NOVIEMBRE: Biblia, Todos los Santos, Cristo REY, Fin AÑO litúrgico, inicio ADVIENTO, lecturas, arte cristiano, actividades, juegos, lecturas, imagen-viñeta para reflexionar, fichas, manualidades, cómics... ***Si bien los materiales propios del blog están protegidos, su utilización ES LIBRE (aunque en ningún caso con fines lucrativos o comerciales) siempre que se conserve el diseño integral de las fichas o de las actividades así como la autoría o autorías compartidas expresadas en las mismas.
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El Hijo amado Mt 2,13-17 (NA3-17)
“Mirad
a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Así comienza
el primero de los cuatro cánticos del Siervo del Señor (Is 42, 1). No sabemos
si se refiere a un personaje concreto o bien a toda la comunidad de los fieles
de Israel.
De
todas formas, el poema refleja la elección de alguien que recibe el Espíritu de
Dios y es enviado para una misión estupenda: la de proclamar la alianza de Dios
y la luz que él derrama sobre todos los pueblos. Una misión liberadora para
todos los cautivos de las mil cadenas que pueden amarrar a los humanos.
El
texto de los Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama recoge unas palabras
que Pedro pronuncia en la casa del centurión Cornelio. Jesús, ungido en su
bautismo con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a
todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hech 10,38).
EL DIÁLOGO
Al
meditar el misterio del Bautismo de Jesús, muchos nos preguntamos por qué quiso
ser bautizado el que era la suma limpieza. Según los Padres de la Iglesia,
Jesús bajó al Jordán, como Josué lo cruzó para conducir a su pueblo a la tierra
de la libertad. El evangelio de Mateo introduce un diálogo intrigante para
muchos creyentes:
•
“Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mi?” El Catecismo de
la Iglesia Católica interpreta estas palabras, como el reflejo de una duda de
Juan el Bautista (CCE 535). El evangelista pretende dejar clara la superioridad
de Jesús con relación al Precursor. Y disipar los recelos de los discípulos de
ambos.
•
“Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. La
respuesta de Jesús refleja su decisión de cumplir “la justicia plena”,
aceptando el proyecto de Dios. Es decir, proclamando con los signos que Dios
ofrece la salvación gratuita a todos los pecadores, a los que se acerca Jesús
en este rito bautismal.
EL ORÁCULO
Una
vez bautizado, Jesús salió del agua y vio que el Espíritu se posaba sobre él en
forma de paloma. Un dato que evoca el final del diluvio. Jesús es la tierra firme
que emerge de las aguas de la muerte. Él es el anuncio de la paz que Dios
ofrece a la humanidad y a todo el mundo creado. Pero a lo que se “ve” acompaña
la voz de lo alto que se “oye”:
•
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
Este oráculo es una adaptación de las palabras con las que Dios se
refiere a su Siervo, elegido para salvar a su pueblo por medio de su palabra y
también por sus dolores.
•
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
Si en su bautismo Jesús se asocia a la suerte de los pecadores que bajan
al Jordán, su misión de Hijo amado de Dios lo llevará a sufrir por ellos, es
decir por todos nosotros.
•
“Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.
Al mostrarnos a su Hijo amado, Dios se nos revela como Padre universal.
Su amor y su misericordia lo acompañan y definen. De esos dones todos nosotros
hemos sido declarados herederos.
Madre de Dios Lc 2,16-21 (NAV2-17)
“Cuando
se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y
sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos
hijos adoptivos.” Así resume san Pablo el misterio de la Encarnación del Hijo
de Dios (Gál 4,4).
El
Hijo que vive en la eternidad es enviado por Dios y, sin embargo, nace en el
tiempo de una mujer. Lo divino ha entrado en la esfera de lo humano. Y ahí está
María como hospedera terrena del misterio celestial. Madre del Hijo de Dios,
tan divino que puede hacerse humano. Tan humano que nos revela lo divino.
