Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Entrada en Jerusalén, Mc 15,1-38

 “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”. Ese es el mensaje que Jesús ha confiado a los dos discípulos que ha enviado por delante de él a la aldea de Betfagé. Esas son las palabras que han de decir a quien les pregunte por qué están desatando al borrico y a dónde piensan llevárselo (Mc 11,1-10). 
El relato subraya el conocimiento divino de Jesús. Es un profeta. Sabe que sus discípulos van a encontrar un pollino apenas entren en la aldea. Y así es. Lo encuentran en la calle, atado a la puerta de una casa.
Además, el relato sugiere dos cualidades humanas de Jesús. Por una parte, su autoridad. Su mandato no encuentra resistencia. Y por otra parte, su capacidad de mantener relaciones de amistad. Todo nos hace pensar que Jesús conoce a los dueños del pollino.
De todas formas, esta introducción prepara la entrada de Jesús en la ciudad de Jerusalén. Una entrada que recuerda las de los reyes antiguos que regresaban victoriosos de un combate.  

LOS MANTOS Y EL FOLLAJE
La segunda parte del relato describe minuciosamente los gestos de los discípulos: traen el pollino hasta Jesús y lo cubren con sus propios mantos. El texto no ha dicho que los discípulos conozcan ya lo que pretende hacer su Maestro. Pero se puede percibir que están dispuestos a prestarle sus servicios.
Por otra parte, el texto anota sencillamente que Jesús se sentó sobre el pollino. Seguramente, aquella acción, fácilmente imaginable, ya dejaba entender que se trataba de un gesto significativo de la misión misma de Jesús.
Además, el texto nos sitúa intencionadamente en el “camino”. Había llegado la hora de que Jesús culminara su peregrinación. A lo largo de los caminos se había encontrado con los enfermos y los pobres, con los pecadores y los marginados de la sociedad. Ahora, los peregrinos que lo acompañaban, le rendían honores al extender por el suelo sus mantos y el follaje que cortaban en los campos.

LAS ACLAMACIONES
La tercera parte del relato, recoge los gritos de los que precedían y seguían a Jesús en el camino:
• “¡Hosanna!” Esa antigua aclamación al rey (2Sam 14,4), se encontraba ya en los salmos como una súplica de ayuda (Sal 118,25). En este caso era un grito de saludo y de alegría.
• “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. También estas palabras se atribuían al rey que volvía victorioso. En esta ocasión decían mucho más. Porque efectivamente Jesús había venido en el nombre de Dios.
• “Bendito el reino, que viene de nuestro padre David”. De pronto, la nostalgia del reinado de David afloraba en los labios de los pobres y desheredados.  En esta oportunidad, el grito manifestaba su anhelo de un mundo de paz y de justicia.
• “Hosanna en las alturas”. Con motivo de la entrada de Jesús en Jerusalén, había llegado la hora de dar gracias al Altísimo, cuyo nombre no se podía pronunciar.

Defensa del Área de Religión Católica y su profesorado

El pasado sábado nos reuníamos en Madrid un grupo de profesores de diversas comunidades autónomas para defender la asignatura de Religión Católica y su profesorado (para leer más, PINCHA AQUÍ)

Habitar el Silencio

Habitar el silencio es un desafío apasionante, una aventura arriesgada. Como toda aventura en tierra desconocida genera miedos, inseguridad y mil excusas para no llevarla a cabo. Sin embargo, cuando nos atrevemos a introducirnos en el silencio, se abre para nosotros un mundo maravilloso. Primeramente descubrimos que el silencio está habitado por mil diversas cosas que pueblan ese espacio interior de cada cual, del que surgen nuestros sentimientos, estados de ánimo, pensamientos, deseos, imágenes, recuerdos y tantas cosas más. Tanto que, al poco de entrar en el silencio, nos percatamos de que está lleno de ruidos. Y que, si queremos habitar el silencio, antes debemos hacer espacio, vaciarnos, desalojar aquello que nos impide aquietarnos, serenarnos, transparentarnos y comenzar a ver y oír, a distinguir y poner nombre, reconocer y amigarnos con todo lo que allí va apareciendo. Porque no todo lo que aparece en el silencio es agradable.



