JULIO: vacaciones, lecturas, arte cristiano y santos, actividades, juegos, propuestas de lecturas, humor, imagen-viñeta para reflexionar, fichas, manualidades, cómics... ***Si bien los materiales propios del blog están protegidos, su utilización ES LIBRE (aunque en ningún caso con fines lucrativos o comerciales) siempre que se conserve el diseño integral de las fichas o de las actividades así como la autoría o autorías compartidas expresadas en las mismas.
Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus
Vida Trinitaria Mt 28,16-20 (TOB9-15) Santísima Trinidad
“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único
Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra, no hay otro”. Así
habla Dios a Moisés, Según el libro del Deuteronomio que hoy se lee en la
misa (Dt 4,32-34.30-40). Estas palabras
no están aisladas. Hay que leerlas en el contexto de lo que las precede y las
continúa.
Antes de ellas está el recuerdo de tres
maravillas que Dios ha realizado: la creación del mundo, los prodigios que
llevó a cabo para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y la
revelación de su voluntad en el monte Sinaí.
Lo que sigue a esta proclamación del
Dios único corresponde al hombre: guardar los mandamientos de Dios. A esa
fidelidad a lo que Dios prescribe seguirá la felicidad para la familia y la
prosperidad en la tierra que Dios le concede.
Como dice el Papa Francisco en su
exhortación La alegría del Evangelio,
los cristianos “creemos, junto con los judíos, en el único Dios que actúa en la
historia, y acogemos con ellos la común Palabra revelada. (EG 247).
EL BAUTISMO
Pero, en el mismo documento, el Papa da
un paso más para recordar lo específico de la fe cristiana: “El Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo, transforma nuestros corazones y nos hace
capaces de entrar en la comunión perfecta de la Santísima Trinidad, donde todo
encuentra su unidad. Él construye la comunión y la armonía del Pueblo de Dios.
El mismo Espíritu Santo es la armonía, así como es el vínculo de amor entre el
Padre y el Hijo (EG 117).
Esta fe en la Trinidad Santa de Dios hunde sus raíces en
las palabras de Jesús que hoy se proclaman en el evangelio (Mt 28,16-20). Jesús
resucitado había dado cita a sus discípulos en un monte. Desde allí los envía
por el mundo a anunciar su palabra y a bautizar a las gentes “en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Bien sabemos que el nombre significa, indica y revela a
la persona. Así que hemos sido lavados, inmersos e incorporados en la bondad misericordiosa
del Padre, en la cercanía y la salvación de Jesús, que es Camino, Verdad y
Vida, y en la verdad y el amor que nos comunica el Espíritu Santo.
LA FE Y EL CAMINO
Nuestra fe en la Trinidad Santa de Dios
no puede quedar en una mera afirmación
teórica. Nuestra fe en el Dios trino y uno es la fuente de nuestros valores, de
nuestros compromisos y de nuestras esperanzas.
El Papa Pablo VI sacaba ya cinco
importantes consecuencias: “De aquí parte nuestro vuelo al misterio de la vida
divina, de aquí la raíz de nuestra fraternidad humana, de aquí la captación del
sentido de nuestro obrar presente, de aquí la comprensión de nuestra necesidad
de ayuda y de perdón divinos, de aquí la percepción de nuestro destino
escatológico”.
Es evidente que
esta fe trinitaria ya ha tenido un comienzo en la profesión de fe bautismal.
Pero ha de ir recorriendo un camino de oración contemplativa y de acción y
testimonio diario. Y ha de alcanzar un día su culminación en la gloria eterna
de Dios.
Parábolas para maestros
Educar es cosa del corazón y solo con esa sabiduría se pueden leer y entender estas líneas. Recordar quiere
decir «sacar del corazón». Educar es contar una historia. Lo digo para
que sepas que cada una de las parábolas las cuento «de memoria». Sacadas
como pan tierno del horno del interior. Te las cuento para que aprendas
a guardarlas también, para que puedas educar luego con el corazón. Un
libro que enternece. Si te enterneces, es que tienes corazón de maestro.
Puedes estar al frente de un grupo de jóvenes, quererlos y el amor les
transformará. Dejarás huellas en su corazón.