María
es la Madre de Dios. “El dogma de la maternidad divina de María fue para el
Concilio de Éfeso y es para la Iglesia como un sello del dogma de la
Encarnación, en la que el Verbo asume realmente en la unidad de su persona la
naturaleza humana sin anularla”. Así lo escribió san Juan Pablo II (Redemptoris
Mater, 4).
LOS MENSAJEROS
Con
un lenguaje no menos profundo, pero sí más cercano a la experiencia humana, el
evangelio de Lucas nos hace presente una escena que siempre imaginamos
nocturna: “Los pastores fueron rápidamente adonde les había dicho el ángel del
Señor, y encontraron a María, a José y al recién nacido recostado en el
pesebre” (Lc 2,16).
•
Los pastores escuchan el mensaje celestial, encuentran al que les ha sido
anunciado y ellos, a su vez, transmiten el mensaje recibido. La luz de lo alto
los guía en la noche. Escuchar, ver y anunciar. He ahí las tres actitudes que
caracterizan a los creyentes, es decir, a los que se asoman a los misterios
divinos, que transforman a los humanos.
•
Como se sabe, los pastores eran despreciados por la sociedad. No eran aceptados
como testigos ante los tribunales. Y, sin embargo, ellos son los elegidos por
Dios para dar testimonio de su presencia en el mundo. Los evangelizados se
transforman en evangelizadores.
EL CORAZÓN
El
evangelio de Lucas añade todavía una interesante observación sobre la Madre de
Jesús: “María conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”. ¿Cómo
podía vivir con indiferencia el hecho que transformaba toda su vida?
•
“María conservaba todas estas cosas”.
Recordar es pasar por el corazón los acontecimientos que nos importan. María es
modelo de muchas actitudes. También de la actitud de la acogida. No se puede
morir de sed si se pasa junto a la fuente y se la ignora. Nadie puede ser
salvado si desprecia al Salvador.
•
“María meditaba estas cosas en su corazón”.
Meditar es reflexionar sobre lo que realmente es importante para la vida.
Aprender a saborear lo verdadero, lo bueno y lo bello. Hasta que nuestro
corazón llegue a vivir en sintonía con Aquel que es la Verdad, la Bondad y la
Belleza.
La gloria y la Paz Jn 1,1-18 (NAV1-16)
“El
pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de
sombra y una luz les brilló” (Is 9,2).
El profeta Isaías había visto abatirse la desgracia sobre las tierras del norte
de Palestina. Pero de pronto ve brillar la esperanza sobre aquella “Galilea de
los gentiles”, como era llamada con desprecio por los habitantes del reino de
Judá
Ahora
bien, esa esperanza está vinculada al nacimiento de un niño: “Un niño nos ha
nacido, un hijo se nos ha dado”. El profeta se alegra e exhorta a su pueblo a
la alegría. El niño podrá ser reconocido por su sabiduría y por su amor a la
justicia. Sorprendentemente se le dará el título de “Dios guerrero, Padre
perpetuo y Príncipe de la paz”.
El salmo responsorial recoge esa profecía y
nos invita a cantar: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Sal
95). Y San Pablo escribe a Tito que “ha aparecido la gracia de Dios, que trae
la salvación para todos los hombres” (Tit 2,11). Un hecho que nos exige llevar
una vida sobria, honrada y religiosa.
LA NOCHE Y LA LUZ
El evangelio de esta noche de Navidad nos
transmite la noticia del Nacimiento de Jesús en Belén de Judea (Lc 2,1-14). Los
acontecimientos históricos pueden parecer fastidiosos y hasta llenos de
prepotencia. Pero han hecho posible el nacimiento de Jesús en el humilde lugar
que señalaban los profetas. Dios escribe derecho con líneas torcidas.
En
aquel tiempo, los pastores no eran aceptados como testigos en los tribunales.
