Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

La injusticia y la astucia Lc 16,1-13 (TOC25-19)

“Escuchad esto los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo y el sábado para ofrecer el grano?” (Am 8,4). El pueblo de Samaría gozaba de una cierta prosperidad. Pero Amós, aquel pastor llegado de Técoa, de pronto comenzó a denunciar las injusticias que envenenaban allí la convivencia.
Él nunca se hubiera creído un profeta. Pero con razón decía que nadie puede dejar de temblar cuando el león ruge en la selva.  Es un crimen aplastar al débil y al indefenso. Pero es una infamia y un pecado tratar de ignorar los fraudes y los abusos contra ellos.
Amós sabe que algunos parecen celebrar el día del sábado, pero al mismo tiempo lamentan que no se pueda comerciar en ese día. Los que solo piensan en sus dineros no pueden detenerse a celebrar con verdad los días  dedicados al descanso sagrado.  
Con razón el salmo responsorial proclama que el Señor “levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre” (Sal 112,7). Como escribía san Pablo, “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4). Y esa voluntad de Dios alcanza tanto al oprimido como al opresor.

LA PAZ Y LOS BENEFICIOS
La parábola evangélica que hoy se proclama evoca también el ambiente de los negocios. Un administrador va a ser despedido por defraudar a su amo. Pero aprovecha una última oportunidad para ganarse unos amigos. Disminuyendo la deuda que tienen pendiente, espera conseguir sus favores cuando se encuentre en la calle y sin trabajo (Lc 16,1-13).
Lo más sorprendente del relato evangélico es que el amo felicita a ese administrador infiel por la astucia que ha demostrado. El comentario con el que Jesús concluye la parábola podría aplicarse a muchas situaciones actuales: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.  
Algunos comentaristas modernos tienen en cuenta la frecuencia con la que aparecen los dineros en el evangelio de Lucas. Y se preguntan si el dueño no alabará al administrador porque el fraude le ha hecho comprender que no merece la pena perder el ánimo y la paz por la pérdida de unos beneficios económicos. 

RESPONSABLES Y FIELES
Por otra parte, Jesús utiliza la parábola para dirigir a sus discípulos algunas reflexiones  de tipo sapiencial. En ellas se refiere al hombre, pero también a Dios.
• “El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar”. Ser honrados en los pequeños compromisos de cada día constituye una buena preparación para asumir nuestra responsabilidad humana y para aceptar el proyecto de Dios sobre nosotros.
• “Ningún siervo puede servir a dos amos”. El corazón dividido no puede encontrar la paz, ni en el trabajo ni en la vida familiar. Pero esa división llega a ser dramática cuando pretendemos ser fieles a las voces del mundo y olvidamos la voz de Dios.
• “No podéis servir a Dios y al dinero”. Parece que siempre hemos de servir a alguien. Y muchas veces servimos a los que nos ofrecen seguridades inmediatas. Sin embargo, hemos de reconocer que esas satisfacciones no equivalen a la felicidad. Solo Dios es Dios. Solo quien adora  a Dios y solamente a Dios, puede encontrar la libertad.

Tres en una parábolas Lc 15,1-32 (TOC24-19)

 El evangelio de hoy nos trae las primeras tres parábolas enlazadas entre sí por la misma palabra. Se trata de tres cosas perdidas: la oveja perdida (Lc 15,3-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), el hijo perdido (Lc 15.11-32). Las tres parábolas son dirigidas a los fariseos y a los doctores de la ley que criticaban a Jesús (Lc 15,1-3). Es decir que son dirigidas al fariseo o al doctor de la ley que existe en cada uno de nosotros.

Lucas 15,1-3: Los destinatarios de las parábolas. Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley. Lucas dice con un poco de exageración: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: "¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!". En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).

Lucas 15,4: Parábola de la oveja perdida. La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: "¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían. La pregunta es formulada de tal manera que la respuesta no puede que ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”

Lucas 15,5-7: Jesús interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión."

Lucas 15,8-10: Parábola de la moneda perdida. La segunda parábola: "O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros. La parábola era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4)

Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrarse de nuevo con los dos hijos perdidos
Esta parábola es muy conocida y en ella encontramos cosas que por lo regular suceden en la vida y otras que no suceden. El título tradicional es “El Hijo Pródigo”. En realidad, la historia de la parábola no habla sólo del hijo menor, sino más bien describe la conducta de los dos hijos, acentuando el esfuerzo del padre por reencontrar a los dos hijos. La localización de esta parábola en el capítulo central del evangelio de Lucas indica su importancia para la interpretación de todo el mensaje contenido en el Evangelio de Lucas.

Todo va a ir bien (Luis Guitarra)


LETRA:

Mientras haya un horizonte en esta tierra,
mientras no pierdas las ganas de reír,
mientras brille en nuestro cielo alguna estrella,
no te rindas, no te canses de vivir.

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
TODO, TODO, TODO TODO VA A IR BIEN

Mientras haya quien denuncie en las aceras
la injusticia, las promesas sin cumplir…
Mientras quede algún peldaño en tu escalera
no te pares, no lo dejes sin subir.

Mientras siga amaneciendo en cada aldea,
mientras falte una canción por escribir,
mientras sepas que aún te merece la pena
no te calles, no te quedes sin decir…

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
TODO, TODO, TODO TODO VA A IR BIEN

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
DE ALGÚN MODO SÉ QUE TODO, TODO VA A IR BIEN.

Hay ventanas en mitad de mi ciudad,
hay palabras en el aire, que nos hacen confiar.
Y certezas que nos dan la libertad,
que nos hablan de utopías, que contagian valentía,

que nos muestran un camino por andar.

TODO VA A IR BIEN…
DE ALGÚN MODO SÉ QUE TODO… TODO VA A IR BIEN.

