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Cuadernillo Cuaresma 2017 Ciclo A

Este año el cuadernillo viene guiado por la acción semanal (extra en la coincidencia de las solemnidades de S. José y de la Anunciación en una misma semana). La palabra, sea nombre o verbo, es una guía para escribir el compromiso de ese periodo y que se completa en la zona sombreada. Así se irá recorriendo con actitudes lo más concretas posibles el camino cuaresmal hacia la Pascua.


Conversación con Dios (Padrenuestro)

HOMBRE: "Padre Nuestro que estás en los cielos..."
DIOS: Sí.. Aquí estoy…
HOMBRE: Por favor... no me interrumpa. ¡Estoy rezando!
DIOS: ¡Pero tú me llamaste!..
HOMBRE: ¿Llamé? No llamé a nadie. Estoy rezando.... "Padre Nuestro que estás en los cielos..."
DIOS: ¡¡¡Ah!!! Eres tú nuevamente.
HOMBRE: ¿Cómo?
DIOS: ¡Me llamaste! Tú dijiste: "Padre Nuestro que estás en los Cielos." Estoy aquí. ¿En qué te puedo ayudar?
HOMBRE: Pero no quise decir eso. Estoy rezando. Rezo el Padrenuestro todos los días, me siento bien rezando así. Es como cumplir con un deber. Y no me siento bien hasta cumplirlo.
DIOS: Pero ¿cómo puedes decir Padre Nuestro sin pensar que todos son tus Hermanos? ¿Cómo puedes decir que estás en los cielos, si no sabes que el cielo es paz, que el cielo es amor a todos...?
HOMBRE: Es que realmente no había pensado en eso.
DIOS: Pero... prosigue tu oración.
HOMBRE: "Santificado sea tu nombre..."
DIOS: ¡Espera ahí! ¿Qué quieres decir con eso?
HOMBRE: Quiero decir... quiero decir... lo que significa. ¿Cómo lo voy a saber? Es parte de la oración. ¡Sólo eso!
DIOS: Santificado significa digno de respeto, santo, sagrado.
HOMBRE: Ahora entendí. Pero nunca había pensado en el sentido de la palabra SANTIFICADO. "Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo..."
DIOS: ¿Estás hablando en serio?
HOMBRE: Claro.... ¿Por qué no?
DIOS: ¿Y qué haces tú para que eso suceda?
HOMBRE: ¿Cómo qué hago? ¡Nada! Es que es parte de la oración, hablando de eso... sería bueno que el Señor tuviera un control de todo lo que acontece en el cielo y en la tierra también.
DIOS: ¿Tengo control sobre ti?
HOMBRE: Bueno... ¡Yo voy a la Iglesia!
DIOS: ¡No fue eso lo que te pregunté! ¿Qué tal el modo en que tratas a tus hermanos, la forma en que gastas tu dinero, el mucho tiempo que das a la televisión, las propagandas por las que corres detrás, y el poco tiempo que me dedicas a Mí?
HOMBRE: Por favor, ¡para de criticar!
DIOS: Disculpa. Pensé que estabas pidiendo que se hiciese mi voluntad. Si eso fuera a acontecer.. ¿Qué hacer con aquellos que rezan y aceptan mi voluntad, el frío, el calor, la lluvia, la naturaleza, la comunidad....
HOMBRE: Es cierto, tienes razón. Nunca acepto tu voluntad, pues reclamo por todo. Si mandas lluvia, pido sol.. si mandas sol, me quejo del calor... si mandas frío, continúo reclamando; pido salud, pero no cuido de ella, dejo de alimentarme o como mucho.
DIOS: Excelente que reconozcas todo eso. Vamos a trabajar juntos tú y yo. Vamos a tener victorias y derrotas. Me está gustando mucho tu nueva actitud.
HOMBRE: Oye, Señor, preciso terminar ahora, esta oración está demorando mucho más de lo acostumbrado. Continúo..."el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy"...