No eran de fiar. Pero Dios es sorprendente y siempre lo será. Él elige a los
pastores como los testigos y mensajeros del nacimiento del Mesías. La grandeza
de Dios se sirve de la pequeñez y de la pobreza para hacerse creíble. Los
pobres nos evangelizan.
Las
palabras de Isaías se hacen realidad. Ahora sí que el pueblo que caminaba en
tinieblas ha visto una luz grande. El texto evangélico contrapone a la noche de
nuestra vigilia humana el resplandor de
la presencia divina. De hecho, nos dice
que a los pastores “la gloria del Señor los envolvió de claridad”. Sólo los
humildes y marginados son iluminados.
EL MENSAJE
La
última parte de este relato tan conocido nos llena siempre de sorpresa, de
humildad y de esperanza.
•
De sorpresa, por la noticia: “Os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”.
Nosotros esperamos ser salvador por la técnica o por la política, por la violencia de las armas o por los
pactos de poder. Pero el Salvador viene de lo alto.
•
De humildad, por la señal: “Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado
en un pesebre”. Desearíamos encontrar la señal de Dios en la fuerza o en la
erudición. Pero la verdadera señal es la de la vida inerme. La de la vida que
surge en la pobreza.
•
De esperanza, por la alabanza angélica: “Gloria a Dios en el cielo y en la
tierra paz a los hombres que ama el Señor”. Buscamos nuestra gloria y por ella
nos afanamos. Pero es la gloria de Dios la que nos guía. Su gloria es que el
hombre viva. Ese es el signo de su amor.
Hijo de una virgen Mt 1,18-24 (ADA4-16)
“Mirad:
la virgen está encinta y da a luz a un hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que
significa, Dios con nosotros”) (Is 7,14). El rey Acaz teme que los pueblos que
se habían coaligado contra él llegaran a invadir la ciudad de Jerusalén. Por
eso está revisando las conducciones de agua. Buena previsión ante un posible
asedio a la ciudad.
El
profeta Isaías se acerca para anunciarle que no habrá guerra. El rey no cree al
profeta. Este le sugiere que pida una señal, pero el rey se muestra cínicamente
piadoso. No quiere tentar al Señor. Pues bien, el Señor le da una señal. La
señal de la vida, representada en un niño que nace y en el nombre que se le
impone. ¡Dios con nosotros!
Con toda razón el salmo responsorial nos
invita a hacer nuestra la certeza de esa presencia en medio de nosotros: “Va a
entrar el Señor. Él es el Rey de la gloria” (Sal 23). Y San Pablo, por su
parte, nos exhorta a ver cómo el Evangelio se refiere al descendiente de David,
que es también Hijo de Dios (Rom 1,1-7).
EL SALVADOR
Estamos
acostumbrados a meditar la anunciación del ángel a María. Pero el evangelio de
este tercer domingo de Adviento nos presenta la anunciación del ángel a José,
su esposo (Mt 1,18-24). En un caso y en el otro, Dios revela a sus elegidos su
plan de salvación. Es decir, les anuncia el nacimiento del Salvador.
Ese
es el núcleo del mensaje. Con frecuencia pensamos que lo importante de este
pasaje es disipar las dudas de José. Y con razón, porque el ser humano se
siente perdido ante la presencia de lo desacostumbrado Y mucho más perdido
cuando los acontecimientos parecen deshacer sus propios planes de vida.
Pero
hay algo más. Ante las dudas de José, vemos que el ángel del Señor le abre un
resquicio para que pueda aceptar el don de la vida y el misterio que viene a
rozar su rutina. Además, el ángel del Señor le confiere el honor y la
responsabilidad de poner nombre al niño que llega: “Tú le pondrás por nombre
Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”.
EMMANUEL
Por
su parte, el evangelista Mateo recuerda la profecía de Isaías al rey Acaz. La
certeza de que no habría guerra. La promesa de la paz. La garantía a un rey tan
preocupado como cínico. Todo es visto desde otra clave.
•
“La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. La doncella anunciada por el
profeta Isaías es ahora presentada como una virgen. Eso significa que el hijo
que de ella va a nacer no es fruto del esfuerzo y de los planes humanos. Es un
don gratuito de Dios a la pobreza y a la humildad humana.
•
“Le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios había estado siempre al lado de su
pueblo. Ahora, en el hijo de María, Dios habrá de hacerse cercano a todos los
seres humanos, sean del origen que sean. Se hará tan cercano que adoptará su
naturaleza y sus sueños, su fatiga y sus esperanzas.
10 diferencias Adviento Ciclo A 4ºdomingo
Solución: clavo, mango martillo, almohada, corazón cabecera, vestido orante, sonrisa orante, remiendo José, raya colchón, franja barra cuna, túnica José.
Adviento desde la Infancia Misionera
Todavía estamos a tiempo para seguir descubriendo nuevas propuestas para trabajar el Adviento.
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Ciegos y sordos Mt 11,2-11 (ADA3-16)
“Se
despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un
ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del
Señor” (Is 35,5-6). ¡Palabras, solo palabras! Así responderá el que considere
esta profecía de Isaías como un utópico e increíble poema de promesas
imposibles.
Sin
embargo, el pueblo de Israel creyó que aquellas imágenes poéticas podían
anunciar una realidad posible. Y así fue. El imperio opresor cayó como todos
los imperios. Un rey venido de fuera concedió la libertad a los pueblos
oprimidos. Y los hebreos vieron en la salvación que se les ofrecía “la gloria
de Dios y la belleza de su Dios”.
El
salmo responsorial nos une a aquella esperanza renacida al evocar aquellos
mismos portentos que significan y anuncian una salvación integral (Sal 145).
Nos ayudan, además, las palabras de la carta de Santiago: “Tened paciencia,
hermanos, hasta la venida del Señor... Manteneos firmes porque la venida del
Señor está cerca” (Sant 5, 7-10).
LAS DUDAS
Juan
Bautista había sido elegido como profeta y se esforzaba en transmitir la
llamada a la conversión. Pero, recluido por Herodes en una mazmorra, debió de
sufrir el asalto de las dudas (Mt 11, 1-11). ¿Sería Jesús el Mesías que él
había anunciado o habría que esperar a otro? A los mensajeros que le envío,
Jesús respondió con hechos cumplidos.
•
“Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo”. Junto al Jordán se habían
encontrado el Precursor y el Anunciado. Ahora ambos recurren a discípulos que
pasen la pregunta y la respuesta. “Id a anunciar”. ¿Nos hemos preguntado alguna
vez si estos mensajeros no reflejarán la humilde misión que nos ha sido
confiada?
•
“Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos
oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena
Noticia”. Esos son los hechos que dan fe
de la autenticidad del Mesías. En él se cumple la antigua profecía de Isaías.
¿No reflejarán esos hechos ese servicio a las personas que se espera de nuestra
misión?
Y LA DICHA
De
todas formas, el texto nos sugiere que Jesús ha captado las dudas que asaltan a
Juan el Bautista. Y no quiere ignorarlas. Al contrario, en su pregunta adivina
la incertidumbre de los que, a lo largo de los tiempos, se preguntarán por las
señas del Mesías y de su misión.
•
“Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, muchos
esperaban un Mesías guerrero que se levantara contra Roma, como Judas Macabeo
se había sublevado contra la tiranía de Antíoco. Pero Jesús se presentaba como
humilde y manso de corazón.
•
“Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, algunos
esperaban que el Mesías les concediera puestos de honor para brillar en medio
de su pueblo. Algo de eso pretendían los discípulos Santiago y Juan. Pero Jesús
les invitaba a beber su propio cáliz.
•
“Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En estos tiempos, como en
aquellos, no faltan los que piensan que el Mesías ha de revelarles todos los
misterios de la naturaleza y de la historia. Pero Jesús nos propone solamente
la sabiduría de la cruz.
10 diferencias Adviento Ciclo A 3ºdomingo
Solución: Iris ojo caja, cuello camisa Isabel, biberón, Spray del corazón, lazo cesta, pompa superior, oreja frasco, "N" de ven, pico aguja María, raya frasco sordos.
El fruto de la conversión Mt 3,1-12 (ADA2-16)
“Aquel
día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz.
Sobre él se posará el espíritu del Señor”.
Con estas brillantes promesas (Is 11,1-2), el profeta Isaías anuncia el
nacimiento de un descendiente de Jesé, el padre del rey David.
Es
éste un mensaje de esperanza para los que conocieron el esplendor de aquel
reinado. Es también un mensaje de confianza, puesto que sobre ese heredero
derramará el Señor sus dones. Y es un mensaje de paz: una paz cósmica que
abarca a toda la naturaleza. Hasta las fieras salvajes serán amigables con los
hombres.
No
es extraño que el salmo responsorial se haga eco de los mejores anhelos de la
humanidad: “Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente”
(Sal 71,7). El consuelo que dan las Escrituras junto con nuestra paciencia nos
ayudarán a mantener la esperanza. Así lo dice san Pablo a los Romanos (Rom
15,4). Buena lección para el Adviento.
LA
EXHORTACIÓN
Ya
sabemos que durante esta primera etapa del Adviento nos acompañan Isaías y Juan
el Bautista. Juan se presenta en el desierto de Judá. Su atuendo recuerda la
figura del profeta Elías. Y sus palabras son el eco de un profeta anónimo que
invitaba al pueblo a retornar del exilio por las nuevas calzadas que Dios le
preparaba. Ahora el retorno será espiritual.
•
“Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. El hebreo no pronuncia
el nombre inefable de Dios. Usa el continente en lugar del contenido. Al
anunciar la llegada del reino de Dios se proclama la cercanía del Dios del reino.
Una cercanía que no puede dejar indiferentes a los hombres. Convertirse
significa revisar los valores personales y sociales.
•
“Dad el fruto que pide la conversión”. Pero revisar los valores no es sólo un
ejercicio intelectual o económico. El profeta pide a las gentes que den los
frutos que se espera de todos los que escuchan la llamada. No valen disculpas.
El antiguo linaje del que descendemos no depende de nosotros. Pero nos
compromete el futuro de justicia que hemos de construir.
Y
LA PROMESA
El
Bautista se considera a sí mismo un pregonero enviado por Dios. ¡Nada menos y
nada más! Él anuncia con valentía la salvación, pero bien sabe que no es el
Salvador.
•
“El que viene detrás de mí puede más que yo”. La debilidad con que aparece el
Mesías no ha de inducirnos a engaño. Él viene a nosotros con un poder que deja
en ridículo las pretensiones y los poderes de los hombres y de sus
instituciones.
•
“Yo no perezco ni llevarle las sandalias”. El verdadero profeta nunca puede
alardear de nada. El mensajero no es dueño del mensaje. Un evangelizador que no
es humilde revela bien a las claras con su vanagloria la mentira de su misión.
•
“Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. El viento y el fuego son fuerzas
benéficas. Pero si nos arrastran y nos incendian pueden terminar con nuestra
casa y con nuestra vida. El Bautista sabe que el viento y el fuego de Dios nos
purifican cada día.
•
“Él tiene el bieldo en la mano”. El bieldo era usado por los labradores para
aventar la paja y separarla del grano. La venida del Señor descubrirá nuestra
falsedad y revelará lo inútil y lo valioso de nuestras intenciones y de nuestro
esfuerzo.
10 diferencias Adviento ciclo A 2ºdomingo
Solución: cola paloma, pelo Juan, tornillo rueda, fregona derecha, asa caldero, gota Jordán, "O" de bautismo, parte mango bote de la fe, patita saltamontes, gorra Juan.
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