Autor Pablo Iván Medina
Editorial CCS
72 páginas
ISBN 978-84-9023-250-7
7,65 euros
Fuego y audacia en Pentecostés Jn 15,26-27;16-12-15 (PAB8-15)
“Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en
lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu Santo le sugería”.
En esta fiesta de Pentecostés celebramos la presencia del Espíritu de Dios en
la Iglesia (Hech 2, 1-11). Una presencia que nos zambulle en la intimidad con
Dios y nos empuja también a acercar el Evangelio a nuestros hermanos..
La primera dimensión la subrayaba ya
Santa Teresa con la imagen del fuego, cuando escribía en sus Meditaciones sobre los Cantares: “El
Espíritu Santo debe ser medianero entre el alma y Dios y el que la mueve con
tan ardientes deseos que la hace entender con fuego soberano, que tan cerca
está” (5,5).
La segunda dimensión la ilustra el papa
Francisco, al afirmar que “en Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí
mismos a los apóstoles y los transformará en anunciadores de las grandezas de
Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua. El Espíritu Santo
infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz
alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (EG 1).
TRES ADVERTENCIAS
El Evangelio de esta fiesta nos sitúa en
el “primer día de la semana”. Al
amanecer de aquel día, las mujeres que acudieron al sepulcro lo encontraron
vacío. Ante el anuncio de las mujeres, los discípulos del Señor experimentaron
sentimientos de asombro y de alegría. Pero
el miedo los había encerrado en una casa, cuando entró Jesús, se puso en
medio y les dijo: “Paz a vosotros”. (Jn 20, 19). He ahí tres advertencias para
la Iglesia de todos los siglos.
• Vino Jesús al encuentro de sus
discípulos. De él había sido la iniciativa de elegirlos y de llamarlos, para
que le siguieran y estuvieran con él. El resucitado no los olvida. Y de nuevo
toma la iniciativa de acercarse hasta ellos, aunque ellos le hayan abandonado.
• Se colocó en medio de ellos. Juan
Bautista había dicho: “En medio de vosotros está uno a quien no conocéis” (Jn 1,26). Ahora se
coloca definitivamente “en medio” de sus discípulos el Maestro al que no
reconocen. Ese ha de ser su puesto en la comunidad para siempre.
• Y les dirigió el saludo tradicional de
la paz Ese era su don personal, como
había anunciado a sus discípulos en su despedida (Jn 14,27). Ese era el saludo
que ellos habían de pronunciar al entrar en una casa (Mt 10,12). Y esa era la
promesa del Señor para la eternidad.
EL DON Y LA TAREA
Después de su saludo, el Resucitado exhaló su
aliento sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes
les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos” (Jn 20,23).
• Recibir el Espíritu Santo. El autor de
los dones es el don primero del Señor Resucitado. El aliento que exhaló desde
lo alto de la cruz, es su propia vida. Una vida que ha entregado por nosotros.
Una vida que comparte con nosotros para que nosotros la entreguemos como
él.
• Perdonar los pecados. Jesús no ha
venido al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él
(Jn 3,17). Sus apóstoles son enviados a anunciar, como él lo hizo durante su
vida, la gracia y la misericordia de Dios.
• Retener los pecados. Dios respeta y siempre
respetará la libertad de sus hijos. Pero los discípulos del Señor han de
cumplir con la misión de gracia que se les confía, advirtiendo a los hombres de
los obstáculos que ponen cada día a la salvación que se les ofrece.
Aprendizaje cooperativo
Con frecuencia no resulta fácil conciliar algunos de los retos
educativos que plantea el mundo actual: educar-enseñar,
competir-colaborar, autoafirmarse-solidarizarse… Este libro aporta una
perspectiva de trabajo doblemente eficaz. Por un lado, dinamiza el
potencial de los grupos para transmitir conocimientos y contenidos; por
otro, favorece la riqueza de relaciones imprescindibles para trabajar en
grupo. El reto que plantean las competencias es abordado en sus
vertientes individual y social, de aprendizaje y de relación. La
aparente separación enseñanza-educación queda así eliminada.
