Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Adviento desde la Infancia Misionera

Todavía estamos a tiempo para seguir descubriendo nuevas propuestas para trabajar el Adviento.
Desde la Infancia Misionera nos facilitan cinco actividades que no podemos pasar por alto.
Si deseas conocerlas CLIC AQUÍ

Carrera de vida Mt 11,2-11 (ADA3-16)

Ciegos y sordos Mt 11,2-11 (ADA3-16)

“Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor” (Is 35,5-6). ¡Palabras, solo palabras! Así responderá el que considere esta profecía de Isaías como un utópico e increíble poema de promesas imposibles.
Sin embargo, el pueblo de Israel creyó que aquellas imágenes poéticas podían anunciar una realidad posible. Y así fue. El imperio opresor cayó como todos los imperios. Un rey venido de fuera concedió la libertad a los pueblos oprimidos. Y los hebreos vieron en la salvación que se les ofrecía “la gloria de Dios y la belleza de su Dios”.  
El salmo responsorial nos une a aquella esperanza renacida al evocar aquellos mismos portentos que significan y anuncian una salvación integral (Sal 145). Nos ayudan, además, las palabras de la carta de Santiago: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor... Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca” (Sant 5, 7-10).

LAS DUDAS
Juan Bautista había sido elegido como profeta y se esforzaba en transmitir la llamada a la conversión. Pero, recluido por Herodes en una mazmorra, debió de sufrir el asalto de las dudas (Mt 11, 1-11). ¿Sería Jesús el Mesías que él había anunciado o habría que esperar a otro? A los mensajeros que le envío, Jesús respondió con hechos cumplidos.
• “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo”. Junto al Jordán se habían encontrado el Precursor y el Anunciado. Ahora ambos recurren a discípulos que pasen la pregunta y la respuesta. “Id a anunciar”. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si estos mensajeros no reflejarán la humilde misión que nos ha sido confiada?
• “Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”.  Esos son los hechos que dan fe de la autenticidad del Mesías. En él se cumple la antigua profecía de Isaías. ¿No reflejarán esos hechos ese servicio a las personas que se espera de nuestra misión?

Y LA DICHA
De todas formas, el texto nos sugiere que Jesús ha captado las dudas que asaltan a Juan el Bautista. Y no quiere ignorarlas. Al contrario, en su pregunta adivina la incertidumbre de los que, a lo largo de los tiempos, se preguntarán por las señas del Mesías y de su misión.
• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, muchos esperaban un Mesías guerrero que se levantara contra Roma, como Judas Macabeo se había sublevado contra la tiranía de Antíoco. Pero Jesús se presentaba como humilde y manso de corazón. 
• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, algunos esperaban que el Mesías les concediera puestos de honor para brillar en medio de su pueblo. Algo de eso pretendían los discípulos Santiago y Juan. Pero Jesús les invitaba a beber su propio cáliz.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En estos tiempos, como en aquellos, no faltan los que piensan que el Mesías ha de revelarles todos los misterios de la naturaleza y de la historia. Pero Jesús nos propone solamente la sabiduría de la cruz.

El fruto de la conversión Mt 3,1-12 (ADA2-16)

“Aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor”.  Con estas brillantes promesas (Is 11,1-2), el profeta Isaías anuncia el nacimiento de un descendiente de Jesé, el padre del rey David.  
Es éste un mensaje de esperanza para los que conocieron el esplendor de aquel reinado. Es también un mensaje de confianza, puesto que sobre ese heredero derramará el Señor sus dones. Y es un mensaje de paz: una paz cósmica que abarca a toda la naturaleza. Hasta las fieras salvajes serán amigables con los hombres. 
No es extraño que el salmo responsorial se haga eco de los mejores anhelos de la humanidad: “Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente” (Sal 71,7). El consuelo que dan las Escrituras junto con nuestra paciencia nos ayudarán a mantener la esperanza. Así lo dice san Pablo a los Romanos (Rom 15,4). Buena lección para el Adviento.

