NOVIEMBRE: Biblia, Todos los Santos, Cristo REY, Fin AÑO litúrgico, inicio ADVIENTO, lecturas, arte cristiano, actividades, juegos, lecturas, imagen-viñeta para reflexionar, fichas, manualidades, cómics... ***Si bien los materiales propios del blog están protegidos, su utilización ES LIBRE (aunque en ningún caso con fines lucrativos o comerciales) siempre que se conserve el diseño integral de las fichas o de las actividades así como la autoría o autorías compartidas expresadas en las mismas.
Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus
Señal del Amor Jn 13,31-33a.34-35 (PAC5-22)
Listra era una colonia romana en la región de Licaonia. En ella Pablo y Bernabé encontraron a Timoteo, que sería en adelante un fiel discípulo y compañero en la misión. Además, curaron a un hombre tullido. Asombradas por el milagro, las gentes quisieron adorar a los apóstoles. Cuando ellos gritaron que eran hombres como los demás, el pueblo los apaleó.
Aleccionados por aquella experiencia, nos legaron una frase que es un aviso inolvidable para todos los evangelizadores: “Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios” (Hch 14,22). El discípulo tendrá que seguir la suerte de su Maestro. De hecho, la persecución ha acompañado y acompañará siempre a la misión.
La visión que nos ofrece hoy el Apocalipsis nos invita a mantener la esperanza (Ap 21,1-5). Dios no nos promete riquezas y satisfacciones a corto plazo, sino un mundo nuevo: una nueva creación marcada por la presencia de Dios entre nosotros. La nueva Jerusalén no se distingue por una forma nueva, sino por las nuevas relaciones del hombre con Dios.
PALABRAS INESPERADAS
El evangelio que se proclama en este quinto domingo de Pascua (Jn 13,31-35) se sitúa en el escenario de la última cena de Jesús con sus discípulos. Una vez que Judas salió del Cenáculo para entregar a su Maestro en manos de los sacerdotes del templo de Jerusalén, Jesús dirigió a los Once una revelación y una profecía.
• “Ahora es glorificado el hijo del hombre, y Dios es glorificado en él”. Para Jesús, aquella salida del discípulo traidor marcaba la llegada de su propia glorificación. Jesús había previsto este momento. Es más, lo había anunciado a sus seguidores. Pero ellos no podían imaginar que la glorificación de su Maestro iba a coincidir con la crucifixión.
• “Hijitos, me queda poco de estar con vosotros”. Nos sorprende la ternura con que Jesús se dirige a sus discípulos. Solamente en esta ocasión aparece la palabra “hijitos” en los evangelios. Nos sorprende también la claridad con la que Jesús ha previsto su suerte y su muerte. El tiempo de su misión terrestre toca a su fin. Y él lo sabe.
LA CLAVE DEFINITIVA
Pero hubo algo más. Jesús había aceptado la regla de oro de todas las culturas: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mc 12,31). En realidad, ya la recogía la tradición de su pueblo (Lev 19,18). Pero en su despedida Jesús se presentaba como el referente de aquel mandato. El Maestro dejaba a los suyos la clave por la que habían de distinguirse.
• “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Lo habitual era que el mismo sujeto se tomara a sí mismo como el árbitro del amor. Desde ahora, el motivo del amor solo puede ser el amor que ha orientado la vida de Jesús.
• “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”. Los grupos humanos tratan de distinguirse por sus hábitos o sus himnos, sus banderas o sus comidas. Los discípulos de Jesús habrán de distinguirse por el amor mutuo.
La batalla del amor Jn 13,31-33a.34-35 (PAC5-22)
1. Estamos, en el evangelio de Juan en la última cena de Jesús. Ese es el marco de este discurso de despedida, testamento de Jesús a los suyos. La última cena de Jesús con sus discípulos quedaría grabada en sus mentes y en su corazón. El redactor del evangelio de Juan sabe que aquella noche fue especialmente creativa para Jesús, no tanto para los discípulos, que solamente la pudiera recordar y recrear a partir de la resurrección. Juan es el evangelista que más profundamente ha tratado ese momento, a pesar de que no haya descrito la institución de la eucaristía. Ha preferido otros signos y otras palabras, puesto que ya se conocían las palabras eucarísticas por los otros evangelistas. Precisamente las del evangelio de hoy son determinantes. Se sabe que para Juan la hora de la muerte de Jesús es la hora de la glorificación, por eso no están presentes los indicios de tragedia.