Autores Paloma Gavilán y Ramón Alario
Editorial CCS
260 euros
ISBN: 978-84-9842-446-1
Precio 15,50 euros (10,85 E-book)
La llama del deseo Mc 16,15-20 (PAB7-15)
“Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El
mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto
marcharse”. Los apóstoles contemplaban a su Maestro irse hacia los cielos. De
pronto, una nube se lo quitó de la vista. Y dos hombres vestidos de blanco los
increparon con esas palabras (Hech
1,11).
A los cristianos nos condenan a veces
por mirar a los cielos y despreciar este suelo. Al menos, eso dicen. Pero otras
veces nos acusan de mezclarnos en los asuntos de esta tierra, en la que
compartimos gozos y esperanzas con nuestros vecinos. La clave es el modo como
vivimos la esperanza. El Señor no se ha ido de esta tierra. En ella esperamos su
manifestación.
A
los sesenta años de la muerte de Teilhard de Chardín, recordamos una frase vibrante que nos dejó al
final de su libro “El Medio divino”: “Cristianos,
encargados tras Israel de conservar siempre viva sobre la tierra la llama del
deseo, tan sólo veinte siglos después de la Ascensión, ¿qué hemos hecho de la
espera?”.
EL EVANGELIO Y EL MUNDO
Jesús no quería que la espera se
confundiera con la pasividad del aguardo. Con su ascensión a la gloria de Dios
nos dejaba un encargo inesquivable. El
evangelio que se proclama en esta fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda
el último encargo que Jesús nos dejó: “Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15).
• La fe sólo se conserva cuando se
comunica. Creer es crear. Proclamar el evangelio es la primera tarea del que
cree que esa buena noticia de salvación es también el camino para la
humanización de la persona y de la sociedad.
• La esperanza sólo se mantiene cuando
se contagia y nos lleva a la acción. Esperar es operar. Y ponerse en camino
hacia las últimas periferias de la tierra, como repite el Papa Francisco una y
otra vez.
• Y el amor no puede ser verificado si
no se traduce en gestos visibles y en obras concretas. El amor no es sólo un
sentimiento. Es, sobre todo, un compromiso con toda la creación: con el ser
humano y con la casa del mundo en el que vive.
LA FE Y LOS SIGNOS
El evangelio de Marcos concluye con una
anotación en la que se da cuenta de la fidelidad con la que los apóstoles
cumplieron el último mandato del Señor: “Ellos fueron y proclamaron el
Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la
palabra con los signos que los acompañaban”.
• A lo largo de dos milenios, los
discípulos del Señor han llevado el Evangelio de Jesús a todos los rincones de
la tierra. Los discípulos actuales no podemos silenciar esta Palabra.
• Los evangelizadores no estamos solos.
Y no estaremos solos al proclamar el Evangelio. El Señor nos precede y nos
acompaña con su luz y con su fuerza.
• Algunos dicen que los discípulos de
Jesús no hemos hecho nada por este mundo. No es verdad. Ahí están los signos de
convivencia y de progreso en los que se ha manifestado la fe.
10 criterios para hacer buen uso de Internet
Este libro recoge consejos para navegantes
adultos expertos, como para aquellos que quieren saltar esa brecha
tecnológica y generacional. También se ofrecen orientaciones precisas
para ayudar a los hijos y alumnos a aprovechar de manera segura las
muchas oportunidades que Internet ofrece.
Autores: Sebastián Cerro y Alfredo Caballero
Editorial CCS
116 páginas
ISBN 978-84-9023-283-5
Precio 7 euros
El amor y la alegría Jn 15,9-17 (PAB6-15)
“Está claro que Dios no
hace distinciones: acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la
nación que sea”. Con esas palabras se
presenta Pedro ante el centurión Cornelio, según se nos cuenta en la primera
lectura de la misa de hoy (Hech
10,25-48).
Seguramente
hoy nos resultan bastante lógicas esas palabras. Pero hemos de preguntarnos qué
asombrosa conversión ha debido operar el Espíritu de Dios en la mente y en el
corazón de aquel pescador de Galilea.
De paso,
podemos reflexionar sobre nuestras dificultades para aceptar a los demás y para
anunciarles con gozo, respeto y esperanza el mensaje de Jesús. Un mensaje
universal de salvación, de gracia y de justicia.
Evidentemente,
todos necesitamos recibir la luz y la fuerza de un nuevo Pentecostés. No
será posible la nueva evangelización
si no nos ayuda la gracia del Espíritu Santo.
