NOVIEMBRE: Biblia, Todos los Santos, Cristo REY, Fin AÑO litúrgico, inicio ADVIENTO, lecturas, arte cristiano, actividades, juegos, lecturas, imagen-viñeta para reflexionar, fichas, manualidades, cómics... ***Si bien los materiales propios del blog están protegidos, su utilización ES LIBRE (aunque en ningún caso con fines lucrativos o comerciales) siempre que se conserve el diseño integral de las fichas o de las actividades así como la autoría o autorías compartidas expresadas en las mismas.
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Un Dios que ama Mt 28,16-20 (TOB-Trinidad)
“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo, en la tierra, no hay otro” (Dt 4,39). Estas palabras que el Deuteronomio pone en los labios de Moisés parecen dirigidas a todos nosotros.
Deberíamos preguntarnos todos los días quién es nuestro Dios y cuál es la relación que nos une a él. Un amigo nos dice que ha pedido a Dios un determinado favor, pero ha dejado de creer en él porque parece que no le ha escuchado. Con eso indica qué es Dios para él.
Los dioses de la mitología griega y romana no amaban a los humanos. El texto del Deuteronomio que hoy se proclama afirma que ningún otro dios podría haber hecho por su pueblo lo que ha hecho el Dios que le habló desde el fuego. Muchos piden favores a Dios. Pero pocos se dirigen a él diciendo: “Te adoro y te amo, porque eres Dios y me amas”.
Con el salmo responsorial confesamos: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti” (Sal 33,22).
Y con san Pablo resumimos nuestra fe en la Trinidad de Dios: “Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios esos son hijos de Dios” (Rom 8,14).
TRES PALABRAS PARA LA MISIÓN
El evangelio que se proclama en esta fiesta (Mt 28,16-20) nos lleva a evocar la hora de la despedida de Jesús. El Maestro pronuncia tres palabras que orientan y sostienen nuestra misión: una revelación, un encargo y una promesa.
• En primer lugar, Jesús revela a los suyos que ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra. El diablo pretendía haber recibido el poder y la gloria de los reinos de este mundo (Lc 4,6). Pero es mentiroso desde el principio. Solo Jesús tiene el poder que salva y da la vida.
• Además, Jesús encarga a sus discípulos la continuación de su propia misión y la difusión de su mensaje en todo tiempo y en todo lugar.
• Finalmente, Jesús les promete que no los dejará solos. El había sido anunciado como el Emmanuel, o “Dios con nosotros” (Mt 1,23). Y, al final de su vida terrena les declara: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”.
MISTERIO PARA EL CORAZÓN
En la misión encomendada a los discípulos, Jesús envía a sus discípulos a bautizar a las gentes “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. En esa referencia a la Trinidad encontramos la clave distintiva de la vida cristiana y de la misión recibida de nuestro Maestro.
• Juan Pablo II manifestaba que “la Trinidad no es tanto un misterio para nuestra mente cuanto un misterio para nuestro corazón” (29.5.1983).
• Benedicto XVI nos recordó que “el amor es lo que hace de la persona humana la auténtica imagen de la Trinidad, imagen de Dios” (3.6.2012)
• Y el papa Francisco ha dicho que “El amor es esencialmente don de sí mismo, y en su realidad originaria e infinita, Dios es Padre que se da generando al Hijo, que a su vez se da al Padre, y su amor mutuo es el Espíritu Santo, vínculo de su unidad” (30.5.2021).
El bautismo sacramento del amor trinitario Mt 28,16-20 (TOB-Trinidad)
1. El evangelio del día usa la fórmula trinitaria como fórmula bautismal de salvación. Hacer discípulos y bautizar no puede quedar en un rito, en un papel, en una ceremonia de compromiso. Es el resucitado el que “manda” a los apóstoles, en esta experiencia de Galilea, a anunciar un mensaje decisivo. No sabemos cuándo y cómo nació esta fórmula trinitaria en el cristianismo primitivo. Se ha discutido mucho a todos los efectos. Pero debemos considerar que el bautismo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo significa que ser discípulos de Jesús es una llamada para entrar en el misterio amoroso de Dios.
2. Bautizarse en el nombre del Dios trino es introducirse en la totalidad de su misterio. El Señor resucitado, desde Galilea, según la tradición de Mateo (en Marcos falta un texto como éste) envía a sus discípulos a hacer hijos de Dios por todo el mundo. Podíamos preguntarnos qué sentido tienen hoy estas fórmulas de fe primigenias. Pues sencillamente lo que entonces se prometía a los que buscaban sentido a su vida. Por lo mismo, hacer discípulos no es simplemente enseñar una doctrina, sino hacer que los hombres encuentren la razón de su existencia en el Dios trinitario, el Dios cuya riqueza se expresa en el amor.
