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22 domingo TO-A (por Fano)








22º TO-A Perder y encontrar la vida (por J-R Flecha)

Jesús pregunta a sus discípulos quién es Él para ellos. Y Pedro responde con admirable firmeza: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Con esa confesión de fe nos sentimos identificados los que, por gracia de Dios, hemos descubierto en Jesús a nuestro Señor y Salvador. Jesús es para nosotros el Mesías enviado por Dios.
Sin embargo, de sobra sabemos que nuestra percepción no siempre responde a la realidad. Entonces como ahora, muchos imaginan un Mesías poderoso y vengativo. Sobre él cuelgan sus propias expectativas y la reivindicación de sus ideales políticos. Pero el Mesías enviado por Dios pasa por la cruz.
Y de nuevo hemos de sentirnos identificados con la protesta de Pedro: “No lo permita Dios, Señor”. También a nosotros nos horroriza la visión del sacrificio y de la cruz. Vemos a Dios como una fuente de sanación. Pero rechazamos el mensaje que vincula la sanación a la conversión y a la renuncia a nuestros intereses particulares o tribales.

EL PENSAMIENTO

Pero el mensaje de Jesús no puede compararse con una póliza de seguros. Nuestra búsqueda de la comodidad y del éxito es comprensible. Pero el evangelio no se deja domesticar por nuestros deseos de seguridad. Jesús es fiel a la misión que le ha sido confiada. Y esa misión pone en riesgo su propia vida. Y la nuestra.
El evangelio que hoy se proclama (Mt 16, 21-27) nos recuerda el contraste entre nuestras ilusiones y la verdad del mensaje de Jesús. Llevado de su espontaneidad, Pedro se convierte en fuente de escándalo, es decir, en piedra de tropiezo. No es extraño que Jesús le descubra el profundo error de su protesta: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”.
No es nuestro pensamiento el que nos salva. No es nuestra razón la que nos garantiza la felicidad. Los ídolos tienen boca, pero no hablan. Pero nuestro Dios nos ha revelado el camino de la verdad y de la vida. Su última palabra se ha hecho carne en Jesucristo. Escuchándole a Él podemos prestar atención al pensamiento de Dios.
El obispo Fulton Sheen escribió que Jesús es inseparable de su cruz. Quien rechaza la cruz, terminará por perder a Jesucristo. Quien la acepta, tarde o temprano se encontrará con el Cristo que viene siempre a abrazarse con ella. Quien sólo ve a Dios como una garantía de paz o de ganancias, terminará en un ateísmo práctico.

LA VIDA

De hecho, tras la respuesta que Jesús dirige a Pedro, en el evangelio se incluye una frase que parece una reflexión sapiencial, fruto de una experiencia universal: “Si uno quiere salvar la vida la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará”. La revelación de la misión de Jesús lleva consigo la revelación de la suerte humana.
• Salvar y perder. Cuando estalla el fuego y las llamas se apoderan de la casa, es una locura tratar de salvar las cosas que uno ha ido acumulando. Por salvar sus posesiones, puede uno perder su propia vida. En los momentos de crisis es cuando descubrimos la verdad de lo que realmente vale.
• Perder y encontrar. “Andando enamorada, me hice perdidiza y fui ganada”. Así canta San Juan de la cruz la aventura del alma que no hace caso de sus cosas sino de las que tocan al Amado. Perder la propia vida en aras de la fe, nos otorga la esperanza de encontrarla, plena y renovada para siempre, en el amor de los amores.

21 domingo TO-A (por Fano)








Tú eres Pedro (por J-R Flecha)

LA OPINIÓN Y LA VERDAD

Pues bien, estas preguntas no quedan lejos del evangelio que hoy se proclama (Mt 16, 13-20). Jesús se retira con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo. El lugar parece una encrucijada, elegido a propósito por el Maestro. Allí se ha adorado con frecuencia a otros dioses. Y allí manan las frescas aguas del Jordán.
El lugar parece apropiado. La montaña y el manantial son una invitación a reflexionar sobre el sentido de la vida y las posibilidades de la realización personal. Todo se convierte en llamada y vocación. La naturaleza misma convida al peregrino a escuchar la palabra de Dios para elegir con acierto el camino de su vida. Ahí formula Jesús las preguntas fundamentales:
• “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Para responder a esta pregunta basta con prestar atención a las voces, opiniones y comentarios de las gentes. Sólo se requiere información. Y, por el momento, eso no compromete demasiado. Uno puede saber mucho sobre Jesús y no dar un paso para seguirlo.
• “Y vosotros, quién decís que soy yo?” Para responder a esta segunda pregunta es necesario bajar al fondo del propio corazón. Jesús nos pregunta qué significa Él para nosotros. Y no basta responder con datos aprendidos de memoria. Es preciso examinar la honda verdad de la propia existencia y la decisión personal de seguirlo por el camino.

LA CONFESIÓN Y LA BENDICIÓN

En el centro del relato se encuentra el breve diálogo de Jesús con Pedro. Cientos de libros se han dedicado a comentar este cruce de declaraciones:
• “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Pedro representa por un momento a todos los que hemos oído las ofertas de todos los pretendidos salvadores de este mundo. Con su confesión representa sobre todo a quienes hemos confesado que sólo Jesús es el Ungido y Enviado por Dios para salvarnos.
• “Dichoso tú, Simón, porque eso …te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo”. En los evangelios se pueden encontrar diversas bienaventuranzas o felicitaciones. Esta bendición subraya la pobreza de nuestros hallazgos humanos. Y proclama la compasión de Dios que nos ha revelado su voluntad, desvelando al mismo tiempo nuestra suerte.
• “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. El juego original de palabras indica que Pedro es esa piedra. El pescador de Galilea es la base de la comunidad. También lo serán sus sucesores. Nadie puede decir que obedece a Dios cuando ignora a aquel al que Dios ha revelado el misterio de su Hijo.
- Señor Jesús, también hoy nos diriges esas preguntas fundamentales para nuestra felicidad y nuestra fe. Que tu Espíritu ayude a los jóvenes a escucharlas y darles una respuesta viva. Y que el Padre nos revele siempre su voluntad y su amor. Amén.

Fano y 20A del Tiempo O. ¡Qué fe tan grande!