EL PUENTE DEL AMOR
Esa
visión universal es fruto del amor, al que se refiere la palabra de Jesús que
se proclama en el evangelio de este domingo sexto de Pascua. (Jn 15,9-17). El
texto sigue a la alegoría de la vid y los sarmientos, que hemos meditado el
domingo anterior. El que hoy se nos propone es inmensamente rico.
• Jesús
nos revela el amor que le une a su Padre celestial. Un amor que no le cierra en
sí mismo, puesto que quiere comunicarlo a sus discípulos. Jesús se nos muestra
como el puente por el que nos llega el amor del Padre.
• A los
discípulos Jesús les deja como don y como herencia un único mandamiento: el
mandamiento del amor. Permanecer en el amor es la clave para saber que
permanecemos en el amor de Dios.
• Pero el mandamiento del amor no puede ser
concebido como un peso. Es una liberación. Es la clave de nuestra realización
personal y de la construcción de una comunidad armónica. Es la fuente de la
alegría que Jesús nos comunica.
EL AMOR
MÁS GRANDE
Ahora bien, de sobra sabemos que el amor es
una palabra que puede significarlo todo y no significar nada. Hace falta una
piedra de toque para conocer su verdad. Y Jesús nos la ofrece: “Nadie tiene
amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.
• El amor
más grande no se manifiesta en la compasión puntual y pasajera ante los
desastres provocados por un terremoto o ante el drama espantoso de la
inmigración reducida a un tráfico de esclavos.
• El amor
más grande tampoco puede ser identificado con una ayuda voluntariosa y
pasajera. Jesús no nos ha enviado para identificarnos con una “organización no
gubernamental”, como advierte el Papa Francisco.
• Jesús
manifestó el amor más grande al entregar su vida por nosotros. Pedro aceptaba
ampliamente a Cornelio, el centurión romano. Y un día habría de entregar su
vida a manos de los romanos.
ERA, la web de Eugeni
Eugeni Rguez. Adrover, sacerdote mallorquín, es licenciado en Ciencias Religiosas y Catequéticas en el SAN PÍO X y ha cursado también un máster (entre otros) en "Discernimiento Vocacional y Acompañamiento Espiritual" en la UNIPSI COMILLAS. Su web es rica en materiales de pastoral que también pueden servir, con fácil adaptación, para la enseñanza religiosa escolar. Además de los vídeos, libros y recursos variadísimos, visitad especialmente el apartado referido a la inteligencia espiritual que tiene una aplicación vanguardista tanto en el aula como en la catequesis.
Más que contar todo su gran potencial os invito a visitar ERA (ir ahora)
La Biblia para colorear y pegar
Un libro para aprender coloreando y colocando pequeñas pegatinas temáticas. Un buen entretenimiento que "oculta" una manera de conocer diferentes personajes y relatos bíblicos de manera amena y divertida. Sus dibujos bucean tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento dando mayor espacio a este último. Sencillos pero bien realizados harán las delicias de los niños de entre 5 y 9 años. Material de complemento a clases de religión y catequesis.
Texto de Isabel López
Ilustraciones de Eva María Gey
Susaeta Ediciones
ISBN 9788467738896
128 páginas
5,95 euros
9788467738896
9788467738896
9788467738896
9788467738896
La vid y los sarmientos Jn 15,1-8 (PAB5-15)
“La
Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y
progresaba en la fidelidad del Señor y se multiplicaba animada por el Espíritu
Santo”. Así se refiere en uno de los
“sumarios de los Hechos”, con el que se cierra la primera lectura de la misa de
hoy (Hech 4,11-12).
Es un
panorama que rezuma la armonía de una vida cristiana fervorosa y consecuente.
Lo cual no significa olvidar y negar las persecuciones que desde el primer
momento se abatieron sobre los apóstoles, sobre Esteban.
Pero más
que la paz exterior nos encanta esa nota sobre la armonía interior de una
Iglesia que crece y se desarrolla. Es una comunidad que confía en la fidelidad
que el Señor le muestra cada día. Y que trata de responder con fidelidad a la
elección y a la vocación que ha recibido.
Claro que
nada de eso habría sido posible sin la fuerza experimentada en Pentecostés.