Natividad de la Virgen y el Santuario de Covadonga-Asturias (8 septiembre)


El santuario de la Virgen de Covagonga en el norte de España es uno de los principales centro marianos del país. La web "Santuario de Covadonga" (pincha en el nombre para ir allí) explica su origen, significado histórico y religioso, el culto a la Virgen, la tumba de D. Pelayo... especialmente en su primer menú desplegable denominado "Santuario". Muy interesante conocerlo. Animaos.

La historia primitiva nada nos ha dejado escrito acerca de los comienzos del culto a la Virgen María en la Cueva de Covadonga, y las noticias que de aquella época tenemos, es necesario buscarlas en la tradición: Refiere ésta que la Cueva de Covadonga servía de retiro a un ermitaño que la tenía dedicada al culto de la Virgen, cuya imagen allí se veneraba.
En cierta ocasión Pelayo, refugiado con otros cristianos en aquellas montañas, entró en la Cueva persiguiendo a un malhechor. El ermitaño rogó a Pelayo que lo perdonara, puesto que se había acogido a la protección de la Virgen, y que llegaría también el día en que él tendría necesidad de buscar en la Cueva el amparo y ayuda de Nuestra Señora.

Algunos historiadores dicen- que lo más verosímil es que Pelayo y los cristianos, en la huída por aquellas montañas, llevarían consigo alguna imagen de la Virgen, que colocaron en la Cueva para implorar su protección, o mejor que la pondrían allí después de la victoria obtenida, a fin de dar culto a María Santísima en memoria' y gratitud por el triunfo obtenido por su mediación y, más tarde, Pelayo, deseando tributar a María un homenaje perenne, edificó en la misma Cueva un altar a la Virgen María.

Las Crónicas árabes, cuando hablan de Covadonga afirman que en esta Cueva las mermadas fuerzas de Pelayo encontraron refugio, alimentándose de la miel que las abejas habían producido en las colmenas construidas en las hendiduras de las rocas.

Ante ella se libró lo que se vino a llamar la "Batalla de Covadonga" y que vendría a ser una de "las primeras piedras de la Europa cristiana". Las viejas crónicas ponen en boca de Pelayo esta afirmación: "Nuestra esperanza está en Cristo y de este pequeño monte saldrá la salvación de España". El rey Alfonso I y su esposa Dª Hermesinda, construyeron una iglesia y en ella fueron erigidos tres altares, dedicados uno a la Santísima Virgen, en el misterio de su Natividad; otro a San Juan Bautista y el tercero a San Andrés. Además, con el fin de que se tributara un culto continuo a la Madre de Dios, fundaron dichos monarcas un monasterio.
 
La escritura de fundación que se atribuye a Alfonso I dice que hace entrega de la iglesia a los monjes Benedictinos; trae la lista de donaciones de objetos para el culto y privilegios y firman el Rey y la Reina, tres Obispos, dos Abades y algunos caballeros y manda trasladar desde el Monsacro una imagen de Nuestra Señora. A este templo construido en la hendidura de la peña se le llamó "del milagro" dado que al ser construido con madera y ésta volar tanto sobre el abismo era un auténtico milagro que se mantuviese en pie.


Meditar el evangelio Lc 14,25-33 (TOC23-19)

Texto:
25 Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo:26 «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
28 «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?29 No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: 30 `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.' 31 O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.33 Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo".

Para meditar:
- Si uno viene a mí y no odia...no puede ser mi discípulo: ¿Estamos convencidos que es necesario llegar a separarse de todo lo que ata el corazón: afectos recibidos y dados, la vida misma, por seguir a Jesús?
- Quien no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo: ¿Llevo en mí la lógica de la cruz, es decir, la lógica del amor gratuito?
- Los medios para llevarlo a cabo: ¿La capacidad de pensar informa mi vida de fe o más bien ésta se reduce a un impulso interior que se desvanece en el devenir de las tareas cotidianas?
- Para evitar que todos los que lo vean empiecen a burlarse: ¿Vale para mí también la recompensa de quien empieza a seguir al Señor y después no tiene medios humanos, o sea la burla de la incapacidad?
- Quien no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo: ¿Estoy convencido de que la clave del seguimiento es la pobreza del no poseer, sino la felicidad de pertenecer?

Las 3 asignaturas más importantes

Sergio Calleja, profesor de profesor de ética, filosofía, latín, religión y literatura en el colegio marista de Segovia, nos regala esta perla de artículo que nos sirve de reflexión para este inicio de curso (si queréis saber más, administra el blog "callejeando con Calleja" al que podéis acceder desde este ENLACE):

Es curioso que las tres asignaturas más importantes lo son para toda la vida…

Porque vivimos en un cuerpo, porque somos cuerpo y gracias al cuerpo me relaciono y entro en contacto con los demás es evidente que una asignatura fundamental en los planes de estudios es la educación física. No hablo de la “gimnasia”, hablo de una asignatura que educa a los alumnos en la importantísima tarea del respeto y cuidado de su cuerpo y todo lo que se deriva de este cuidado (aquí nos jugamos la dignidad) y que persigue, entre otros,  objetivos tan fundamentales como son: fomentar hábitos de vida saludable, apreciar la actividad física para el bienestar, educar en el gusto por el deporte y evitar la competitividad y “obsesiones deportivas” , aprender a superarse, el gusto por jugar en equipo…

Cada vez más, irrumpen con fuerza los estudios en neurología que afirman que la educación física aumenta las habilidades cognitivas en los seres humanos.   

No soy yo experto en la materia, desgraciadamente yo nunca tuve clase de educación física sino de “gimnasia”, desde pequeño me dijeron que el deporte no era lo mío por lo que en esta asignatura poco podía brillar. Así fue, en gimnasia no aprendí nada porque jugaba desmotivado y torpemente a los deportes pertinentes de cada trimestre y corría, corría mucho eso sí (el test de cooper se me quedó clavado en el alma). Nunca más volví a correr.

