Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Los milagros del cielo


Película que he visto hace nada, como suele decirse, y que recomiendo. Las críticas de los entendidos la ponen de vuelta y media por el "tufillo" de la parroquia y mensaje cristiano. No puedo tener una opinión más diametralmente opuesta, máxime cuando las mayores críticas vienen de críticos de cine muy progresistas y más enamorados todavía del cine de autor.
Basada en hechos reales, el hilo conductor es la historia de una niña que sufre un grave trastorno de motilidad intestinal que le avoca, poco a poco, a un desenlace vital inevitable pues no hay cura para ello. Y ello a pesar de que los padres logran que la niña sea tratada por el mayor especialista del país. Todo ello se complica con un accidente que, paradójicamente, es el punto de inflexión para una curación inexplicable.
Un "drama" que llena una película del sufrimiento y de la enfermedad elevados a lo más sensible pues se centra en el dolor infantil  que da pie a observar la vivencia de la fe de una familia que sufre lo cotidiano de ser cristianos: confianza, dudas, alejamiento, arrepentimiento, fortalecimiento de la fe.
Temas a los que el cine no nos tiene muy acostumbrados por ser una muerte real y tal vez ese sea su problema para los críticos, anestesiados ya con las montañas de muertes gratuitas de la cinematografía mundial, de la que no se salva ni la de autor.
(junto a estas líneas, la familia real que inspiró esta película; la protagonista del milagro es la hija mediana)

Tribulación y Amor Jn 13,31-33a.34-35 (PAC5-16)

“Hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios”  (Hch 14, 22). Esa podría ser una de esas frases que nos envían con frecuencia los amigos. Llegan superpuestas a una hermosa foto de un lago o de la cumbre nevada de un monte. A primera vista nos impresionan. Después las olvidamos, atraídos por la belleza del paisaje.
En la ciudad de Listra, colonia romana y patria de Timoteo, los apóstoles Pablo y Bernabé habían curado a un hombre tullido. Al ver el portento, las gentes quisieron adorarlos como a dioses, Pero ellos pregonaron a gritos que eran hombres y nada más. El texto nos da cuenta de la persecución que sufrieron en las ciudades de Licaonia.
“Hay que pasar por muchas tribulaciones  para entrar en el reino de Dios”. Esa frase no es un lema inocente para encabezar  la predicación de un retiro espiritual. No es una  pura teoría. Es la conclusión de una experiencia de persecución sufrida por los apóstoles. Sólo después de haber sufrido, podían animar a los hermanos con esta exhortación.

LA HORA

El evangelio que se proclama en este quinto domingo de Pascua (Jn 13, 31-35) se sitúa en el escenario de la última cena de Jesús con sus discípulos. Exactamente, después de que Judas salió del Cenáculo para internarse en la noche. Para él había llegado la hora de entregar a su maestro en manos de los sacerdotes del templo de Jerusalén.
 • “Ahora es glorificado el hijo del hombre, y Dios es glorificado en él”. Para Jesús, aquella salida del discípulo traidor marcaba  la llegada de su glorificación. Jesús había previsto este momento. Es más lo había anunciado a sus seguidores. Pero ellos nunca hubieran sospechado que la glorificación iba a coincidir con la crucifixión.
•  “Hijitos, me queda poco de estar con vosotros”. Nos sorprende la ternura con que Jesús se dirige a sus discípulos. Solamente en esta ocasión aparece la palabra hijitos en los evangelios. Nos sorprende también la claridad con la que Jesús ha previsto su suerte y su muerte. El tiempo de su misión terrestre toda a su fin. Y él lo sabe.

Y EL MANDATO

 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús había recogido la regla de oro de todas las culturas (Mc 12,31), según el texto que se leía en el libro del Levítico (Lev 19,18). Pero en la hora de su despedida modificaba sustancialmente aquel precepto:
• “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Lo habitual era que el mismo sujeto se tomara a sí mismo como la medida del amor. Desde ahora, la medida del amor sólo puede ser Jesús.

• “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”. Los grupos humanos tratan de distinguirse por sus hábitos o la etiqueta que pegan a sus vestidos. Los discípulos de Jesús habrán de distinguirse por el amor mutuo.

El cordero y las ovejas Jn 10,27-30 (PAC4-16)

“Teníamos que anunciaros primero  a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor”. (Hch 13, 46). Son impresionantes esas palabras de Pablo y Bernabé, al constatar el rechazo de sus oyentes a la palabra que predican.
El discurso de Pablo a los judíos en Antioquía de Pisidía es paralelo al que dirigirá a los griegos en Atenas. Son dos formas de anunciar el mensaje de Jesucristo a las dos culturas antagónicas del momento. El Apóstol es un hombre bicultural  y las conoce bien. Sabe y proclama que el evangelio de Jesús es salvación para unos y para otros.
Pero su experiencia es dura. Los judíos esperan un mesías poderoso. Los gentiles del mundo helénico solo buscan una nueva sabiduría. Así que ambos rechazan a Cristo. Como dirá  Pablo a los Corintios, el Cristo crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles. Mas para los llamados es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor, 1-23-24).