2. La salida de Judas del cenáculo (v.30) desencadena la “glorificación” en palabras del Jesús joánico. ¡No!, no es tragedia todo lo que se va a desencadenar, sino el prodigio del amor consumado con que todo había comenzado (Jn 13,1). Jesús había venido para amar y este amor se hace más intenso frente al poder de este mundo y al poder del mal. En realidad esta no puede ser más que una lectura “glorificada” de la pasión y la entrega de Jesús. Y no puede hacerse otro tipo de lectura de lo que hizo Jesús y las razones por las que lo hizo. Por ello, ensañarse en la pasión y la crueldad del su sufrimiento no hubiera llevado a ninguna parte. El evangelista entiende que esto lo hizo el Hijo del hombre, Jesús, por amor y así debe ser vivido por sus discípulos.
3. Con la muerte de Jesús aparecerá la gloria de Dios comprometido con él y con su causa. Por otra parte, ya se nos está preparando, como a los discípulos, para el momento de pasar de la Pascua a Pentecostés; del tiempo de Jesús al tiempo de la Iglesia. Es lógico pensar que en aquella noche en que Jesús sabía lo que podría pasar tenía que preparar a los suyos para cuando no estuviera presente. No los había llamado para una guerra y una conquista militar, ni contra el Imperio de Roma. Los había llamado para la guerra del amor sin medida, del amor consumado. Por eso, la pregunta debe ser: ¿Cómo pueden identificarse en el mundo hostil aquellos que le han seguido y los que le seguirán? Ser cristiano, pues, discípulo de Jesús, es amarse los unos a los otros. Ese es el catecismo que debemos vivir. Todo lo demás encuentra su razón de ser en esta ley suprema de la comunidad de discípulos. Todo lo que no sea eso es abandonar la comunión con el Señor resucitado y desistir de la verdadera causa del evangelio.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/15-5-2022/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
Dios da su vida a los hombres en Jesús Jn 10,27-30 (PAC4-22)
1. Siempre se ha considerado éste el domingo del Buen Pastor a causa del evangelio del día que habla de las ovejas, retomando el comienzo de Jn 10,1-10.. El texto del Apocalipsis que se ha leído como segunda lectura también apunta a este simbolismo. Está situado en el marco de la fiesta de la dedicación del Templo de Jerusalén y le acosan a preguntas sobre si es verdaderamente el Mesías. Jesús, aparentemente, no quiere contestar a esa pregunta intencionada, pero en realidad no desvía la cuestión, sino que les habla con un lenguaje más vivo, más radical y en consonancia con una forma de entender el mesianismo en clave distinta de los judíos.
2. No viene para ser un personaje nacionalista, sino aquél que sabe bien la necesidad que tienen los hombres de vida y de vida verdadera; de una forma nueva de comprender a Dios, y por ello va a dar la vida. Los judíos nunca esperaron un Mesías que sufriera y que fuera, por tanto, capaz de dar la vida como Jesús se empeña en hacer. El evangelio de Juan, pues, pretende desmontar una concepción equivocada de mesianismo y nos descubre la opción radical tomada por Jesús. El verdadero Mesías es el que sabe dar “la vida por las ovejas”, es decir, por el pueblo.
3. Esta polémica, pues, de Jesús con los judíos, revela el sentido ejemplar, global, del buen pastor, símbolo de la gracia y del juicio que se opera en el seno de su pueblo. La altura desde la que Juan nos presenta a Jesús, “uno con el Padre”, es una provocación teológica, sin duda; pero es una realidad incuestionable. Tenemos que reconocer que el Jesús histórico no habló así, de la forma que lo hace en Juan; ni siquiera hablaba de sí mismo, pero siempre de Dios y del Reino de Dios. Pero el evangelio de Juan tiene otro tono, menos histórico, aunque más teológico. No entramos en la cuestión de la conciencia personal de Jesús, no es el caso. Decir que “el Padre y yo somos uno” es alta cristología, sin duda. Pero es verdad que Jesús nos reveló al verdadero Dios, y es eso lo que le discuten los adversarios.
