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Cristo Rey. Viaje-juego por el todo el mundo

Para trabajar con alumnosque dispongan acceso a internet o como juego de acierto-fallo por parejas o grupos pequeños.


No «enterrar» el futuro Mt 25,14-30 (TOA33-23)

1. El evangelio de Mateo (25,14-30) nos muestra, tal como lo ha entendido el evangelista, una parábola de "parusía" sobre la venida del Señor. Es la continuación inmediata del evangelio que se leía el domingo pasado y debemos entenderlo en el mismo contexto sobre las cosas que forman parte de la escatología cristiana. La parábola es un tanto conflictiva en los personajes y en la reacciones. Los dos primeros están contentos porque “han ganado”; el último, que es el que debe interesar (por eso de las narraciones de tres), ¿qué ha hecho? :“enterrar”.

2. Los hombres que han recibido los talentos deben prepararse para esa venida. Dos los han invertido y han recibido recompensa, pero el tercero los ha cegado y la reacción del señor es casi sanguinaria. El siervo último había recibido menos que los otros y obró así por miedo, según su propia justificación. ¿Cómo entendieron estas palabras los oyentes de Jesús? ¿Pensaron en los dirigentes judíos, en los saduceos, en los fariseos que no respondieron al proyecto que Dios les había confiado? ¿Qué sentido tiene esta parábola hoy para nosotros? Es claro que el señor de esta parábola no quiere que lo entierren, ni a él, ni lo que ha dado a los siervos. El siervo que “entierra” los talentos, pues, es el que interesa.

3. Parece que la recompensa divina, tal como la Iglesia primitiva pudo entender esta parábola, es injusta: al que tiene se le dará, y al que tiene poco se le quitará. Pero se le quitará si no ha dado de sí lo que tiene. Y es que no vale pensar que en el planteamiento de la salvación, que es el fondo de la cuestión, se tiene más o menos; se es rico o pobre; sino que la respuesta a la gracia es algo personal que no permite excusas. La diferencia de talentos no es una diferencia de oportunidades. Cada uno, desde lo que es, debe esperar la salvación como la mujer fuerte de los Proverbios que se ha leído en primer lugar. Tampoco el señor de la parábola es una imagen de Dios, ni de Cristo, porque Dios no es así con sus hijos y Cristo es el salvador de todos. Es una parábola, pues, sobre la espera y la esperanza de nuestra propia salvación. No basta asegurarse que Dios nos va a salvar; o aunque fuera suficiente: ¿es que no tiene sentido estar comprometido con ese proyecto? La salvación llega de verdad si la esperamos y si estamos abiertos a ella.


Sabiduría y Esperanza Mt 25,1-13 (TOA32-23)

“Radiante e inmarcesible es la sabiduría… Quien vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones” (Sab 6,12.14.16). Este poema pregona la belleza de la sabiduría. Pero, al mismo tiempo, nos advierte que es preciso mantenerse en vela para conseguirla. 

La sabiduría es el primero de los dones de Dios. Sería una necedad ignorarla. O distraerse con otros intereses que no nacen de ella ni llevan a encontrarla. Es preciso mantenerse despiertos y apetecerla y buscarla como el mayor valor de la vida.

La liturgia de este domingo nos dice que la sabiduría se identifica con el mismo Dios. Con el salmo responsorial manifestamos la sed  que  nos impulsa a buscarlo: “Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti” (Sal 62,2).

Algunos dirán que esa sed de Dios nos aliena y nos lleva a olvidar la realidad. No es cierto. Nuestra esperanza solo en Dios encuentra su plenitud. San Pablo escribe que quien ha creído en la resurrección de Jesucristo estará siempre con el Señor (1Tes 4,17).

LA VIGILANCIA

Todos podemos vernos reflejados en la parábola de las diez doncellas invitadas a la celebración de una boda (Mt 25,1-13).

• Todas ellas han sido convocadas para iluminar con sus lámparas el cortejo que ha de recibir al esposo. Sin embargo, algo ha hecho que la espera sea demasiado larga. No es extraño que todas esas jóvenes se queden adormiladas. 

• Pero de pronto las despierta una voz que anuncia la llegada del esposo. Cinco de las jóvenes ven que sus lámparas están para apagarse. Solo entonces se dan cuenta de que han olvidado proveerse de suficiente aceite.  

• Las otras cinco doncellas han tomado aceite para alimentar sus lámparas. Evidentemente estas han sido más prudentes y previsoras. Pero las otras cinco pueden ser calificadas como necias o descuidadas.

