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Puzleando los Gozos y los Dolores de San José con FANO
Juego de la Oca. Cuaresma Ciclo C - Lucas
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Luz para el camino Lc 9,28-36 (CUC2-22)
“Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas” (Gn 15,5). Con estas palabras se dirige Dios a Moisés para anunciarle que tendrá una abundante descendencia. A ese sorprendente anuncio sigue el rito del inicio de una alianza de Dios con aquel patriarca.
Con el salmo responsorial nosotros hacemos nuestra esa revelación divina, proclamando nuestra fe y nuestra confianza: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? El Señor es el refugio de mi vida, ¿por qué he de temblar?” (Sal 27,1).
En la segunda lectura de la misa de este domingo, San Pablo recuerda a los fieles de la ciudad de Filipos que el Señor Jesucristo “transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo” (Flp 3,20-21).
CUATRO NOTAS
En el evangelio que hoy se proclama se nos recuerda la transfiguración de Jesús (Lc 9,28-36). En él hay cuatro notas que nos informan sobre el misterio:
• Jesús sube a un monte a orar. En su tiempo se entendía que el monte acercaba a las personas a la divinidad. Jesús busca un lugar apropiado para la oración. En presencia de Dios desea comprender el sentido de la entrega de su vida.
• Lleva consigo al monte a tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan. Jesús sabe que ese será un momento muy importante. Y desea que sus tres discípulos predilectos estén cerca de él, como testigos de su manifestación.
• El aspecto de su rostro se muda. Y sus vestidos son de una blancura fulgurante. La transfiguración de Jesús alcanza también a sus vestidos. Por un momento todo él refleja la dimensión celestial de su existencia.
• Junto a Jesús aparecen Moisés y Elías que hablan de su partida, que se va a cumplir en Jerusalén. Si el destino de Jesús es la entrega por los hombres, habrá que reconocer que esa misión ya había sido anunciada por la Ley y los Profetas.
UN DESEO ESPONTÁNEO
Según el texto evangélico, Pedro y sus compañeros están cargados de sueño, pero permanecen despiertos, y ven su gloria. Al separarse los dos hombres que estaban con él, Pedro manifiesta su deseo a Jesús:
• “Maestro, bueno es estarnos aquí”. Esas palabras del apóstol revelan sus sentimientos más profundos. Habituado a los trabajos en el lago, vive esperando un mesías glorioso y triunfante. Pero bajando del monte se encontrará con la realidad del dolor.
• “Maestro, bueno es estarnos aquí”. Ese deseo de Simón Pedro encuentra un eco en la vida de la Iglesia. A lo largo de los siglos su vocación contemplativa ha precedido y sostenido siempre su dedicación a los enfermos y marginados.
• “Maestro, bueno es estarnos aquí”. Esa expresión del pescador de Galilea refleja el anhelo inconsciente de una humanidad que busca con afán la paz y la luz de lo divino que puede iluminar el dolor humano.
La transfiguración desde la oración Lc 9,28-36 (CUC2-22)
1. ¿A dónde nos lleva el evangelio de hoy? Si seguimos el texto en sus inicios: subió al monte a orar. Esto es muy propio de Lucas y siempre en momentos importantes de la vida de Jesús. No hay nombre para el monte en ninguno de los evangelistas (cf Mt 17,1-9; Mc 9,2-10). El evangelista Lucas, a su manera, quiere asomarnos, por un pequeño instante, con los discípulos, a esa vida que no está limitada por nada ni por nadie. Quien escucha, hoy, en este domingo de Cuaresma, este pasaje del evangelio quedará sorprendido, porque no le será fácil entender todo lo que en él acontece. Pero debemos pensar que Lucas, recogiendo la tradición de Marcos, que es el primer evangelista que la asumió de otros, sabe que en su comunidad habrá dificultades para entenderla. De todas formas ha limado un poco su lenguaje y su intención catequética. La Transfiguración es una escena llena de contenidos simbólicos. Es como un respiro que Dios le concede a Jesús en su camino hacia Jerusalén, hacia la pasión y la muerte, con objeto de que alcance a experimentar un previamente la meta. Solo desde la oración, entiende Lucas, es posible vislumbrar lo que sucede en el alma de Jesús. Ese coloquio que Jesús mantiene con los personajes del Antiguo Testamento, Moisés y Elías, representan la Ley y los Profetas y con ellos se entabla un diálogo en profundidad sobre su “partida” (éxodo), sobre su futuro, en definitiva, sobre su muerte.