Se hace necesario recuperar la dignidad y seriedad de la educación física porque en el cuidado del cuerpo nos la jugamos. Creo firmemente que el deporte, bien entendido, tiene el poder de cambiar el mundo.

Es curioso que todavía siga siendo una asignatura marginal en los planes de estudios y sin embargo trabaje todas las competencias que la ley marca y que tan importantes considera.

Ahora bien, el ser humano no es sólo cuerpo ni pura exterioridad también es interioridad. Somos alma, mente, somos seres necesitados de sentido y abiertos a la trascendencia. Desde que el hombre es hombre se ha preguntado por el sentido del mundo que le rodea y el sentido de su propia existencia. Todo ser humano experimenta la finitud del cuerpo, el dolor, el límite y sentimos entonces que estamos arrojados a la existencia (Geworfenheit). Aunque pertenecemos a este mundo y a esta realidad, sus interrogantes, su búsqueda de sentido hace que sienta que no sólo es un ser espacio-temporal. Caemos en la cuenta por nosotros mismos de que no somos simple materia. La escuela no puede desatender esta dimensión en la educación de los niños, adolescentes y jóvenes. Aquí también nos la jugamos.

Tenemos la seria responsabilidad de ayudar a nuestros alumnos a plantearse el sentido de su vida, ayudarles a escuchar su interior, a gestionar sus emociones. Se trabaja este aspecto desde la asignatura de religión, entendida la asignatura de este modo y no como la mera transmisión de una doctrina; la religión bien entendida se enseña desde la libertad para que cada uno crea en lo que quiera creer. No olvidemos que la ERE (enseñanza religiosa escolar) no es una catequesis.  También se hace (hacía) desde la ética (asignatura desaparecida).

En muchos colegios se están llevando a cabo con éxito varias iniciativas que tratan de educar en esta dimensión: técnicas de relajación, mindfulness, talleres de educación emocional, yoga, ejercicios de respiración y consciencia…  toda iniciativa es buena porque educa en la interioridad del alumno, pero es urgente dar a esta dimensión el peso y rigor de una asignatura para no quedarnos sólo en actividades aisladas.

Y porque somos humanos, maravillosamente humanos, tenemos el don de exteriorizar con nuestro cuerpo nuestra interioridad. El ser humano es capaz de materializar la inmaterialidad y esto hay que enseñarlo. Lo hacemos con el arte (no aprendiendo historia del arte, sino creando arte), con la pintura, con la escultura, con la música, con el teatro. Muchas de estas asignaturas no están ni contempladas en las leyes educativas y cuando lo están se encuentran de forma marginal y mal tratadas. Es, en definitiva, educar en la belleza.  Es el poder de la creatividad humana, capaz de atrapar y encarnar nuestro interior. Me preocupa mucho cuando en las escuelas matamos la curiosidad y la creatividad del niño y adolescente (de la misma forma que a mí me dijeron que la gimnasia no era lo mío a otros muchos les dijeron que dibujar o cantar no era lo suyo). Tenemos el deber de educar en la belleza.

Si como educadores conseguimos educar a nuestros alumnos en el cuidado de su cuerpo, en la búsqueda del sentido de su vida y les damos herramientas para que puedan expresar de forma bella con su cuerpo todo lo que en su interior viven, la biología, las matemáticas, la física y las demás asignaturas importantísimas llegarán, seguro que llegarán.

Es llamativo que las tres asignaturas más importantes hayan sido tradicionalmente “las tres marías”. Más llamativo es aún, que las tres asignaturas más importantes no necesiten de libros.

(Nota: me he permitido algunos destacados en negrita o subrayados)

La revolución de Jesús

El objetivo de esta obra es contar a Jesús desde su proyecto vital más íntimo: el Reino de Dios. Pero no se trata de hacer un mero análisis de lo que significa este Reino, sino de mostrar las consecuencias en la vida de la gente de la época de Jesús, los que le vieron y le escucharon. La consecuencia fundamental es una revolución, por eso el libro se titula La revolución de Jesús. Una revolución que tiene tres niveles: el personal, el social y el trascendente, entendiendo trascendencia como lo que va más allá del aquí y ahora, lo que va más allá del contexto y del grupo en que nos situamos. Esta revolución supone comprender la persona de Jesús, su origen, su historia, la historia de su pueblo, el contexto social, económico y político donde fue forjando su conciencia.
La revolución de Jesús implica a la Iglesia de todos los tiempos como sujeto revolucionario. Si no lo es, entonces estará traicionando el proyecto de Jesús: el Reino de Dios.



Autor: Bernardo Pérez Andreo
Editorial PPC
ISBN 9788428832366
264 páginas
Precio 18 euros (papel) 8,59 (ebook)

S. José de Calasanz (21 de agosto)


Fuente: dibujosparacatequesis

Los últimos serán los primeros Lc 13,22-30 (TOC21-19)

● El evangelio de hoy nos relata un episodio acontecido durante el largo camino de Jesús desde Galilea hasta Jerusalén, cuya descripción ocupa más de una tercera parte del evangelio de Lucas (Lc 9,51 a 19,28).

● Lucas 13,22: El camino de Jerusalén. “Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.”. Más de una vez Lucas dice que Jesús está de camino hacia Jerusalén. En los diez capítulos que describen el viaje hasta Jerusalén (Lc 9,51 a 19,28), Lucas, constantemente, recuerda que Jesús está de camino hacia Jerusalén (Lc 9,51.53.57; 10,1.38; 11,1; 13,22.33; 14,25; 17,11; 18,31; 18,37; 19,1.11.28). lo que es claro y es definido desde el comienzo el es destino del viaje: Jerusalén, la capital, donde Jesús será condenado a muerte (Lc 9,31.51). Raramente, informa sobre el recorrido y los lugares por donde Jesús pasaba. Sólo al comienzo del viaje (Lc 9,51), en medio (Lc 17,11) y al final (Lc 18,35; 19,1), sabemos algo respecto del lugar por donde Jesús estaba pasando. De este modo, Lucas sugiere la siguiente enseñanza: tenemos que tener claro el objetivo de nuestra vida, y asumirlo decididamente como hizo Jesús. Debemos caminar. No podemos detenernos. Pero no siempre es claro y es definido por dónde pasamos. Lo que es cierto es el objetivo: Jerusalén, donde nos espera el “éxodo” (Lc 9,31), la pasión, la muerte y la resurrección.