Autor Luis Casalá
Editorial PPC
176 páginas
ISBN 9788428830775
Precio: 12 euros (6 euros en ebook)

El grano de trigo Jn 12,20-33 (CUB5-18)

“Ya llegan días –oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva”. Así comienza el texto de Jeremías que hoy se lee en la misa (Jer 31,31-34). En los domingos anteriores la liturgia cuaresmal nos ha presentado las sucesivas alianzas de Dios con Noé, Abrahán, Moisés y el pueblo deportado a Babilonia. 
Hoy se proclama la alianza que Dios promete tanto al reino del Norte como al reino del sur, separados a la muerte de Salomón y llevados ambos al destierro. Dios escribirá su ley en el corazón de las gentes. Será su Dios y será reconocido como tal por ese pueblo. Todos lo conocerán, desde el pequeño hasta el mayor. 
Haciéndose eco de esta promesa, el famoso salmo “Miserere” no invita a suplicar: “Oh Dios, crea en mi un corazón puro” (Sal 50). En el corazón de la cuaresma, la carta a los Hebreos nos recuerda que Cristo aprendió sufriendo a obedecer (Heb 5, 7-9).

LA HORA
En el evangelio se evoca un momento importante, en vísperas de la pasión y muerte de Jesús. El Maestro ha entrado ya en Jerusalén, acompañado por los que lo aclaman como “el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel” (Jn 12,13).
Entre los que llegaban a Jerusalén había siempre algunos paganos “temerosos de Dios”. Hablaban griego, como tantos otros ciudadanos del imperio romano.  Algunos de ellos, llegados para la celebración de la Pascua, se acercaron a Felipe para decirle: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe consultó con Andrés y ambos se lo dijeron a Jesús
Para el evangelio de Juan esos peregrinos representan a toda la humanidad que busca al Mesías. Cuando Jesús supo de aquel interés pareció entrar en éxtasis. Era como si hubiera llegado para él la señal de su hora: la hora de la glorificación.
Es en ese momento cuando pronunció la alegoría del grano de trigo. Es preciso que muera en el surco para producir fruto abundante (Jn 12,20-33). Jesús conoce y acepta el destino que le espera. Su muerte será fuente de vida para los que crean en el.

VER A JESÚS
La frase de los paganos que pidieron la ayuda de Felipe no debería quedar en el olvido. De hecho, refleja nuestro mejor anhelo:
• “Queremos ver a Jesús”. Esa aspiración es la de los cristianos más comprometidos con su fe. Con ella indican a veces su displicencia ante las cosas del mundo. O, mejor, su deseo de participar en la gloria definitiva del Hijo de Dios.
• “Queremos ver a Jesús”. Esa expresión se encuentra también en labios de los no creyentes. Ruegan a la Iglesia que les facilite el acceso a Aquél en quien ella dice creer. Le reprochan que no viva de verdad su fe y oculte a su Señor a los ojos del mundo.
• “Queremos ver a Jesús”. Debería ser ésta la confesión sincera y humilde de una comunidad que se sabe llamada al encuentro con su Señor y, sin embargo, se encuentra torpe y enredada en mil asuntos que dificultan su camino de fe.

Como el agua y el aceite (Melendi)




Letra: (muy buena para trabajar, en especial, su parte final que destaco)
Qué difícil es creer
Cuando sale el sol
Con cada mañana


Qué todo se apaga
Pero que bonito es
El saber que aún puedo comprender
A qué he venido
Porque sigo vivo
Aunque no sé que soy

Qué difícil es
Aceptar que tengo miedo a todo
Qué difícil es
Reconocerlo en su forma y modo
Qué difícil es
Intentar ser uno mismo
Cuando estás en el abismo
De saber que eres el todo
Y la nada

Si a la luna la llamamos luna
Y a la muerte muerte
Cómo puede ser
Que al mirarme en el espejo
No sepa quién es
Ese que me mira y no sabe que su pensamiento solo es
Una mezcla de barreras que ocultan su ser

Como el agua y el aceite

Y el tiempo se agota
Las horas son gotas
Que caen en un vaso
Que ha el paso que va
Siembran mi infinito
De escarcha y granito
En mi soledad

Qué difícil es
Aceptar que tengo miedo a todo
Qué difícil es
Reconocerlo en su forma y modo
Qué difícil es
Intentar ser uno mismo
Cuando estás en el abismo
De saber que eres el todo
Y la nada

Si a la luna la llamamos luna
Y a la muerte muerte
Cómo puede ser
Que al mirarme en el espejo
No sepa quién es
Ese que me mira y no sabe que su pensamiento solo es
Una mezcla de barreras que ocultan su ser