La parábola nos enseña que la esperanza no puede subsistir cuando se vive en la pasividad y la imprudencia. La virtud de la esperanza exige vigilancia y atención.   

EL ENCUENTRO

No es lo mismo creer algo que creer en alguien. No es lo mismo aguardar algo que esperar a alguien. El evangelio presenta a diez jóvenes que esperan la llegada del esposo a la fiesta de su boda.  Es interesante el breve diálogo y la exhortación que contiene el texto.  


La actitud frente a la felicidad eterna Mt 25,1-13 (TOA32-23)

El evangelio, texto exclusivo de Mateo, nos propone la parábola de las vírgenes necias y las prudentes . No siempre hemos logrado penetrar adecuadamente en su sentido, ya que la narración está recargada de significados específicos diversos. Se habla de "diez', quizás porque era el número exigido para la calidez de la plegaria en la sinagoga o fuera de ella. Por lo mismo se apunta, o precisa el autor del evangelio de Mateo, que es una parábola de sesgo comunitario a todos los efectos. Incluso la boda, con toda su significación bíblico-mesiánica, es útil para enmarcar el punto final: la llegada o venida del esposo. Sin esposo no hay boda ni nada lamento de sus amigas, en este caso vírgenes, lo que quiere decir simplemente "no casadas" y que también un día serán desposadas. Entre tanto, acompañan a su amiga a lo más importante de su vida pero, sin el esposo, nada tiene sentido. Algunos autores han apuntado a las interpretaciones rabínicas del Cantar de los Cantares que ven en el coro de las "hijas de Jerusalén" el grupo de los discípulos que llevan en sus manos la luz de la "Thora" y vigilan la llegada del Mesías. El aceite era en el judaísmo, además, el signo de las buenas obras, así como de la alegría de la acogida (Sal 23,5; 104,15; 133,2) e incluso de la unción mesiánica (Sal 45,8; 89,21).

Jesús, en ella, se vale del marco de una fiesta de bodas para hablar de algo trascendental: la espera y la esperanza, como cuando la novia está ardiendo de amor por la llegada de su amado, de su esposo. Pero los protagonistas no son ni el novio (lo será al final de todo), ni la novia, en este caso, sino las doncellas que acompañaban a la novia para este momento. Eso quiere decir que ellas se gozaban en gran manera con este acontecimiento, como si ellas mismas estuvieran implicadas, tanto como la novia, y sin duda la narración da a entender que debían estarlo; pero para este acontecimiento de amor y de gracia hay que estar preparados, o lo que es lo mismo, deben abrirse a la sabiduría; el júbilo que se respiraba en una boda como la que Jesús describe es lo propio de algo que alcanza su cenit en la venida del esposo.

La iglesia primitiva ha alegorizado, sin duda, la propuesta de Jesús en razón precisamente de la "parusía" que no llegaba, pero que podía llegar en cualquier momento. Este es un problema muy discutido. La frustración en la primera o segunda generación cristiana, sobre la llegada de la "parusía" o el fin del mundo, es decir, la plenitud del Reino de Dios, no se ha resuelto adecuadamente (solamente en Lucas tenemos una enseñanza más acorde con el retraso de la parusía). Por ello, la diez vírgenes son representación de una comunidad, de la comunidad cristiana. ¿Habría aceite en las lámparas para ese momento? En definitiva ¿habría sabiduría) Así es como se enlaza con el sentido de la primera lectura, que como dijimos, marca la pauta de la liturgia de hoy. Sabernos que esta es una parábola de "crisis", no para atemorizar; sino para mantener abierta la esperanza a esa dimensión tan importante de la vida.

Entonces, ¿qué es la parusía? ¿qué significa el fin del mundo) (lo veremos mejor cl próximo domingo). Lo importante es estar preparados para la venida del esposo, el personaje que se hace esperar. Se habla de una "presencia" (que eso significa "parusía) ante los que esperan. Por tanto, no es cuestión de entender el terna en términos cósmico-físicos, sino de cómo nos enfrentamos a lo más importante de nuestra vida: la muerte y la eternidad: ¿con sabiduría? ¿con alegría? ¿con aceite, con luz? ¿con esperanza? Este mundo puede ser "casi" eterno, pero nosotros aquí no lo seremos. Estamos llamados a una "presencia de Dios" (parusía) y eso es como unas bodas: debemos anhelar amorosamente ese momento o de lo contrario seremos unos necios y no podremos entender unos desposorios de amor eterno, de felicidad sin límites.