● Lucas 13,23: La pregunta sobre los pocos que se salvan. A lo largo del camino hacia Jerusalén acontece de todo: informaciones sobre las masacres y los desastres (Lc 13,1-5), parábolas (Lc 13,6-9.18-21), discusiones (Lc 13,10-13) y, en el evangelio de hoy, preguntas de la gente: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?" ¡Siempre la misma pregunta alrededor de la salvación!

● Lucas 13,24-25: La puerta estrecha. Jesús dice que la puerta es estrecha: " Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.”. Jesús ¿dijo esto para llenarnos de miedo y obligarnos a observar la ley como enseñaban los fariseos? ¿Qué significa esta puerta estrecha? ¿De qué se trata? En el Sermón de la Montaña Jesús sugiere que la entrada en el Reino tiene ocho puertas. Son las ocho categorías de personas de las bienaventuranzas: (a) pobres de espíritu, (b) mansos, (c) afligidos, (d) hambrientos y sedientos de justicia, (e) misericordiosos, (f) limpios de corazón, (g) constructores da paz y (h) perseguidos por causa de la justicia (Mt 5,3-10). Lucas las reduce a cuatro: (a) pobres, (b) hambrientos, (c) tristes y (d) perseguidos (Lc 6,20-22). Solamente entran en el Reino los que pertenecen a una de estas categorías enumeradas en las bienaventuranzas. Esta es la puerta estrecha. Es la nueva mirada sobre la salvación que Jesús nos comunica. ¡No hay otra puerta! Se trata de la conversión que Jesús nos pide. Insiste en lo siguiente: " Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: `¡Señor, ábrenos!' Y os responderá: `No sé de dónde sois.”. El tiempo hasta la hora del juicio, es tiempo favorable para la conversión, para cambiar nuestra visión sobre la salvación y entrar en una de estas ocho categorías.

● Lucas 13,26-28: El trágico malentendido. Dios responde a los que llaman a la puerta: “No sé de dónde sois”. Pero ellos insisten y argumentan: ¡Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras! No basta haber convivido con Jesús, no basta haber participado en la multiplicación de los panes y haber escuchado sus enseñanzas en las plazas de las ciudades y en los poblados. No basta haber ido a la iglesia y haber participado en las instrucciones del catecismo. Dios responderá: ¡No sé de dónde sois!. Retiraos de mí, todos los malhechores!”. Trágico malentendido y falta total de conversión, de comprensión. Jesús declara injusticia aquello que los demás consideran ser cosa justa y agradable a Dios. Es una visión totalmente nueva sobre la salvación. La puerta es realmente estrecha.

● Lucas 13,29-30: La clave que explica el malentendido. “Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.”. Se trata de un gran cambio que se operó con la venida de Dios hasta nosotros en Jesús. La salvación es universal y no sólo del pueblo judío. Todos los pueblos tendrán acceso y podrán pasar por la puerta estrecha.

Cómo surgió la Iglesia

Para comprender cómo surgió la Iglesia. Muchas de las preguntas actuales acerca de cómo debe ser la Iglesia del tercer milenio encuentran en la eclesiología primitiva y de la iglesia antigua respuestas, sugerencias e interpelaciones. Partiendo del proyecto de Jesús, se estudia cómo se da un proceso teológico e histórico en el que dicho proyecto se transforma. Este libro ha sido pensado como eclesiología para laicos y comunidades cristianas que quieren dar razón a su propia fe.




Su índice:
Introducción
1. Del proyecto del reino a la comunidad de discípulos
2. De la comunidad de discípulos a la iglesia cristiana
3. La concepción primitiva de la iglesia
4. Cómo surgieron los apóstoles y los ministros
5. Cómo surgió el primado del papa
6. Una comunidad de laicos

Autor:Juan Antonio Estrada Díaz
Editorial Verbo Divino
ISBN 978-84-8169-304-1
304 páginas
Precio 20,90 euros

Para reflexionar Lc 12,32-40 (TOC19-19)

12,32 No hay motivo para tener miedo.
No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Aseguración de Jesús de frente al miedo de los discípulos a través de la metáfora del rebaño (Jn 10; 21,15-17) y del buen pastor. Se necesita temer a los falsos profetas (Mt 7,15). El Padre quiere que no se pierda ninguno (Mt 18,12-16), Él nos proporcionará todo (Rom 8,28-32). Un puesto nos ha preparado desde la fundación del mundo (Mt 25,34), somos herederos con el Hijo (1Pt 1,3-5).

12,33-34 Acojamos hoy la riqueza del poseer a Dios, único bien. ¡Sólo Dios basta!
Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Jesús ya había dicho lo de no acumular bienes (Mt 6,20-21). La comunidad cristiana había entendido el sentido de la libertad de bienes y la del compartir (At 4,34) porque el tiempo se ha hecho breve (1Cor 7,29-31). La vida nueva en Cristo se convierte en el criterio para la posesión de cualquier bien.

12,35 Empeñémonos en lo cotidiano
Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas;
Porque al Padre le ha agradado daros el Reino, es necesario estar preparados para poseerlo, después de haber dejado todo impedimento. Los judíos se ceñían sus largos vestidos a los lomos para poder trabajar mejor. Elías se ciñe para correr (1Re 18,46). La conducta que Jesús recomienda a los que esperan su venida es la de ponerse a la obra, de no caer en la mediocridad (1Ts 5,6-8; 1Pet 5,8; 1,13). La vigilancia es fundamental para el cristiano. Más que una conducta moral es la condición de vida, una vez revestido de Cristo y dedicado a su Reino.

12,37-38 El encuentro con Dios será maravilloso
Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará poner a la mesa y yendo de uno a otro les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así ¡dichosos ellos!
¡Es sorprendente el gesto del señor que se pone a servirlos! Es lo que ha hecho Jesús lavando los pies a los discípulos (Jn 13,4-5). La noche dividida en partes (Mc 13,35) según el uso romano, se convierte cada vez más empeñativa para el que vigila. El futuro está garantizado por la fidelidad creativa al Señor.

12.39 No perdamos el tiempo (¡y dinero!) para proveer el futuro
Entendedlo bien: si el dueño da casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa.
Un argumento para la vigilancia es el hecho de que no se sabe cuando vendrá el Señor (Mt. 24,42-51). Tanto el día del juicio final como el de la muerte individual son desconocidos. Su venida no puede ser prevista (Ap 3,3). Esto impresionó mucho a los discípulos (1Ts 2,1-2: 2Pt 3,10).

12,40-41 El amor y no la pertenencia formal debe ser nuestra fuerza.
Estad también vosotros preparados, porque cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre. Dijo Pedro: “Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?”
Pedro, su hombre viejo, todavía piensa en cualquier privilegio, habiendo abandonado todo por seguir a Jesús (Mt 19,27). Jesús ayuda a madurar la conciencia de Pedro, respondiendo indirectamente con la parábola del buen administrador.
La conversión es un proceso que dura toda la vida, incluso para los que se sienten cercanos al Señor.

Esperanza y libertad Lc 12,32-40 (TOC19-19)

“La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban”. El libro de la Sabiduría (Sab 18,6-9) recuerda así la larga esclavitud que el pueblo de Israel padeció en Egipto. Y, sobre todo,  celebra y agradece la intervención de Dios para liberarlo.
 • En primer lugar, el texto recuerda la noche. En medio de las tinieblas resonó la señal de Dios para salir de Egipto y comenzar a caminar hacia la tierra de la libertad. En medio de nuestra oscuridad es posible escuchar la voz de Dios que abre un camino insospechado.
• El anuncio de la liberación no generó en los padres de Israel un sentimiento de orgullo y de autosuficiencia. No eran ellos los que habían soñado y proyectado la salida de Egipto. La iniciativa era de Dios. Bastaba creer en él. Y agradecerle el don de la liberación. 
• La esperanza de la partida tampoco aumentó el individualismo. Todos supieron que la intervención de Dios se dirigía al pueblo de los oprimidos. Todos estaban llamados a salir de Egipto. Todos habían de compartir los riesgos y las esperanzas.   

LAS ENEMIGAS DE LA ESPERA
A esta memoria del pasado, evocado por el libro de la Sabiduría, corresponde el mensaje evangélico  sobre la libertad y la esperanza (Lc 12,32-48). También en él se subrayan al menos tres virtudes: la generosidad del desprendimiento; la vigilancia en la espera y la responsabilidad en la convivencia.
• La esperanza no se entiende con la indiferencia. Si esperamos al Señor hemos de compartir con los demás nuestro tesoro. Ni las cosas ni las instituciones pueden ofrecernos la salvación. Es un suplicio la espera cuando no se cultiva la fraternidad. La esperanza nos exige mantener buenas relaciones con nuestros hermanos.
 • La esperanza no se hermana con la pasividad. Si esperamos al Señor, no podemos vivir adormilados. Es preciso estar despiertos y vigilantes como el centinela que aguarda la aurora. Como los criados que aguardan el regreso de su amo. El Señor recompensa nuestra espera y nuestra paciencia, humillándose hasta hacerse  nuestro servidor.
• La esperanza no se compagina con la glotonería. Si esperamos al Señor, hemos de mantenernos sobrios. Las mil adicciones que hemos ido aceptando como hábitos inocentes  terminan por llevarnos a perder el juicio, nos degradan y nos esclavizan. Sólo se salvan los que tienen hambre y sed de la justicia.

Y LAS AMIGAS DE LA ESPERANZA 
Pero el evangelio no trata solo de proponer buenas actitudes humanas.  En realidad nos presenta a Jesús como el Hijo del hombre, que viene a traernos la salvación que esperamos. Una frase resume la urgencia y el gozo de la espera: “Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre?”. 
• “Estad preparados”.  No se prepara a recibir al Señor quien sucumbe a las tentaciones de la desesperanza o de la presunción. La primera nos hace creer que nunca llegaremos a la meta. Y la segunda pretende convencernos de que ya la hemos alcanzado. En ambos casos nos impiden seguir caminando con decisión y esperanza, con audacia y alegría. 
• “A la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre?” A veces entendemos esta frase como una amenaza. En realidad, es una advertencia para que prestemos atención a los signos de los tiempos. A la hora que menos pensamos podemos descubrir que el reino de Dios está aquí, que el Señor camina con nosotros.  
Este es el libro póstumo del Card. Fernando Sebastián Aguilar. En él, se nos ofrece una mirada abuerta y sincera sobre el cristianismo en España. Un análisis y una propuesta.
"Estoy convencido de que el cristianismo es el mejor elemento de nuestro patrimonio cultural, el más renovador. Por eso me esfuerzo en mostrar la bondad y la posibilidad de un cristianismo abierto, que convive sinceramente con la cultura moderna en libertad y lealtad, aceptando todo lo bueno".
"Este es un libro nacido del corazón. Casi sin pensarlo, el libro me ha nacido de golpe, de una vez. No es un libro de teología ni es un libro únicamente de pastoral. Tiene un poco de todo. En él quiero ofrecer a los lectores una visión real de nuestra Iglesia en el momento actual, con sus grandes valores y el reconocimiento sincero de sus debilidades, pero sobre todo con la gran esperanza y el firme deseo de su renovación y de su crecimiento".
Autor: Fernando Sebastián Aguilar
Publicaciones Claretianas
ISBN 978-84-7966-657-6
 216 páginas
Precio 17 euros

