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Levantado en alto Jn 3,13-17 (TOA24-14, exaltación de la cruz)

Hoy se interrumpe la lectura continua con motivo de la fiesta que conmemora la recuperación de la cruz de las manos de los persas y su devolución a Jerusalén por obra del emperador Heraclio. Pero, más allá de esa evocación histórica, esta fiesta nos invita a preguntarnos qué papel juega la cruz en nuestras vidas.
- La cruz material es discutida como nunca. Es destruida en China y en los países musulmanes. Pero también en los países democráticos se la retira de los lugares públicos, para no ofender a los miembros de otras religiones o porque también a los cristianos nos recuerda una vida y una fe de la que hemos apostatado en la práctica.
- Por otra parte, están las otras cruces. Esas que no aceptamos con serenidad, mientras que las cargamos sin piedad sobre los hombros de los demás. Las cruces de la enfermedad y el desempleo, del hambre y la marginación, del desprecio y el abandono, de la miseria y la guerra, de la violencia y el despojo. La cruz de la fragilidad, que preocupa al Papa Francisco.

MIRAR Y CREER

El evangelio de hoy nos recuerda la conversación de Jesús con Nicodemo (Jn 3, 13-17).  El magistrado judío era un admirador de Jesús y un discípulo clandestino que lo visitaba en el corazón de la noche. 
 Su saludo es ya una verdadera profesión de fe: “Rabbí,  sabemos que has venido de Dios como Maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él”. Jesús le explica su propia misión empleando términos espaciales: Él ha bajado del cielo y al cielo habrá de subir.
Para explicarlo, Jesús evoca la imagen de la serpiente que aparece en el libro de los Números (21, 4-9). Con motivo de una plaga de víboras, Moisés fabricó una serpiente y la hizo colocar en un mástil izado en medio del campamento israelita.  Los que  volvían sus ojos hacia aquel amuleto se veían libres de las mordeduras de las víboras.
Aquel recuerdo legendario retorna en los labios de Jesús. También él habrá de ser levantado en alto. Para alcanzar la salvación habrá que volver la vista a Jesucristo, levantado en alto sobre la cruz. Mirarle a Él equivale a creer en Él y aceptarlo como Salvador.

EL ÁRBOL Y EL FRUTO

En el contexto del diálogo de Jesús con Nicodemo,  queda clara la fe de una comunidad que acepta a Jesús como su Señor.
• “Tiene que ser levantado el Hijo del hombre”. Levantado sobre los intereses humanos, Jesús reina por su limpieza. Levantado por encima de las expectativas del tener, del poder o del placer, él se convierte en fuente de limpia esperanza. Levantado en la cruz, él es el signo de  la salvación  y de la nueva alianza que Dios ofrece a la humanidad
• “Para que todo el que crea tenga por él vida eterna”. Este árbol único en nobleza produce los mejores frutos. El poste vertical se convierte en cruz al encontrarse con el travesaño horizontal. La vida eterna es don que viene de lo alto, pero espera la acogida de los que hacen de la fe un camino y una convicción, un talante y una entrega.

La correcta fraternidad Mt (TOA23-14)

“A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabras de mi boca, les darás la alarma de mi parte”  (Ez 33,7). Con estas palabras se dirige Dios al profeta Ezequiel para hacerle responsable de la fe y de la moralidad de su pueblo.
El profeta es enviado a advertir de su maldad al malvado para que cambie de conducta. Si el profeta no transmite la palabra de Dios, el pecador será culpable de su pecado, pero el profeta será responsable de su propio silencio. Un silencio que puede nacer de su pereza o de su comodidad, de su miedo o de su cobardía.
Ahora bien, si el profeta transmite con fidelidad la palabra de Dios, puede ser que resulte molesto y sea perseguido, pero habrá salvado su dignidad y el sentido de la llamada recibida. Así han hecho todos los que han sido perseguidos por su fidelidad a la fe y a su misión.