Fray Miguel de Burgos Núñez

https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/12-11-2023/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

Personas extraordinarias Mt 23,1-12 (TOA31-23)


 

Servir con humildad Mt 23,1-12 (TOA31-23)

Los sacerdotes habían interpretado con parcialidad las normas de la ley. El profeta se hace unas preguntas que son aplicables también a nuestro tiempo: “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos creó el mismo Dios? ¿P ué entonces nos traicionamos unos a otros, profanando la alianza de nuestros padres?” (Mal 2,10).

A esa lamentación respondemos con la confesión que contiene el salmo responsorial: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros” (Sal 130,1).

El trato de san Pablo a los fieles de Tesalónica marca el ideal a los evangelizadores: “Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos” (1Tes 2,7).

TRES FALTAS GRAVES

En el evangelio que hoy se proclama, Jesús advierte a la gente de las graves faltas que han cometido los letrados y los fariseos (Mt 23,1-7). 

• La primera falta es la incoherencia. “No hacen lo que dicen”. Es verdad que repiten una y otra vez las enseñanzas de la Ley de Moisés pero ellos no viven de acuerdo con lo que enseñan. Conocen bien la letra de la Ley pero no han descubierto su espíritu.

• La segunda falta es la indiferencia. Ignoran los fardos pesados que tienen que soportar las gentes de su pueblo, y no se molestan en prestarles su ayuda. No han aprendido el valor de la compasión y no se deciden a imitar la misericordia de Dios.

• La tercera falta es la vanidad. “Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Han llegado a convertir su oración en un espectáculo para atraer la atención de las gentes. El único motivo que los mueve son los honores que anhelan recibir de su pueblo.

TRES ADVERTENCIAS

En la segunda parte de este texto evangélico, Jesús se dirige a sus propios discípulos con tres advertencias importantes (Mt 23,8-12). 

• Por dos veces les dice que ninguno de ellos procure que le califiquen como Rabbí, es decir maestro. Su maestro es uno solo. Además todos sus discípulos han de reconocerse como hermanos y discípulos del Señor (Mt 23,8.10).

• Además, les pide que a nadie de la tierra llamen Abbá, es decir “padre”, porque uno solo es su Padre, el del cielo (Mt 23,9). Una vez más, Jesús quiere subrayar la fraternidad que une y ha de unir siempre a sus seguidores.

• Finalmente les advierte: “El primero entre vosotros será vuestro servidor” (Mt 23,11; 20,26). Es fácil recordar que eso mismo les había enseñado, cuando Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, le pedían que les concediera los puestos más importantes en su Reino.

Jesús acusa a escribas y fariseos Mt 23,1-12 (TOA31-23)


 

La comunidad cristiana, como experiencia de libertad Mt 23,1-12 (TOA31-23)

1. El evangelio de hoy refleja claramente las actitudes de Jesús con los dirigentes que le acusaron y le llevaron al juicio condenatorio. Las controversias que han precedido en Jerusalén han puesto de manifiesto la separación, el abismo diríamos, entre la concepción religiosa de los escribas, sacerdotes y dirigentes y la del profeta de Nazaret. Pero en el caso del evangelio de Mateo, este conjunto que hoy se lee en la liturgia, adquiere, si cabe, tonos más controvertidos que lo que se ha transmitido en Mc 12,38-40 y Lc 20,45-47. Se han ampliado las acusaciones, cuando precisamente el evangelio de Mateo tiene un origen mucho más judío que los otros.

2. Está claro, pues, que en el seno de esta comunidad mateana se ha consumado la ruptura entre comunidad cristiana y sinagoga; ya no hay esperanza para rescatar el rabinismo de la opción por Jesús, por su evangelio y por la religión que había defendido con su vida, como se había pretendido en los orígenes de este grupo cristiano de Mateo. Es verdad que este en un tema complejo desde el punto de vista histórico sobre las relaciones entre judaísmo y cristianismo que todavía exige investigaciones más concretas y determinantes. En todo caso, el evangelista también tiene en cuenta a su comunidad, o a algunos de esa comunidad que vuelven a caer en el error del "judaísmo" al poner pesadas cargas sobre las conciencias de los otros, mientras ellos no mueven un dedo. Esto es muy probable y siempre ha sucedido en las instituciones humanas y religiosas.