Tampoco hoy será posible crecer en la fidelidad si no nos ayuda la gracia del
Espíritu Santo.
LA VIDA Y EL FUEGO
A ese
recuerdo agradecido corresponde de alguna manera la palabra de Jesús que se
proclama en el evangelio de este quinto domingo de Pascua (Jn 15,1-8). En ella se nos recuerda la
necesidad de ser fieles al que es la fuente de nuestra vida,
• Jesús
se nos revela como la verdadera vid. Era esta una imagen muy querida por su
pueblo. Los profetas habían identificado muchas veces a Israel, con la viña
plantada por Dios. Una viña de la que él esperaba los mejores frutos y de la
que solo recibió agrazones. Jesús es la nueva y definitiva vid.
• Los
discípulos de Jesús son comparados con los sarmientos. Cuando están unidos a la
vid reciben de ella la savia de la vida y pueden producir los frutos esperados. Si los sarmientos se
separan de la vid, se secan, no pueden producir fruto por sí mismos y no tienen
otro destino que arder en el fuego del hogar.
La alegoría se aplica a todos nosotros. Sólo
nuestra soberbia nos hace pensar que estar unidos a la vid, que es Jesucristo
coarta nuestra libertad. Pero esa sería nuestra perdición. La fidelidad al
Evangelio y a la Iglesia es la fuente de nuestra vida y la garantía de los
frutos.
EL
PADRE Y LOS DISCÍPULOS
Este mensaje nos interpela. Sobre todo, porque
la alegoría evangélica no se detiene en una amenaza de condenas y de fuego, sino
que se abre a una hermosa perspectiva:
• “Con
esto recibe gloria mi Padre”. Jesús
alude muchas veces a la gloria de su Padre. El Papa Francisco nos ha dicho que
demasiadas veces buscamos nuestra propia gloria. Pero no es ese el deseo del
Señor. No está en eso nuestra felicidad.
• “Con
que deis fruto abundante”. Demasiadas veces se acusa a los cristianos de una
presunta esterilidad. Se dice que no contribuyen al progreso y la cultura. No
es cierto. Jesús quiere que demos frutos de paz y de justicia, de verdad, de
bondad y de belleza.
Inteligencia espiritual
Este blog inicia su andadura a partir de la IX Jornada de Reflexión sobre la Religión en la Escuela organizada por las diócesis de la Iglesia en Aragón y La Rioja. El tema que centraba el encuentro era “La Competencia Espiritual”
y fue desarrollado en una ponencia y siete talleres sectoriales. Los
encargados de la Jornada buscaron entre los profesores de religión de
nuestras diócesis, personas capaces de elaborar materiales didácticos
sobre el tema, pero adaptarlos a los niveles y ámbitos de nuestras
aulas. Tras la Jornada, pareció bueno e interesante volver a juntar a
los tutores de los talleres para que formaran una comisión de la
Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza, que profundizara
teóricamente en el tema, siguiera elaborando actividades y ayudara a
renovar pedagógicamente a nuestros compañeros. Luego surgió el reto de
acompañar el mismo proceso en la revista "Religión y Escuela".
Dentro de la Delegación Episcopal de Enseñanza de Zaragoza (con Bernardino Lumbreras como delegado) se crea la Comisión de Innovación Pedagógica coordinada por Isabel Gómez.
Entre los contenidos publicados en la revista mencionada y los que encontraréis en el blog de dicha comisión tenéis a vuestro alcance herramientas muy interesantes para conocer y trabajar la inteligencia espiritual.
Un esfuerzo pedagógico que desde aquí queremos felicitar. (Visitar el blog)
Libres para creer (Card. Carlo María Marini)
«El corazón humano –el tuyo, el mío, el de todos– es más rico de lo que
puede parecer y más sensible de lo que se puede imaginar; es generador
de energías inesperadas; es una mina de potencialidades, a menudo poco
conocidas o ahogadas por la escasa autoestima o la frustrante convicción
de que es imposible cambiar... Intenta preguntarte por las verdades que
están en lo más hondo de ti. No dudes en hacerte preguntas
fundamentales. Escucha en tu interior. Tienes derecho a preguntarte, con
el fin de conocer tus luces y tus sombras, saber de dónde vienes y
adónde vas, qué sentido tiene tu vida... En el silencio de algún momento
crucial, siéntete amado por Dios y trata de conocer a Jesús. Cuando lo
conozcas, lo sentirás cercano, amigo, vivo. Y cuando tengas la
experiencia de suscitar una sonrisa, de encender una esperanza en la
vida de los otros, caerás en la cuenta de que también en tu vida habrá
más luz, más sentido, más alegría».