TRES ACTITUDES

 El capítulo 18 del Evangelio según Mateo recoge un buen manojo de enseñanzas de Jesús sobre la comunidad y la responsabilidad de cada uno de sus miembros. En el texto que hoy se proclama se anotan tres actitudes imprescindibles.
• En primer lugar, Jesús nos recuerda que no podemos inhibirnos ante las faltas y los pecados de los demás. El otro es un hermano, pero puede llegar a actuar como un pagano. Pero no podemos considerar indiferente que actúe como hermano o como pagano. No podemos repetir la actitud de Caín que renunciaba a ser guardián de su hermano.
• Además, Jesús amplía a toda la comunidad la misión y la responsabilidad de atar y desatar: “Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo”.  En la comunidad cristiana nadie puede olvidar la dimensión universal y la resonancia eterna que tiene cada uno de sus actos y cada una de sus omisiones.  
• Finalmente, Jesús nos recuerda la importancia de la oración en común. Si dos hermanos se ponen de acuerdo para pedir algo, será porque han dejado de lado el egoísmo y el interés personal. Esa oración será fruto del amor. Y Dios, que es amor, no puede ignorar la petición que le llega desde el amor de sus hijos. 

EN EL NOMBRE DEL SEÑOR

El texto evangélico se cierra con una promesa del Señor: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)”. Esta promesa suscita en nosotros al menos dos reflexiones importantes.
• Reunidos en el nombre del Señor. Hoy se dice que si el Señor no nos ve unidos, sí que nos encontrará reunidos. Pero, dejando de lado esta broma,  ya es hora de preguntarnos si nos reunimos “en el nombre del Señor” o en nombre de nuestros intereses particulares o grupales.
• La presencia del Señor entre los suyos. Es fácil cantar que “Dios está aquí”. Pero los que nos miran desde fuera ¿descubren que el Señor está presente entre nosotros? Esa presencia será fruto y manifestación del amor mutuo entre los miembros de la comunidad. 

Un fuego ardiente Mt 16,21-27 (TOA22-14)

“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste” (Jer 20,7). Ningún texto de Jeremías es más conocido que este que hoy se lee en la celebración de la Eucaristía.
No es fácil transmitir la palabra de Dios a los que no la quieren escuchar. El profeta se lamenta ante Dios porque el ejercicio de la misión recibida de él no le ha acarreado más que burlas, desprecios y persecución.
Por eso, el profeta ha querido también él desoír la palabra de Dios para no hablar más en su nombre. Pero no le ha sido posible. Aquella palabra era en sus entrañas como fuego ardiente. Hubiera deseado ignorarla, pero no le fue posible.

LA TENTACIÓN

 En Cesarea de Filipo Pedro confesó a Jesús como el Hijo de Dios. Sin embargo, aquella confesión tan explícita podía ser ambigua. Muchos esperaban un Mesías guerrero y triunfador. Pero Jesús explicó a sus discípulos que su camino llevaba al padecimiento, a la muerte y también a la resurrección (Mt 16,21-27).
Pedro estaba dispuesto a aceptar a su Maestro como el Mesías de Dios. Pero aquella perspectiva de dolor y de muerte le inquietaba profundamente. En primer lugar, por amor a su Maestro. Y, además, porque su ideal del Mesías no incluía el fracaso.
Las habituales traducciones de las palabras de Jesús suenan con una tremenda dureza. Parece que Jesús identificara a Pedro con el demonio y pretendiera arrojarlo lejos de sí. Olvidamos que “Satanás” significa “tentador”.
El problema es que, inspirado por Dios para reconocer a Jesús como el Mesías, Pedro no piensa como Dios, sino como los hombres al imaginar el mesianismo de su Maestro. Jesús dice a Pedro que no sea una piedra de tropiezo en su camino. Y que se coloque “detrás de él”, es decir que acepte su llamada a seguir a su Maestro. “Detrás  de mí”: esa es la clave.