La oración del silencio

Este libro recoge una treintena de textos del padre José Fernández Moratiel, creador de la Escuela del Silencio, un camino espiritual que conduce hacia el encuentro con Dios en el puro silencio interior, ayudando a experimentar su presencia dentro del corazón y silenciando todo lo que nos impide contemplarle. Se trata de textos breves, que parten de una cita bíblica y van desgranando una espiritualidad sencilla, para vivir en el día a día, en la vida cotidiana, cada uno a nuestro nivel y según nos permitan nuestras propias circunstancias y capacidades. La oración del silencio es un libro pensado a modo de guía espiritual, para leer poco a poco, no de corrido, sino dejando que el silencio se haga un hueco en el corazón para así contemplar a Dios. El libro tiene una amplia introducción de Fr. Julián de Cos, que permite conocer más a fondo la Escuela del Silencio y a su Fundador.

Autor Jóse Fdez. Moratiel
Editorial San Pablo
ISBN: 9788428541220
200 páginas
Precio 11,10 euros

Brevedad de la vida Lc 12,13-21 (TOC18-19)

“Vaciedad sin sentido, todo es vaciedad”. Es muy conocido este inicio del libro del Eclesiastés (Ecl 1,2). El texto añade una reflexión sobre la preocupación humana por el trabajo: “Hay quien trabaja con destreza, con habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción a quien no ha trabajado. También esto es vaciedad y gran desgracia” (Ecl 2,21-23).
Pero el problema no es el  trabajo sino la fugacidad de la vida, que quita sentido a los afanes por acumular unos bienes que es preciso  dejar a otros. Con frecuencia olvidamos que no estamos en esta tierra para vivir aquí para siempre.
Esa idea de nuestra limitación temporal se repite en el salmo responsorial, en el que nos dirigimos a Dios reconociendo que nuestra vida es frágil y breve: “Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna” (Sal 89,)
Por feliz coincidencia, en la segunda lectura de la misa de hoy, san Pablo nos recuerda que hemos resucitado con Cristo. Y, por tanto, nos exhorta a aspirar a los bienes de arriba, no a los de la tierra (Col 3,1-2).

MEDIADOR Y ÁRBITRO
El evangelio de Lucas, que vamos siguiendo a lo largo de este año, se refiere con frecuencia al dinero, o mejor a los pobres y a los ricos. El texto que hoy se proclama en la Liturgia (Lc 12,13-21) podría dividirse en dos partes, centradas en el  tema de la codicia.
• En la primera parte, uno de los que escuchan a Jesús le expone su enemistad con su hermano a causa de la herencia familiar. Su petición nos recuerda la de Marta. Ambos piden a Jesús que haga de mediador en cuestiones familiares: “Dí a mi hermana… Dí a mi hermano…” También hoy  algunos quieren que Jesús solucione sus problemas.
• En la segunda parte, leemos la parábola de un hombre rico que ha recogido en sus campos  una cosecha muy abundante. Junto a la satisfacción por la cosecha, se le plantea el problema de construir unos almacenes más amplios para recogerla. Pero Dios es el árbitro que marca el final de nuestra carrera. 
Con todo, el mensaje que se desprende de la parábola subraya sobre todo la arrogancia y el engaño en el que vive este hombre. Parece convencido de que la abundancia de sus bienes le garantiza una larga vida. Como en el libro del Eclesiastés, también en este relato se sugiere que la preocupación verdadera es la de la caducidad de la existencia.

DIOS Y LOS DEMÁS
Es interesante descubrir que la parábola contrapone a la palabra del rico la palabra de Dios. El rico espera disfrutar de su cosecha durante muchos años. Pero Dios le anuncia que su vida ha llegado a su término.
• “Necio, esta noche te van a exigir la vida”. Si la sabiduría refleja la armonía del hombre con Dios, la necedad revela la autosuficiencia de la persona, es decir su pecado. No se puede olvidar que quien decide la duración de la vida no es el hombre sino Dios. Nadie es dueño de su futuro.
• “Lo que has acumulado ¿de quién será?” Además de escuchar la voz de Dios, el hombre siempre ha de prestar atención a sus hermanos. El rico es interpelado por Dios, pero hará bien en recordar a las personas que lo rodean. Ninguna cosecha le pertenece para siempre. Siempre hay unos “otros” que heredarán nuestros bienes. 
Por qué somos católicos es un libro que explica la fe católica y que puede leer cualquier persona, sea atea, católica practicante o no. En él, Trent Horn usa un lenguaje sencillo, analogías sugerentes e historias reales que ayudan al lector a entender verdades sobre Cristo, la doctrina católica y sus enseñanzas morales.

Autor Trent Horn
Editorial Palabra
ISBN 978-84-9061-810-3
304 páginas
Precio: 19 euros

Abriendo caminos. Cuentos y reflexiones

El presente libro tiene la osadía de seguir el método de predicación de Jesús, el Maestro. Parte de los acontecimientos de la vida diaria e intenta captar los mensajes positivos que contienen. Esto significa leer los hechos de cada día, teniendo siempre como horizonte la Buena Noticia que Jesús vivió y anunció.

Los hechos que nos presentan en libro son sencillos, comunes, pero que proporcionan preciosas enseñanzas. El propio lector podrá indicar otros hechos semejantes y hasta mejores. Al final de cada historia hay un pequeño mensaje y algunas preguntas que facilitarán el trabajo en grupo.

