Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

El bautista y el bautizado Lc 2,15-16.21-22 (NAVC-bautismo)

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados“ (Is 40,1-2). Así comienza la segunda parte del libro de Isaías. Se ha terminado el tiempo de la prueba, es decir, la deportación del pueblo hebreo en Babilonia. Ha llegado el tiempo del consuelo y de la redención.
En los versos siguientes se oye una voz que invita a preparar en el desierto un camino al Señor. Esas palabras, que hemos escuchado durante el Adviento, son evocadas por los evangelios cuando nos presentan la figura de Juan Bautista.
El salmo responsorial es un canto de alabanza a Dios por la maravilla de su creación (Sal 103). Toda una invitación a contemplar la belleza de este mundo.
En la segunda lectura, que nos recuerda la misa de la nochebuena, san Pablo proclama que Dios nos ha  salvado con el baño del segundo nacimiento (Tit 3,4-7).

EL MESÍAS ANUNCIADO
Estos textos preparan nuestro espíritu para la celebración de esta fiesta del Bautismo de Jesús.  En el evangelio de Lucas que hoy se proclama (Lc 3,15-16. 21-22) escuchamos la voz de Juan el Bautista. El pueblo estaba en expectación y muchos se preguntaban si no sería el Mesías esperado. Pero sus palabras revelaban su profunda humildad.
• “Yo os bautizo con agua, pero viene el que puede más que yo”. Se sabía enviado a purificar a su pueblo en la espera del gran advenimiento. Bien sabía él que su misión consistía en anunciar  la llegada de alguien que había de dar pruebas del poder de Dios. 
• “Yo no merezco desatarle la correa de sus sandalias”. Juan no osaba compararse con el Mesías que estaba a punto de aparecer entre su pueblo, Bien sabía él que ante Dios todos los merecimientos humanos son fruto de la gracia.
• “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. El Mesías que Juan anunciaba purificaría a su pueblo por medio del Espíritu de Dios.  Bien sabía él que las imágenes del viento y del fuego manifestaban claramente la necesidad de purificar el corazón.

EL HIJO PREDILECTO
Juan se consideraba menos que un esclavo. El evangelio de Lucas parece haber tomado en serio esa expresión. De hecho, no lo presenta como el ministro del bautismo de Jesús: “En un bautismo general, Jesús también se bautizó”. El precursor desaparece de la escena.
El evangelio de Lucas, recuerda una y otra vez la oración de Jesús. Y ese es el ambiente en el que sitúa su bautismo: “Mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi hijo, el amado, el predilecto”.
• “Tú eres mi hijo”. La fe cristiana nos lleva a recordar la verdad que ya se anunciaba en las palabras del salmo: “Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy” (Sal 2,7). Como Jesús, también nosotros reconocemos e invocamos a Dios como nuestro Padre.
• “El amado”. En el libro del Génesis leemos la orden que Dios dirigió a Abraham: “Toma a tu hijo único, Isaac, al que amas…y ofrécelo en holocausto” (Gén 22,2). Como Isaac, también Jesús descubre en su bautismo un camino que lo llevaría al sacrificio.
• “El predilecto”. En el primer poema del Siervo del Señor, Dios lo llama “mi elegido en quien se complace mi alma” (Is 42,1). Jesús es el predilecto de Dios. Esa predilección de Dios sustenta la confianza de Jesús en su Padre y sostiene también  la nuestra.

La búsqueda de los Magos Mt 2,1-12 (NAV-Epifanía)

“Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor”. La Ciudad Santa sería la meta de la peregrinación de todos los pueblos. Esta profecía que se encuentra en el libro de Isaías (Is 60,6) anticipa el relato evangélico de la llegada de los Magos a Jerusalén.
 En el texto del profeta se aludía a las riquezas que las gentes traerían a la Ciudad Santa. Pero era más importante el anuncio de la luz que ella iba a irradiar sobre todos los habitantes de la tierra. Ese era el don que Dios concedía a Jerusalén y la responsabilidad que de ella se esperaba. Tendría que reflejar el resplandor de Dios.
También el salmo 71 anuncia la llegada de todos los reyes. Ya no serán solamente atraídos por el esplendor de Jerusalén. Vendrán a postrarse y a servir a un rey al que Dios confía su juicio y su justicia. Un rey que librará a los pobres y a los afligidos (Sal 71).
Según san Pablo, esas antiguas promesas se cumplen en Jesucristo. Gracias a él, también los paganos participan de ellas (Ef 3,6).

LAS ACTITUDES DE LOS MAGOS
En el relato evangélico de la llegada de los Magos que hoy se proclama (Mt 2,1-12) el protagonista principal es Jesús. Él es el rey compasivo y redentor de los pobres que anunciaban los textos antiguos. En efecto, ellos no se refería tanto a un lugar como a una persona. Jesús es el príncipe esperado.
Los Magos no solo representan a los pueblos paganos que descubren una luz que los lleva hasta el Salvador. Señalan también las actitudes de los que buscan la verdad: observar la naturaleza, ponerse en camino, aceptar el riesgo de consultar la Escritura, humillarse ante el Señor y regresar al propio ambiente con un ánimo renovado.
Es cierto que los signos de la naturaleza no son percibidos por todos de la misma forma. La aparición de la estrella suscita en los Magos el deseo de salir a buscar, reconocer y venerar  a un nuevo rey. Pero suscita también en el rey Herodes el miedo a perder su poder y la voluntad de dar la muerte a una vida que se abre ante él. 
En su escrito ante la muerte, el papa san Pablo VI pedía perdón a Dios por no haber dedicado más tiempo a contemplar la naturaleza. Evidentemente podemos detenernos a ver su belleza o a calcular los beneficios y ganancias que podremos obtener de ella. Pero es necesario aprender a leer, como los Magos, el mensaje que el Creador nos transmite en su creación. 

LAS PALABRAS DE LOS MAGOS
“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Esas son las únicas palabras que se ponen en boca de los Magos. En el contexto del relato evangélico, revelan el sentido de la búsqueda de Dios.   
• “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?” Con frecuencia lamentamos la secularidad y aun la indiferencia de nuestra sociedad ante el misterio de la fe. Sin embargo, tal vez sean muchos los que buscan a Dios sin conocerlo. Buscan la verdad desde la duda. Buscan la belleza desde la frivolidad. Buscan la bondad desde el relativismo.
• “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. He ahí tres pasos del camino de la fe. La aparición de la estrella no depende de nosotros, pero es necesario observar los signos. No basta con mirar: hay que reflexionar sobre su significado, escrutando las Escrituras. Y finalmente hay que adorar al único que merecer adoración.