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La Santísima Trinidad (modelo románico)


Parábolas para maestros

Educar es cosa del corazón y solo con esa sabiduría se pueden leer y entender estas líneas. Recordar quiere decir «sacar del corazón». Educar es contar una historia. Lo digo para que sepas que cada una de las parábolas las cuento «de memoria». Sacadas como pan tierno del horno del interior. Te las cuento para que aprendas a guardarlas también, para que puedas educar luego con el corazón. Un libro que enternece. Si te enterneces, es que tienes corazón de maestro. Puedes estar al frente de un grupo de jóvenes, quererlos y el amor les transformará. Dejarás huellas en su corazón.

Autor Pablo Iván Medina
Editorial CCS
72 páginas
ISBN 978-84-9023-250-7
7,65 euros

Fuego y audacia en Pentecostés Jn 15,26-27;16-12-15 (PAB8-15)

“Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu Santo le sugería”. En esta fiesta de Pentecostés celebramos la presencia del Espíritu de Dios en la Iglesia (Hech 2, 1-11). Una presencia que nos zambulle en la intimidad con Dios y nos empuja también a acercar el Evangelio a nuestros hermanos..
La primera dimensión la subrayaba ya Santa Teresa con la imagen del fuego, cuando escribía  en sus Meditaciones sobre los Cantares: “El Espíritu Santo debe ser medianero entre el alma y Dios y el que la mueve con tan ardientes deseos que la hace entender con fuego soberano, que tan cerca está” (5,5).
La segunda dimensión la ilustra el papa Francisco, al afirmar que “en Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí mismos a los apóstoles y los transformará en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua. El Espíritu Santo infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (EG 1).

TRES ADVERTENCIAS

El Evangelio de esta fiesta nos sitúa en el  “primer día de la semana”. Al amanecer de aquel día, las mujeres que acudieron al sepulcro lo encontraron vacío. Ante el anuncio de las mujeres, los discípulos del Señor experimentaron sentimientos de asombro y de alegría. Pero  el miedo los había encerrado en una casa, cuando entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. (Jn 20, 19). He ahí tres advertencias para la Iglesia de todos los siglos.
• Vino Jesús al encuentro de sus discípulos. De él había sido la iniciativa de elegirlos y de llamarlos, para que le siguieran y estuvieran con él. El resucitado no los olvida. Y de nuevo toma la iniciativa de acercarse hasta ellos, aunque ellos le hayan abandonado.
• Se colocó en medio de ellos. Juan Bautista había dicho: “En medio de vosotros está uno  a quien no conocéis” (Jn 1,26). Ahora se coloca definitivamente “en medio” de sus discípulos el Maestro al que no reconocen. Ese ha de ser su puesto en la comunidad para siempre.
• Y les dirigió el saludo tradicional de la paz  Ese era su don personal, como había anunciado a sus discípulos en su despedida (Jn 14,27). Ese era el saludo que ellos habían de pronunciar al entrar en una casa (Mt 10,12). Y esa era la promesa del Señor para la eternidad. 

EL DON Y LA TAREA

 Después de su saludo, el Resucitado exhaló su aliento sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20,23).  
• Recibir el Espíritu Santo. El autor de los dones es el don primero del Señor Resucitado. El aliento que exhaló desde lo alto de la cruz, es su propia vida. Una vida que ha entregado por nosotros. Una vida que comparte con nosotros para que nosotros la entreguemos como él.  
• Perdonar los pecados. Jesús no ha venido al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (Jn 3,17). Sus apóstoles son enviados a anunciar, como él lo hizo durante su vida, la gracia y la misericordia de Dios. 
• Retener los pecados. Dios respeta y siempre respetará la libertad de sus hijos. Pero los discípulos del Señor han de cumplir con la misión de gracia que se les confía, advirtiendo a los hombres de los obstáculos que ponen cada día a la salvación que se les ofrece.