EL SEGUIMIENTO

A esa respuesta particular une Jesús una propuesta universal: “El que quiera venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. El seguimiento de Jesús exige cambiar la mentalidad para no pensar como los hombres sino como Dios. 
• Salvar la vida y perderla. Los hombres nos exhortan a salvar la vida a toda costa. Pero una actitud de acedia y de pereza en la evangelización, como dice el Papa Francisco, solo nos lleva a perder el sentido de la existencia.  
• Perder la vida y encontrarla. Por el contrario, quien se entrega por amor a Dios y por amor a su pueblo, como recuerda también el Papa, ha encontrado el sentido más profundo de su vida y los motivos últimos de la evangelización.
• Ganar el mundo y malograr la propia vida. La mundanización es otra de las tentaciones del evangelizador, según el Papa Francisco. Ganar el mundo, sus riquezas y sus honores podrá dar alguna satisfacción pero no garantiza la fidelidad al Señor ni la felicidad humana.

¿Habéis terminado de echarnos el sermón?

Este libro parte de una premisa: la homilía "está enferma", existen graves deficiencias en la predicación dominical, como ya advirtiera Benedicto XVI en la exhortación Verbum Domini. Muchas homilías son aburridas, largas y desmotivadoras para los fieles. Mediante divertidas anécdotas y atinados ejemplos, el autor va desgranando los defectos más comunes en la predicación, ofrece consejos para que la homilía recobre interés y ayude a los fieles a descubrir el sentido de la existencia humana, y destaca las cualidades esenciales de una buena homilía: brevedad, claridad, ejemplaridad, centralidad en Jesús y en la Palabra de Dios. El libro presenta algunos predicadores modélicos (Bernardino de Siena, Domingo de Guzmán, Fulton Sheen, Juan Pablo I...) y ofrece una antología de textos sobre la predicaci n y unaamplia bibliografía sobre el tema. 

Editorial San Pablo
Autor Claudio Dalla Costa
 Número de páginas: 200
ISBN: 9788428545099
Precio 14 euros

15 formas de orar durante las vacaciones (Autoevaluación)

1.- Cuando te despiertes por la mañana respira hondo, sonríe, y da a un aplauso a Dios. Se lo merece.
2.- Ríete un poco de todo lo que no funciona a tu alrededor. No merece la pena que te enfades, y además con los enfados no se arregla nada. Cambia el entrecejo por la sonrisa.
3.- Conecta con Dios cuando estés en contacto con la naturaleza, cuando estés con los amigos o en familia, cuando estés a solas. El siempre está a la escucha. No trabajes sólo por El, aprende a gozar estando con El.
4.- Cuando te encuentres con alguien, ten siempre en la mochila una historia de salvación y de bienaventuranza para contar. Como María, ¿recuerdas?
5.- Mantén una línea de creatividad y de belleza en lo que haces, piensas o compartes. Ya sabes que el ejercicio desentumece los músculos y que la belleza es una de las formas más bonitas de contar a Dios.
6.- Crea en torno a ti un espacio ecológico donde se respeten especies tan raras como la reconciliación, la tolerancia, el respeto, la sensibilidad, el cariño.
7.- Dedica tiempos para estar contigo y para descansar. Te lo mereces. No cruces deprisa el camino del corazón y haz fiesta.
8.- Abre tus manos para compartir la vida. Siempre queda algo de fragancia en la mano del que ofrece rosas.
9.- Pon el adjetivo “samaritano” a tu comunidad cristiana, a tu familia, a tus amigos, a tu corazón. Además de quedar bonito, tiene y comunica el buen olor de Jesús.
10.- Apúntate cada día al Evangelio. Procurar dedicar al menos un minuto a leer una frase del Evangelio. Míralo como un hermoso proyecto para la humanidad del siglo XXI.
11.- Entra cada día en la presencia de María y en ella contempla un principio de gozo y plenitud, de belleza y esperanza.
12.- Sé la expresión viva de la amabilidad de Dios. Regala siempre una sonrisa a quien encuentres en tu camino.
13.- No comiences la jornada sin tomar conciencia de que Dios está contigo. Y cuando llegue la noche, abandónate en sus brazos.
14.- Lleva siempre en los labios una palabra de esperanza, en tus manos un gesto de paz, en tus pies un alivio para los que están en las orillas.
15.- Cuida la vida, cuida toda vida. Es una hermosa forma de parecerte a Jesús.

Fuente: www.cipecar.org