DIOS: ¡Para ahí! ¿Me estas pidiendo pan material? No sólo de pan vive el hombre sino también de Mi Palabra. Cuando Me pidas el pan, acuérdate de aquéllos que no lo tienen. ¡Puedes pedirme lo que quieras, deja que me vea como un Padre amoroso! Estoy interesado en la última parte de tu oración, continúa...
HOMBRE: "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."
DIOS: ¿Y tu hermano despreciado?
HOMBRE: ¿Ves? Oye, Señor, él me criticó muchas veces y no era verdad lo que decía. Ahora no consigo perdonarlo. Necesito vengarme.
DIOS: Pero... ¿Y tu oración? ¿Qué quieres decir con tu oración? Tú me llamaste y estoy aquí, quiero que salgas de aquí transformado, me gusta que seas honesto. ¡Pero no es bueno cargar con el peso de la ira dentro de ti! ¿Entiendes?
HOMBRE: Entiendo que me sentiría mejor si me vengara.
DIOS: ¡No! Te vas a sentir peor. La venganza no es buena como parece. Piensa en la tristeza que me causarías, piensa en tu tristeza ahora. Yo puedo cambiar todo para ti. Basta que tú lo quieras.
HOMBRE: ¿Puedes? ¿Pero cómo?
DIOS: Perdona a tu hermano, y Yo te perdonaré a ti y te aliviaré.
HOMBRE: Pero, Señor... no puedo perdonarlo.
DIOS: ¡Entonces no me pidas perdón tampoco!
HOMBRE: ¡Estás acertado! Pero sólo quería vengarme, quiero la paz, Señor. Está bien, está bien: perdono a todos, pero ayúdame, Señor! Muéstrame el camino a seguir.
DIOS: Esto que pides es maravilloso, estoy muy feliz contigo. Y tú... ¿Cómo te estas sintiendo?
HOMBRE: ¡Bien, muy bien! A decir verdad, nunca me había sentido así. Es muy bueno hablar con Dios.
DIOS: Ahora terminemos la oración... prosigue...
HOMBRE: "No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal..."
DIOS: Excelente, voy a hacer justamente eso, pero no te pongas en situaciones en las cuales puedas ser tentado.
HOMBRE: Y ahora... ¿Qué quieres decir con eso?
DIOS: Deja de andar en compañía de personas que te llevan a participar de cosas sucias, secretas. Abandona la maldad, el odio. Todo eso te lleva al camino errado. No uses todo eso como salida de emergencia.
HOMBRE: ¡No te entiendo!
DIOS: ¡Claro que entiendes! Has hecho conmigo eso varias veces. Vas por el camino equivocado y luego corres a pedirme socorro.
HOMBRE: Tengo mucha vergüenza, perdóname, Señor.
DIOS: ¡Claro que te perdono! Siempre perdono a quien está dispuesto a perdonar también. Pero cuando me vuelvas a llamar, acuérdate de nuestra conversación, medita cada palabra que dices. Termina tu oración.
HOMBRE: ¿Terminar? Ah, sí, "¡AMEN!"
DIOS: ¿Y qué quiere decir "Amén"?
HOMBRE: No lo sé. Es el final de la oración.
DIOS: Debes decir AMEN cuando aceptas todo lo que quiero, cuando concuerdas con mi voluntad, cuando sigues mis mandamientos, porque AMÉN quiere decir ASÍ SEA, estoy de acuerdo con todo lo que oré.
HOMBRE: Señor, gracias por enseñarme esta oración, y ahora gracias también por hacérmela entender.
DIOS: Yo amo a todos mis hijos, pero amo más a aquéllos que quieren salir del error, a aquéllos que quieren ser libres del pecado. ¡Te bendigo, y permanece en mi paz!
HOMBRE: ¡Gracias, Señor! ¡Estoy muy feliz de saber que eres mi amigo!
Autor desconocido 

Sed perfectos como el Padre Mt 5,38-48 (TOA7-17)