Aprendizaje cooperativo

Con frecuencia no resulta fácil conciliar algunos de los retos educativos que plantea el mundo actual: educar-enseñar, competir-colaborar, autoafirmarse-solidarizarse… Este libro aporta una perspectiva de trabajo doblemente eficaz. Por un lado, dinamiza el potencial de los grupos para transmitir conocimientos y contenidos; por otro, favorece la riqueza de relaciones imprescindibles para trabajar en grupo. El reto que plantean las competencias es abordado en sus vertientes individual y social, de aprendizaje y de relación. La aparente separación enseñanza-educación queda así eliminada.

Autores Paloma Gavilán y Ramón Alario
Editorial CCS
260 euros
ISBN: 978-84-9842-446-1
Precio 15,50 euros (10,85 E-book)

Entusiásmate. Ascensión del Señor


Entusiásmate- Asc B

La llama del deseo Mc 16,15-20 (PAB7-15)

“Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse”. Los apóstoles contemplaban a su Maestro irse hacia los cielos. De pronto, una nube se lo quitó de la vista. Y dos hombres vestidos de blanco los increparon con esas palabras    (Hech 1,11).
A los cristianos nos condenan a veces por mirar a los cielos y despreciar este suelo. Al menos, eso dicen. Pero otras veces nos acusan de mezclarnos en los asuntos de esta tierra, en la que compartimos gozos y esperanzas con nuestros vecinos. La clave es el modo como vivimos la esperanza. El Señor no se ha ido de esta tierra. En ella esperamos su manifestación. 
 A los sesenta años de la muerte de Teilhard de Chardín,  recordamos una frase vibrante que nos dejó al final de su libro “El Medio divino”: “Cristianos, encargados tras Israel de conservar siempre viva sobre la tierra la llama del deseo, tan sólo veinte siglos después de la Ascensión, ¿qué hemos hecho de la espera?”. 

 EL EVANGELIO Y EL MUNDO

Jesús no quería que la espera se confundiera con la pasividad del aguardo. Con su ascensión a la gloria de Dios nos dejaba un encargo inesquivable.  El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda el último encargo que Jesús nos dejó: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15). 
• La fe sólo se conserva cuando se comunica. Creer es crear. Proclamar el evangelio es la primera tarea del que cree que esa buena noticia de salvación es también el camino para la humanización de la persona y de la sociedad.
• La esperanza sólo se mantiene cuando se contagia y nos lleva a la acción. Esperar es operar. Y ponerse en camino hacia las últimas periferias de la tierra, como repite el Papa Francisco una y otra vez.
• Y el amor no puede ser verificado si no se traduce en gestos visibles y en obras concretas. El amor no es sólo un sentimiento. Es, sobre todo, un compromiso con toda la creación: con el ser humano y con la casa del mundo en el que vive.

LA FE Y LOS SIGNOS

 El evangelio de Marcos concluye con una anotación en la que se da cuenta de la fidelidad con la que los apóstoles cumplieron el último mandato del Señor: “Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la palabra con los signos que los acompañaban”.
• A lo largo de dos milenios, los discípulos del Señor han llevado el Evangelio de Jesús a todos los rincones de la tierra. Los discípulos actuales no podemos silenciar esta Palabra.
• Los evangelizadores no estamos solos. Y no estaremos solos al proclamar el Evangelio. El Señor nos precede y nos acompaña con su luz y con su fuerza.

• Algunos dicen que los discípulos de Jesús no hemos hecho nada por este mundo. No es verdad. Ahí están los signos de convivencia y de progreso en los que se ha manifestado la fe.  

10 criterios para hacer buen uso de Internet

Este libro recoge consejos para navegantes adultos expertos, como para aquellos que quieren saltar esa brecha tecnológica y generacional. También se ofrecen orientaciones precisas para ayudar a los hijos y alumnos a aprovechar de manera segura las muchas oportunidades que Internet ofrece.

Autores: Sebastián Cerro y Alfredo Caballero
Editorial CCS
116 páginas
ISBN 978-84-9023-283-5
Precio 7 euros