LA EXHORTACIÓN
Ya sabemos que durante esta primera etapa del Adviento nos acompañan Isaías y Juan el Bautista. Juan se presenta en el desierto de Judá. Su atuendo recuerda la figura del profeta Elías. Y sus palabras son el eco de un profeta anónimo que invitaba al pueblo a retornar del exilio por las nuevas calzadas que Dios le preparaba. Ahora el retorno será espiritual. 
• “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. El hebreo no pronuncia el nombre inefable de Dios. Usa el continente en lugar del contenido. Al anunciar la llegada del reino de Dios se proclama la cercanía del Dios del reino. Una cercanía que no puede dejar indiferentes a los hombres. Convertirse significa revisar los valores personales y sociales. 
• “Dad el fruto que pide la conversión”. Pero revisar los valores no es sólo un ejercicio intelectual o económico. El profeta pide a las gentes que den los frutos que se espera de todos los que escuchan la llamada. No valen disculpas. El antiguo linaje del que descendemos no depende de nosotros. Pero nos compromete el futuro de justicia que hemos de construir.  

Y LA PROMESA
El Bautista se considera a sí mismo un pregonero enviado por Dios. ¡Nada menos y nada más! Él anuncia con valentía la salvación, pero bien sabe que no es el Salvador.
• “El que viene detrás de mí puede más que yo”. La debilidad con que aparece el Mesías no ha de inducirnos a engaño. Él viene a nosotros con un poder que deja en ridículo las pretensiones y los poderes de los hombres y de sus instituciones.
• “Yo no perezco ni llevarle las sandalias”. El verdadero profeta nunca puede alardear de nada. El mensajero no es dueño del mensaje. Un evangelizador que no es humilde revela bien a las claras con su vanagloria la mentira de su misión.
• “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. El viento y el fuego son fuerzas benéficas. Pero si nos arrastran y nos incendian pueden terminar con nuestra casa y con nuestra vida. El Bautista sabe que el viento y el fuego de Dios nos purifican cada día.

• “Él tiene el bieldo en la mano”. El bieldo era usado por los labradores para aventar la paja y separarla del grano. La venida del Señor descubrirá nuestra falsedad y revelará lo inútil y lo valioso de nuestras intenciones y de nuestro esfuerzo.

Adviento. Tiempo de caminar bien

Un recorrido reflexivo ante el inicio del Adviento para situarnos en el camino verdadero que nos conduzca a la celebración festiva del nacimiento del Hijo de Dios.
De ahí la insistencia en esas cuatro actitudes: la escucha, la contemplación, la navegación, y la movilización.

¿Quieres ver la presentación semana a semana? Muy fácil, haz CLIC AQUÍ

Velar y caminar Mt 24,37-44 (ADA1-16)


“Caminemos a la luz del Señor”. Así concluye la primera lectura de este primer domingo de Adviento (Is 2,5). El profeta Isaías anuncia que, al final de los tiempos, el monte sobre el que se levanta el Templo de Jerusalén se convertirá en la meta de una peregrinación universal, Todos los pueblos acudirán a escuchar la palabra del Señor.
Una palabra de justicia y de paz para todos los pueblos. “De las espadas forjarán arados y de las lanzas podaderas”. ¡Con qué fuerza recordó Pablo VI aquella profecía en su visita a la sede de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York! Es un sueño, pero es también una tarea para toda la humanidad.
El salmo responsorial nos invita a iniciar esa peregrinación de paz: “¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor!” (Sal 121,1). Es la hora de despertar para caminar por las sendas de la luz. Que el cuidado de nuestro cuerpo no fomente los malos deseos. Así lo escribía san Pablo a los cristianos de Roma (Rom 13,14).

EL DILUVIO
Nos cuesta reconocer que nuestra vida está marcada por el signo de la espera y la esperanza. Durante el tiempo del Adviento nos preparamos para la celebración de la fiesta del Nacimiento de Jesús. Es un tiempo que nos invita a recobrar y afianzar la esperanza. Y, además, nos educa para vivir el tiempo de la espera.
La fe nos lleva a caminar con generosidad mientras nos mantenemos a la espera de la venida del Señor. Por cinco veces se repite en el evangelio de este domingo el verbo “venir”. Y otras dos veces se insiste en afirmar que “no sabemos” el momento de su venida. 
• En primer lugar, el texto evoca el pasado y nos recuerda la imagen bíblica del diluvio. Las gentes vivían dedicadas a sus tareas habituales, pero también a sus placeres. El diluvio los sorprendió a todos.
• En segundo lugar, el texto mira también al futuro y nos anuncia que la venida del Hijo del hombre revelará las actitudes más secretas. Con su venida llega el discernimiento definitivo. A unos los llevará y a otros los dejará.