Como el agua y el aceite

Que el mundo está al reves
No pasa nada
Que sientes soledad
No pasa nada
Que tienes miedo a ser
No pasa nada
Que sufres sind porque
No pasa nada
Que no quieres mirar
No pasa nada
Que nunca pasará, ni pasa nada

En este Mundo de locos
Donde no somos pocos
Los que pensamos que no pertenecemos a él
Y que estamos aquí para recuperar alguna asignatura
Que se nos quedó pendiente
Metemos que es el amor esa cosa pendiente
Pues, según logo y sintiendo
Más aleja el pensamiento de la ley de la materia
Convirtiendo en algo etéreo mi vivir
Y olvidando al fin
Mi guerra personal por existir
Voy sintiendo que mis pasos
Nunca fueron mios del todo
Y quizás, tal vez el camino estuviera marcado
Y aunque torpe, siempre fui
Para ver, sin intereses
Impropios de un cantautor cuya casa es su canción
Y la vende sin dobleces
Que lindo maestro es la vida
Que te repite el examen hasta que por fin lo apruebes
Y sin no es en esta vida
Lo haremos en la siguiente
Ya ser un alumno más, eternamente
Ahora que sé donde el amor mora
En el presente, en el ahora

Educar en el orden

El orden afecta no solo en el plano material de las personas, sino que armoniza y equilibra los afectos, la voluntad y el carácter. Inculcarlo desde pequeños es una tarea fundamental de la labor de padres y educadores. Es además, en la mayoría de los casos, la principal batalla de padres y profesores en la convivencia con los niños y los adolescentes.

Este libro es la guía fundamental para conseguir que los niños sean ordenados en todos los aspectos de su vida. Lleno de consejos prácticos y de claves para cada etapa del crecimiento, profundiza en la importancia del orden no solo material, sino también en la formación de una personalidad fuerte y equilibrada.

Autor: Pablo Garrido Gil
Editorial Palabra
256 páginas
ISBN 978-84-9061-226-2
Precio: 12,40 euros

Será elevado para levantarnos Jn 12,20-33 (CUB5-18)


El juicio y la fe Jn 3,14-21 (CUB4-18)

“Se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo, a tal punto que ya no hubo remedio”. Resultan impresionantes estas palabras que se proclaman en la primera lectura de este domingo cuarto de Cuaresma (2 Cró 36,14-23).
La maldad y las infidelidades, tanto del pueblo como de sus dirigentes, llegaron a provocar la ira de Dios. La destrucción de Jerusalén y de su templo y el exilio de sus habitantes es la consecuencia de aquella depravación. Quienes no escucharon a los profetas serían reducidos a la esclavitud en Babilonia, hasta que Dios envió a Ciro como libertador.
El salmo responsorial canta la amargura de aquellos deportados, que a toda costa querían mantener la esperanza de volver a Jerusalén (Sal 136).
La segunda lectura nos recuerda que Dios es rico en misericordia y, a pesar de nuestros pecados, nos ama hasta el punto de hacernos vivir con Cristo (Ef 2,4-10). 

LA FE Y LA SALVACIÓN
El evangelio de hoy nos lleva a revivir aquella visita nocturna de Nicodemo (Jn 3,14-21). Jesús le anuncia que, al igual que la serpiente de bronce que Moisés alzó en medio del campamento de los hebreos, así será elevado él para dar la vida a los que crean en él.
 En aquella conversación sobresalen tres afirmaciones sobre Dios, que son también afirmaciones sobre Cristo y sobre el hombre:
• Dios ama a este mundo. Es decir ama al hombre que ha creado. Y lo ama hasta el punto de entregar a su Hijo. Lo entrega para que no perezca ninguno de los que creen en él. 
• Dios no pretende juzgar al hombre. Es el hombre quien determina su propio juicio en virtud de su fe o su increencia en el Hijo de Dios.
•  Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgarlo. El objeto del envío era y es que el mundo pueda salvarse por él. Eso es lo que Dios desea para toda la humanidad.  

LA LUZ Y LA VERDAD
 La larga conversación entre Jesús y Nicodemo resume los temas principales del evangelio de Juan. Entre ellos sobresalen los de la luz y la verdad.
• “El que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras”. Es esta una observación habitual en cualquier sociedad. En este contexto, es la luz del Evangelio la que revela lo que el hombre es en el fondo de su alma.
• “El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.  Generalmente se piensa que la verdad es algo que se ignora o se conoce. En este caso, la verdad es algo que se “hace”. La luz de Cristo revela si somos de la verdad.