El desafío de la globalización (por J-R Flecha)

La globalización es uno de los tres grandes desafíos con que la humanidad se enfrenta en el momento actual. Los otros dos son el descubrimiento y aceptación de la verdad misma del ser-hombre y la comprensión y gestión del pluralismo y de las diferencias.
La globalización es sobre todo un fenómeno mediático. Nuestra mirada puede presenciar casi todo lo que ocurre en el mundo. De una forma más o menos filtrada, nos llegan casi todos los sonidos de la humanidad. El mundo se nos ha hecho más pequeño.
Por otra parte, los medios de producción y los productos de consumo provienen de todas las partes del mundo. Los productos de cualquier parte del planeta llegan cada día hasta nuestra mesa. Y hasta los valores éticos son compartidos por las personas de cualquier parte del planeta. Realmente vivimos en “la aldea global”.
Sin embargo, la globalización de la información y los medios, de los bienes y productos, de las ideas y de los valores suscita cada vez con más fuerza la afirmación de las diferencias entre los grupos sociales y las personas. La globalidad es percibida como un logro y como una amenaza para la libertad y del sujeto.
Junto con las noticias, los bienes y las ideas, la globalización ha acercado también a las personas y ha facilitado los movimientos de gentes y las migraciones. Se quiera o no, la pluralidad es hoy una realidad palpable, cruzada por numerosas demandas sociales.
El fenómeno de las migraciones, siempre presente a lo largo de la historia, se ha convertido hoy en un fenómeno nuevo, no tanto por los movimientos de masas como por la conciencia del valor y superioridad de la propia cultura que llevan consigo los inmigrantes. Muchos de los rasgos típicos del encuentro intercultural son bien conocidos por el recuerdo de movimientos históricos del pasado. Sin embargo, hoy se plantea con nueva fuerza la cuestión del diálogo multicultural así como las diversas alternativas que se ofrecen con motivo de ese encuentro.
Al mismo tiempo, el fenómeno de la globalización suscita en los individuos y en las comunidades la afirmación de la propia identidad. El individualismo no es una moda pasajera: constituye en muchos casos un dramático recurso de defensa de la intimidad personal.
Esa afirmación de lo propio se traduce en continuas reivindicaciones de las notas características de las identidades locales, regionales o nacionales. La libertad de decisión personal encuentra su reflejo en la proclamación de la autonomía personal y política.
Por otra parte, la pluralidad de hecho parece exigir una pluralidad de valores. Es precisamente ahí donde se plantean las cuestiones más importantes. El pluralismo resulta aceptable, y hasta rentable económicamente, cuando se limita al ámbito de los gustos, las modas o el folklore. Pero los problemas se plantean cuando se instala en el terreno ético.

Domingo 20 TO_A (por J-R Flecha)

El evangelio que hoy se proclama coloca a Jesús en el país de Tiro y Sidón, es decir en la antigua tierra de Fenicia (Mt 15, 21-28). Es un ambiente pagano. De allí procedía la reina Jezabel, que trató de implantar en Israel, el culto a Baal. Y allí envió Dios al profeta Elías para encontrarse con una mujer pobre y creyente.
El texto del evangelio nos recuerda la figura de Elías. También Jesús es un profeta y más que profeta. En él, el poder de Dios se extiende mas allá de las fronteras de su pueblo. Si él ha sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel, sus discípulos tendrán que abrirse un día a un horizonte universal.
El encuentro de Jesús con la mujer cananea parece escandalizar a algunos cristianos por la aparente crudeza del Maestro. Sin embargo, este texto no tiene desperdicio. Es un evangelio dentro del evangelio. Una especie de parábola en acción. Y un texto programático para la comunidad cristiana de todos los tiempos.

LAS MIGAJAS Y LOS PERROS

Esta mujer pagana no tiene un nombre. Sólo tiene un dolor. Y una necesidad. Su hija está enferma. Según el lenguaje de su tiempo. “tiene un demonio muy malo”. Como el niño que se encuentra Jesús al bajar del monte de la transfiguración (Mt 17, 14-21). En ambas situaciones el sufrimiento humano suscita la oración e interpela a la fe.
En el caso del “endemoniado” epiléptico” el que ora es un padre, al parecer judío. Ahora es una madre cananea que descubre la presencia del Maestro y le pide que cure a su hija enferma. En este relato sobresalen las tres frases con la que esta anónima mujer pagana se dirige a Jesús.
• “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”. Es sorprendente que una mujer pagana reconozca a Jesús como Hijo de David, titulo eminentemente judío que también invoca el ciego de Jericó (Mc 10,47).
• “Señor, socórreme”. Hay pocas oraciones tan breves como ésta, en la que una madre se identifica con su hija. En ella se cruzan dos direcciones. La súplica revela a la vez su amor maternal hacia la hija y su confianza hacia el Señor.
• “Tienes razón, Señor, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. De forma intencionada, Jesús había aludido al desprecio que los judíos profesaban a los paganos, pero esta mujer anticipa el alcance universal de la salvación.

LOS DESEOS Y LA FE

Todo el relato nos recuerda el diálogo de Abraham con su Dios (Gén 18, 22-33) y los típicos regateos del oriente. Quien desea conseguir algo importante es incansable en su insistencia. Ante los ruegos de la cananea, Jesús revela su propia compasión y el núcleo de su mensaje:“Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.
• La fe no es sólo la aceptación de una verdad abstracta. Es, sobre todo, la confianza en el poder y la bondad de Dios. En este caso, la fe se identifica con el reconocimiento de Jesús como el enviado por Dios.
• Los deseos humanos definen a la persona. En nosotros forman un ovillo casi siempre enmarañado. En el fondo de nuestro corazón hay deseos de verdad, de bondad y de belleza. Pero hay también turbios deseos que necesitan la purificación que aporta la fe.
• El cumplimiento de nuestros deseos, aunque nos traiga satisfacción, no siempre equivale a la felicidad. Felices nosotros si el Señor acoge nuestros buenos deseos y, en su bondad, les da cumplimiento.
- Señor Jesús, tú conoces nuestras verdaderas necesidades y la sinceridad de nuestra fe. Ten piedad de nosotros. Y danos un corazón atento y sensible a las necesidades de los demás. Amén.