LOS ADIVINOS
Hay otra imagen que ilustra la exhortación. La del hombre que no sabe a qué hora puede un ladrón a asaltar su casa. El tema de la venida imprevisible del Señor suscita la invitación a mentenerse vigilantes. “Estad en vela, porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor”.
• Para mantenerse en vela es preciso practicar la sobriedad. No podemos caer en la tentación de confundir la satisfacción con la felicidad. No es de sabios dejarse embotar por los deseos que nos adormecen.
• Además, se nos dice que no sabemos el día ni la hora. Son muchos los que tratan de adivinarla. Demasiados adivinos siembran ese temor del futuro que nos distrae de las tareas del presente. Hay que superar la tentación de tratar de adivinar el tiempo futuro.
• Y, finalmente, el evangelio nos advierte que no esperamos algo, por importante o fantástico que parezca. Nosotros vivimos esperando a Alguien. Nos mantenemos en vela, aguardando la manifestación del único Salvador, que es nuestro Señor.

Misericordia et misera (papa Francisco)

Con la publicación de esta carta apostólica del papa Francisco se clausura un año cargado de hondo significado y revitalización de la acción de la Iglesia alentada por la misericordia.
A lo largo de sus 22 números rezuman varias ideas fundamentales:

- El importante acercamiento del cristiano a amor reconciliador de Dios, especialmente, por el sacramento del perdón.

- La propuesta de dedicar un domingo al año para que la Iglesia y los cristianos renovemos el compromiso en favor de la difusión conocimiento y profundización de la Biblia.

- La institución del domingo previo a Cristo rey, el 33º del tiempo ordinario, a la Jornada Mundial de los Pobres.

- La familia como eje de la vida comunitaria básica cristiana mimada por la Iglesia en toda su complejidad humana (en línea con el contenido en la exhortación apostólica "Amoris Laetitia"

- La necesidad de no mostrarse indiferentes ante el sufrimiento humano y la lucha por la restitución de la dignidad a todas las personas.

Si deseas profundizar haz clic en el siguiente enlace: leer "Misericordia et misera"

Árbol del Adviento 2016

Colorea la bola correspondiente cada día y cuando completes una semana hazlo con el fondo de cada sección del árbol. ¡Feliz Adviento!

Elabora tu Cómic del Adviento

Prepara el cómic individual y personalizado para los más jóvenes. Imprime en una hoja por las dos caras. El "peque" personaliza con su nombre ("Cómic de .....!). Después imaginación para hacer un repaso muy personal de este tiempo.


El rey y su reino Lc 23,35-43 (TOC34-16) Cristo Rey

“Tú serás el pastor de mi pueblo, Israel, tú serás el jefe de Israel”. Con estas palabras, los ancianos que representaban a todas las tribus de Israel, reconocían a David como rey. El que había gobernado desde Hebrón a las gentes de Judá hacía ahora un pacto con sus “electores” y se convertía en rey de todo el pueblo (2 Sam 5, 1-3).  
El salmo 121 nos invita a hacer nuestra la alegría de las tribus de Israel que subían a Jerusalén  “a celebrar el nombre del Señor”. Al evocar esa subida jubilosa, seguramente pensamos que hoy se ha hecho difícil esa unidad para proclamar la grandeza de Dios. ¿Alguna peregrinación del año jubilar de la misericordia ha contagiado tanta alegría?
  En el hermoso himno que se incluye en la carta a los Colosenses, san Pablo proclama la majestad que Dios ha concedido a su Hijo, por quien todo fue creado y que es anterior a todo. “Por él quiso Dios reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,20). Él es el Señor del universo.