EL CORDERO

El Apocalipsis ha sido escrito en una hora de persecución a los que han aceptado a Cristo como su Señor. Por eso resultan molestos a los poderes del imperio. Ante los ojos del autor de este libro pasa la muchedumbre inmensa de los que “vienen  de la gran tribulación y han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero” (Ap 7,14).
Por tres veces se menciona al Cordero en la segunda lectura de este domingo. Aunque suene a paradoja, la Sangre del Cordero ha blanqueado los mantos de los mártires. Es más, el Cordero les libra del hambre y de la sed, del sol y del bochorno, como anunciaba el libro de Isaías a los que retornaban del destierro (Is 49,10). Además, el Cordero será su pastor y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
La imagen del Pastor es la señal característica de este domingo cuarto de Pascua. Todos los años proclamamos en este día el capítulo 10 del evangelio de Juan. Cada año nos sorprende un detalle que ya creíamos aprendido y asimilado. Este año vemos que Jesús se identifica con el Pastor generoso que guía  y protege a las ovejas recibidas del Padre celeste (Jn 10, 27-30).

 Y EL PASTOR

  El breve texto del evangelio de hoy se articula en tres contraposiciones que hablan de la misericordia del Pastor y de sus dones, pero también  de la suerte de las ovejas:
• “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.  El primer don es la escucha. Escuchar la voz del Señor en medio de la algarabía de este mundo es signo de fidelidad.
• “Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. El segundo don es el seguimiento del Señor. Seguirle exige renunciar a nuestro capricho y aceptar su plan. 

• “Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano” El tercer don es la pertenencia. Ser de Cristo da a los creyentes una seguridad que nadie puede imaginar.

Juego de la misericordia (tipo Oca)

Entretenido y divertido juego de las obras de misericordia ideado y creado por Francisco Javier Leoz Ventura, sacerdote de Pamplona-Tudela, delegado episcopal de Religiosidad Popular. En el primer archivo encontraréis el tablero y las fichas de juego. En el segundo las reglas para comenzar a divertirse y a aprender.



Amoris Laetitia "La alegría del Amor"

En la festividad de S. José (19 de marzo) de este año el papa Francisco nos presentaba en forma de exhortación apostólica las conclusiones y líneas pastorales surgidas del pasado Sínodo sobre la familia. Un documento tan extenso como sabroso de contenido que los católicos debemos de conocer. Os invito pues a su lectura y si os es mas cómodo a bajarlo en PDF (solo pinchas en la flecha hacia abajo que sale en la esquina superior derecha).

Volviendo al principio Jn 21,1-14 (PAC3-16)

La primera lectura que se proclama en este domingo tercero de Pascua (Hch 5, 27-41) resume en muy pocas frases algunas convicciones que mueven a los evangelizadores que anuncian el mensaje de Jesús en todo tiempo y lugar.
• “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Muy poco significan las prohibiciones humanas cuando se está dispuesto a dar la vida por el mensaje de Cristo.
• “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús”. La fe en la resurrección de Cristo es la fuente de la que brota el coraje para anunciar el evangelio.
• “Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen” El testimonio comunitario de los creyentes es animado por la fuerza del Espíritu.
• “Los apóstoles salieron…contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús”. La alegría y la fuerza de los mártires será siempre un desafío.
Contra toda apariencia y contra toda persecución, los testigos de Cristo podrán cantar con el salmo: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”   (Sal 29).

LOS MISMOS GESTOS

El evangelio que hoy se proclama nos invita a recuperar el ideal primero. De hecho, nos lleva a las orillas del lago de Galilea. Allí había encontrado Jesús a sus discípulos primeros. Y allí vuelve  el Resucitado para reunir a los dispersos y desalentados.
• De nuevo los discípulos pasan por la experiencia de una noche de pesca infructuosa. Y por la gozosa experiencia de una amanecida en la que la obediencia al Señor llena sus redes con una enorme cantidad de peces.
• De nuevo, el Señor toma el pan y el pescado y se lo da. De nuevo se repiten los gestos venerables que significan y hacen visible su misericordia. Y, sobre todo, su entrega personal a sus discípulos.
• De nuevo Jesús, se dirige a Simón con una palabra ya sabida: “Sígueme”. Se repite la misma  invitación de aquella vez, cuando lo encontró realizando sus tareas de pescador en aquella ribera. 

Y EL MISMO ENCARGO

  Pedro había prometido fidelidad a Jesús una inquebrantable fidelidad y lo había negado tres veces. El Resucitado no reprende su traición. Viene a confiarle una misión.
• “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. En la triple pregunta de Jesús hay una cierta gradación. Es como si el Maestro fuera bajando el tono para ajustar sus deseos a las posibilidades y la fragilidad de su apóstol.
“Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Y así es. Jesús conoce los sentimientos de Simón. Conoce sus ímpetus y sus caídas. Pero sabe que sólo amamos a aquellos de los que todavía esperamos algo. Y él espera al menos ese afecto de su discípulo.

• “Apacienta mis corderos y mis ovejas”. En otro tiempo le aseguró una tarea de pescador de hombres. Ahora le confía una responsabilidad de pastor de su propio rebaño. Ese rebaño por el que el Pastor bueno ha entregado la vida. Tal es su confianza.