Autores: Aldo Colombo y Itamar Vian
Ediciones Paulinas 
159 páginas
Precio: 12 euros

Confianza y oración Lc 11,1-13 (TOC17-19)

En el libro del Génesis encontramos un hermoso diálogo entre Abrahán y los tres personajes que lo visitan en el encinar de Mambré (18,20-32). En realidad, es un regateo   con el mismo Dios.  El patriarca Abrahán quiere saber cuántos justos bastarían para que Dios perdonase los crímenes de la ciudad de Sodoma.
Este diálogo es una revelación de Dios y de su misericordia. Al mismo tiempo nos ofrece un retrato de Abrahán y una interpelación a nuestra fe.  Si, por una parte, refleja la amistad del patriarca con Dios, por otro lado nos interroga sobre la fe y la confianza que animan nuestra oración.
Con el salmo responsorial proclamamos que el Señor escucha nuestra oración y que su  misericordia dura por siempre (Sal 137). Nuestra fe nos dice que el Señor, que podría perdonar a Sodoma, ha perdonado ya todas nuestras culpas (Col 2,13).

UN AMIGO Y UN PADRE
A lo largo del evangelio de Lucas se encuentran muchas alusiones a la oración. El texto que hoy se proclama (Lc11,1-13) contiene tres secciones dedicadas a ese tema.  
• En la primera sección, se dice  que los discípulos, tras ver a Jesús en oración, le piden que les enseñe a orar, como Juan había enseñado a sus discípulos. Evidentemente, ellos ya sabían orar. Pero deseaban tener una oración con la que pretendían distinguirse. Y Jesús les enseña el “Padre nuestro”.
En la oración que Jesús nos dejó como resumen de su enseñanza, el sujeto es siempre un “nosotros”. En ella no hay lugar para un “yo” cerrado en sí mismo. Reconocer a Dios como Padre nos lleva a aceptar el don y la tarea de la fraternidad.
• En la segunda sección, Jesús utiliza las imágenes del amigo y del padre para revelar a los suyos la misericordia de Dios.
A pesar de la incomodidad que eso suponía en las viviendas de aquel tiempo, el amigo se levanta para atender al que llega a media noche para pedirle unos panes.
Además, Jesús se refiere a un padre que siempre está dispuesto a dar cosas buenas a su hijo.  Pues bien, también el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

LA ÚNICA COSA BUENA
En una tercera sección se encuentran una exhortación a la que acompaña una promesa y, además, una motivación que parece evocar la sabiduría de los  proverbios populares:
• “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Los tres imperativos recuerdan la condición humana. A pesar  de nuestro orgullo, hemos de reconocer que nuestra vida está marcada por la necesidad, la desorientación y el desamparo.  Por eso pedimos, buscamos y llamamos a la puerta de los demás.
• “Porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”. Todos hemos pasado malos momentos en nuestra vida. Pero no podemos resignarnos al fracaso. Aunque todo parezca fallar a nuestro alrededor, siempre podremos contar con  Dios. Él se nos da, se nos hace encontradizo y nos abre la puerta de su intimidad.

Jesús enseñaba así

La Buena Nueva de Jesucristo no cambia, lo que hay que hacer es adaptarla a la comprensión de las nuevas generaciones y a las circunstancias actuales. Este libro trata de acudir al método de enseñanza del Maestro por excelencia, Jesús de Nazaret, que, pudiendo enseñar con los recursos propios de un teólogo y de un conocedor perfecto de las leyes y tradiciones de su pueblo, recurrió a sencillas parábolas para explicar lo divino y lo humano. Siguiendo su huella, Chema Álvarez hace un recorrido por todas las parábolas del Evangelio, extractando las enseñanzas que los cristianos debemos aprender y adaptándolas al sentir de hoy. La presentación y comentario de las parábolas se acompaña de cuadros con preguntas para la reflexión. El libro incluye también cuatro anexos, con recomendación de películas, canciones y libros y una serie de dinámicas y actividades para su desarrollo.



Autor José María Álvarez Pérez
Editorial S. Pablo
ISBN: 9788428557597
224 páginas
Precio 15 euros

Hospitalidad y promesas Lc 10,38-42 (TOC16-19)

 “Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo” Con estas palabras se dirige Abrahán a los tres peegrinos que han llegado hasta su tienda, allá en el encinar de Mambré (Gén 18,1-10). La proverbial hospitalidad de los beduinos se convierte en oración en sus labios.  Una petición que puede inspirar a todos los creyentes.  
Pero el texto no solo se hace eco de la súplica del nómada. Recoge también la promesa que formula uno de los peregrinos que han sido acogidos por él: “Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo”. Una promesa que revela el carácter divino de aquellos mensajeros. 
El salmo responsorial se hace eco de esta escena  bíblica y nos invita a repetir: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?” (Sal 142,2). La respuesta del salmo es una memoria de virtudes que predisponen a la persona para encontrarse con los demás y con el mismo Dios.

LA INDIFERENCIA DE JESÚS
También en el evangelio que hoy se proclama encontramos una escena de hospitalidad. Mientras va de camino, Jesús se detiene en una aldea. Una mujer llamada Marta le ofrece hospitalidad en su casa y se precocupa de servirle. Mientras tanto, su hermana María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (Lc 10,38-42).
Marta se queja ante Jesús de que su hermana la deje a ella sola ocuparse de las atenciones que requiere la hospitalidad: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano”.
 Naturalmente esa interpelación que brota de los labios  de Marta puede ser interpretada como una doble acusación. Marta está incómoda por la actitud de María. Pero, de paso, considera que Jesús no hace bien en ignorar aquella situación. Cabe todavía preguntarse si esta doble acusación se debe al cansancio o tal vez a un ataque de celos.
Durante una tempestad en el mar, los discípulos se habían dirigido a Jesús con una fórmula muy semejante: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” (Mc 4,38). El escenario es muy diferente. Pero el lamento es muy semejante. En un caso y en otro late la inquietud por la aparente indiferencia de Jesús ante la situación de la persona.


LAS OCUPACIONES Y EL SENTIDO
Ahí queda la pregunta. Pero también nos interesa escuchar la doble respuesta que Jesús dirige a Marta. 
• “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria”. Esta observación va dirigida a toda la Iglesia, que parece demasiado empeñada en multiplicar su actividad. Pero es válida también para una sociedad que pone todo su afán en las ocupaciones  terrenas, mientras se olvida de considerar el sentido que encierran.
• “María ha escogido la mejor parte, y no le será arrebatada”. Esta segunda manifestación de Jesús se dirige de nuevo a la Iglesia, llamada a escuchar la palabra del Señor. Pero interpela también a una sociedad que persigue a los creyentes y desprecia sus creeencias, sus símbolos y sus ritos. 

Dame tiempo

Sacar adelante la tarea profesional y a los hijos sustenta una paradoja que descorazona un poco: cuando ajustamos las prioridades a ese orden exacto –profesión y familia–, nos encontramos con frecuencia a punto de estallar, agobiados, estresados, insomnes, culpables de casi todo y muertos de agotamiento. Y cuando el orden se invierte –hijos y trabajo–, podemos sentir los mismos síntomas de desequilibrio.

Crear una familia supone un compromiso de vida, tal vez el más importante; del trabajo dependen buena parte de la realización personal y el sustento. Si fueran los dos platillos de una balanza, nosotros actuaríamos de peso hacia uno u otro, y el fiel de esa balanza es el tiempo.

Este libro es una colección de 25 cuentos breves protagonizados por relojes, padres, hijos, abuelos, nietos… Lo escriben muchas personalidades de la vida española, escritores con larga trayectoria, reconocidos profesionales de distintos campos, jóvenes que comienzan a caminar… Todos están preocupados.

Es hora de que se permita a todos conciliar trabajo y vida personal. El debate está abierto, las leyes y las empresas empiezan tímidamente a contemplar iniciativas, y se extiende la certeza de que debemos armonizar nuestro ritmo de vida. ¡Necesitamos pasar más tiempo en familia! Todo tiempo es tiempo de vivir.

Autores: Carmen Guaita e Ignacio Buqueras y Bach (coord.)
Editorial: PPC
ISBN 9788428834162
248 páginas
Precio 22 euros

El mandamiento inevitable Lc 10,25-37 (TOC15-19)

“Escucha la voz del Señor tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos…El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda ni inalcanzable…El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo” (Deut 30,10-14).  Son muy atinados esos avisos que el libro del Deuteronomio pone en boca de Moisés.
Los mandamientos de Dios a su pueblo no han nacido de un capricho divino. Corresponden a los grandes valores éticos que la humanidad de todos los tiempos ha podido descubrir, gracias a la experiencia humana y a la luz natural de la razón. El cumplimiento de esos preceptos y mandatos garantizaría la paz y la justicia, la armonia y la concordia.
El salmo responsorial que hoy se canta nos exhorta a la humildad y nos invita a buscar al Señor, para que nuestro corazón pueda alcanzar una vida nueva y feliz (Sal 68,33-34).

DOS PREGUNTAS Y UN MENSAJE

Segñun el evangelio de este domingo (Lc 10,25-37), un letrado se acerca a Jesús y le dirige una pregunta muy semejante a la del joven rico: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” Jesús conoce las tradiciones de su pueblo y puede también leer lo que hay en el interior de su interlocutor.
Jesús supone que el letrado conoce ya el camino que lleva a la vida. Y así es. El letrado menciona un precepto del libro del Deuteronomio: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser”.  Y añade  otro precepto que se encuentra en el libro del Levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
El primer precepto era generalmente admitido por todos. Pero el segundo suscitaba por entonces numerosas discusiones. Según algunos, el prójimo digno de amor era quien pertenecía al pueblo de Israel. Según otros, prójimo era tan solo el que cumplía la Ley. Así que el letrado dirige a Jesús una segunda pregunta: “¿Quién es mi prójimo”.
Jesús responde con un relato sobre un viajero que baja de Jerusalén a Jericó por un camino infestado de ladrones, que lo apalean y lo dejan medio muerto.
 
MISERICORDIA PARA TODOS

El relato continúa evocando a tres personajes que pasan por el mismo camino, a cuya orilla yace aquel hombre malherido.
• En primer lugar, pasa por allí un sacerdote. Ve al hombre maltrecho, pero da un rodeo para no acercarse a él, tal vez para no contaminarse con la sangre. El caso es que pasa de largo y no se interesa por él.
• Después pasa por el mismo lugar un levita, que repite los mismos gestos. También él da un rodeo para mantenerse alejado del herido. Y también él trata de ignorar su desgracia y pasa de largo.
• Pasa por allí otro viajero que se fija en el herido. Se le conmueven las entrañas, cura sus heridas, lo carga en su cabalgadura y lo lleva a un albergue. Tras atenderlo personalmente, deja un dinero al posadeo para que siga cuidando de él y promete volver por alli y  pagar los gastos que el cuidado haya causado.
  Al final del relato, Jesús cambia la segunda pregunta del letrado. No vale preguntarse quién es el prójimo sino quién se hace prójimo del hombre apaleado. El letrado responde secamente que aquel que tuvo misericordia. Nunca pronunciaría la palabra “samaritano”. Pero sus escrúpulos nacionalistas nos han dado la respuesta precisa.

El rey de los Mindundis ¡FELICES!


Cuarto libro de la serie que comenzó con El Rey de los mindundis. En esta ocasión, también en formato cómic, se aborda uno de los mensajes centrales del Nuevo Testamento: las Bienaventuranzas, el discurso de amor y la humildad que Jesús nos dejó en el sermón de la montaña.

Una entrega que te ofrece la posibilidad de buscarte desde lo más hondo; de encontrarte y arriesgarte a ser feliz. 

Autores Pilar Ramírez y Jesús Mario Lorente


Editorial Edelvives
ISBN 9788414023518
páginas
Precio 10 euros