Una amplia compilación de las intervenciones del cardenal Martini dirigidas a los jóvenes, en el curso de su largo y profundo magisterio. Un instrumento privilegiado para la formación de las conciencias, porque «la elección de servir al Señor» es el fruto de un prolongado e intenso itinerario de descubrimiento de la propia libertad.
Una amplia compilación de las intervenciones del cardenal Martini dirigidas a los jóvenes, en el curso de su largo y profundo magisterio. Un instrumento privilegiado para la formación de las conciencias, porque «la elección de servir al Señor» es el fruto de un prolongado e intenso itinerario de descubrimiento de la propia libertad.
Autor Card. Carlo María Martini
Editorial Sal Terrae
ISBN 978-84-293-1825-8
176 páginas
Precio 12 euros
La piedra y el pastor Jn 10,11-18 (PAB4-15)
“Jesús es
la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en
piedra angular. Ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos ha dado
otro nombre que pueda salvarnos” Así interpela Pedro a los jefes del pueblo y a
sus senadores (Hech 4,11-12).
Pedro y
Juan han sido llevados ante el Sanedrín no por haber curado al tullido que
pedía limosna a la puerta del Templo de Jerusalén, sino por haberlo curado en
el nombre del Mesías de Nazaret. Eso es lo que realmente molestaba a las
autoridades del pueblo.
Pero
Pedro inicia su discurso con las palabras de un salmo (118,22). No se trata de
un alegato para defenderse a sí mismo, sino del anuncio de su evangelio. Era importante
afirmar que la piedra despreciada se había convertido en el fundamento de la
vida y de la salvación.
O dicho
más claramente, Jesús, crucificado por instigación de aquellos jefes del
pueblo, ha sido convertido por Dios en el salvador de ese pueblo tan manipulado
por sus jefes. Esa es la gran paradoja. Y ese es el núcleo del mensaje que ha
de recorrer el mundo.
LA CONTRAPOSICIÓN
El
evangelio de este cuarto domingo de Pascua
(Jn 10,11-18) nos recuerda todos los años la figura de Jesús como el
Pastor bueno y responsable.
• Hay
algunas notas que establecen una notable diferencia entre el pastoreo de Jesús
y la actuación del asalariado. Jesús da la vida por sus ovejas. Pero el
asalariado no es pastor ni dueño de las ovejas. Es evidente que sólo le
preocupa su interés personal. No ama a sus ovejas. No está dispuesto a dar la
vida por ellas. Por eso las abandona
cuando ve llegar al lobo.
• El
texto que se proclama en este día nos ofrece otra contraposición muy
importante. Pedro acusaba a los jefes del pueblo de haber crucificado a Jesús. Pero el evangelio repite
una y otra vez que Jesús entrega espontáneamente la vida por sus ovejas: “Nadie me la quita,
sino que yo la entrego libremente”.
• En este
texto evangélico hay una tercera contraposición: la que va de entregar la vida
a recuperarla. Nosotros entregamos o perdemos la vida, pero nada indica que
podamos recuperarla. Una y otra vez se repite que Jesús entrega su vida por las
ovejas. Pero por dos veces nos dice él mismo que tiene poder para recuperarla.
JESÚS Y
EL PADRE
No deberíamos olvidar esa palabra de Jesús.
Sólo él tiene poder para recuperar la vida que entrega por los suyos. Ese es el
mensaje de la Pascua. Pero todavía nos llaman la atención las referencias de
Jesús a su Padre:
• “El
Padre me conoce y yo conozco al Padre”.
Esa relación de mutuo conocimiento entre Jesús y su Padre indica su
origen eterno, revela el estilo de su vida y nos ofrece la razón por la que ha
podido revelarnos a su Padre.
• “El
Padre me ama porque yo entrego mi vida”. La generosidad de Jesús es fruto del
amor que le une al Padre, pero, al mismo tiempo la entrega de Jesús a los
hombres le hace merecedor del amor del Padre.
