. Tan sólo la declaración de Pedro puede compararse a
esta confesión de fe que el Resucitado suscita en quien estaba dispuesto a
seguirlo hasta la cruz.
•
“Dichosos los que crean sin haber visto”. Sólo en eso podemos superar la
valentía y la coherencia de Tomás. Él creyó por las llagas. Nosotros nos
apoyamos en la fe del que creyó.
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