3. En la historia de la Iglesia, en la lucha por la libertad, por otra parte, podíamos sentir esta misma acusación, ya que el comportamiento y el formalismo con que a veces vivimos y actuamos no deja lugar a la inspiración profética, a la religión carismática, a la acción del Espíritu. Esta es la lección más clara del evangelio de este día. ¿Qué quiere decir esto? Pues que la Iglesia no se fundamenta, en su esencia, exclusivamente en una estructura jurídica como algunos pretenden. Más importante que esto último le pertenece al pueblo de Dios ser una comunidad carismática: es decir, aquella que es conducida primera y principalmente por el Espíritu de Dios y de Jesucristo. Eso no implica que se pueda desconocer el papel que el "Magisterio" tiene como servicio de este proyecto espiritual; el v. 11 de nuestro texto lo deja bien claro: «el mayor entre vosotros será vuestro servidor». De esa manera, pues, todos los cristianos, cada uno en particular, en la Iglesia, en razón de su libertad personal que nunca se puede perder, están llamados a contribuir a la edificación del Pueblo de Dios, de la comunidad de salvación, según la llamada que reciba del Espíritu.

4. Jesús le ha dejado a los suyos, no un mensaje jurídico, sino la buena noticia del evangelio de la salvación. La interpretación del mismo en las nuevas situaciones de la vida y de la historia no puede hacerse como los "escribas y fariseos" que cerraron a cal y canto el acceso al mensaje de los profetas. Jesús se juega su vida precisamente contra esta situación. Esto es históricamente cierto. Es verdad que en el texto del evangelio de hoy se refleja la disputa concreta de la comunidad de Mateo con el judaísmo oficial que le lleva a una ruptura definitiva. Pero la comunidad cristiana debe estar vigilante para que en la "cátedra del evangelio" estén lo que "sirven" a la libertad del Espíritu y de la salvación de Dios y no vuelva a ser la "cátedra de Moisés" que, sin duda, ha sido superada por el evangelio de Jesucristo.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

La ética del amor Mt 22,34-40 (TOA30-23)


1. El evangelio de Mateo de este domingo nos ofrece la disputa sobre el mandamiento más importante. Sabemos que se unen o se juntan dos textos Dt 6,5 y Lv 19,18 que eran citados frecuentemente en discusiones éticas rabínicas, pero la idea de unirlos tan estrechamente a manera de resumen de toda la Ley y los Profetas fue una idea creativa no solamente brillante, sino, de nuevo, profética, como sucede en todas estas disputas concluyentes en Jerusalén. Lo que asombra en el texto evangélico es la seguridad soberana con que afirma que no hay preceptos como estos, porque en ellos se apoya toda la ley y los profetas. El texto dice que el amor al prójimo es "semejante" (homoía) al primero, dando a entender un orden lógico, pero sin disminuir su importancia. Es más, aquí Jesús nos está llevando a la conclusión de que aunque Dios no es el hombre, lo que podemos llamar la experiencia del amor no es distinta, aunque sean distintos los objetos o las personas amadas. Lo que le da gloria a Dios, precisamente, es que amemos al hombre como lo amamos a El; tendríamos que decir que no es posible amar a Dios más que al hombre.

2. Todo lo que no sea eso, evangélicamente hablando, es una falacia. Ya lo veía así el autor de la 1ª Jn 4 donde plantea con una radicalidad teológica inigualable lo que es la identidad cristiana del amor. Si Dios nos ha amado, entonces, entre otras cosas, no se dice que debemos amarlo a El, sino que debemos amarnos los unos a los otros. Es verdad que Dios quiere ser amado, necesita ser amado, como lo necesitamos cada uno de nosotros. Y es desde esa dimensión religiosa desde la que hablaba Jesús, quien con su predicación y con su praxis se empeñó tanto en descubrir a Dios como Abba, porque él y nosotros lo necesitamos así.