• “Este
mandato he recibido de mi Padre”. Una y otra vez Jesús había manifestado que
había venido al mundo para cumplir la voluntad del Padre. Ahora nos manifiesta
que la voluntad del Padre es que el Hijo entregue su vida por sus ovejas.
¿Extraños amigos?
Este es un libro escrito por una profesora de ciencias y un sacerdote, que han sido capaces de tender un puente entre los dos y hablarse mutuamente de ciencia y de fe, sin que ninguno haya pretendido convencer al otro ni ganar al lector para su propia causa. Escrito en género epistolar, en un tono distendido y ameno, los autores hablan de temas tan dispares como la creación, el amor, el cielo, el diluvio o el camino hacia la Tierra Prometida, entre otros, poniendo en relación las leyes de la física con las tradiciones del texto bíblico. El texto, fruto del interés mutuo de los autores en las ideas del otro, es un diálogo dirigido a aquella parte de la sociedad que, sin tener por qué perder sus creencias cristianas, se interesa por la ciencia.
Autores Ana Rota y Fernando Cordero
Editorial San Pablo
ISBN 9788428546850
216 páginas
Precio 12,90 euros
El día del perdón Jc 24,35-48 (PAB3-15)
“Arrepentíos
y convertíos para que se borren vuestros pecados”. Con esas palabras se cierra
el discurso que Pedro dirige a las gentes de Jerusalén según el texto de los
Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama en la celebración de la misa (Hech
3, 19).
Antes de
esa exhortación, Pedro ha acusado a las gentes de su comportamiento con Jesús
de Nazaret. Tres son los motivos de su acusación:
•
Entregar a Jesús a las manos de Pilato, cuando el procurador romano había ya
decidido ponerlo en libertad.
•
Rechazar a Jesús, al que Pedro tiene que calificar necesariamente como el Santo
y el Justo.
• Pedir a
Pilato el indulto de un asesino,
mientras que optaron por entregar a la muerte al autor de la vida.
Si bien
se mira, esas tres acusaciones no han perdido vigencia. También hoy se ignora
la bondad y se glorifica la maldad, se desprecia la vida y se legaliza la
muerte, se aplasta al inocente y se honra públicamente a los asesinos.
UN MUNDO NUEVO
El
evangelio de este domingo tercero de Pascua
(Lc 24, 35-48) está lleno de contrastes entre la actitud de los discípulos de Jesús y la
realidad de su resurrección y de su mensaje.
• Los
discípulos de Jesús confunden a Jesús con un fantasma. Pero el miedo a los
fantasmas no les permite descubrir la verdad de la vida y la presencia de
Jesús.
• Frente
a las dudas que surgen entre los discípulos, Jesús les ofrece la paz y la
seguridad, los libera de la ilusión y del temor y les abre a la esperanza.
• Los
discípulos de Jesús son incapaces de comprender el sentido de la muerte de
Jesús. Pero él les abre su entendimiento para que puedan recordar y comprender las
Escrituras.
También en nuestra vida
Cristo viene a crear la novedad. Como dice el Papa Francisco, “La resurrección
de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los
corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la
trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano” (“Alegría
del Evangelio”, 278).
TESTIGOS DEL PERDÓN
La última
frase de Jesús es un espléndido resumen de lo que ha de ser la misión y la
tarea de la Iglesia y de cada uno de los creyentes:
• “Estaba
escrito que el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos”. Su pasión no debe ser para los creyentes
fuente de escándalo ni motivo de burla para los incrédulos. Y su resurrección
no debe sumirnos en la duda. Es preciso
creer en las Escrituras.
• “En
nombre del Mesías se predicará la conversión y el perdón de los pecados”. Él
Señor no resucita para condenarnos ni para condenar al mundo. Él nos ofrece su
perdón y quiere que lo anunciamos a todos los que desean convertirse de sus
pecados.
• “Los
discípulos han de ser testigos de esto”.
No somos enviados como testigos de la cólera, la venganza o el castigo
de Dios. Somos los testigos de su ternura y de su misericordia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









