“No odiarás de corazón a tu hermano…No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo”.  Estas normas forman parte de  una amplia lista de prescripciones morales y cultuales. El libro del Levítico les otorga la máxima autoridad al presentarlas como un mensaje de Dios a Moisés (Lev 19,17-18).
Así pues, el texto contiene dos prohibiciones y una exhortación. Ya son importantes esas limitaciones al odio y a la venganza. Con ellas podrían funcionar bastante bien una familia y una aldea, una ciudad y un país. ¿Y por qué no la comunidad internacional?
Pero el mensaje divino va más allá. Dios pide a los miembros de su pueblo que amen a los demás como a sí mismos. Eso significa que hay que aprender a amarse a sí mismo. Y hay que ver al otro como una proyección de uno mismo. No es fácil. Pero habrá que tratar de ensayar ambas propuestas.  
 El salmo 102 sugiere un buen motivo para actuar de esa forma. El Señor es compasivo y misericordioso. Y eso basta. Tratar de imitar el modo de ser de Dios no debería sonar como un peso o una carga, sino como el más grande de los honores.

DEL ODIO AL AMOR
El evangelio que hoy se proclama forma parte del Sermón de la Montaña (Mt 5, 38-48). Poco antes, Jesús nos revela el sentido positivo de tres preceptos aparentemente negativos: No matar, no adulterar y no jurar. Hoy se añaden otros dos preceptos.
• “Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo diente por diente”. Esa famosa norma del talión no era un permiso para la venganza. Era una restricción de la venganza salvaje que reivindicaba Lamec, descendiente de Caín. Pero Jesús aconseja romper la espiral de violencia y ser generoso en el servicio a los demás.
• “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. El amor estaba ya prescrito en el libro del Levítico. Aborrecer al enemigo era la regla y el estilo de algunas comunidades tan fanáticas como radicales. Pero Jesús aconseja terminar con los enemigos por el sencillo expediente de amarlos. 

NI PECADORES NI PAGANOS
¿Qué razones pueden movernos a pasar de la indiferencia a la cercanía y del odio al amor? No podemos darnos por satisfechos con un premio terreno por nuestro buen comportamiento. Jesús enuncia dos motivos importantes.
•  Es preciso superar los criterios y las actitudes de los paganos, y los pecadores. Estos aman a los que comparten su suerte y sus ideales. Pero el seguidor de Jesús ha de tratar de superar ese nivel de comportamiento. Ha de amar aun a los enemigos.

• Es preciso ir más allá de lo socialmente admitido, de lo políticamente correcto. Hay que aprender a remar contra corriente. Y eso no para esperar un premio terreno. Sino porque así es como se comporta Dios. ¿Hay algún motivo más alto?

La verdadera justicia Mt 5,20-22.27.28.33-37 (TOA6-17)

“Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad”.  Así comienza el texto del libro del Eclesiástico que hoy se proclama en la primera lectura de la misa (Eclo 15,16). Esas palabras fueron escritas para ser leídas en una comunidad judía que estaba en contacto con la cultura griega o helenista.
En aquella cultura aparentemente tan libre las gentes se consideraban dirigidas por el destino. Así que era necesario recordar el valor de la voluntad y de la libertad humana. El texto continúa de forma más concreta: “Ante ti están puestos fuego y agua, echa mano a lo que quieras. Delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja”.
Con razón el papa Juan Pablo II subrayó estas palabras en su encíclica “El esplendor de la verdad”. En nuestra sociedad se insiste tanto en los condicionantes de la persona que se niega su libertad y su responsabilidad. Siempre que la persona no sea la víctima de la irresponsabilidad de los demás. Porque entonces, claro que se supone la libertad del que falló.

MANDATOS Y VALORES
Para el mensaje bíblico, lo que importa es ajustar nuestra voluntad a la voluntad del Señor, como canta el salmo 118. Eso nos hará realmente libres. Y esa convicción no ha sido negada por Jesús.
Al contrario. Jesús no vino a abolir los mandamientos de la Ley, sino a ayudarnos a descubrir su sentido más profundo (Mt 5,17-37). El evangelio de este domingo ofrece tres ejemplos, en los que los mandatos desvelan la importancia de los valores humanos:
• No basta con “no matar”. Hay que descubrir el valor de la vida. Es preciso respetar la vida de los demás, pero también su honor. Eso nos exige estar dispuestos a perdonar al hermano y a fomentar la fraternidad.
• No basta con “no cometer adulterio”. Hay que fomentar el valor de la fidelidad, Para eso hemos de vivir unas relaciones interpersonales que reflejen la limpieza del corazón y promuevan el respeto mutuo.
• No basta con “no jurar en falso”. Hay que amar el valor de la verdad. Y vivir de forma tan coherente y diáfana que baste con decir “sí” y “no” para ser creídos por los demás y para promover una cultura que admita la seriedad de la palabra dada.