El arte de Acompañar

Existe algo común en la tarea de madres, padres, profesores, profesores-tutores, amigos, médicos, psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, educadores sociales, directores espirituales, sacerdotes, coach, mentores: todos acompañan personas. Pero el acompañamiento, aunque es una tarea connatural al ser humano, también es un arte que hay que aprender si se quiere ejercer con eficacia. La buena voluntad no basta. Las siguientes páginas muestran, de modo sencillo y claro, el camino común a todo tipo de acompañamiento y ofrecen a los que se descubren vocacionados para acompañar, claves, instrumentos, y un método que les permite hacer su tarea de la manera más excelente posible.

Autor: Xosé Manuel Domínguez Prieto
Editorial PPC (Educar Práctico)
192 páginas
ISBN 9788428831765
Precio: 18 euros (14,50 eBook)

Entrada en el templo Jn 2,13-25 (CUB3-18)

“No tendrás otros dioses frente a mí”. Así comienza la primera lectura de este domingo tercero de cuaresma (Éx 20,1-17). Después de la alianza de Dios con Noé y con Abraham, que hemos meditado en los dos domingos anteriores, hoy se nos recuerda la alianza que Dios hizo con Moisés y con su pueblo.
En ese contexto se sitúa el Decálogo. Dios había liberado a Israel de la esclavitud que sufría en Egipto. Dios había hecho su parte. Pero la liberación exigía algo de parte de aquel pueblo y de todos los pueblos de la tierra. Los mandamientos no son un peso en las alas. Reflejan la responsabilidad con la que se ha de alcanzar y vivir la liberación.
En la segunda lectura, san Pablo nos invita a anticipar ya el misterio de la muerte de Cristo. El Crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los  griegos. Pero para los que creen en él  es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1, 22-25). 

LOS VENDEDORES Y LA LIMPIEZA
La celebración de la Pascua se anticipa también en la primera frase del evangelio que hoy se proclama (Jn 2,13-25). Hemos meditado muchas veces este episodio de la limpieza que Jesús escenificó en los atrios del templo de Jerusalén. Claro que casi siempre nos ponemos en su lugar, dispuestos a repartir latigazos más que a recibirlos.
• Jesús decide limpiar el templo de traficantes. Desea que sea una casa de oración, no una plaza de negocios. También hoy quiere una Iglesia y unos ministerios limpios.
• Jesús quiere que la casa de Dios sea un lugar de oración. También hoy nos pide que nos acerquemos a Dios en todo tiempo y en todo lugar.
• Jesús se refiere a su propio cuerpo, identificándolo con el templo de Dios. También hoy nos exhorta a respetar nuestro cuerpo y el de los demás.
Leído en este tiempo de cuaresma, este episodio nos prepara para la celebración de la muerte y resurrección de Jesús. El templo de su cuerpo seria destruido, pero al tercer día sería restaurado y resucitado para nuestra salvación y nuestra esperanza.  

LA VERDAD  Y LOS VALORES
La lectura de este episodio evangélico es muy interesante. Pero casi siempre olvidamos el final del relato. En él se nos habla de los que escuchan a Jesús y se nos recuerda cómo los veía él.
• Muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía. El texto retoma algo que aparece varias veces en los evangelios. Las gentes piden signos y milagros para poder creer. Pero el evangelio nos dice que, al contrario, solo si creemos en el Señor veremos los signos y prodigios que él realiza en nosotros.
• Pero Jesús no se confiaba a ellos… porque sabia lo que hay dentro de cada hombre. También esta frase es fundamental. Nosotros juzgamos por las apariencias y vivimos de apariencias. El Señor nos invita a vivir en la verdad y a no juzgar a las personas solo por su figura. Nuestra fe no puede quedar en los gestos exteriores.

Por suerte existe la Cuaresma

¿Tiene sentido vivir hoy la Cuaresma? El sacerdote Fabio Bartoli responde a las dudas y críticas de un joven amigo, invitándonos a vivir una vida plena a través del amor para alcanzar la alegría del perdón y la secreta belleza que se esconde en el sacrificio para mitigar el egoísmo. Una lúcida reflexión sobre el significado del tiempo de Cuaresma que nos propone un viaje hacia nosotros mismos y nos ayuda a redescubrir la esencia de la fe cristiana.
Lectura pensada para la reflexión personal y grupal.

Autor: Fabio Bartoli
Editorial San Pablo
104 páginas
ISBN 9788428554428
Precio 12 euros

Coco, un peliculón para toda la familia (escépticos o no)

Tratar el tema de la vida después de la muerte resulta siempre atrayente. Pero el enfoque de esta película nos acerca a esta realidad humana de manera ágil, sencilla y entretenida, y procurará, con seguridad, tema de conversación largo y tendido, sean los contertulios creyentes o no. Debajo del tráiler de la misma, comparto con vosotros una reflexión que hemos leído mi mujer y yo y nos ha encantado. Recomendable 100% película y reflexión.


REFLEXIÓN:
"Acabo de ver la película de COCO de pixar, que habla de una forma muy positiva sobre la vida después de la muerte. Me ha dejado pensando que por lo general no sabemos cómo relacionarnos con los seres queridos que se nos han muerto.

Durante un tiempo vivimos con el corazón apenado, llorando el vacío que han dejado en nuestra vida. Luego los vamos olvidando poco poco y llega un día en que apenas significan algo en nuestra existencia.

Sin embargo, como dice el sacerdote Vasco Pagola, para un Cristiano morir no es perderse en el vacío lejos de Dios. Es todo lo contrario, es entrar en la vida eterna, vivir transformados por su amor insondable. Nuestros difuntos no están muertos. Viven la plenitud de Dios, que lo llena todo.

Y es verdad, porque al morir nos hemos quedado privados de su presencia física, pero al vivir actualmente desde Dios, han penetrado de forma más real en nuestra existencia. No podemos disfrutar de su mirada, ni escuchar su voz, ni sentir su abrazo. Pero podemos vivir sabiendo que nos aman más que nunca, pues nos aman desde Dios.

¡¡¡Esto es bello, tremendamente bello!!! Su vida es incomparablemente más intensa que la nuestra. Su gozo no tiene fin. Su capacidad de Amar no conoce límites ni fronteras. No viven separados de nosotros, sino más dentro que nunca de nuestro ser. Su presencia transfigurada y su cariño nos acompañan siempre.

No es una ficción piadosa vivir una relación personal con nuestros seres queridos que viven ya en Dios. Podemos caminar envueltos por su presencia, sentirnos acompañados por su amor, gozar con su felicidad, contar con su cariño y apoyo, e incluso comunicarnos con ellos en silencio o con palabras, en ese lenguaje no siempre fácil pero hondo y entrañable que es el lenguaje de la FE.

Nuestros difuntos ya no viven entre nosotros, pero no los hemos perdido. No han desaparecido en la nada. Los podemos querer más que nunca, pues viven en Dios. Y es en Jesús que se sostiene nuestra FE; “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. Y un día, todos juntos resucitaremos con Cristo para siempre.

Bendigo con amor a los creadores de Coco, porque me han ayudado a comprender mejor de una forma muy dulce y tremendamente positiva la Resurrección de Jesús, y más aún cómo formo parte yo en ese plan de vida, y cómo forma mi familia y mis antepasados en ese plan de vida. ¡Gracias, gracias, gracias!

Ahora mis difuntos son más queridos que nunca y mi FE más clara que nunca. Total y profundamente AGRADECIDA."
(Fuente: Facebook de Renueva Tu Vida)

La entrega del Hijo Mc 9,2-8 (CUB2-18)

“Juro por mí mismo –oráculo del Señor-: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa” (Gén 22,16-17). El domingo pasado recordábamos el pacto de Dios con Noé. La primera lectura de hoy nos presenta esta alianza de Dios con Abraham.
A muchos ha escandalizado la decisión de Abraham de sacrificar a su hijo Isaac. Seguramente, el texto trata de mostrar la diferencia entre los hebreos y los pueblos cananeos. Si estos sacrificaban sus hijos ante sus dioses de la fertilidad, el Dios de Israel solo desea el gesto de la fe y la obediencia de los creyentes.
Pero este texto tan rico subraya también la generosidad de Abraham que no dudaba en entregar a su hijo. Esa es la grandeza y la radicalidad de la fe.  San Pablo atribuye esa generosidad al mismo Dios que entregó a su propio Hijo por nosotros (Rom 8,31-36).

LA VOZ DE LO ALTO
El evangelio de este segundo domingo de cuaresma retorna sobre la misma idea de la entrega del Hijo. Como todos los años, en este día se ofrece a nuestra meditación el misterio de la Transfiguración de Jesús en lo alto de un monte. Y, al igual que a sus discípulos predilectos, también a nosotros  se nos invita a escuchar la voz que sale de la nube de su gloria: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9,7).
• Jesús es el Hijo de Dios. En el monte también nosotros descubrimos que Dios es Padre. En un mundo que desprecia la paternidad, sabemos que no estamos huérfanos. En Jesús se nos revela la gloria del mismo Dios, que se abaja hasta nuestra pobreza y nuestra miseria.
• Jesús es el Hijo amado por Dios. En el monte también nosotros descubrimos que Dios es amor. En un mundo que vive en la indiferencia, sabemos que nuestra causa le interesa. En Jesús se nos muestra la ternura de Dios, que nos comprende y nos perdona.
• Jesús es el Maestro y el Profeta enviado por Dios. En el monte también nosotros descubrimos que Dios nos habla. En un mundo que se ve invadido por los falsos profetas, como ha dicho el papa Francisco, sabemos que en Jesús podemos oír la palabra de la verdad. 

EL TESTIMONIO
Con todo, no podemos permanecer siempre en el monte, en el que se nos revela la gloria y la cercanía de Dios. También nosotros tenemos que descender al valle de la cotidianidad y la rutina. Mientras bajamos al llano, Jesús nos da un aviso.
• En primer lugar, nos exhorta a la discreción. El llamado “secreto mesiánico”, tan característico del evangelio de Marcos, se traduce hoy en la necesidad de ese  testimonio cristiano que se expresa en la coherencia de la vida.
• En segundo lugar, Jesús nos invita a meditar el misterio de su entrega a la muerte y a anunciar a todo el mundo su resurrección de entre los muertos.  

En Cuaresma

Aunque la temática es claramente catequética, no supondrá dificultad alguna para que el profesor de religión adapte actividades al campo didáctico del área académico.
Las grandes fiestas se preparan con tiempo, disponiendo el corazón para celebrarlas con gran alegría. La Cuaresma son los 40 días que preceden a la Semana Santa en los que nos preparamos para celebrar la gran fiesta de la Pascua de la Resurrección.

Autor: Enrique Jiménez Lasanta
Editorial Palabra
256 páginas
ISBN 9788498409994
Precio 13 euros

El desierto y el Mensaje Mc 1,12-15 (CUB1-18)

 “Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra”. He ahí el pacto que Dios establece con Noé después del diluvio (Gén 9,8).  Es una alianza de paz. Dios quiere recuperar la armonía del paraíso. 
El pecado rompió aquella armonía original con lo otro, con los otros y con el Absolutamente Otro. Y el pecado quebranta hoy la deseable armonía del ser humano con esta admirable creación que Dios le ha confiado. El viaje del papa Francisco a la zona amazónica peruana nos ha invitado a repensar nuestra responsabilidad en el desastre.
Hemos de evocar aquel pacto al cantar hoy el salmo responsorial: “Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza” (Sal 24). 
En la primera lectura de cada domingo, esta cuaresma nos invitará a recordar la alianza de Dios con la humanidad y con su pueblo, por medio de Noé, Abraham, Moisés, el rey Ciro y el profeta Jeremías.  Al primer paso se refiere también la primera carta de Pedro (1 Pe 3,18-22).

LA TENTACIÓN
El evangelio de este primer domingo de cuaresma es muy significativo. Es la obertura de ese concierto de voces que, durante este camino hacia la Pascua, nos ofrece una catequesis intensiva para ayudarnos a vivir el seguimiento de Jesús. 
• En el primer domingo de cuaresma se menciona siempre el desierto. A él es guiado Jesús por el Espíritu antes de iniciar su misión. La imagen del desierto sugiere soledad y austeridad. Más que un lugar es la oportunidad para redescubrir la honda verdad de lo que somos. 
• En el primer domingo de cuaresma se dice siempre que Jesús permaneció cuarenta días en el desierto. Además del lugar importa mencionar el tiempo, mencionando un número que implica la plenitud de una vida de interioridad, de meditación, de aceptación del plan de Dios.
 • En el primer domingo de cuaresma se recuerdan siempre las tentaciones de Jesús. El evangelio de Marcos se limita a anotar que Jesús fue tentado por Satanás. Como el pueblo hebreo en su paso por el desierto y como el mismo Jesús, también nosotros vemos puesta a prueba nuestra fidelidad a Dios.