Escucha y diálogo Jn15,26-27; 16,12-15 (PAB8-Pentecostés)
“Cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua” (Hech 2,11). Para la fiesta de Pentecostés se encontraban en Jerusalén muchos peregrinos llegados de todas las partes del mundo conocido por entonces. Sin que lo esperasen, el vendaval del Espíritu vino a derramar sobre ellos una nueva vida.
La tradición de la torre de Babel indicaba que el espíritu del orgullo de las gentes confundía las lenguas. Ahora el Espíritu del amor facilitaba la comprensión entre todos. La indiferencia ante los otros cierra a las personas en su individualismo, pero el Espíritu de Dios abre las mentes y los corazones a la escucha y al diálogo.
En el salmo responsorial de la eucaristía de hoy suplicamos al Dios de la vida que envíe su Espíritu para repoblar la faz de la tierra (Sal 103).
Y escuchando a san Pablo, pedimos que los diversos ministerios inspirados por el Espíritu contribuyan de verdad al bien común de la Iglesia y de toda la humanidad (1Cor 12,3-7).
EL DON DEL DISCERNIMIENTO
El texto del evangelio (Mc 20,19-23) nos lleva hasta la casa en la que los discípulos de Jesús se habían refugiado después de la muerte de su Maestro. Es verdad que habían cerrado las puertas por miedo a los judíos. Pero de pronto el Señor se hizo presente dejándoles tres encargos inolvidables
• En primer lugar, Jesús les mostró sus manos y el costado. Así comprendieron que no se trataba de una ilusión. Las llagas de su crucifixión eran la prueba de la autenticidad de su misión y de su mensaje. Él, que había entregado su vida, se presentaba como triunfador de la muerte.
• Además, el Maestro les confiaba su misma misión. Enviaba a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él. Jesús era de condición divina, pero había caminado como un hombre. Era de condición humana, pero ahora compartía con sus discípulos una misión divina.
• Finalmente, Jesús entregaba el Espíritu Santo a los suyos y les otorgaba la autoridad para perdonar o retener los pecados. En realidad, les comunicaba el don y la responsabilidad del discernimiento sobre el bien y sobre el mal. Más que un honor, era un servicio.
TESTIGOS DE LA ALEGRÍA
El texto evangélico anota que, superado el miedo, “los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. La sencillez del relato no puede ocultar el gozo que sigue al asombro.
• Tras recibir la visita de su Maestro, los discípulos de Jesús no se presentaron ante el mundo con el rostro triste o resignado. No eran unos fracasados. Es verdad que habían dudado, pero habían recibido del Resucitado el motivo para la verdadera alegría.
• Pasados los siglos, la Iglesia no quiere ignorar a los que sufren. Nunca podrá ofrecer fáciles soluciones a todos los problemas. Pero está dispuesta a compartir los signos de la esperanza, como afirma el papa Francisco en la bula de anuncio del Año Jubilar.
• Con nuestra presencia en el mundo y con nuestra alegría, los cristianos de hoy estamos dispuestos a dar testimonio de la vida y de la verdad de nuestro Señor y Redentor.
El Espíritu de la verdad Jn15,26-27; 16,12-15 (PAB8-Pentecostés)
1. El evangelio de este domingo está entresacado de Juan 15 y 16, capítulos de densa y expresiva teología joánica, que se ha puesto en boca de Jesús en el momento de la despedida de la última cena con sus discípulos. Habla del Espíritu que les ha prometido como «el Defensor» y el que les llevará a la experiencia de la verdad. Cuando se habla así, no se quiere proponer una verdad metafísica, sino la verdad de la vida. Sin duda que quiere decir que se trata de la verdad de Dios y de la verdad de los hombres. El concepto verdad en la Biblia es algo dinámico, algo que está en el corazón de Jesús y de los discípulos y, consiguientemente, en el corazón de Dios. El corazón es la sede de todos los sentimientos. Por lo mismo, si el Espíritu nos llevará a la verdad plena, total, germinal, se nos ofrece la posibilidad de entrar en el misterio del Dios de la salvación, de entrar en su corazón y en sus sentimientos. Por ello, sin el Espíritu, pues, no encontraremos al Dios vivo de verdad.
2. El Espíritu es el “defensor” también del Hijo. Todo lo que él, según San Juan, nos ha revelado de Dios, del padre vendrá confirmado por el Espíritu. Efectivamente, el Jesús joánico es muy atrevido en todos los órdenes y sus afirmaciones sobre las relaciones entre Jesús y Dios, el Padre, deben ser confirmadas por un testigo cualificado. No se habla de que el Espíritu sea el continuador de la obra reveladora de Jesús y de su verdad, pero es eso lo que se quiere decir con la expresión “recibirá de mí lo que os irá comunicando”. No puede ser de otra manera; cuando Jesús ya no esté entre los suyos, su Espíritu, el de Dios, el del Padre continuará la tarea de que no muera la verdad que Jesús ha traído al mundo.
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/19-5-2024/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/