IMPORTANCIA Y GRANDEZA
Este texto se sitúa en el marco del Sermón de la Montaña, que se abre con las bienaventuranzas de Jesús. Aquellos ideales de vida no se oponen a estos valores éticos. Al contrario. Ambas proclamas indican el verdadero camino de la felicidad.
•  “El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos”. La importancia verdadera no la dan el tener, el poder, el placer o la impostura. Conviene no equivocarse. 

• “Quien cumpla estos preceptos y los enseñe será grande en el reino de los cielos”. La verdadera grandeza se consigue por el aprecio y la promoción de esos grandes valores humanos que son tutelados por los mandamientos. Conviene estar bien orientados.

Luz del mundo Mt 5,13-16 (TOA5-17)

“Entonces romperá tu luz como la aurora…, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.  Esas promesas, que encontramos en el texto del libro de Isaías que hoy se proclama (Is 58,7-10). Son la respuesta de Dios a todos los que se lamentan de haber ayunado sin ser escuchados por el Señor.
El oráculo dice que el ayuno verdadero consiste en partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrar el corazón a los que son nuestros hermanos. Es decir, el auténtico ayuno no consiste tanto en no comer como en practicar las obras de misericordia.
Por eso el salmo responsorial se hace eco de aquella profecía, proclamando: “Quien es justo, clemente y compasivo, brilla como una luz en las tinieblas”.
Para nada vale nuestra autosuficiencia. Con razón escribe san Pablo que “nuestra fe no se apoya en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1Cor 2,5).

LA CIUDAD Y LA LÁMPARA
En el evangelio según san Mateo, el capítulo 5 comenzaba proclamando las bienaventuranzas de Jesús. En ellas se dice cómo es Dios y cuál es la identidad del Cristo. Pero también se expone la misión de la Iglesia y se revela la honda verdad del ser humano.  A continuación, Jesús se refiere a sus discípulos con una proclamación y dos imágenes complementarias:
• “Vosotros sois la luz del mundo”. No es un mandato. Antes de ser una obligación moral, es una revelación. Aquel que es la Luz hace que sus seguidores sean luminosos para un mundo que con frecuencia parece caminar en las tinieblas.
• “No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte”. Para favorecer la defensa, muchas ciudades antiguas se elevaban sobre una colina. Eso facilitaba también a los peregrinos encontrar el camino para guarecerse en ellas.
• “Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa”. Esta otra imagen, tan casera y familiar, invita a los discípulos a ser testigos de la luz recibida del Señor.

DON Y TAREA
De todas formas, el texto evangélico continúa con una exhortación, tan apremiante como sugerente, tan tradicional como actual:
•  “Alumbre así vuestra luz a los hombres”. Nadie recibe el don de la gracia solo para su propio beneficio. La luz que hemos recibido es un don gratuito, pero es también una tarea y una responsabilidad. Ha de llegar a todos los hombres.
• “Para que vean vuestras buenas obras”. El bien ha de ser bien hecho. Y las buenas obras no pueden quedar ocultas. No se puede hacer el bien para ser alabados, pero no es razonable ocultarlo siempre a  los ojos de los demás.

• “Para que den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”. Esa es la clave. Esa es la motivación de toda la exhortación. La difusión del bien no puede convertirse en un motivo para la gloria personal. Promover la gloria del Padre es el camino de la felicidad.

Manos Unidas 2017

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Felices Mt 5,1-12a (TOA4-17)

“Buscad al Señor, vosotros, todos los humildes de la tierra, los que ponéis en práctica sus decretos” (Sof 2,3). Así comienza el texto del profeta Sofonías que se proclama en este domingo 4º del Tiempo Ordinario.
Buscar al Señor equivale a buscar la justicia y la humildad. A esa búsqueda del ser humano responde un oráculo del Señor: “Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor” (Sof 3,12).
 Seguramente tanto la búsqueda humana como la respuesta divina resultarán extrañas y hasta escandalosas en un mundo que se cree autosuficiente. Esta es una sociedad en la que parecen triunfar los que confían en sí mismos, los que buscan un triunfo fácil y una situación de privilegio. La pobreza no puede presentarse como un ideal de vida.
Pero el salmo 145 nos asegura que Dios “hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos”. También san Pablo recuerda a los cristianos de Corinto que Dios no eligió entre ellos a los sabios y poderosos, sino a los más débiles y despreciados (1Cor 1,26-31).

EL ESCÁNDALO
Si estos textos resultan escandalosos para la mentalidad contemporánea, mucho más lo será el pregón de las bienaventuranzas con el que el evangelio de Mateo abre el llamado Sermón de la Montaña (Mt 5, 1-12)
• El anuncio de las bienaventuranzas evangélicas es provocador. No deja indiferente al cristiano de nuestro tiempo. Estas palabras nos hacen presente el proyecto de Dios sobre el ser humano. Nos revelan su voluntad amorosa sobre cada uno de nosotros.
• Las bienaventuranzas son un don de Dios para que podamos dirigir a Él nuestros pasos. Si son difíciles para quienes viven de la fe cristiana, resultarán extrañas a una sociedad que vive en la superficialidad y parece haber perdido el gusto por las cosas de Dios y del espíritu.
Pero estas palabras de Jesús no encierran solo un ideal para los cristianos. Revelan también a toda persona, creyente o no creyente, la más honda verdad del ser  humano y los valores en los que ha de basarse una sociedad que quiera ser humana y humanizadora.

LOS VALORES
La admiración de Jesús hacia los pobres, los humildes y los marginados convierte a las bienaventuranzas en el código fundamental de la ética cristiana.
• En este mensaje se nos revela lo que somos y lo que en verdad queremos ser. En él se nos muestra el camino de la felicidad. De la felicidad terrena e intrahistórica. Y, sobre todo, de la felicidad eterna que nos ha sido prometida.
• El texto de las bienaventuranzas evangélicas es una profecía. Incluye el mensaje de un anuncio y de una denuncia. Un anuncio de los valores que realmente conducen al ser humano a la felicidad y resumen los ideales de la convivencia social.

• Y una denuncia de los antivalores que ponen en peligro la armonía de la persona y la paz de toda la sociedad. Por eso, las bienaventuranzas exigen de nosotros una renuncia. Sin la renuncia personal, el anuncio no es creíble y la denuncia no es respetuosa.

S. Pedro Nolasco (29 de enero)



Galilea de los gentiles Mt 4,12-23 (TOA3-17)

“El Señor ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles”.  Esas palabras de la primera lectura de este domingo (Is 9,1-4) nos recuerdan que Dios puede siempre derramar su luz sobre una tierra considerada como un lugar pagano. No vale poner etiquetas a las gentes. Dios invita a caminar en la luz al pueblo que caminaba en tinieblas.
 Pero no nos engañemos.  Los que caminan en tinieblas no siempre son “los otros”, los de fuera, los lejanos. Hemos de reconocer que todos habitamos en una tierra de sombras. Y muchos de nosotros nos hemos habituado a vivir en las tinieblas. ¡Cómo esperamos que la luz brille en nuestra sociedad y en nuestra propia vida!
La liturgia responde a este vibrante anuncio del profeta Isaías con el estribillo del salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación”. Esa es nuestra convicción. Y nuestra esperanza.
Solo esa luz de lo alto puede lograr que no hagamos ineficaz la cruz de Cristo. Ese es el deseo de San Pablo que también hoy deseamos compartir (1 Cor 1,17).

GALILEA DE LOS GENTILES
En el evangelio que se proclama en este tercer domingo del tiempo ordinario se repite hasta cuatro veces la mención a Galilea (Mt 4,12-23). Los peregrinos que viajan a la Tierra Santa disfrutan de la dulzura de aquella tierra. Pero ya sabemos que los contemporáneos de Jesús la consideraban poblada por gentes inclinadas al paganismo.
Pues bien, precisamente a esa región en la que se había criado, retorna Jesús después de haber sido bautizado por Juan en el Jordán. El evangelio de Mateo subraya que de esa forma se cumple lo que había anunciado el profeta Isaías. Ese pueblo ve una luz grande. Todo indica que la luz que brilla en Galilea es la presencia de Jesús.
Ahora bien, Jesús se hace presente con su palabra. Una forma de hablar que resulta novedosa por su autoridad y por su cercanía. Pero esa cercanía se manifiesta sobre todo en la compasión que revelan sus acciones. “Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo”.

UNA DOBLE INVITACIÓN
El relato evangélico recoge dos de las frases que caracterizan el paso de Jesús por Galilea. Una se dirige a toda la gente y la otra a unos pocos elegidos.
• “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. Estas palabras de Jesús no son una amenaza a los paganos o a los que viven al modo de los paganos. Son una cordial invitación para que todos se incorporen activamente a la gran novedad y reciban la gracia impagable que comporta el reino de Dios.

• “Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres”. Estas palabras  de Jesús no son un mandamiento. No implican una obligación. Son otra invitación a algunos pescadores del lago de Galilea para que descubran el nuevo horizonte de su vieja profesión. Es un honor colaborar con el Maestro que difunde la luz y la verdad.

Misión universal Jn 1,29-34 (TOA2-17)

“Te hago luz de la naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Estas palabras se encuentran en el segundo de los cantos del Siervo del Señor (Is 49,6). El elegido es también el enviado.
Pero no es enviado por Dios solamente para reunir a su pueblo, sino para iluminar a todas las naciones. La suya es una misión con dimensiones de universalidad.
A esa misión se muestra dispuesto y obediente el elegido, según lo canta el salmo 39: “Aquí estoy, para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”.
También San Pablo se presenta como un llamado por Dios a ser apóstol. Y también él es consciente de que su misión se extiende a todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo (1Cor 1,1-3).

LA IGNORANCIA DEL MUNDO
De nuevo se nos presenta en el evangelio de este domingo la figura de Juan el Bautista. Al ver a Jesús que viene hacia él, exclama: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Esas palabras han sido incorporadas en la liturgia romana para invitarnos a participar en la comunión eucarística.
• No se puede olvidar que este mundo nuestro vive con frecuencia ignorando a Dios y despreciando su voluntad. Ahora bien, afirmar la presencia del pecado en el mundo no puede convertirnos en profetas de calamidades o de condenación. Creemos y sabemos que el pecado ha sido vencido  por Jesús.
• Juan Bautista nos presenta a Jesús como el Cordero del mundo. El Pastor-Cordero nos conoce y nos guía, nos alimenta y nos defiende. Y finalmente se entrega por nosotros. Como el cordero de la pascua judía, Jesucristo se entrega en expiación por el pecado del mundo. Y por nuestro pecado. Sería de necios ignorar también esa entrega. 

LA IGNORANCIA DE JUAN
Pues bien, es interesante ver como en la confesión de Juan el Bautista se contraponen la ignorancia del profeta y la revelación que lo ilumina:
• “Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar…” Juan comprende que el bautismo que él administra es tan solo su humilde contribución para que Jesús se manifieste a Israel.
• “He contemplado al Espíritu… que se posó sobre él”. La ignorancia del profeta encuentra ayuda en la contemplación del Espíritu que guía a Jesús. 
• “Yo no lo conocía, pero el que me envió me dijo…” Juan no conoce a Jesús pero se sabe elegido y enviado por Dios para presentar a Jesús ante el pueblo.

• “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.  La ignorancia ha dejado paso a la contemplación y esta exige el testimonio. Ese es también nuestro camino.