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El profeta del Mesías Jn 1,6-8.19-28 (ADB3-14)

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”. Así comienza  el texto del libro de Isaías que hoy se lee en la liturgia eucarística (Is 61, 1-2.10-11). En él se anuncia a Israel un profeta que recibe el espíritu de Dios y lo difunde. No lo difunde sólo de palabra, sino de obra.
Las obras del profeta son concretas y visibles. Su presencia se hará notar en la sociedad.  El profeta que recibe el Espíritu de Dios consuela a todos los que sufren, venda las heridas de todos los desgarrados, libera a los cautivos y prisioneros y, sobre todo, inaugura un año jubilar: el año de gracia de parte del Señor.
Además, el profeta proclama a los cuatro vientos un anuncio de alegría universal: el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. Este tercer domingo de Adviento se hace notar por su invitación a la alegría.  

TRES VECES “NO”

En el texto evangélico que hoy se lee se nos presenta también a un profeta (Jn 1, 6-8.19-28). Es un enviado por Dios. Se llamaba Juan y venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la luz. A continuación, el texto nos ofrece una precisión importante: “No era él la luz, sino testigo de la luz”.
Nos impresiona el interrogatorio al que es sometido Juan Bautista por los emisarios de los sacerdotes y levitas de Jerusalén. Juan responde con verdad y humildad. Por tres veces repite un “no” tajante  a los que le preguntan. No es Elías, el gran defensor de la majestad de Dios. No es el profeta anunciado por el Deuteronomío. Y no es el Mesías esperado.
Pero nadie puede vivir sólo de negaciones. Hay que definirse por un “Sí”. Es preciso reconocer lo que uno es y lo que está dispuesto a dar. Pues bien, para identificarse, Juan se presenta como la voz que clama en el desierto, exhortando a todos a allanar los caminos. Eran expresiones del libro de Isaías que anunciaban la liberación a los deportados.

 EL ANUNCIO

Pero hay más en el mensaje de Juan. No se presenta como el esperado por su pueblo, pero no deja de  anunciarlo:
• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Ahora, como entonces, tenemos al Mesías entre nosotros, pero no reconocemos su presencia. Necesitamos aprender a descifrar los signos que lo anuncian.
• “Él viene detrás de mí y existía antes que yo”. Ahora como entonces, hemos de reconocer que somos un eslabón en medio de una cadena. Hay un antes y un después que nosotros. El Señor nos precede  y, a la vez,  nuestro testimonio anuncia su llegada.
•“Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias”. Ahora como entonces, hemos de reconocer humildemente nuestro papel en la historia de la salvación. No somos el Señor. Somos los siervos y los servidores del Señor. Nada más.

Adviento, camino a la Navidad

Inmaculada Concepción (8 diciembre)


La Inmaculada o Purísima Concepción de María, dogma católico que plantea que la Virgen María fue preservada de todo pecado incluso desde el momento de su concepción, fue proclamado y definido en la bula "Inefabilis Deus" del Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 y ha sido, -bien aceptado en el Islam, bien objeto de devoción y debate en el Cristianismo-, una fuente de inspiración para grandes artistas del S. XIX, contando entre sus máximos esponentes los españoles Murillo, El Greco, Zurbarán, Velásquez, Ribera e italianos, como Tiépolo, entre muchos otros artistas europeos.

Este dogma ya venía siendo discutido desde la Edad Media y el Renacimiento, de tal manera que algunos artistas (como Giotto) representaban tempranamente la Concepción de María con el "Beso en la Puerta Dorada", donde figuran los padres de María besándose delicadamente frente a la puerta dorada de Jerusalén. Posteriormente, diversos artistas añadieron rasgos iconográficos propios de la imagen que hoy conocemos como "María Inmaculada", semejando la mujer del Apocalipsis y retomando pasajes del Génesis, el Cantar de los Cantares, la Letanía Lauretana y algunas normas iconográficas de la época: María revestida del sol, con la luna bajo los pies, corona de doce estrellas, alas de águila (común en la época del barroco), con o sin el niño Jesús (predominando más la segunda opción), acompañada de elementos como el espejo sin mancha, torre de marfil, sus pies aplastando la serpiente antigua (en ocasiones omitido), con actitud de oración, con rasgos faciales de niña o adolescente, ropaje blanco o rojo con túnica azul y ángeles a sus pies.

Con las posteriores apariciones de la Virgen reportadas en Lourdes y en París (esta última a Santa Catalina Labouré, 1830; popularizada con el nombre de "Medalla Milagrosa"), las cuales ejercieron un papel fundamental en la formalización del dogma inmaculista, se añadieron elementos como el rosario, los rayos que salen de las manos y el mundo bajo sus pies, o sostenido entre sus manos (como es el caso de "María, Reina de las Misiones", advocación derivada de la Medalla Milagrosa).

Video ambientado con el tema "Caribbean blue" de Enya y algunas otras imagenes de transición. (fuente Youtube Franco J.)

Inmaculada Concepción de Sta. María