Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Mi trozo de cielo (por Rosana)

Estupendo videoclip para trabajar a partir de los 10 años. Aunque el fondo parece conducir a una relación de pareja es muy fácil aplicar a la relación de uno mismo con Dios.

Letra
Nadie tiene la vida comprada...ni guapos ni feos...ni

el que tiene dinero pa más que tapar agujeros
Aunque sé que en la calle esperanza se alquilan
consuelos...es mejor no tragar agonías mordiendo veneno

Nadie tiene seguro de vida que cubra los sueños...aunque
sé que en la calle de al lado se vuelven eternos¬
a la corte del Rey Baltasar le he pedido un deseo...por
vivirla contigo hipoteco mi trozo de cielo..
Mi trozo de cielo...oh… ¿sin ti pa que?...bien sabes que
yo sin ti no me quedo mi trozo de cielo...oh...sin ti es
mi calvario, mi pena, mi ruina...lo que se te ocurra
con todas las letras del abecedario...
Nadie quiere soltar el testigo...ni ser el primero...
Nadie quiere morir ni siquiera quien quiere ir al cielo...
No me gustan los días contados ni voy a contarlos...que
en la calle de los imposibles se envuelven milagros...

Le soplamos al tiempo en la tarta de los cumpleaños...
es por eso que a veces la vida se pasa volando...
Cada vez que le doy un soplido le pido un deseo...por
vivirla contigo hipoteco mi trozo de cielo...
Mi trozo de cielo...oh...¿sin ti pa que?...bien sabes
que yo sin ti no me quedo mi trozo de cielo...oh...
sin ti es mi calvario, mi pena, mi ruina...lo que se te
ocurra con todas las letras del abecedario...

Jesucristo, rey del universo (34º TOA)

Juicio Final (34º TOA) por J-R Flecha

Israel recuerda su origen como un pueblo de pastores nómadas que conducen sus rebaños en busca de los mejores pastos. Pero el recuerdo se torna profecía en las palabras que Ezequiel pone en la boca del mismo Dios: “Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas”.

Ahora bien, al don de Dios ha de responder la conciencia de la tarea confiada a toda persona. No se puede creer en la misericordia divina y olvidar la responsabilidad humana. Por eso, el profeta evoca el juicio que el Señor ha de ejercer un día sobre el rebaño: “Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío” (Ez 34, 11-17).

Dios es discreto, pero no es neutral. En el mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Benedicto XVI mencionaba “el eclipse de Dios” en el que vive esta sociedad. Cuando la luna se interpone entre el sol y la tierra, dejamos de ver el sol, pero eso no significa que el sol no exista.

En su segunda encíclica, el mismo Papa menciona el juicio de Dios como una de las escuelas de la esperanza. El juicio de Dios es la revelación de su presencia y, también, de la verdad última del hombre y de su historia. No es sólo la reivindicación de la voluntad y el proyecto de Dios. Es la manifestación definitiva de la dignidad de toda persona.

BENDICIÓN Y MALDICIÓN
En este último domingo del año litúrgico celebramos la majestad de Jesucristo Rey del Universo (Mt 25, 31-46). En su venida se cumple la profecía de Ezequiel: “Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras”.

Como ha escrito Benedicto XVI, “la imagen del Juicio final no es en primer lugar una imagen terrorífica, sino una imagen de esperanza; quizás la imagen decisiva para nosotros de la esperanza… Es una imagen que exige la responsabilidad”. El juicio no se dirige a los creyentes, sino a toda la humanidad. Es humano quien se cuida de los demás.

La manifestación del Señor revela la bendición y la maldición que señala la vida de cada persona. El criterio del juicio último es la causa de la justicia. Los benditos no lo son por haber multiplicado sus ritos religiosos. Son benditos por haber prestado atención a todos los que a lo largo de la historia han sido abandonados o excluidos, ignorados y oprimidos.

Los malditos lo son por no haber prestado atención a los que la necesitaban. El juicio último subraya de forma dramática la importancia del pecado de omisión. La falta de amor. Ese pecado que encuentra cada día una justificación en lo mucho que tenemos que hacer. El pecado que antepone las cosas a las personas y lo urgente a lo necesario.

OJOS NUEVOS
Por otra parte, la parábola y profecía del juicio pone en evidencia nuestro modo de mirar a las personas. Solemos decir que la fe significa mirar el mundo y a la humanidad con ojos nuevos, es decir, con los ojos de Dios. Pues bien, el juicio final es un examen sobre nuestra capacidad de visión.

• “¿Cuándo te vimos con hambre y te alimentamos… Cuándo te vimos con enfermo y no te asistimos?” Esas son las preguntas que dirigen al Señor de la historia tanto los benditos y como los malditos. Unos y otros vemos al hambriento y al enfermo, al encarcelado o al desnudo. Pero con demasiada frecuencia lo vemos como un número en una estadística, como un fenómeno social, o como un culpable.

• “Conmigo lo hicisteis… Tampoco lo hicisteis conmigo”. Esa es la alternativa cristiana. Creyentes y no creyentes están llamados a dar prueba de su humanidad por su capacidad de compadecerse con los despreciados de la tierra. Pero los creyentes en Jesucristo saben que en el despreciado está el mismo Jesús. Para eso hacen falta ojos nuevos. Para descubrir en el pobre y el marginado el signo sacramental de la presencia del Señor.

Claves del Adviento (7-8 años)

Actividad sencilla para que los niños recuerden los 4 datos básicos de este tiempo: color propio, meses que abarca, semanas de duración y personajes centrales.

La Catedral de León (s.XIII)

En este caso os presento a una vecina (vivo a menos de 5 minutos de ella) La catedral de León es el ejemplo más sobresaliente del arte gótico español y sus vidrieras son únicas. Compartir con vosotros esta maravilla es un orgullo

S. Miguel de Escalada (mozárabe s.X)

Trabajar el patrimonio artístico propio es muy importante. Un acercamiento previo a una visita en persona puede ser que se conozcan los detalles principales del monumento. El arte mozárabe en el norte de España tiene su mayor exponente en esta Joya que os presento.

¿Ciencia o Dios?

En universidad de Alcalá de Henares se celebrado el Simposio Internacional Ciencia y Religión en el siglo XXI ¿diálogo o confrontación?. El artículo enlazado del periódico El Mundo recoge las opiniones que sintetizan las posturas mostradas  en este encuentro.

La esperanza y los talentos (por J-R Flecha)

El talento era en el mundo antiguo una medida de peso y de moneda. Representaba una cantidad enorme que es difícil imaginar y traducir a nuestros esquemas modernos. Para nosotros, la palabra “talento” ha venido a significar las dotes intelectuales de una persona.

Los talentos aparecen en la segunda de las grandes parábolas con las que el evangelio de San Mateo trata de reflejar la esperanza cristiana (Mt 25, 14-30). Por la parábola de las jóvenes que acompañan a la novia que aguarda la llegada del esposo sabemos que la esperanza comporta la vigilancia previsora que equivale a la sabiduría.

Esta parábola de los talentos nos indica que la esperanza implica un compromiso activo y, por tanto, no es compatible con el miedo al futuro que paraliza a la persona o con la pereza que revela sus anclajes en el presente.

Por otra parte, esta parábola es un precioso texto sobre la confianza. Dios confía en la persona y le confía un gran tesoro. Ahora bien, esta no confía en el Señor sino que prefiere confiar ese tesoro a la esterilidad de la tierra.  

LA CONFIANZA Y EL MIEDO

La fe, la esperanza y la caridad se califican como virtudes teologales. Eso significa, a primera vista, que tienen a Dios por “objeto”. Es decir el creyente, lo es porque cree en Dios, espera en Dios y ama a Dios. Es evidente que Dios es el destinatario de sus afectos.

Pero estas virtudes pueden ser llamadas teologales porque tienen a Dios por sujeto. Dios cree en el hombre y confía en él, incluso cuando se siente olvidado o despreciado por el hombre. Dios es fiel a su proyecto de salvación.  Del mismo modo, Dios espera en el hombre. Lo aguarda cada día, aun cuando se tarde en llegar hasta Él. Y espera algo del hombre. Más frecuente es afirmar que Dios ama al hombre antes de ser amado por él.

La parábola de los talentos que entrega a sus empleados un patrón que está a punto de viajar, refleja el amor de Dios a cada uno de nosotros. Un amor que tiene en cuenta nuestras capacidades para no exigirnos más de lo que podemos dar. Un amor que valora nuestra dignidad y espera el ejercicio de nuestra responsabilidad. Un amor que nos premia la fidelidad con la que respondemos a su confianza.

Ante ese amor se ponen de manifiesto dos actitudes contrapuestas que definen a la persona: por una parte, la confianza que excita la imaginación y dinamiza las fuerzas, y por otra, el miedo que pretende justificar la pereza y se manifiesta en disculpas vanas y falsamente aduladoras.

EL ELOGIO Y EL PREMIO

Según San Juan Crisóstomo, los talentos indican las posibilidades de cada uno con relación a la ayuda, al dinero, a la enseñanza y otras cosas semejantes. “Que nadie diga: sólo tengo un talento y no puedo hacer nada”.

De todas formas, en nuestra oración, más que recordar las palabras de condena al empleado negligente y holgazán, preferimos hoy recordar las palabras de elogio que el Señor dirige a los diligentes.

• “Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor”. La aprobación del Señor vale más que todos los elogios de este mundo. Dios valora la fidelidad a la tarea que nos ha encomendado y la responsabilidad con la que hemos tratado de llevarla a cabo.

• “Has sido fiel en lo poco y te daré un cargo importante”. Nosotros podemos considerar muy grande e importante el don que nos ha sido concedido. Para Dios es poco en comparación con el premio que quiere concedernos.

• “Pasa al banquete de tu señor”. El banquete representa la amistad y la intimidad entre las personas. La parábola nos recuerda que la mejor recompensa por el cumplimiento de nuestra misión no son las cosas de Dios sino el Dios de las cosas. Él es nuestra esperanza.

Empápate de Dios (33TOA por Fano)


Domingo 32TO-A (reflexión)

Sabiduría y deseo (32TOA por J-R Flecha)

EL ACEITE DE LA VIDA

En estos tres últimos domingos del año litúrgico se nos invita a meditar tres hermosas parábolas sobre la esperanza. La primera evoca una fiesta de bodas. En casa de la esposa, diez jóvenes aguardan al atardecer la llegada del esposo. Cinco de ellas son presentadas como sabias y las otras cinco como necias (Mt 25, 1-13). Las primeras se han provisto de aceite para sus lámparas, mientras que las otras han descuidado ese detalle tan importante.

• La parábola se refiere a toda la comunidad cristiana. La Iglesia vive y vivirá siempre en un tiempo de penumbra. Pero ha de estar preparada para vivir aguardando en cada momento la presencia del Señor. Siempre habrá voces que anuncien su llegada. Pero ni la prisa ni el sopor pueden apagar su deseo ni justificar su ligereza. Una Iglesia que no viviera preparada para acoger al Señor no sería reconocida por Él.

• La parábola se refiere también a cada uno de los creyentes. Para los antiguos, el aceite significaba luz, alimento y suavidad para las heridas. Así lo comentaba San Bernardo al aplicar al nombre de Jesús esta preciosa imagen. Llevar aceite en las lámparas es señal de sabiduría. El aceite es la luz de la fe, la dulzura de la esperanza y el alivio de la caridad. Quien no espera al Señor es un necio. Y la necedad es otra palabra bíblica para el pecado.
EL DIÁLOGO DE LA ESPERANZA
En la parábola de las doncellas de la esposa se puede escuchar un diálogo misterioso que resume la vida del creyente. Una palabra determina a la otra.

• “¡Llega el esposo: salid a recibirlo!” Esa voz de lo alto se dirige a la Iglesia, a cada uno de los creyentes y también a la humanidad entera. Sería una insensatez ignorar esa venida que da sentido a toda nuestra existencia. No podemos olvidar que el Señor viene siempre a nuestro mundo y a nuestra historia. Estar dispuesto a “recibir” al que llega marcó el destino de Abraham y el de Zaqueo y marcará para siempre el nuestro.

• “Señor, Señor, ábrenos”. Esa otra voz, que brota de nuestras gargantas, expresa el sentido de la fe, pero también la sed de toda la humanidad. Nuestra pretensión de autonomía es una falsa ilusión. Con demasiada frecuencia pensamos tener nosotros la llave del futuro y el sentido de la existencia. Pero la puerta de la vida se abre desde dentro. Y sólo el Viviente puede franquear la entrada a quien se prepara y ruega.

Una puesta a punto (32TOA por Fano)


Cristianos coptos. Acercamiento

Os enlazo un reportaje interesante para conocer más de cerca la familia cristiana de los COPTOS que publica el periódico la Gaceta. En él se refieren al origen de la palabra copto, la historia y la realidad de esta Iglesia en nuestro días. En la foto adjunta podéis ver a Shenuda III, patriarca de la Iglesia Copta.

Domingo 31 TOA. Reflexión

Ser y parecer (31TOA por J-R Flecha)

“No eres más grande porque te alaben ni más vil porque te vituperen”. El pequeño libro de “La  Imitación de Cristo”, atribuido a Tomás de Kempis, nos sorprende siempre con aforismos como éste. Evidentemente, las apariencias nos seducen. Con demasiada frecuencia nos preguntamos por la opinión que los demás pueden tener de nosotros.

Por un interesante mecanismo hemos logrado confundir nuestro ser con nuestro parecer. Nos encanta trucarnos para salir al escenario de la vida. Por medio de ese truco, no siempre inocente, tratamos de engañar a los demás. En realidad nosotros mismos somos la primera víctima de nuestro engaño.

Esa utilización de nuestra apariencia puede ser blasfema cuando se lleva a cabo en nombre de Dios. El profeta Malaquías interpelaba a los sacerdotes de su tiempo por haberse apartado del camino de Dios (Ml 2, 8-10). No vivían en coherencia con su consagración. Su vida no era sólo una mentira. Era una impostura y un atropello a los demás. Con ello hacían tropezar a muchos.

INTERÉS Y BENEFICIO

También Jesús critica a los letrados y los fariseos por no vivir de acuerdo con la doctrina que enseñan (Mt 23, 1-12): “Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Los ropajes, los signos religiosos, la ambición por ocupar puestos de honor y por acaparar títulos y honores. Todo eso era y es signo de la mentira en la que se instala a veces la persona.

Una lamentable tentación nos lleva a mirar sólo al pasado. Escuchamos estas palabras de Jesús como imprecaciones dirigidas solamente a los dirigentes morales de su pueblo. Pero su mensaje es siempre actual y desenmascara nuestro propio fariseísmo. Con razón escribía san Jerónimo: “Ay de nosotros, miserables, que hemos heredado los vicios de los fariseos”.

Otra tentación es la dirigir estas críticas a las personas religiosas de hoy. Está de moda criticar la hipocresía de las personas piadosas. El cine y la novela, la televisión y la política acuden con frecuencia a esos tópicos. Pero las culpas no están siempre del mismo lado. Quien así las ve no se libra de la hipocresía que trata de condenar.

En realidad, la falsedad puede afectar a los creyentes y a los no creyentes. Para medrar, aparentar y escalar cargos en la sociedad unos pueden servirse de los signos religiosos y los otros de la ostentación de su incredulidad. Unos y otros pueden caer en la tentación de utilizar a Dios en su propio interés y beneficio.

 SERVICIO Y HUMILDAD

 El evangelio que hoy se proclama concluye con tres aforismos que Jesús debió de repetir en diversas ocasiones. Evidentemente, con ellos trataba de reflejar el espíritu del mensaje que él vivía y anunciaba.

• “El primero entre vosotros será vuestro servidor”. Jesús decía que no había venido a ser servido, sino a servir. Sus discípulos estaban llamados a seguirle. En su Iglesia, la autoridad ha de evaluarse por la disposición a servir generosa y verdaderamente a los hermanos. Y con ese criterio ha de evaluarse también la sinceridad de la fe.

• “El que se enaltece será humillado”. Este proverbio refleja una experiencia  humana y social, muy anterior a la revelación. La historia nos recuerda una larga retahíla  de  ídolos caídos.  Los mismos hechos de la vida demuestran que la persona altanera y orgullosa tarde o temprano habrá de tocar el polvo.

• “El que se humilla será enaltecido”.  Este otro proverbio no parece tan evidente. Millones de personas marginadas y pisoteadas nunca alcanzan un reconocimiento social. En boca de Jesús, esta promesa suena a profecía. El reconocimiento tiene por sujeto al mismo Dios, y se sitúa tanto en el tiempo como en la eternidad.