2. La Transfiguración, pues, quiere ser una preparación para la hora tan decisiva que le espera a Jesús. Los discípulos más conocidos acompañan a Jesús en este momento, como sucederá también en el relato de Getsemaní, en el momento de la pasión, pero tanto aquí como allí, el verdadero protagonista es Jesús, porque es él quien afronta las consecuencias de su vida y del evangelio que ha predicado. No obstante, aquí los discípulos se ven envueltos en una experiencia profunda, trascendente, que les hace evadirse de toda realidad. Dos personajes, Moisés y Elías, que subieron cada uno en su momento al Sinaí para encontrarse con Dios, ahora se hacen testigos de esta experiencia. La presencia de estos personajes “adorna” la escena, pero no la llenan. En realidad la escena se llena de contenido con la voz divina que proclama algo extraordinario. Quien está allí es alguien más importante de Moisés y Elías, la Ley y los Profetas ¡que ya es decir! En realidad la escena se configura sencillamente con un “hombre” que ora intensamente a Dios para que no le falten las fuerzas en su “éxodo”, en su ida a Jerusalén. Todo en un monte que no tiene nombre y que no hay que buscarlo, aunque la tradición posterior haya designado el Tabor.
3. Todo ha sucedido, según san Lucas, “mientras oraba”. Esto es especialmente significativo. Estas cosas intensas, espirituales, transformadoras, no pueden ocurrir más que en la otra dimensión humana. Es la dimensión en la que se revela que, sin embargo, el Hijo de Dios está allí. Los discípulos han vivido algo intenso, algo que no se esperaban (aunque de ellos no se dice que oren y esa es una diferencia digna de tener en cuenta); pero Jesús, que ha vivido esta experiencia más intensamente que ellos, sin embargo, sabe que debe bajar del monte misterioso de la Transfiguración para seguir su camino, para acercarse a los necesitados, para dar de beber a los sedientos y de comer a los hambrientos la palabra de vida. Su “éxodo” no puede ser como le hubiera gustado a Pedro, a sus discípulos, que pretenden quedarse allí instalados. Queda mucho por hacer, y dejar huérfanos a los hombres que no han subido a las alturas espirituales y misteriosas de la Transfiguración, sería como abandonar su camino de profeta del Reino de Dios. Probablemente Jesús vivió e hizo vivir a los suyos experiencias profundas; la de la transfiguración que se describe aquí puede ser una de ellas, pero siempre estuvo muy cerca de las realidades más cotidianas. No obstante, ello le valió para ir vislumbrando, como profeta, que tenía que llegar hasta dar la vida por el Reino.
Fray Miguel de Burgos Núñez
El valor de Cuidar
Todos anhelamos disfrutar de la vida en sus distintos ámbitos, y el familiar es de una gran trascendencia. Construir una familia es vital para el desarrollo de una vida plena. Cuidar a nuestros hijos hoy para que sean mañana personas sanas, equilibradas, autónomas, capaces y tomen buenas decisiones en la vida, es una tarea imprescindible para construir una sociedad en la que convivamos en paz. Pero ¿cómo construir una familia donde todos tengamos un lugar desde el que participar y colaborar, y donde nos sintamos seguros y a salvo?
Para Angeles Jové y Andrea Zambrano, sus autoras, la clave para educar a nuestros hijos está en la calidad de nuestros vínculos familiares y en ser capaces de relacionarnos y comunicarnos con ellos para proporcionarles conexión y cuidado, construyendo vínculos fuertes y seguros.En El valor de cuidar, Ángeles Jové y Andrea Zambrano nos muestran un nuevo paradigma de comunicación basado en un verdadero cuidado que evite cualquier forma de violencia y que enseñe a nuestros hijos a reconocer y comunicar sus emociones, necesidades y peticiones.
Este libro es una pequeña guía que descubrirá a los padres un nuevo camino para mejorar la comunicación y la relación consigo mismos y con sus hijos. Una invitación a sentirnos más unidos y próximos con quienes nos importan.
Editorial PAIDÓS
ISBN 978-84-493-3895-3
288 páginas
Precio 16,95 euros
En el desierto Lc 4,1-13 (CUC1-22)
“Traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”. El llamado “credo del israelita” recuerda el tiempo de esclavitud pasado en Egipto y la liberación que lo ha traído a Palestina. Por eso, el creyente se postra ante el Señor su Dios y presenta ante el altar las primicias de la cosecha que él le ha concedido (Dt 26,10).
Con el salmo responsorial, también nosotros nos dirigimos confiadamente a Dios, suplicando: “Quédate conmigo, Señor, en la tribulación” (Sal 90).
Los textos de las cartas de san Pablo, que se nos proponen en la segunda lectura de los domingos cuaresmales, contienen las ideas principales de este tiempo de gracia. En este primer domingo se nos invita a aceptar de corazón el mensaje de la Escritura, según el cual, Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos (Rom 10,8-13).
Evidentemente, el camino cuaresmal que ahora comienza, ha de llevarnos a la confesión pascual de la resurrección de Jesucristo.
TRES TENTACIONES
El evangelio del primer domingo de cuaresma nos recuerda todos los años las tentaciones de Jesús en el desierto. Este año se proclama el evangelio de Lucas (Lc 4,1-13).
• En primer lugar, se dice que, después de un largo ayuno, Jesús sintió hambre. El diablo lo invita a convertir las piedras en panes. Nosotros no ignoramos el hambre de pan que afecta a este mundo. Pero sabemos que “no solo de pan vive el hombre”. Hay un hambre que los satisfechos de la tierra se niegan a reconocer.