LA ARMONÍA
El evangelio de Marcos no menciona las tres tentaciones, en las que se trataba de esclarecer la identidad de Jesús como hijo de Dios. Pero nos ofrece tres detalles muy importantes sobre él. 
• “Vivía con las fieras y los ángeles le servían”. Jesús era el nuevo Adán. Con él retornaba la armonía original. Jesús traía la paz a la creación. Ante su dignidad se inclinaban los mismos ángeles.
• Jesús salió del desierto para predicar el Evangelio de Dios. Jesús era el nuevo Elías. Como él, salía de la aspereza del desierto para proclamar la presencia del Dios único.
• Jesús resumía la obra divina y la respuesta humana que esperaba. Él era el Mesías esperado. Con él se cumplía el tiempo y Dios ofrecía su realeza. Con él llegaba la hora de la conversión y de la fe.  

Lepra y confianza Mc 1,40-45 (TOB6-18)

“El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba rapada y gritando: ¡Impuro, impuro!” Esa normativa del libro del Levítico, que hoy se lee en la misa (Lev 13,1-2,44-46), se coloca nada menos que en el marco de una orden que Dios entrega a Moisés y Aarón.
Es evidente que la norma trataba de preservar al pueblo del contagio de la lepra. Pero también queda claro que por entonces no se tenía muy en cuenta la dignidad del enfermo, que era dejado a su propia suerte, es decir, a su propia desgracia.
A él se podrían aplicar las palabras de confianza que nos invita a repetir el salmo responsorial: “Tú eres mi refugio; me rodeas de cantos de liberación” (Sal 31).
No sería justo que, pasados los siglos, nosotros nos comportáramos de una forma que podría escandalizar a los demás. San Pablo nos advierte hoy contra ese peligro que siempre puede afectarnos (1 Cor 10,31-11,1).

LA CURACIÓN
La antigua norma bíblica sobre la lepra que se recuerda en la primera lectura ha sido evocada para preparar nuestra mente y nuestro corazón a la escucha del evangelio que hoy se proclama (Mc 1, 40-45).  En este texto, se evoca la curación de un leproso por parte de Jesús.
• En primer lugar, escuchamos la humilde súplica del enfermo, que se limita a manifestar su fe: “Si quieres, puedes limpiarme”. Tanto en él como en nosotros es importante esa confesión del querer y del poder de Jesucristo. Todos sabemos de qué manchas y llagas puede librarnos el Señor.
• En un segundo momento, vemos el gesto de Jesús. Contra todas las normas en vigor, extiende su mano y toca al leproso. El papa Francisco comenta que Jesús no se sitúa a una distancia de seguridad, sino que se expone directamente al contagio de nuestro mal. Una buena lección para toda la Iglesia y para cada uno de nosotros.
• En un tercer momento, escuchamos la palabra de Jesús: “Quiero, queda limpio”. Esa declaración es la manifestación de la misericordia de Dios y de la compasión de su Enviado. Él desea nuestra limpieza integral. Sólo falta que nosotros reconozcamos nuestra enfermedad, nuestra vulnerabilidad, nuestras manchas.

LA EXHORTACIÓN
Ahí podría concluir el relato. Pero el texto añade una doble exhortación que Jesús dirige al que se ha acercado a él con tanta confianza.
• Como todos los que han sido librados de la lepra, también él ha de presentarse a los sacerdotes y cumplir el ritual establecido. No es una mera norma  ni una penitencia. Es el requisito para que pueda integrarse de nuevo a la sociedad. “Los hombres no son islas”, como escribió el poeta John Donne.
• Y el curado ha de guardar discreción sobre lo que Jesús ha hecho con él. El llamado “secreto mesiánico”, tan típico del evangelio de Marcos, debía preservar la libertad de Jesús para anunciar el Reino de Dios. Pero, de alguna manera, el que ha sido librado de la lepra contribuye a la difusión del mensaje del Maestro.

Mensaje Cuaresma 2018 papa Francisco

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión»[1], que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas
Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío
Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo[2]; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos[3]. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero[4].

¿Qué podemos hacer?
Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos[5], para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua
Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»[7], para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

El arrepentido

Vídeo y letra perfectos para trabajar la interioridad, la sinceridad, el conocimiento personal, el compromiso con el otro desde el mío conmigo mismo...