4. Es un escándalo, porque toda la vida de Jesús es un juicio contra los que pensaban que el mismo Dios debía ajustarse a su dogmática. Así, pues, lo que decide de un modo definitivo el sentido de este evangelio es la actitud que tenemos ante la verdad que Jesús propone: quien se encuentra de verdad con Él, se encuentra con Dios. Si Él escucha nuestras súplicas, Dios hace lo mismo. Si Él da la vida por nosotros, eso es lo que hace Dios por nosotros. No estamos ante una ficción teológica con estas palabras de Jesús, sino que estamos ante el “dador de vida”.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/8-5-2022/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
La Resurrección, experiencia de amor Jn 21,1-19 (PAC3-22)
1. El evangelio de este domingo, como todo Jn 21, es muy probablemente un añadido a la obra cuando ya estaba terminada. Pero procede de la misma comunidad joánica, pues contiene su mismo estilo, lenguaje y las mismas claves teológicas. El desplazamiento de Jerusalén al mar de Tiberíades nos sitúa en un clima anterior al que les obligó a volver a Jerusalén después de los acontecimientos de la resurrección. Quiere ser una forma de resarcir a Pedro, el primero de los apóstoles, de sus negaciones en el momento de la Pasión. Es muy importante que el “discípulo amado”, prototipo del seguidor de Jesús hasta el final en este evangelio, detecte la presencia de Jesús el Señor y se lo indique así a los demás. Es un detalle que no se debe escapar, porque como muchos especialistas leen e interpretan, no se trata de una figura histórica, ni del autor del evangelio, sino de esa figura prototipo de fe y confianza para aceptar todo lo que el Jesús de San Juan dice en este escrito maravilloso.
2. Pedro, al contrario que en la Pasión, se tira al agua, “a su encuentro”, para arrepentirse por lo que había oscurecido con sus negaciones. Parece como si todo Jn 21 hubiera sido escrito para reivindicar a Pedro; es el gran protagonista, hasta el punto de que él sólo tira de la red llena de lo que habían pescado para dar a entender cómo está dispuesto ahora a seguir hasta el final al Señor. Pero no debemos olvidar que es el “discípulo amado” (v. 7) el que delata o revela situación. Si antes se ha hablado de los Zebedeos, no quiere decir que en el texto “el discípulo amado” sea uno de ellos. Es el discípulo que casi siempre acierta con una palabra de fe y de confianza. Es el que señala el camino, el que descubre que “es el Señor”. Y entonces Pedro… se arroja.
3. El relato nos muestra un cierto itinerario de la resurrección, como Lucas 24,13-35 con los discípulos de Emaús. Ahora las experiencias de la resurrección van calando poco a poco en ellos; por eso no se les ocurrió preguntar quién era Jesús: reconocieron enseguida que era el Señor que quería reconducir sus vidas. De nuevo tendrían que abandonar, como al principio, las redes y las barcas, para anunciar a este Señor a todos los hombres. También hay una “comida”, como en el caso de Lc 24,13ss, que tiene una simbología muy determinada: la cena, la eucaristía, aunque aquí parezca que es una comida de “verificación” de que verdaderamente era el Señor resucitado. Probablemente el relato de Lc 24 es más conseguido a nivel literario y teológico. En todo caso los discípulos descubrieron al Señor como el resucitado por ciertos signos que habían compartido con El.
4. Todo lo anterior, pues, prepara el momento en que el Señor le pide a Pedro el testimonio de su amor y su fidelidad, porque a él le debe encomendar la responsabilidad de la primera comunidad de discípulos. Pedro, pues, se nos presenta como el primero, pero entendido su “primado” desde la experiencia del amor, que es la experiencia base de la teología del evangelio de Juan. Las preguntas sobre el amor, con el juego encadenado entre los verbos griegos fileô y agapaô (amar, en ambos casos) han dado mucho que hablar. Pero por encima de todo, estas tres interpelaciones a Pedro sobre su amor recuerdan necesariamente las tres negaciones de la Pasión (Jn 18,17ss). Con esto reivindica la tradición joánica al pescador de Galilea. Sus negaciones, sus miserias, su debilidad, no impiden que pueda ser el guía de la comunidad de los discípulos. No es el discípulo perfecto (eso para el evangelio joánico es el “discípulos amado”), pero su amor al Señor ha curado su pasado, sus negaciones. En realidad, en el evangelio de Juan todo se cura con el amor. Y esta, pues, es una experiencia fundamental de la resurrección, porque en Tiberíades, quien se hacen presente con sus signos y pidiendo amor y dando amor, es el Señor resucitado.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/1-5-2022/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
Las 40 parábolas de Jesús
Las parábolas de Jesús forman parte de la literatura universal. En estos relatos, a menudo provocadores, llegamos a conocer más de cerca el entorno de Jesús. Es un mundo variopinto, lleno de penas y alegrías, con cotidianidad y fiestas, aventuras, crímenes y profunda humanidad.
Con la ayuda de este colorido material, Jesús esboza su mensaje del Reino de Dios: es decir, la buena noticia de un nuevo mundo que Dios está creando ahora, en medio de las viejas y anquilosadas relaciones de la historia humana.
En este libro, el especialista en Nuevo Testamento Gerhard Lohfink se ha atrevido a interpretar todas las parábolas de forma comprensible para el público general y teniendo siempre en cuenta el estado actual de la investigación. Un libro realmente extraordinario.
Editorial VERBO DIVINO
ISBN 978-84-9073-664-7
272 páginas
Preció 25 euros
ÍNDICE
1. El león, el oso y la serpiente (Am 4,18-20)
2. La zarza se convierte en reina (Jue 9,8-15)
3. La oveja del pobre (2 Sam 12,1-4)
4. El canto de la vina (Is 5,1-7)
5. La esposa infiel (Ez 16,1-63)
6. La vid y los sarmientos (Jn 15,1-8)
7. El olmo y la vid (Hermas Sim II, 1-10)
8. El rey que adquirió para sí un pueblo (MekhY Ex 20,2)
9. El hombre en el pozo (Friedrich Rückert)
10. El perfecto nadador (Martin Buber)
II. LAS CUARENTA PARÁBOLAS DE JESÚS
1. El robo exitoso (Lc 12,39)
2. El «hombre fuerte» dominado por el más fuerte (Mc 3,27)
3. El tesoro escondido en el campo y la perla fina (Mt 13,44-46)
4. La higuera en brote (Mc 13,28-29)
5. El grano de mostaza (Mc 4,30-32)
6. La levadura (Lc 13,20-21)
7. La semilla que crece por sí sola (Mc 4,26-29)
8. La cosecha abundante (Mc 4,3-9)
9. Los dos deudores (Lc 7,41-42)
10. La oveja perdida (Mt 18,12-14)
11. La dracma perdida (Lc 15,8-10)
12. El hijo pródigo (Lc 15,11-32)
13. Los obreros de la vina (Mt 20,1-16)
14. El juez y la viuda (Lc 18,1-8)
15. El amigo insistente (Lc 11,5-8)
16. El banquete (Lc 14,16-24)
17. La red de pesca (Mt 13,47-50)
18. La cizana en el trigo (Mt 13,24-30)
19. El fariseo y el publicano (Lc 18,10-14)
20. El samaritano misericordioso (Lc 10,30-35)
21. Los hijos desiguales (Mt 21,28-31)
22. El rico y el pobre (Lc 16,19-31)
23. Las diez jóvenes del cortejo (Mt 25,1-13)
24. La higuera estéril (Lc 13,6-9)
25. Los ninos que discuten en la plaza (Mt 11,16-19)
26. De camino hacia el juzgado (Mt 5,25-26)
27. El rico insensato (Lc 12,16-20)
28. El invitado sin traje de fiesta (Mt 22,11-13)
29. El siervo despiadado (Mt 18,23-34)
30. Los esclavos vigilantes (Lc 12,35-38)
31. El esclavo fiel a cargo del personal (Mt 24,45-51)
32. La recompensa del esclavo (Lc 17,7-10)
33. El dinero encomendado (Mt 25,14-30)
34. El administrador fraudulento (Lc 16,1-13)
35. El homicida (EvThom 98)
36. La construcción de la torre y la preparación para la guerra (Lc 14,28-32)
37. La construcción de la casa sobre roca o sobre arena (Mt 7,24-27)
38. La lámpara sobre el candelero (Mt 5,15)
39. La muerte del grano de trigo (Jn 12,24)
40. Los campesinos homicidas (Mc 12,1-12)
III. LO ESPECIAL DE LAS PARÁBOLAS DE JESÚS
1. El material
2. La forma
3. La tradición
4. El tema
5. El tema dentro del tema
Bibliografía
Índice de los pasajes bíblicos
Tabla de las parábolas en las lecturas del año litúrgico
Misericordia divina Jn 20,19-31 (PAC2-22)
“Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo” (Hch 5,12). Después de su Ascensión a los cielos, los discípulos del Señor manifiestan su misericordia. La compasión de Dios se hace visible en la curación de los enfermos. La gente desea que al menos la sombra de Pedro cubra por un momento a los pacientes que le acercan.
Ha comenzado el tiempo y el camino de la Iglesia. Pues bien, ahora como en los primeros tiempos se espera de la Iglesia que proyecte la sombra y la gracia del Señor sobre todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu. Sin embargo, la Iglesia no puede ignorar que dar testimonio de la misericordia divina le costará denuncias y persecuciones.
Con el salmo responsorial, hoy agradecemos la cercanía y la bondad inagotable de Dios “Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 117).
El Hijo de Hombre es el Viviente que vive por los siglos de los siglos. Él nos revela el sentido de la historia y de nuestra vida concreta (Ap 1,9-19).
DEL MIEDO A LA MISIÓN
El evangelio según san Juan evoca dos momentos de la revelación del Resucitado a sus discípulos (Jn 20,19-31). El texto nos ofrece al menos tres contraposiciones que se repiten una y otra vez a lo largo de los siglos y se hacen presentes en nuestra experiencia personal.
- En primer lugar se contraponen y se mezclan el miedo y la alegría. Tras la muerte de Jesús, los discípulos han quedado atemorizados. Pero al descubrir que Jesús se hace presente en medio de ellos, su corazón rebosa de paz y de alegría.
- En segundo lugar se puede observar que el miedo los lleva a cerrar las puertas del lugar en que se encuentran. Han quedado aislados del mundo. Pero el aliento de Jesús los motiva para salir a la calle. Los encerrados son ahora los enviados a una misión.
- En tercer lugar, podemos sospechar que los discípulos no han superado el sentido de culpa por haber abandonado a su Maestro. Pero Jesús no viene a reprenderles su falta. Al contrario, los convierte en testigos de su misericordia y los envía por el mundo como pregoneros y ministros de su perdón.
EL SIGNO DE LAS LLAGAS
Con demasiada frecuencia se califica a Tomás como “el incrédulo”. Pero se olvida que precisamente él había exhortado a los otros discípulos a seguir al Maestro: “Vayamos también nosotros a morir con él” (Jn 11,16). Tomás tiene fe para aceptar la muerte de Jesús y también para aceptar su vida. Pero no comprende la incoherencia de sus condiscípulos. Así lo revelan tanto su reacción a la noticia de que Jesús vive como la respuesta de Jesús a sus condiciones.
• “Si no veo la señal de los clavos…, no creo”. Seguramente, esa frase no expresa la pretendida incredulidad de Tomás. Es más bien una protesta personal a los que se apresuran a disfrutar de la luz sin haber aceptado antes la oscuridad de la cruz.
• “Trae tu dedo… No seas incrédulo, sino creyente”. Estas palabras de Jesús no solo se dirigen a Tomás. Son una advertencia para todos nosotros. No podemos ser incrédulos, ni crédulos. En este tiempo se nos pide la seriedad de los creyentes.
• “Señor mío y Dios mío”. De camino a Cesarea de Filipo Pedro había reconocido a Jesús como el Mesías (Mc 8,29). Ahora Tomás confiesa su fe en la divinidad de Jesús. Antes estaba dispuesto a seguirlo hasta la cruz y ahora lo reconoce como Resucitado.
• “Dichosos los que crean sin haber visto”. Tan solo en eso podría parecer que superamos la coherencia de Tomás. Él creyó al ver las llagas del Señor. Nosotros nos apoyamos en la fe del apóstol que creyó en el Señor.
¡Señor mío! La resurrección se cree, no se prueba Jn 20,19-31 (PAC2-22)
1. El texto es muy sencillo, tiene dos partes (vv. 19-23 y vv. 26-27) unidas por la explicación de los vv. 24-25 sobre la ausencia de Tomás. Las dos partes inician con la misma indicación sobre los discípulos reunidos y en ambas Jesús se presenta con el saludo de la paz (vv. 19.26). Las apariciones, pues, son un encuentro nuevo de Jesús resucitado que no podemos entender como una vuelta a esta vida. Los signos de las puertas cerradas por miedo a los judíos y cómo Jesús las atraviesa, “dan que pensar”, como dice Ricoeur, en todo un mundo de oposición entre Jesús y los suyos, entre la religión judía y la nueva religión de la vida por parte de Dios. La “verdad” del texto que se nos propone, no es una verdad objetivable, empírica o física, como muchas veces se propone en una hermenéutica apologética de la realidad de la resurrección. Vivimos en un mundo cultural distinto, y aunque la fe es la misma, la interpretación debe proponerse con más creatividad.
2. El “soplo” sobre los discípulos recuerda acciones bíblicas que nos hablan de la nueva creación, de la vida nueva, por medio del Espíritu. Se ha pensado en Gn 2,7 o en Ez 37. El espíritu del Señor Resucitado inicia un mundo nuevo, y con el envío de los discípulos a la misión se inaugura un nuevo Israel que cree en Cristo y testimonia la verdad de la resurrección. El Israel viejo, al que temen los discípulos, está fuera de donde se reúnen los discípulos (si bien éstos tienen las puertas cerradas). Será el Espíritu del resucitado el que rompa esas barreras y abra esas puertas para la misión. En Juan, “Pentecostés” es una consecuencia inmediata de la resurrección del Señor. Esto, teológicamente, es muy coherente y determinante.
3. La figura de Tomás es solamente una actitud de “anti-resurrección”; nos quiere presentar las dificultades a que nuestra fe está expuesta; es como quien quiere probar la realidad de la resurrección como si se tratara de una vuelta a esta vida. Algunos todavía la quieren entender así, pero de esa manera nunca se logrará que la fe tenga sentido. Porque la fe es un misterio, pero también es relevante que debe tener una cierta racionalidad (fides quaerens intellectum), y en una vuelta a la vida no hay verdadera y real resurrección. Tomás, uno de los Doce, debe enfrentarse con el misterio de la resurrección de Jesús desde sus seguridades humanas y desde su soledad, porque no estaba con los discípulos en aquel momento en que Jesús, después de la resurrección, se les hizo presente, para mostrarse como el Viviente. Este es un dato que no es nada secundario a la hora de poder comprender el sentido de lo que se nos quiere poner de manifiesto en esta escena: la fe, vivida desde el personalismo, está expuesta a mayores dificultades. Desde ahí no hay camino alguno para ver que Dios resucita y salva.
4. Tomás no se fía de la palabra de sus hermanos; quiere creer desde él mismo, desde sus posibilidades, desde su misma debilidad. En definitiva, se está exponiendo a un camino arduo. Pero Dios no va a fallar ahora tampoco. Jesucristo, el resucitado, va a «mostrarse» (es una forma de hablar que encierra mucha simbología; concretamente podemos hablar de la simbología del “encuentro”) como Tomás quiere, como muchos queremos que Dios se nos muestre. Pero así no se “encontrará” con el Señor. Esa no es forma de “ver” nada, ni entender nada, ni creer nada.
5. Tomás, pues, debe comenzar de nuevo: no podrá tocar con sus manos las heridas de las manos del Resucitado, de sus pies y de su costado, porque éste, no es una “imagen”, sino la realidad pura de quien tiene la vida verdadera. Y es ante esa experiencia de una vida distinta, pero verdadera, cuando Tomás se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres. Diciendo «Señor mío y Dios mío», es aceptar que la fe deja de ser puro personalismo para ser comunión que se enraíce en la confianza comunitaria, y experimentar que el Dios de Jesús es un Dios de vida y no de muerte.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Educar con Julio Verne
Educar con Verne? ¿Siguen siendo sus novelas un gran juego de aventuras en el que merece la pena entrar? El más célebre literato francés de la historia continúa haciéndonos recorrer los límites exteriores del mundo mientras nos descubre el íntimo interior de lo que significa ser humano. Y todo sin dejar de hacernos jugar en sus míticas aventuras.
¿Educar con Verne? Julio Verne sigue fascinándonos por el entusiasmo que impulsa cada corriente de sus relatos, debido al poder estético de sus visiones y por el misterio al que siguen abriéndose cada una de sus creaciones. Si se sigue leyendo a Verne, es porque siguen produciéndonos placer no solo las visiones extraordinarias en las que es capaz de hacernos participar, sino porque aborda misterios de la condición humana que son imperecederos.
Editorial PPC
ISBN 9788428838252
480 páginas
Precio 25,20 euros
















