• En un segundo momento, el diablo ofrece a Jesús la gloria que él presume de tener, pretendiendo descaradamente ser adorado. Nosotros deberíamos advertir que, al apetecer el poder y la gloria, estamos en realidad adorando al mismo diablo. Ante la tentación de idolatría, no podemos olvidar que solo a Dios debemos adoración.
• En un tercer momento, el diablo quiere ver si Jesús confía en Dios. Nosotros nos colocamos con frecuencia en situaciones de riesgo y de pecado, que siempre afectan a nuestra seguridad integral. Y pretendemos que Dios venga a librarnos de las funestas consecuencias que hemos provocado. Pero no debemos jugar a tentar a Dios.
DOS REVELACIONES
Este relato evangélico no solo nos facilita una reflexión moral, que no sería poco. Como siempre, el evangelio nos ofrece una revelación de Dios y de Jesús.
• De Dios se nos dice que solamente él es el verdadero y único Señor. El diablo presume de tener el poder sobre todo lo visible, pero miente. Nosotros nos negamos a adorar a los poderes de este mundo. Solo queremos adorar al Dios poderoso que cuida de los pájaros y de los lirios, de los pobres y de los aplastados por un poder inhumano.
• De Jesús se nos dice que en lugar de dialogar con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso, el Hijo de Dios conoce y acepta la Palabra de Dios. Nosotros oímos cada día mil voces que nos ofrecen objetos inútiles, placeres envenenados e ideales inalcanzables. Necesitamos el don del discernimiento para no dejarnos engañar por el príncipe de la mentira.
En las manos de Dios Lc 4,1-13 (CUC1-22)
1. La lectura del evangelio de Lucas nos expone el relato de las tentaciones, una de las narraciones más expresivas, aunque bien es verdad que no exenta de dificultades. Podemos resumir así el significado del evangelio: Jesús afronta tres tentaciones. Esto viene de la tradición. No es que el número tres sea determinante y no se explica solamente recurriendo al pueblo en el desierto, aunque es posible que esa es la inspiración de este relato. Pero en definitiva son el simbolismo de toda la lucha entre el bien y el mal, entre la elección de uno mismo y la opción por Dios. Todas las tentaciones tienen como objetivo, en definitiva, romper la "comunión" con Dios. Para Lucas, Jesús es el nuevo Adán, como se expresa por su genealogía (Lc 3,1ss), por eso no tiene otro proyecto de vida que el vivir la comunión con Dios, que el primer Adán había perdido.
2. Lucas ha leído esta escena de la tradición según su perspectiva personal. Para él no se trata especialmente de releer en Jesús las pruebas del desierto (como en el caso muy evidente de Mateo) y ni siquiera de contemplar a Jesús vencedor sobre Satanás como el Mesías que rechaza el mesianismo glorioso y político. Lo que él considera en Jesús en el desierto es esencialmente el designio del Padre que está cumpliéndose. Y esto lo interpreta según la mentalidad de que no puede suceder sin que se encuentre en su camino al adversario, el que trabaja para que la humanidad se pierda en sí misma.
3. Este encuentro es solamente la anticipación de otro que será definitivo: en la Pasión y la Cruz, que es la consecuencia de su vida. De ahí que haya reorganizado la tradición primitiva para que todo acabe en Jerusalén, donde Jesús vivirá su Pasión. En el caso de Mateo el orden de las tentaciones es distinto y termina en un monte muy alto, que es toda una figuración. Ambos han leído este episodio en el evangelio galileo de Q (algunos prefieren llamarlo así). En Lucas todo termina en Jerusalén porque para este evangelista Jerusalén es el final y el comienzo de la vida de de Jesús y de la comunidad cristiana primitiva. Es en Jerusalén, además, donde han de tener lugar las experiencias del Resucitado a los discípulos y, por lo mismo, este triunfo de Jesús en lo más alto del Templo es todo un apunte de la victoria sobre la muerte que ha de anunciarse desde Jerusalén hasta los confines de la tierra.
4. Si Lucas ha querido presentar la filiación divina de Jesús en la dimensión del nuevo Adán (como en la genealogía), su relato de las tentaciones debe leerse en esa clave. De ahí que su cristología, con sus intereses parenéticos, no es descriptiva, sino que busca llevar a la comunidad las posibilidades de vivir una experiencia como la de Jesús. La Iglesia que escucha este relato, la comunidad, vive también bajo el Espíritu, como Jesús, y es conducida por El. Por eso, bajo esa experiencia, los poderes del mal también quieren envolverla en una carrera ciega hacia una desobediencia radical a Dios. En definitiva: Lucas quiere que aprendamos a ser personas libres, como Jesús, en nuestra fidelidad a Dios. Porque Dios es para el hombre, como para Jesús, el que garantiza nuestra libertad y nuestra realización.
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/6-3-2022/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
La Cuaresma (Genially divertido y didáctico para jugar, aprender y repasar)
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