JMJ León. Programa de Acogida 11-15 agosto







No tengas miedo (19TO) por Fano







Naturaleza y Fe (19ª TO por J-R Flecha)

Nuestra avidez está destrozando la naturaleza. La hemos considerado como un montón de objetos. Sólo eso. La hemos violado para enriquecernos con sus tesoros. La hemos convertido en un artículo de compraventa. No es extraño que, de vez en cuando, se alborote y nos recuerde su grandeza y majestad. La naturaleza es bella, pero es también temible.
Siguiendo a San Agustín, los teólogos medievales hablaron con frecuencia del libro de la naturaleza. En él podemos leer ese mensaje de Dios que se dirige a los hombres y mujeres de todas las culturas y de todas las religiones. En la creación se puede descubrir algo de la grandeza de su Creador.
Su belleza nos cautiva y nos invita a la contemplación y a la oración. El fuego, y el viento, la tierra y el agua nos acompañan con su música. Los grandes místicos han visto en la naturaleza un don de Dios y un camino para llegar a Él. Francisco de Asís alababa a Dios por esos elementos a los que él consideraba sus “hermanos”. Juan de la Cruz cantaba las mil gracias que el Señor ha derramado sobre todas las criaturas.

EL MIEDO

En el evangelio que hoy se proclama, los discípulos de Jesús se encuentran navegando en medio del mar de Galilea. Muchos de ellos son pescadores y conocen bien el lago. Pero en esta ocasión, el viento les es contrario y la barca navega con dificultad, sacudida por las olas. Es de noche y la travesía se hace fatigosa (Mt 14, 22-33).
En las páginas bíblicas, el mar es visto a veces como un símbolo del mal. En este relato evangélico, la naturaleza se nos presenta como la metáfora de la historia. De una historia que con frecuencia se muestra hostil. Antes y ahora, los discípulos de Jesús tienen que remar con fuerza para dominar las olas y mantener el rumbo.
Por otra parte, Jesús está lejos. Se ha retirado al monte para orar, a solas. Y los discípulos se sienten abandonados. A lo largo de los tiempos, los cristianos hemos caído en la tentación de sentirnos abandonados por Aquel que nos ha llamado a seguirlo. La confianza en el Maestro ha dejado lugar al miedo.

LA ORACION

La noche deja paso a la alborada. Al amanecer Jesús se acerca a los que reman con fatiga contra el viento. Sus palabras animan a los discípulos y, a la vez, los interpelan por su poca fe. El evangelio recoge también tres frases con las que ellos reflejan nuestra angustia. Son tres oraciones para todos los tiempos:
• “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Esta petición de Pedro puede sonar como un tanto petulante. El discípulo parece someter a prueba a su Maestro. Pero revela también su anhelo de acercarse al que reconoce como su Señor.
• “Señor, sálvame”. Nuestro orgullo y nuestra necedad nos pierden. Nos ponemos en una situación imposible y culpamos a Dios de los desastres que han provocado nuestras dudas. Nadie puede pretender fáciles milagros que vengan a remediar nuestra imprudencia.
• “Realmente eres Hijo de Dios”. Pedro ha pretendido distanciarse de la comunidad y se ha hundido. La comunidad permanece en la barca y rema. A ella viene Jesús. Junto a las dos súplicas de Pedro, se oye la voz de la comunidad que adora a su Señor y confiesa su fe.
- Señor Jesús, tú sabes bien que estos son momentos difíciles para tus discípulos. Las olas y el viento azotan la barca, mientras somos tentados por el miedo y por la duda. Acércate a nosotros y escucha nuestra oración suplicante y confiada. Amén.

JMJ Madrid 2011 y Benedicto XVI

En la web del Vaticano podéis encontrar un lugar específico sobre la actividad del papa y sus intervenciones. Por el momento sólo tiene cargado el mensaje para animar la participación y el programa del Santo Padre en su estancia en Madrid. Conforme vayan sucediéndose los eventos podréis tener acceso a sus homilías, encuentros, viacrucis... así como a una galería fotográfica.

Para ir al enlace pincha aquí "Vaticano JMJ Madrid 2011"

Sobre el anteproyecto-ley asistencia fin vida humana

Mi querido profesor de teología moral comparte esta breve pero intensa reflexión ante la forma y fondo del texto del Anteproyecto de ley sobre la asistencia ante el final de la vida humana:

En el texto del Anteproyecto de ley sobre la asistencia ante el final de la vida humana, es de alabar el interés por respetar las convicciones y creencias del paciente. Sin embargo, se echa de menos una cláusula que tutele por igual el respeto a las convicciones y creencias del personal médico-sanitario.
Es más, la letra de este artículo parece excluir de antemano el derecho a la objeción de conciencia por parte de estos profesionales.
En el marco de las obligaciones de las administraciones sanitarias se habla de la formación que se pretende ofrecer a los profesionales de la salud para prepararlos “en el ámbito de la prestación de cuidados paliativos” (art. 19e). Y se habla sobre la información que sobre este tema se ha de impartir a los ciudadanos (art. 19f).
Sin embargo, al lector le surgen algunas preguntas sobre el alcance ético de la formación y el tipo de información que se pretende pasar por los medios de comunicación.
En el art. 20 se habla de los comités de ética de los centros sanitarios. Uno puede preguntarse con qué criterios serán elegidos y formados los miembros de esos los comités. Por otra parte, parece que ellos serán los encargados de elaborar los modelos de las instrucciones previas o testamento vital que habrán de facilitar a los pacientes.
Pero ahí surge otra dificultad. Bien se conoce, por ejemplo, la diferencia que existe entre el testamento vital adoptado por la Conferencia Episcopal Española y los que son distribuidos por algunas asociaciones que propugnan el llamado derecho a la muerte digna.
Una cierta perplejidad, sin otros comentarios por el momento, suscitan las medidas previstas en el art. 21 con el fin de facilitar “apoyo emocional a los pacientes y a sus familias” y de fomentar “la participación del voluntariado en el acompañamiento de los pacientes en el proceso final de la vida y de sus familias”. ¿Quién ha de prestar ese apoyo emocional? Y ¿Qué tipo de participación se consentirá al voluntariado en esos momentos tan decisivos de la vida de toda persona?
El Anteproyecto de Ley sobre el final de la vida evita la palabra eutanasia, apenas mencionada una vez. Y ha evitado también toda referencia a la muerte. Se ve que en la cultura actual la muerte es un tabú más fuerte que el sexo.
El Anteproyecto parece propugnar y regular los cuidados paliativos para los enfermos que se encuentran en situación irrecuperable. Sin embargo, presenta como cuidados paliativos la sedación de los enfermos, cuya regulación deja muchos interrogantes desde el punto de vista ético.
Por otra parte, el texto es muy ambiguo con relación al tratamiento de las voluntades anticipadas, a su contenido y a su eventual interpretación por el mismo paciente y, sobre todo, en los casos en los que él no sea capaz de tomar decisiones sobre el proceso terapéutico-asistencial.
Finalmente, es preocupante el proyecto de la formación de los profesionales de la salud, así como de las personas voluntarias para asistir a los enfermos terminales.

José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

18 domingo TO ciclo A por Fano







El hambre y el pan (por J-R Flecha)

“¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta? ¿Y el salario en lo que no da hartura?”. Esas palabras podrían haber sido pronunciadas por cualquier persona sensata que recorre los puestos del mercado. En ellas se refleja el pensamiento y las actitudes que configuran eso que llamamos el sentido común.
Lo sorprendente es que en el libro del profeta Isaías (Is 55, 1-3) esas palabras se colocan en los labios de Dios. Dios llama a los hambrientos y sedientos. El texto parece reconocer que la sabiduría humana coincide con la sabiduría divina. Dios desea la realización del ser humano. Y que lo que llamamos pecado puede identificarse con la necedad de quien desprecia lo mejor de su existencia.
En el mismo texto del profeta, Dios insiste hasta cuatro veces en invitar a los hombres a acercarse a Él: Oíd, escuchad, inclinad el oído, escuchadme. El mensaje es muy claro. Lo único que alimenta de verdad al ser humano es la palabra de Dios. En ella se encuentra la razón que da la vida: “Escuchadme y viviréis”

EL DON DEL SEÑOR

En continuación con esa experiencia humana y esa palabra profética, el evangelio nos presenta el relato de la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús (Mt 14, 13-21). Lo hemos leído cientos de veces, pero siempre nos sorprende.
- En primer lugar, también en este caso se evoca la necesidad y el hambre de las gentes. El evangelio no ignora la situación de la humanidad. Tampoco la ignora el creyente. El texto insinúa que la solución no está en alejarse para comprar alimento en otros lugares. La satisfacción del hombre no está en alejarse de Jesús sino en permanecer cerca de Él.
- Es cierto que la fe no es un juego de magia. La divinidad reconoce el valor de la humanidad. Descubrir la presencia de Dios requiere un movimiento por parte del hombre. Requiere la decisión de poner a disposición de Jesús, con rapidez y generosidad, lo que la persona tiene y valora. Ese es el significado de los panes y los peces.
- Además, el relato evangélico incluye una palabra que encierra la clave de todo el mensaje. Cuando los discípulos mencionan los panes y peces de que disponen, Jesús responde y ordena: “Traédmelos”. Los recursos humanos son válidos, sin duda. Pero el evangelio sugiere que han de pasar por las manos de Jesús. En él se transfigura todo lo humano.

LA RESPONSABILIDAD HUMANA

Tampoco se puede olvidar la otra frase de Jesús que se encuentra en el relato: “Dadles vosotros de comer”. La comunidad cristiana encuentra en esas palabras una orientación para la acción individual y comunitaria. Merece la pena meditarlas cada día.
• “Dadles vosotros de comer”. A lo ancho del mundo hay una masa incontable de personas que carecen de alimento y de agua, de sanidad y de cultura. Los recursos de la tierra pertenecen a todos. No puede haber un desarrollo integral si no alcanza “a todo el hombre y a todos los hombres”, como repite Benedicto XVI.
• “Dadles vosotros de comer”. La crisis económica y financiera ha venido a revelar una profunda crisis moral. Hemos tratado de vivir por encima de nuestras posibilidades. Hemos faltado a la verdad, engañándonos unos a otros. Y hemos faltado a la justicia, acaparando los bienes destinados a todos los demás. Compartir es el signo de la fraternidad.
• “Dadles vosotros de comer”. Además, de hambre de alimentos, nuestra humanidad padece de hambre de sentido. El mandato de Jesús nos envía a transmitir las razones de nuestra fe, a dar testimonio de la esperanza que nos ha sido concedida, a vivir con sencillez y radicalidad las exigencias del amor.
- Señor Jesús, tú conoces nuestra necesidad y la de todos nuestros hermanos. Sabemos que tú eres el pan que da la vida. Queremos escuchar tu palabra y hacer creíble tu mensaje con los gestos de nuestra generosidad. Bendito seas por siempre, Señor.

Una raya en el agua



Hace unos días leí una columna interesante del periodista Ignacio Camacho sobre la prensa amarilla o del corazón o de los "famosos" bajo el título arriba expresado. Os extraigo algunas reflexiones interesantes:
"Ah, el periodismo amarillo: el chovo expiatorio de todos nuestros excesos y desproporciones. El culpable propicio que absorbe como un cordero sacrificial los remordimientos corporativos por el sectarismo, por la superficialidad, por los contubernios con el poder, por la conversión de la realidad en espectáculo. Por todo eso que a menudo subvierte las reglas del viejo negocio de las noticias y las opiniones y lo convierte en un sindicato de intereses o en un circo de trivialidades...
Nadie se atreve, sin embargo a emitir juicios de valor sobre la condición de las audiencias que sustentaban ese cúmulo de desmanes. Al público ni tocarlo; el cliente siempre tiene la razón incluso en su demanda desmedida de basura moral empaquetada de cotilleos. Pero los tabloides de la discordia tenían millones de lectores que jamás cuestionaron que los ¿periodistas? de Murdoch delinquiesen para satisfacer su voraz apetito social de truculencia malsana. Todo valía en nombre de la libertad de información, el principio sagrado cuya invocación parece justificar el atropello de la intimidad o la violación de los derechos individuales.
Hubo un tiempo, sin embargo, en que este oficio se sustentaba sobre la idea de que los periódicos son de sus lectores. Y eran éstos, con su exigencia colectiva de claridad intelectual y limpieza moral, quienes establecían las normas de conducta a las que debía atenerse una información obtenida con dignidad y presentada sin aditivos de excitación patológica. Algo falla cuando el periodismo se prostituye pro el éxito, pero también cuando el público renuncia al privilegio y la responsabilidad de escoger y se convierte en un despersonalizada masa consumidora de linchamientos y bazofia. Víctima, sí, pero también cómplice en el descontrol de esa feroz trituradora."
(periódico ABC,miércoles 20 de julio de 2011, firma:Ignacio Camacho)

17 domingo TO-ciclo A por Fano







Memoria y Sabiduría (por J-R Flecha)

En el diálogo Fedro, Platón pone en boca de Sócrates una curiosa leyenda. El que inventó los caracteres de la escritura se presentó orgulloso al rey de Tebas a darle cuenta de su invento. Pero el rey lo reprendió diciendo que al inventar la escritura había dado muerte a la memoria de los hombres.
En estos años pasados, se decía que la famosa frase de Descartes “Pienso, luego existo”, parecía haber sido sustituida por esta otra: ”Fotocopio, luego existo”. En este momento habría que modificar todavía estos aforismos y afirmar con aplomo y arrogancia: “Lo bajo de internet, luego lo sé”.
Salomón le pidió a Dios el don de la sabiduría (1 Re 3, 5.7-12). La prefería a todas las riquezas de este mundo. Pero la sabiduría no equivalía a erudición ni a un fácil truco para tener a mano algunas fórmulas en el momento de un examen. La sabiduría era el arte de saber conducirse en la vida por el camino recto. La sabiduría equivalía a la justicia.

LA JERARQUÍA DE VALORES

También el evangelio que hoy se proclama (Mt 13, 44-52) contiene una sencilla y hermosa lección sobre la verdadera sabiduría. Jesús la expresa bajo la forma de tres parábolas inspiradas en la vida ordinaria de las gentes de su alrededor: agricultores de Galilea, mercaderes de Cafarnaúm y pescadores del lago de Genesaret.
• Un hombre encuentra un tesoro en el campo y lo esconde de nuevo. Vende todo lo que tiene y, lleno de alegría, se apresura a comprar aquel campo.
• Un comerciante en perlas finas, encuentra una de gran valor. También éste vende todo lo que tiene y la compra.
• Unos pescadores arrojan la red en el mar y recogen toda clase de peces. Llegados a la costa se sientan y hacen la selección entre los buenos y los malos peces.
Las tres parábolas coinciden en una enseñanza. Es preciso estar preparados para hacer las opciones justas en la vida. En eso consiste la verdadera sabiduría. Hay que establecer una jerarquía de bienes y de valores. Y aprender a prescindir de lo que vale menos para conseguir lo que vale más. Aunque parezca costosa, esa decisión comporta una gran alegría.

LAS VERDADERAS OPCIONES

“El reino de los cielos se parece…” El mensaje de las parábolas quedaría incompleto si se olvidara esa breve introducción que las encabeza. Jesús no es un moralista. Es un profeta. No vende fáciles recetas para aumentar la autoestima personal. Revela el rostro, la presencia y las expectativas de Dios con relación a la humanidad. Es decir, el Reino de Dios.
• “El reino de los cielos se parece a un tesoro”. El Reino de Dios está escondido a los ojos de muchos. Pero existe y es real. Sale a nuestro encuentro cuando menos lo sospechamos. Y exige de nosotros la disponibilidad para entregar todo lo que hacemos y tenemos. La parábola nos sugiere la valía de la fe.
• “El reino de los cielos se parece a un comerciante”. El Reino de Dios puede estar expuesto a la luz pública. Pero sólo quien anda buscándolo, lo encuentra. Hace falta tener sed para encontrar la fuente que mana y corre. Hace falta la capacidad para conocer el valor que encontramos para arriesgarlo todo. La parábola nos habla de la aventura de la esperanza.
• “El reino de los cielos se parece a la red”. El Reino de Dios es inabarcable como el mar. Requiere de nosotros arrojo y valentía, pero también la preparación y los instrumentos necesarios para captar su riqueza. Y el discernimiento necesario para apreciar el valor de las opciones. La parábola nos da la clave de la sabiduría que, sin duda, es el amor.

Reflexión 17 domingo TO-ciclo A

Crecer de la buena semilla (por Fano)



Evangelio 16ºTO (por J-R Flecha)

Creíamos que habían pasado ya los tiempos de la intolerancia, pero no. Los que presumen de tolerantes sólo aceptan a los de su partido político, a los que profesan su misma ideología o aplauden a su mismo equipo deportivo. Innumerables “graffiti” nos indican desde todos los muros a quién hay que odiar y a quién hay que matar. ¡Eso dicen!
En la liturgia católica se lee en este domingo un texto del libro de la Sabiduría (Sap 12, 13.16-19). El autor conocía bien tanto la tradición hebrea como la cultura griega. En medio de una sociedad politeísta, él reconocía un solo Dios. Y a él se dirige confiado: “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia”.
Su oración es una verdadera confesión de fe. Pero incluye también un código de conducta moral al afirmar: “Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus siervos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento”. En realidad, sólo quien se sabe pecador es capaz de perdonar.
Moderación, indulgencia, humanidad y esperanza. Cuatro virtudes que resumen el espíritu cristiano de la tolerancia. Si alguna vez los creyentes no han sido “tolerantes” es que no han actuado con fidelidad a su fe, o que se han visto obligados a ejercer el derecho a la legítima defensa de sus vidas y las de sus seres queridos.

PACIENCIA Y ESPERANZA

En la misma línea se sitúa el evangelio de hoy (Mt 13, 24-43). La parábola del trigo y la cizaña es bien conocida. Pero es también muy olvidada en la práctica. En las primeras comunidades había hermanos de distinta proveniencia: unos judíos y otros griegos. También había hermanos que vivían con seriedad los ideales cristianos y otros que trataban de acomodarlos a sus gustos y caprichos. Como ahora.
En ese ambiente, siempre debió de haber algunos que soñaban con una comunidad perfecta y trataban de expulsar a los relajados. Los buenos no podían tolerar a los malos. En esa situación, la parábola de la cizaña era una sencilla lección sobre la paciencia. Y ya se sabe que la paciencia es la esperanza vivida en la cotidianidad.
Ante el deseo de arrancar la cizaña y el peligro de arrancar con ella el trigo, el dueño de los campos aconseja dejarlos crecer juntos. Al tiempo de la cosecha se podrá separar el uno de la otra. Así pues, la tentación consiste precisamente en adelantarse a la cosecha, es decir en atribuirse el papel del último juez de la historia.
Para el cristiano, la tolerancia no significa ignorar la diferencia entre el bien y el mal. Cuando se dice que “todo vale” es que “nada vale”. Para el cristiano la tolerancia se identifica con la paciente esperanza. Y con la humildad de quien ha renunciado a creerse el juez definitivo de la historia.

SIETE ELEMENTOS

En el texto evangélico, los discípulos piden a Jesús que les explique la parábola. De nuevo nos encontramos con una alegoría: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo y los segadores son los ángeles”.
• Siete son los elementos que se identifican. Este número perfecto nos sitúa en la consumación del tiempo y de la historia. Tras las intervenciones humanas, con frecuencia dictadas por el principio del mal, llega la hora de la verdad y del bien. El relato nos dice que el bien y el mal coexisten y conviven en la historia. Pero la promesa divina anuncia el juicio de Dios sobre la historia.
• En su encíclica “Salvados en esperanza” Benedicto XVI ha escrito que la meditación del juicio nos ayuda a ver como provisional la valoración que hacemos de las cosas. Sólo el juicio de Dios puede asegurar la justicia. Ante los atropellos que amenazan a los inocentes, “la fe en el Juicio final es ante todo y sobre todo esperanza, esa esperanza cuya necesidad se ha hecho evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos” (SS 43).

Madrid preparada para recibir al Papa



Artículo de ABC de hoy mismo (6 de julio de 2011) sobre la planificación y servicios del aeródromo de Cuatro Vientos donde se celebrará el encuentro principal de la Jornada Mundial de la Juventud.

Lluvia de vida (por Fano) 15º TO_A







Reflexión dominical 15º domingo TO (por J-R Flecha)

El texto del libro de Isaías que hoy se proclama (Is 55, 10-11) compara la palabra de Dios con la lluvia y la nieve. Bajan de los cielos y no vuelven allá sino después de empapar la tierra y fecundarla. La lluvia y la nieven recorren un camino de ida y vuelta. También la palabra de Dios: viene de él en forma de revelación divina y retorna a él en forma de plegaria y de alabanza que brota de labios humanos.
Pero entre el origen y el destino de la palabra de Dios está el camino que ésta recorre. Dios no habla en vano. Con su palabra quiere fecundar nuestras vidas, es decir nuestros pensamientos y deseos, nuestras obras y esperanzas. Sin la lluvia de su palabra todos nuestros proyectos permanecen mustios y estériles. Sólo cuando acogemos la palabra de Dios y nos dejamos guiar por ella, podemos dar frutos de vida.

PARÁBOLA Y ALEGORÍA

El evangelio de Mateo (Mt 13, 1-23) nos ofrece hoy el conocido texto del sembrador y la semilla esparcida en terrenos diferentes. En su aparente sencillez, este texto encierra muchas sorpresas. En realidad, la primera parte es una parábola que nos revela el proyecto de Dios. La segunda parte es una alegoría que exhorta a los hombres a acoger el mensaje divino.
• La parábola habla del sembrador y la semilla. El sembrador es generoso y la semilla es abundante. Es verdad que el terreno es muy variado. De todas formas, la cosecha es sorprendente. La tierra buena suple la escasez y aun la esterilidad de los caminos pisoteados, de los pedregales y los zarzales. Una parábola sobre la grandeza y riqueza del Reino de Dios. Una parábola esperanzadora para animar a los pusilánimes.
• La alegoría habla sobre todo del terruño en el que cae la semilla. La semilla es la palabra del Reino. Una palabra eficaz por sí misma. Pero su eficacia no es mágica. Está condicionada a la acogida que le presta o le niega la tierra. Si la parábola presentaba a Dios, la alegoría advierte a los creyentes, a los no creyentes y a los creyentes no practicantes. Y alude al misterio de la libertad humana, que puede hacer estéril la palabra de Dios.

OJOS Y OÍDOS

Entre la parábola y la alegoría el evangelio incluye una explicación del lenguaje parabólico empleado por Jesús. En esta ocasión nos interesa solamente recordar la bienaventuranza que se incluye en ese contexto: “Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen”.
• “Dichosos vuestros ojos porque ven”. A lo largo del evangelio aparecen ciegos que descubren el paso y el misterio de Jesús. Pero hay también personajes religiosos que se niegan a ver lo evidente de su obra. Los verdaderos discípulos de Jesús son tan sólo quienes con mirada limpia descubren en él al Salvador y al Mesías.
• “Dichosos vuestros oídos porque oyen”. En el evangelio Jesús tocó los oídos y la boca de un sordomudo, pronunciando una palabra misteriosa: “Ábrete”. Pero hay también personajes y aun discípulos que se escandalizan de sus palabras y lo abandonan. El verdadero discípulo escucha la palabra del Señor, vive de ella y la anuncia con valentía.
• A decir verdad, muchas veces nos preguntamos si la revelación contenida en esta frase no será también una exhortación. En ese caso podríamos traducirla así: “Dichosos vuestros ojos cuando acepten mirar y vuestros oídos cuando decidan escuchar”. Leída así, esta frase nos interpela a todos.

La JMJ Madrid 2011 bate récord de inscritos.



Artículo de ABC sobre el evento.

Los 10 mandamientos de las vacaciones cristianas

Primer Mandamiento: También en los meses de calor amarás al Señor tu Dios cálidamente, sobre todo las cosas, incluyéndote a ti mismo.

Segundo Mandamiento: No tomarás vanamente el nombre de Dios, quejándote de las incomodidades del termómetro en baja o en alza, o por la moda o las costumbres, siempre pasajeras.

Tercer Mandamiento: Pondrás especial cariño y cuidado en santificar las fiestas en este tiempo de trabajo menor, procurando programarte unas vacaciones con Dios, en el clima suave del amor suyo.

Cuarto Mandamiento: Aprovecharás la temporada estival para reforzar los lazos familiares, quizás más relajados o más en tensión durante el resto del año.

Quinto Mandamiento: No matarás el tiempo, sino que tu merecido descanso será más cambio de actividad que aburrimiento malsano y atrofiante.

Sexto Mandamiento: También en vacaciones, el sexto precepto del decálogo nos llamar a vivir la sexualidad y la castidad según los distintos estados de la vida y según la ley de Dios y de su Iglesia.

Séptimo Mandamiento: No robarás un verano inmerecido, ni abusarás de los dones de la naturaleza en contra de Dios, su único dueño.

Octavo Mandamiento: Cuidarás especialmente de la lengua durante las vacaciones, evitando el chismorreo, la crítica fácil y la calumnia, siempre más peligrosas que una tormenta de verano.

Noveno Mandamiento: También en vacaciones, guarda la pureza del corazón, del cuerpo, de la mente, de la imaginación, de los pensamientos y de los deseos.

Décimo Mandamiento: No desearás vacaciones desproporcionadas, pero procurarás tener lo que merecéis tú y tu familia, sin olvidar a los que este año tampoco podrán veranear.


(cf. Ecclesia Digital)

¿Cómo vivir en vacaciones?

1.- Busca tiempo para leer. Es una manera de perfeccionarte con el saber de los demás.

2.- Busca tiempo para rezar. Es el modo de entrar en contacto con Dios y expresarle tu amor.

3.- Busca tiempo para meditar. Es un ejercicio necesario para llegar a la profundidad de tu corazón.

4.- Busca tiempo para dialogar. Es la acción más noble del ser humano a través de la cual uno escucha y habla, reciba y da; y así crece y se consolida la amistad.

5.- Busca tiempo para observar a los demás. Es una atitud que te enseñará mucho y te ayudará a imitar lo positivo de los otros y a evitar sus defectos.

6.- Busca tiempo para contemplar la naturaleza. Es el arte de Dios, donde El se ha manifestado en toda su belleza.

7.- Busca tiempo para también trabajar, hacer algo, diligentemente. Es el precio que has de pagar por realizarte a ti mismo, ser útil a los demás y construir una sociedad más justa y humana.

8.- Busca tiempo para viajar. Es una actividad que enriquece en gran manera, porque entras en contacto con gentes y culturas diversas que te pueden complementar.

9.- Busca tiempo para evaluarte a ti mismo. Es un momento propicio para hacer balance, de decidir con energía lo bueno que debes potenciar y lo malo que debes corregir.

10.- Busca tiempo para amar. Es la esencia de la vida, que brinda al ser humano sentido y felicidad.

El Corpus y su protocolo



Un artículo con algunos datos interesantes y que nos adentra en cómo se vive el Corpus más antiguo de España en la ciudad de Toledo.

Las lecturas del Corpus

Del maná del desierto al pan entregado para todos. Un recorrido por la Palabra de Dios que nos une al Señor Eucaristía. Si quieres adentrarte sólo tienes que decir SÍ

Corpus con Fano









Pensar con la Trinidad (con J-R Flecha)

TRES VALORES

En esta fiesta de la Trinidad de Dios se recuerdan y proclaman unas palabras que el evangelio de Juan pone en labios de Jesús cuando habla con Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único, para que no perezca ninguno de los que creen en el, sino que tengan vida eterna” (Jn 3, 16). Tres valores se anuncian en el texto.
• El valor del amor. Es un don gratuito e inmerecido que Dios ofrece al mundo, es decir a la entera familia humana. Dios no nos ha amado por ser nobles o buenos. Podemos llegar a serlo precisamente porque Él nos ha amado previamente.
• El valor de la fe. Es nuestra respuesta agradecida a ese diálogo por el que Dios nos ofrece su amor. Creer no es sólo afirmar unas verdades. Creer es aceptar a Jesús como Señor y Salvador que ha entregado su vida por nosotros.
• El valor de la vida. Es este el resultado de ese diálogo de amor y de fe. La vida verdadera, la vida definitiva no es fruto del esfuerzo humano. Es la donación del Dios viviente que nos incorpora a su propia vida.
Tres valores que nos definen como cristianos, tres valores que orientan nuestra peregrinación por el mundo y tres valores que estamos dispuestos a testimoniar cada día.

PERSONA Y COMUNIDAD

En la segunda lectura de hoy se recoge una bendición que san Pablo escribe a los Corintios: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros”.
• El amor del Padre que eligió, liberó y perdonó a Israel ha sido derramado sobre nosotros como prenda de elección, liberación y perdón.
• La gracia y la verdad nos han sido dadas por Jesucristo, que nos ha llamado amigos y nos ha invitado a seguirle por el camino.
• La comunión del Espíritu nos libera de la dispersión y del egoísmo narcisista para reunirnos en una comunidad de vida y de esperanzas compartidas.
En esta fiesta de la Trinidad Santa de Dios meditamos esta bendición. Agradecemos la revelación de Dios. Y tratamos de anunciar la dignidad de cada persona y el gozo de participar de la fraternidad comunitaria.

Fiesta de la Trinidad

Ver un cuadro: Trinidad de El Greco

La Trinidad es un cuadro pintado por El Greco (Domenikos Theotokopoulos, 1541-1614). Este óleo sobre tela mide 300 centímetros de alto y 179 cm de ancho, y fue ejecutado entre 1577 y 1580, siendo uno de los nueve lienzos que realizó para el monasterio de Santo Domingo de Silos (el Antiguo), en Toledo. Actualmente se encuentra en el Museo del Prado de Madrid, España.

Se representa la escena en la que Dios Padre sostiene el cuerpo de su hijo Jesucristo muerto. Sobre ellos el Espíritu Santo representado en forma de paloma. Alrededor de estas tres personas de la Trinidad, aparecen ángeles en diversas posturas, algunos de ellos con expresiones dramáticas en los rostros.

La influencia más marcada en esta obra procede de Miguel Ángel en el modelado de la anatomía de las figuras amplias y escultóricas; aunque el cromatismo nos recuerda también a Tintoretto.


En el cromatismo predominan los tonos fríos (malva, naranja, azul y verde), con aislados toques cálidos que aportan vitalidad a la escena.


El canon de belleza clásico, donde la cabeza es la séptima parte del cuerpo, es aumentado por el cretense, siendo sus figuras muy alargadas. Aquí lo apreciamos en el enorme cuerpo de Cristo y en el ángel, que está de espaldas introduciéndonos en la escena, un recurso muy manierista. El eje de simetría en el que siempre se colocan los tres miembros de la Trinidad está roto al salirse de él la cabeza de Dios Padre, de modo que la composición se organiza a través de líneas zigzagueantes que se continúan en las piernas de Jesús.

Trinidad y II concilio Constantinopla (año 553)

Durante muchos siglos la Iglesia ha aprobado diversas aclaraciones sobre la teología cristiana en los concilios. La Trinidad ya afirmada como Padre, Hijo y Espíritu Santo frente a herejías que no aceptaban como tal, encuentra una DEFINICIÓN en forma de anatema en el II concilio de Constantinopla del año 553. El anatema o formulación que rechaza lo contrario de lo que el canon recoge de dicho concilio queda explicitado de la siguiente forma:



Can. 1. Si alguno no confiesa una sola naturaleza o sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y una sola virtud y potestad, Trinidad consustancial, una sola divinidad, adorada en tres hipóstasis o personas; ese tal sea anatema. Porque uno solo es Dios y Padre, de quien todo; y un solo Señor Jesucristo, por quien todo; y un solo Espíritu Santo, en quien todo.

Benedicto XVI y los profesores de religión católica

Gracias al trabajo de dos blogs amigos (profesoradodereligion y profedereli) os enlazo para vuestra reflexión como docentes especialistas en religión Católica el discurso (IR) que el papa Benedicto XVI dirigió a profesores de religión el 25 de abril de 2009. Aquí ofrezco un aperitivo sabroso:



"...gracias a la enseñanza de la religión católica, la escuela y la sociedad se enriquecen con verdaderos laboratorios de cultura y de humanidad, en los cuales, descifrando la aportación significativa del cristianismo, se capacita a la persona para descubrir el bien y para crecer en la responsabilidad; para buscar el intercambio, afinar el sentido crítico y aprovechar los dones del pasado a fin de comprender mejor el presente y proyectarse conscientemente hacia el futuro."

De vuelta a lo Ordinario

Este año se necesitará más fuerza para no sucumbir en la larga etapa, con la que da comienzo el “Tiempo Ordinario”, al carecer no sólo del alivio externo de las luces de colores y del clima festivo, sino de trabajo estable, economía suficiente, convivencia pacífica, estabilidad familia, posible quiebra de la salud...

Sin embargo, éste es tiempo propicio para constatar la hondura de los cimientos de la casa, y la profundidad de las raíces del árbol de la propia existencia. Es el tiempo de descubrir si hemos cimentado sobre roca o sobre arena, y si estamos junto a la corriente del manantial, o en secano.

...es el momento de descubrir la estabilidad emocional, la madurez personal, la fortaleza de espíritu, que provienen de la dimensión trascendente que concede la fe.

No es momento de moralismo, ni de dar consejos desde la mesa de escribir a quienes viven en la intemperie de sí mismos. Pero es de amigos compartir la experiencia que pueda ayudar, ofrecer la palabra sincera, el gesto solidario, dar la seguridad del recuerdo afectivo.

Estamos en el momento propicio de hacernos encontradizos con quienes puedan necesitar una presencia compasiva. Es la ocasión de orar con más fuerza por la unión y comunión de los cristianos. Es tiempo responsable para acrisolar la fidelidad doméstica, la ayuda mutua, y de saber lo que influye el estímulo amigo.

Que no sea por ti por quien el otro decaiga en su esperanza, o merme su ilusión en la entrega o caiga en la desgana y apatía.

Tiempo Ordinario, tiempo de comenzar la tarea, de renovar el proyecto, como quienes saben que el bien hacer tiene efectos difusivos de estabilidad y de esperanza.Ya no se llaman tiempos fuertes el Adviento, la Cuaresma y la Pascua, en comparación con el Tiempo Ordinario, como si éste fuera tiempo menor, cuando es el más largo.

Feliz y próspero Tiempo Ordinario

(Extracto del artículo de Ángel de Buenafuente publicado en la web periodista digital el pasado enero)

El significado de Pentecostés

El Espíritu, esa fuerza que tira de ti hacia Dios



Espíritu de la verdad y del Amor (por J-R Flecha)

“Cuando estábamos con Él no nos hacía falta fe para creer lo que veíamos. Cuando estuvimos sin Él, la fe se nos escapó como un agua entre los dedos. Pero la Paloma-Halcón tiró de nuestras almas desenvainándolas, y por primera vez nos dimos cuenta de que éramos hombres”.


En los versos apasionados y rotundos de José Luis Martín Descalzo los apóstoles van expresando a borbotones la radical mudanza que en ellos operó el Espíritu de Dios. Antes pensaban, después hacían. Antes imaginaban a Dios como un arrullo de ternura. Después comprendieron que Dios era el arrebato del vértigo.

Hoscos y angulosos, bien plantados están en tierra los apóstoles que colocara Subirachs en la fachada de la basílica de la Virgen del Camino, en León. Sólo María, elevada un tanto sobre ellos, pone serenidad en aquel grupo prendido en la sorpresa. Pero sobre todos ellos flota el fuego. Y a todos ilumina la paloma que forma estrella con las manos de María.


Es Pentecostés. Es el fin de la nostalgia y el alborear de la esperanza. Es el olvido del temor y el amanecer de la osadía. Es Pentecostés. Es la libertad de los pensamientos de la carne y el vuelo de los sueños del espíritu. Es Pentecostés. El cierre de una época de esclavos y el alba de la nueva libertad. Es el nacimiento de la Iglesia.

No hay palabras precisas para contar lo que pasó. La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama (Hech, 2, 1-11) parece dudar en la elección de los signos para expresar aquel arrebato. Un ruido “como” de viento recio. Unas lenguas “como” llamaradas. ¿Quién podrá describir el paso del Espíritu de Dios?

Las imágenes que reflejan aquel Pentecostés evocan dos de los elementos cósmicos: el viento y el fuego. Violentos y temidos, ellos nos arrebatan y nos transforman, nos empujan y nos encienden, nos acarician y nos hieren, nos crean y nos destruyen. ¿Quién pensó alguna vez que lo divino podía adormilarnos?


Desconcertados y sorprendidos. Esas son las palabras que se emplean en el texto. Con ellas se retrata a los testigos que de todas las tierras han llegado a Jerusalén. Hablan los galileos, llenos del Espíritu, y los peregrinos los oyen hablar cada uno en su propio idioma. ¿Quién dijo jamás que la fe separaba los pueblos y las culturas?


Cuando los hombres tratan de auparse como si fueran dioses, la algarabía se hace incomprensible. Sólo cuando prestan atención al paso del Espíritu pueden aprender el lenguaje del amor. Babel es el desconcierto. Pentecostés es la armonía recobrada. ¿Quién dijo que proclamar las maravillas de Dios podía enfrentar a los humanos?

LA NUEVA CREACIÓN

El evangelio de esta fiesta nos lleva al día primero, en que el Señor rompió las ataduras de la muerte. Es el anochecer y el miedo encierra a los discípulos que hace dos días lo abandonaron y huyeron. Pero de pronto aparece el Señor y su aliento y su mensaje serán para siempre inolvidables:
• “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Pentecostés es ya la fiesta del envío. La palabra del Señor se abre a horizontes de universalidad. No puede quedar encerrada por el miedo ni por el orgullo de una secta.
• “Recibid el Espíritu Santo”. Pentecostés es la fiesta de la nueva creación, puesto que ya en la primera, el espíritu se cernía sobre las aguas primordiales. Es la fiesta de la nueva creación, que nos hace hermanos del nuevo Adán, modelo definitivo del hombre y de lo humano.
• “Perdonad y retened pecados”. Pentecostés es la fiesta que revela la misericordia compasiva de Dios. La fiesta que muestra la mediación de la Iglesia en el perdón de los pecados. La fiesta que recuerda que la libertad puede cerrarse al don del perdón y de la gracia.

Pensar Pentecostés

Frutos del Espíritu Santo



Esta bonita estampa la he encontrado en "espiritusantovencarluimar.blogspot.com" en donde hay más artículos del Espíritu.