3. Por lo tanto, la praxis evangelizadora de Jesús nos descubre un Dios nuevo y a la vez, y por ello mismo, nos descubre un hombre nuevo. Es verdad que Jesús de Nazaret lo descubrió desde Dios. Esto es absolutamente irrefutable. Esta fontalidad nos expresa pues, que evangelizar es humanizar en todos los órdenes y desde todas las perspectivas. Jesús hizo coincidir con su evangelización la gloria de Dios y la del hombre. El hecho, pues, de que hoy se insista tanto en la humanización no depende de que vivimos en el siglo en el que el hombre está enamorado de sí mismo, de lo que ha hecho y de lo que tiene que hacer, sino que la misma esencia de la fe y de la identidad cristiana, en el Nuevo Testamento como totalidad, son todavía mucho más humanizantes y humanizadoras que lo que hoy se nos propone.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/29-10-2023/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

Los pobres son de Dios Mt 22,15-22 (TOA29-23)


 

La dignidad humana no se compra, es un don Mt 22,15-22 (TOA29-23)

1. El evangelio de Mateo, hoy, nos sitúa en el corazón de las polémicas que Jesús mantiene con los dirigentes en Jerusalén y que los evangelistas sitúan al final de su vida, precediendo a la pasión (cf. Mc 12,13-17; Lc 20,20-26). Esta vez querían comprometerlo a fondo con las autoridades romanas, que vigilaban ferozmente cualquier movimiento social o político para castigar cualquier rebeldía. Oponerse al César, incluso en nombre de Dios, era ir contra la «pax romana», uno de los mitos de la época. Los espías pretenden halagarlo (Mateo sigue a Marcos y nos habla de los fariseos y los herodianos; Lucas, más coherente, nos habla de espías para entregarlo al gobernador), pero en el punto de mira está el prefecto romano Poncio Pilato, que era un gobernante de una crueldad sin miramientos, vengativa y arbitraria. Los judíos lo odiaban porque había introducido en Jerusalén bustos e insignias del César, además de haber usado el dinero sagrado del templo para construir un acueducto que llevara el agua a Jerusalén (Josefo, De Bello 2,9,2; 2,9.4).

2. La hierocracia y aristocracia de la ciudad santa mandan sus espías para poder deshacerse de este profeta galileo que anuncia el Reino de Dios, pero que no coincide con el reino de Roma, ni con el concepto que tienen del mismo algunos partidarios de la revolución contra Roma, ni específicamente con el reino que ellos quieren manipular en nombre de Dios. Los rebeldes dejaban a las claras que la única soberanía que aceptaban bajo el suelo de Judea es la de Dios (Ex 20,4-5); en ello Jesús podría estar de acuerdo. Pero las trazas, entre uno y otros, son muy distintas. Es verdad que Jesús parecía estar en un callejón sin salida: frente a Poncio Pilato, frente a las autoridades, frente a los revolucionarios nacionalistas, frente a todos. No obstante, él la encontró; la encontró recurriendo a las dignidad humana que Dios ha puesto en el corazón de toda persona como imagen suya. Los espías, con su trampa, van a caer en su propia ignominia, porque llevan en sus manos el “denario” con la efigie de Tiberio… pero Jesús no lleva nada en su zamarra. Solamente tiene su palabra y la fuerza de la sabiduría del reinado de Dios.

3. Cuando es preguntado, intencionadamente pide la moneda del tributo con la efigie del César y responde: la moneda hay que dársela al emperador; ¿por qué? Porque es el dinero, y el dinero es lo más sucio de este mundo. Los que acuñan moneda tienen poder y por el dinero dominan a los hombres. Entonces, ¿hay que someterse a él? ¡Ni hablar! Por eso añade con una intencionalidad manifiesta: «y a Dios lo que es de Dios». El dinero no es de Dios, sino que de Dios somos nosotros mismos, y por lo mismo nosotros solamente debemos estar sometidos a Dios. Ya San Agustín, que afirmaba: “El César busca su imagen, dádsela. Dios busca la suya: devolvédsela. No pierda el César su moneda por vosotros; no pierda Dios la suya en vosotros” (Com. Ps 57,11). La trampa la resuelve Jesús, no solamente con inteligencia, sino con sabiduría, donde salta por los aires la legalidad con la que pretenden acusarlo en su caso. La respuesta de Jesús no es evasiva, sino profética; porque a trampas legales no valen más que respuestas proféticas. El tributo de hacienda es socialmente necesario; el corazón, no obstante, lleva la imagen de Dios donde el hombre recobra toda su dignidad, aunque pierda el “dinero” o la imagen del césar de turno que no valen nada.