LA CRUZ COMO TRONO

 No es ocioso mencionar la cruz de Cristo. De hecho, el evangelio que hoy se proclama nos recuerda que sobre ella se podía ver un letrero escrito en griego, en latín y en hebreo en el que se presentaba al condenado: “Este es el rey de los judíos”.
Claro que no todos reconocían su majestad. El texto evangélico evoca tres tipos de burlas que se oyeron en torno a la cruz de Jesús:
• Las autoridades y el pueblo le echaban en cara que, habiendo salvado a otros, no pudiera salvarse a sí mismo. Según ellos, no era el Elegido por Dios.
• Los soldados, ciertamente extranjeros y mercenarios, miraban con desprecio a aquel que no demostraba ser el rey de los judíos. 
• Finalmente, uno de los dos malhechores condenados junto a él pretendía que aquel que era considerado como el Mesías se salvara a sí mismo, y también a él le llegara la salvación.
Allí se daban cita tres presupuestos y tres intereses diferentes. Una razón religiosa, una visión política y un interés personal. Todos coincidían en esperar que Jesús bajara de la cruz. 
       
EL HOY DE DIOS

Con todo, el texto evangélico pone en boca de otro de los malhechores una súplica que se eleva por encima de aquel griterío de desprecio y de blasfemia.
• “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Es la última súplica que viene desde el Antiguo Testamento. El condenado ha comprendido que Jesús tiene un poder que no reconocen los que se burlan de él. No es el poder mágico de desclavarse de la cruz. Es la autoridad del rey que puede recordar a los que han compartido su suerte y su muerte.

• “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Jesús responde con una promesa que caracteriza la llegada del Nuevo Testamento. Ese es el “hoy” de Dios. El hombre caído y su Dios se encuentran de nuevo en el paraíso. Un paraíso que no ha de ser imaginado como un lugar, sino como una relación de acogida y de misericordia.    

Pon tus Palabras en mi boca Lc 21,5-19 (TOC33-16)



Esperanza sin evasión Lc 21,5-19 (TO33-16)

“A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas”. Hermosa promesa con la que se cierra el texto del profeta Malaquías que se lee en la celebración  de este domingo  (Mal 3,19).
Claro que inmediatamente antes, el profeta había anunciado el destino que aguarda a los malvados y perversos. En el juicio de Dios serán tratados como la paja que arde en el horno. No es una amenaza. Una vez más se exhorta a la persona a hacer buen uso de su libertad. Que el horizonte del futuro nos ayude a elegir el camino verdadero. A vivir en la verdad.
El salmo 97 nos invita a repetir que “El Señor llega para regir la tierra”. Y san Pablo advierte a los cristianos de Tesalónica que la espera del día del Señor ha de traducirse en una vida tranquila y laboriosa: “El que no trabaja, que no coma”  (2Tes 3,10).

SIN MIEDO

En el evangelio que hoy se proclama escuchamos los elogios que las gentes de Jerusalén hacían del Templo, que estaba siendo restaurado y embellecido por entonces. Jesús anuncia que un día no quedará piedra sobre piedra de aquel monumento (Lc 21,5-19). La pregunta siguiente era de esperar: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?”
Sin embargo, para Jesús no es importante saber el tiempo. Por eso lleva la atención a dos cuestiones fundamentales, como ha subrayado el papa Francisco: “Primero: no dejarse engañar por los falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo. Segundo: vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia”. 
Esas lecciones valen también para los creyentes de hoy. De vez en cuando alguien nos anuncia la proximidad del fin del mundo. Pero lo que importa no es conocer una fecha futura, sino vivir sin miedo el presente. Hemos sido llamados a construir la “civilización del amor”, como decía Pablo VI. Nuestra esperanza no debe llevarnos a la evasión.      

CON FIDELIDAD

El texto evangélico pone en boca de Jesús el anuncio de las guerras y las tribulaciones que nos esperan. Y, sobre todo, la certeza de que seremos perseguidos y juzgados por causa de su nombre. La experiencia nos asegura que ese vaticinio se ha cumplido y nos hace pensar que se cumplirá siglo tras siglo. Pero Jesús concluye con dos frases de aliento:
• “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”. La primera frase se refiere a Dios. Su providencia nos acompañará a lo largo del camino. No seremos librados de la tribulación pero se nos promete la cercanía de Dios.

• “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. La segunda frase se refiere a nosotros. Las persecuciones pueden hacernos temblar. Pero no podemos renegar del Evangelio. Sólo nos salvará la fidelidad al Dios fiel y providente.