 LETRA
Hoy voy a contar la historia
Del arrepentido
Que viviendo en la memoria
Se perdio el camino

Es hermano de ese que anda
Siempre en el futuro
Pasa temporadas largas
Sordo, ciego y mudo

Hoy voy a cantarte la cancion
Del arrepentido

Si saltas vives
Pero hay que saltar pa' 'dentro
Y no hay parada de metro
Que nos lleve a ese lugar

Donde los miedos
Se confunden con la vida
Y no queda otra salida
Que volvernos a encontrar
Con el presente

El que no lleva las cuentas pendientes
Del mas humilde hasta el mas influyente
El que te dice, oye Melen, portate bien
Vamos pa' Oviedo que nos deja el tren

Hoy voy a contar la historia
Del que busca afuera
Queriendo encontrar culpables
Para sus problemas

Ese que va por la vida
Con la razon siempre
Y no sabe que no existe
Eso que defiende

Hoy voy a cantarte la cancion
Del arrepentido

Si saltas vives
Pero hay que saltar pa' 'dentro
Y no hay parada de metro
Que nos lleve a ese lugar

Donde los miedos
Se confunden con la vida
Y no queda otra salida
Que volvernos a encontrar
Con el presente

Donde huyen a los fantasmas
Y se ahogan las supersticiones
Donde todo el mundo baila al ritmo
De los corazones

Ay donde todos los miedos, Carlos
Se desaparecen
Donde todas las tristezas se van
Cuando me ven aparacer

Si saltas vives
Pero hay que saltar pa' 'dentro
Y no hay parada de metro
Que nos lleve a ese lugar

Donde los miedos
Se confunden con la vida
Y no queda otra salida
Que volvernos a encontrar

Despierta, con cada segundo que pasa
Se cierra una puerta
En cada mirada perdida se muere un paisaje
Que cada momento que vuela no vuelve

Despierta, conecta
Tu cuerpo mediante la mente
Que mueve hasta lo que no ves
Porque crees que es inerte

Y asi podras al fin saber lo que grita el planeta
Ya llego la hora de que miremos dentro
Despierta

Comparte lo que Importa (Manos Unidas 2018)







Como cada año, la Campaña contra el hambre nos hace mirar a realidades que necesitan de nuestra atención, reflexión, concienciación y ayuda. Bajo el lema "COMPARTE LO QUE IMPORTA" se descubren muchas realidades. Para que realmente IMPORTE, te invito a conocer mejor sus objetivos y materiales (VER MÁS INFORMACIÓN)








Oración y compasión Mc 1,29-39 (TOB5-18)

“Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba”. Así se lamenta Job, deprimido y agobiado por su enfermedad (Job 7,4). Su experiencia es la de muchas personas enfermas, a las que se les hace larga la noche.
En su origen, la palabra “enfermo” refleja la situación de la persona que no tiene apoyo suficiente para sostenerse en pie. Los síntomas de las enfermedades pueden variar, pero el sentimiento de sentirse débil e incapacitado para moverse es común a todos los que se ven aquejados por el dolor.
Pero a la luz de la fe, podemos confesar con el salmista: “El Señor sana los corazones destrozados y venda sus heridas (Sal 146,3).
Aunque san Pablo se refiera a sus relaciones con los paganos y con los que dudaban de su fe, sería bueno hacer nuestra su propia confesión: “Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles” (1 Cor 9,22).

EL SERVICIO
Eso mismo es lo que había hecho Jesús. Al salir de la sinagoga de Cafarnaún, un día de sábado, se dirigió a la casa de Simón y de Andrés. La suegra de Simón estaba enferma, con fiebre. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la ayudó a levantarse. Pero al contacto con Jesús, se le pasó la fiebre y se puso a servirles (Mc 1,30-31).
• El texto evangélico nos sitúa en un día de sábado. Se nos dice que Jesús participa en la oración de su pueblo y a continuación cura a una enferma. Una dedicación no debería ser jamás un obstáculo para la otra. Evidentemente, la mirada a lo alto no puede hacernos olvidar los dolores y sufrimientos de aquí abajo.
• Algo parecido ocurre con los discípulos. Salen del espacio de oración que los ha acercado a lo divino, pero no olvidan la realidad del dolor humano.  De hecho, interceden ante Jesús a favor de la enferma. Jesús no rehúsa acercarse a ella, sino que le trae la salud. Y ella pasa de la servidumbre al servicio. Sin pretenderlo, se convierte en modelo para nuestra vida.  

LA MISIÓN
A continuación el texto pretende resumir tres actividades propias de Jesús. En realidad, son tres componentes de su misión.
• En primer lugar, la compasión y la sanación. Al ponerse el sol, es decir, pasado ya el descanso sabático, las gentes acercaron a Jesús a muchos enfermos y él los curó. 
• En segundo lugar, la oración. De madrugada, estando todavía oscuro, Jesús se retiro a un lugar solitario y se puso a orar.  
• Y en tercer lugar, la predicación. Reunido con sus discípulos, Jesús los invita a dirigirse a las aldeas cercanas para predicar también allí.