4. Aquí Jesús responde con una afirmación liberadora que solamente pueden captar los que no están cegados por el poder, el dinero, el odio y la injusticia. Quizás la mejor ilustración a todo ello la tengamos en San Ireneo, en esa expresión, que es paradigma de muchas radicalidades humanas y divinas: «La gloria de Dios es el hombre viviente; la vida del hombre es la visión de Dios». Todo esto quiere decir que el evangelio de Jesucristo implica, en una simultaneidad inconfundible, que de la misma manera que nos descubre al Dios viviente, nos descubre a la vez, y no por otro camino, al hombre viviente. Podemos usar los bienes de este mundo con eficacia, pero lo que no podemos hacer es vender nuestra vida al mejor postor. Al "césar" de turno podemos darle el dinero, o los impuestos, pero nuestra libertad nadie nos la podrá arrebatar.

Fray Miguel de Burgos Núñez
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
Dibujo: José Carrascosa

El césar y Dios Mt 22,15-22 (TOA29-23)

“Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios”. Un profeta anónimo presenta a Ciro, rey de los persas, como el ungido del Señor (Is 45,5). Dios lo conoce, lo elige y le concede el poder para que lo use con justicia (cf. Is 41,2). Ciro ha sido elegido por Dios para liberar a Israel y a los otros pueblos que habían sido oprimidos por los babilonios.

Ahora bien, los poderosos de este mundo pierden toda legitimidad cuando caen en la tentación de divinizarse a sí mismos. Los grandes y gobernantes de la tierra no pueden atribuirse a sí mismos un poder que solamente se debe a Dios.

Con razón el salmo responsorial proclama que “el Señor es Rey, él gobierna a los pueblos rectamente” (Sal 95,10). 

En su primer escrito, san Pablo recuerda a los fieles de la ciudad de Tesalónica que ellos han sido elegidos por Dios y guiados por la fuerza del Espíritu Santo (1Tes 1,1-5). 

UN MOTIVO PARA LA DENUNCIA

Según el evangelio, los sacerdotes y los fariseos trataban de detener a Jesús (Mt 21,46). Hoy nos dice que los fariseos se alían con los herodianos para sorprender a Jesús en alguna palabra (Mt 22,15-21).  Así que se dirigen a él con un elogio y una pregunta

• “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad”. El evangelio de Juan pone en boca de otro fariseo llamado Nicodemo ese mismo título y ese mismo elogio (Jn 3,2). En este caso, los fariseos reconocen a Jesús como Maestro. Pero el texto nos advierte que Jesús conoce su “mala voluntad” (Mt 22,18).

• “Dinos qué opinas: Es lícito pagar impuesto al César o no?” Jesús comprende que con esa pregunta solo desean ponerle a prueba. Si dice que hay que pagar el impuesto, se enfrenta con el pueblo, que odia los tributos que le imponen. Si responde que no hay que pagarlo, se enfrenta con los representantes del Imperio Romano. 

Los discípulos de los fariseos y los partidarios de Herodes no se interesan demasiado por las gentes. Ni esperan ni pueden ofrecer a su pueblo la libertad frente al Imperio. Les importa poco la verdad. Solamente quieren tener un motivo para denunciar a Jesús.   

EL PUESTO DE DIOS

Pues bien, la respuesta que Jesús dirige a quienes se acercan a tentarle contiene una interpelación, una pregunta y una exhortación:

• “Hipócritas, ¿por qué me tentáis?” La interpelación es dura. Los fariseos reconocen que Jesús dice la verdad. Pero Jesús conoce que ellos viven en la mentira. Estas palabras de Jesús nos recuerdan que no  importan tanto las palabras como las actitudes que esconden.

• “¿De quién son esta cara y esta inscripción?” La pregunta de Jesús es intencionada. La ley judía prohibía llevar imágenes (Éx 20,4). Pero los que presumen de cumplir la ley la olvidan cuando la utilizan para silenciar al que el pueblo reconoce como profeta.

• “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Ninguna frase evangélica ha sido tan manipulada como esta exhortación. En ella se nos dice que si la fe no tiene que mezclarse en la política, los políticos no deben instalarse en el puesto de Dios.

Corazones ardientes

 La campaña del día del Domund de este año 2023 ha escogido un lema muy sugerente: CORAZONES ARDIENTES. Aquí os dejo los enlaces para poder trabajar algunos materiales interesantes:

1- Guión formativo para niños de 8 a 12 años (está encaminado a una catequesis pero si prescindimos de la oración el material es perfectamente adaptable para una clase)

2- Guión formativo para niños TEA (Trastorno del Espectro Autista)

3- Guión formativo para jóvenes (idem que para niños)

4- Vídeo 2023:



4- Lámina para colorear: