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Guía del duelo para educadores

Las Escuelas Católicas han editado una Guía para ayudar a los educadores a comprender y hacer frente a la pérdida de familiares en el entorno escolar. Siete capítulos vertebran las 120 páginas que lo componen que además disponen de una Introducción y una biografía consultada. He aquí su índice (si quieres acceder pincha aquí sobre GUÍA DEL DUELO PARA EDUCADORES):


INTRODUCCIÓN 8


1. ACLARACIONES PREVIAS 11
1.1. Qué es el duelo 12
1.2. El duelo en la infancia y en la adolescencia 14
1.3. Los educadores ante la muerte 16

2. EL PROCESO DEL DUELO 19
2.1. Ideas erróneas en torno al duelo 20
2.2. Etapas del duelo 22
2.3. De las etapas a las tareas 24
2.4. Comportamiento esperables 27
2.5. Lectura creyente de las tareas del duelo 30

3. ACOMPAÑAMIENTO PEDAGÓGICO Y PASTORAL DEL DUELO 33
3.1. El duelo como elemento pedagógico y pastoral en el aprendizaje vital 34
3.2. Principios pedagógicos fundamentales 35
3.3. Pautas de intervención pedagógico-pastoral 39
3.4. Mensajes inadecuados y mensajes adecuados 40
3.5. Atención en los primeros días 45
3.6. Espacio de la tutoría. Técnicas grupales 48
3.7. Celebración cristiana de la muerte 54
3.8. Posibilidad de celebración interreligiosa 55

4. PAUTAS PARA LA COMUNICACIÓN 57
4.1. Recomendaciones generales 58
4.2. Actuaciones específicas en casos de crisis de comunicación en situaciones de duelo 61

5. CRITERIOS JURÍDICOS 69
5.1. Fallecimiento de un alumno o un trabajador del centro 70
5.2. Cuestiones relativas a la responsabilidad civil y penal 72
5.3. Cómo actuar con la familia del fallecido 76

6. ASPECTOS A TENER EN CUENTA EN CASOS CONCRETOS 79
6.1. Duelo anticipatorio: enfermedades avanzadas 80
6.2. Duelo en caso de suicidio 82
6.3. Duelo en caso de accidentes 86
6.4. Duelo en caso de muerte violenta 87
6.5. Duelo por muerte perinatal 89
6.6. Duelos patológicos 89
6.7. Protocolo de actuación ante el fallecimiento de un miembro de la comunidad educativa 90

7. PREPARACIÓN ANTE LA MUERTE 93
7.1. Por una pedagogía de la muerte 95
7.2. Atender nuestra condición humana 96
7.3. Desde la fe 98
7.4. Con los alumnos 103
7.5. Programas de tutorías: fomentar competencias socio-emocionales y habilidades 107
7.6. Medidas de comunicación 110
7.7. Preparación desde el punto de vista jurídico 114

8. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA 117

Dos modos de orar Lc 18,9-14 (TOC30-19)

“Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia”. Esta afirmación del libro del Eclesiástico (Eclo 35,15-22) recoge una convicción que atraviesa las páginas de la Biblia. Los pobres del Señor son aquellos que solo en Dios encuentran escucha y apoyo.
La prensa de todos los días nos da cuenta de injusticias sangrantes, de conspiraciones de unos estados contra otros, de trampas de todos los tipos. El mensaje bíblico nos recuerda  que “El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre y escucha las súplicas del oprimido”.
De esta convicción se hace eco el salmo que hoy resuena en nuestra asamblea: ”El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él” (Sal 33,19.23).
También san Pablo confiesa a su discípulo Timoteo que Dios es un juez justo, que libra del mal a quien confía en él (2 Tim 4,6-8.16-18)

MILAGROS Y HUMILDAD
Tras evocar la invocación de los leprosos a Jesús y las súplicas que una viuda dirigía al juez injusto, el evangelio según san Lucas nos presenta en este domingo la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14). Con ella Jesús nos enseña que la oración no siempre responde a la verdad de la persona. Solo la  piedad humilde es verdadera, como lo indica la comtraposición de los dos protagonistas.
• El fariseo tiene el doble mérito de observar la Ley del Señor y dirigir hacia Él su mirada. Pero se atribuye a sí mismo esas virtudes de las que presume. Su acción de gracias refleja su autosuficiencia. Se atribuye una santidad que siempre es un don de Dios. Y en consecuencia se siente autorizado para despreciar a los que no parecen tan santos como él.
• El publicano cobra los impuestos que el imperio romano exige a sus súbditos. Eso le hace odioso ante las gentes que lo consideran como un pecador. No se atreve a adornar su oración con las abundantes palabras que usa el fariseo. Su oración nace de la humildad de quien solo puede encontrar la salvación en la misericordia de Dios.
Con razón escribió el P. Alonso Rodríguez que “mejor es el humilde que sirve a Dios que el que hace milagros”.

CAMINAR EN HUMIDAD
Jugando con las palabras, se podría decir: “Dime cómo oras y te diré a qué Dios adoras”. Tanto el fariseo como el publicano creen en Dios. Jesús nos dice que el publicano alcanzó la justicia y la santidad de Dios. Con ello nos invita a preguntarnos cómo imaginamos a Dios y cómo nos comprendemos a nosotros mismos.  
• “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. Esta oración nos lleva a revisar nuestro pasado y a tratar de descubrir las cicatrices que ha dejado en nosotros el pecado. Es decir, nuestro alejamiento de Dios. Y nuestra indiferencia ante sus hijos.
• “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. Esta oración nos invita a sentir de verdad la seriedad del pecado. Pero también nos lleva a confiar en la misericordia de Dios  que no se cansa de escuchar, acoger y perdonar a los humildes.
• “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. Esta oración nos exige admitir y confesar que solo Dios puede aceptarnos como somos y ayudarnos a ser como Él desea y espera que seamos. Solo Dios conoce nuestra verdad y puede alentarnos en el camino.


LETRA:
Por mucho tiempo busqué
Una Razón de Vivir
En medio de mil preguntas
Tu Amor me respondió.

Ahora veo la Luz
Y ya no tengo Temor
Tu Reino vino a mi vida
Y ahora vivo para Tí

Cantaré de Tu Amor
Rendiré mi Corazón ante Tí
Tú serás mi Pasión
Y mis pasos se guiarán por tu Voz
Mi Jesús y mi Rey
¡De tu Gran Amor cantaré!

Por mucho tiempo busqué
Una Razón de Vivir
En medio de mil preguntas
Tu Amor me respondió

Ahora veo la Luz
Y ya no tengo Temor
Tu Reino vino a mi vida
Y ahora vivo para Tí

Mi Jesús y mi Rey
¡De tu Gran Amor cantaré!
Mi Jesús y mi Rey
¡De tu Gran Amor cantaré!
Mi Jesús y mi Rey
¡De tu Gran Amor cantaré!
Señor

Oración y justicia Lc 18,1-9 (TOC29-19)

“Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec”. Este relato bíblico nos presenta a Moisés orando en el monte por su pueblo, mientras Josué se enfrenta en el llano a  los amalecitas (Éx 17,8-13).
Evidentemente se trata de subrayar la fe de Moisés y su influencia ante Dios. Por otra parte, se anticipa ya la prsentación de Josué como el futuro guía de su pueblo. Pero, sobre todo, se pone de relieve el valor de la oración. La imagen de Moisés orando con los brazos en alto sería toda una lección sobre la misericordia de Dios y la gratuidad de la liberación. 
El salmo responsorial responde al orante que se pregunta de dónde le vendrá el auxilio: “El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma, el Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre (Sal 120,7-8).
San Pablo dice a Timoteo que la Sagrada Escritura puede darle la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación” (2 Tim 3,15).

LOS TRES PERSONAJES
También el evangelio subraya el valor de la oración. Para reflejarlo de una forma fácilmente inteligible, Jesús lo expresa en la parábola de la viuda y el juez injusto  (Lc 18,1-8). Los dos personajes encarnan dos tipos humanos de personas, al tiempo que reflejan los atributos de Dios.
• La viuda era en Israel la imagen más evidente de la pobreza y el desamparo. Se sabía por experiencia que una viuda se veía sola y no tenía quien defendiera sus derechos ante la asamblea popular. En este caso, se dice que sus derechos han sido ignorados y pisoteados repetidas veces por los prepotentes.
• Por otro lado aparece el juez al que acude la viuda reclamando justicia. La Biblia presenta varias veces a los jueces como símbolos de la rectitud y del respeto que merecen tanto la ley como las personas. Pero el texto presenta a este juez con unos rasgos que lo descalifican ante nuestros ojos: “Ni temía a Dios ni le importaban los hombres”. 
• Este juez corrupto ignora a la viuda que le suplica. Después de mucho insistir, esta logra que la escuche el juez, no por responsabilidad profesional, sino para librarse de su insistencia. Por contraposición, se anuncia que Dios escucha la oración de los que le suplican y les hace justicia. Dios es justo y compasivo, misericordioso y fiel.

LA SÚPLICA Y EL JUICIO
La parábola del juez inicuo que ignora el lamento de la pobre viuda nos lleva también a recordar el tono de su humilde súplica:
• “Hazme justicia frente a mi adversario”. Hoy muchas personas se sienten marginadas en la sociedad, en el puesto de trabajo y aun en su propia familia.Tienen derecho a reclamar justicia y atención a sus derechos.
• “Hazme justicia frente a mi adversario”. También la Iglesia, como comunidad tantas veces humillada, puede y debe dirigirse a Dios. De hecho, habrá de implorar su misericordia y su justicia, cuando muchos de sus hijos son perseguidos hasta la muerte.
• “Hazme justicia frente a mi adversario”. Muchas personas y comunidades ven pisoteados sus derechos por la injusticia de los poderosos. Pero Dios no es neutral. Pensar en el juicio de Dios es un motivo de esperanza para los oprimidos, como escribió Benedicto XVI en su encíclica “Salvados en esperanza”.  

Domund 2019. Bautizados y enviados









El domingo 20 de octubre se celebra la Jornada mundial del Domund. Aquí podéis encontrar un ENLACE para acceder a los materiales (ir hasta la parte inferior de la página) que encontraréis organizados de la siguiente forma:


Además la tradicional lámina para colorear a continuación:

Diversidad religiosa mundial y europea



Fe en Dios y Servicio al hombre Lc 17,5-10 (TOC27-19)

“Mira, el altanero no triunfará, pero el justo por su fe vivirá”. No es muy conocido el profeta Habacuc, pero se ha hecho famoso ese oráculo que recibió de Dios (Hab 2,2-4).
Parecía desalentado al contemplar la situación de injusticia y de violencia, de luchas y contiendas en que vivía el país. Todo hacía presagiar el fin de aquella sociedad corrupta. Seguramente los caldeos no tardarían en invadir aquellas tierras. Y con la invasión llegarían la crueldad y la rapiña, la muerte y el destierro.
 Ante ese panorama, Habacuc se dirige a Dios con una súplica cargada de angustia: “Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?” Y Dios le responde para recordarle que solo la fe puede ayudar a su pueblo a descubrir el sentido de tanto dolor y a mantener la confianza.
En el mismo sentido resuena la invitación divina en el salmo responsorial: “No endurezcáis el corazón” (Sal 94). Para todo el pueblo de Dios valen las palabras que san Pablo dirige a Timoteo: “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio… Vive con fe y amor cristiano” (2 Tim 6-14).

UNA IMAGEN IMPACTANTE
También el evangelio de Lucas que hoy se proclama retoma la reflexión sobre la fe (Lc 17,5-10). En él aparecen una súplica, una imagen y una exhortación. 
• La súplica que los apóstoles dirigen a Jesús debería ser la nuestra: “Auméntanos la fe”. Bien sabemos que entre nosotros hay personas que se dicen creyentes y no practicantes. En realidad, también hay muchos que son practicantes, pero no parecen muy creyentes. Unos y otros deberían –o deberíamos- repetir con frecuencia esa petición.
• La imagen que utiliza Jesús es impactante. Bastaría tener fe como un granito de mostaza para arrancar de raíz una morera y plantarla en el mar. La hipérbole es profética. La fe nos llevaría a cambiar el mundo. Con la fe renacería la justicia. Los poderosos descubrirían el valor de la humildad y los pobres verían reconocida su dignidad. 
• La exhortación retoma la imagen del criado que ha hecho lo que debía. Jesús nos ofrece una pauta para no alardear del bien que la fe haya producido en nuestra vida. Contra la tentación del pelagianismo, que denuncia el papa Francisco, basta confesar con toda sencillez: “Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer”.  

DON Y TAREA DE LA FE
Con todo, ninguno de nosotros debería dejar en el olvido esa petición que los apóstoles dirigen al Señor. Es una oración de alcance universal.
• “Auméntanos la fe”. La fe es un don gratuito de Dios. Solo quienes lo valoran como tal lo pedirán un día y otro con insistencia, lo recibirán con alegría y gratitud y lo cuidarán con esmero y responsabilidad a lo largo de toda su vida.    
• “Auméntanos la fe”.  La fe es confianza en Dios. Es el resumen de la vocación de esta familia que es la Iglesia. La comunidad ha sido llamada por su Señor a confiar en él, también en los momentos difíciles y en las horas de prueba.   
• “Auméntanos la fe”.  La fe es finalmente un horizonte que se abre ante los ojos de toda la humanidad. Muchos piensan que por creer están haciendo un favor a Dios. Pero es Dios quien nos ofrece una luz para poder caminar en las tinieblas y verle en nuestros hermanos.

Escuchar a los profetas Lc 16,19-31 (TOC26-19)

“Os acostáis en lechos de marfil; tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo”. Amós era un pastor allá en las tierras de Técoa, en el reino de Judá. Un dia subió a Samaría, en el reino de Israel, y vio el lujo de que alardeaban algunas personas. Y no pudo evitar criticarlas con el lenguaje de un pastor (Am 6,1.4-7). 
Al mismo tiempo pudo ver la postracion en que yacían los pobres, la indiferencia de los que los marginaban y la corrupción de los jueces que se dejaban comprar por un par de sandalias. Él nunca había pensado en ser profeta. Pero reconocía que cuando Dios habla, uno no puede quedar en silencio, sin transmitir su mensaje.
En esta línea, el salmo rsponsorial recoge una confesión de la justicia e imparcialidad de Dios: “Él mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos” (Sal 145,7). Y san Pablo escribe a su discípulo Timoteo: “Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza” (1 Tim 6,11).

UNA GOTA DE AGUA
El evangelio de hoy contrapone dos estilos de vida que se repiten en todo tiempo y lugar. Un hombre rico se viste con ropajes de lujo y banquetea cada día con un derroche escandaloso.
Pero a su puerta yace un mendigo que espera satisfacer algo de su hambre con las migajas que caigan de la mesa del rico, mientras deja ver unas llagas que lamen de vez en cuando los perros callejeros (Lc 16,19-31).
 El relato evangélico no da el nombre del rico. En cambio recuerda el nombre del pobre. Se llama Lázaro, que significa “Dios ayuda”. ¿Lo conocía Jesús personalmente? ¿O le atribuyo ese nombre con toda intención?
Las diferencias que los marcaban en la vida continuaron más allá de la muerte. Pero invertidas.  El pobre participa de la mesa y de las bendiciones de Abrahán, el amigo de Dios. Pero el rico es arrojado a un infierno, que se describe como un horno de fuego. El rico que en vida no compartió su comida y su bebida,  pide ahora que el pobre se acerque a él con una gota de agua para sus labios abrasados. Pero ya no es posible ese servicio.

EL PROTOCOLO DEL JUICIO
Ante esa imposibilidad, el rico tiene aun otra petición para Abrahán. Que envíe a Lázaro para que advierta a sus hermanos que aun quedan en la tierra para que cambien de conducta y no vayan a terminar en el fuego que él padece.  Las dos respuestas de Abrahán son un aviso para las gentes de toda clase y condición.
• “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. No es fácil escuchar a los demás. Y es más dificil escuchar a los profetas que Dios nos envía. Su misión es anunciar el bien y la verdad y denunciar el mal y la mentira. Pero nuestros intereses nos llevan con frecuencia a descalificar a los mensajeros para no aceptar el mensaje.     
• “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”. Un viejo refrán latino decía que no nos conmueve lo acostumbrado. Andamos siempre a la caza de lo extraordinario. Pero Dios no nos envía muertos resucitados para que nos adviertan. Nos envía testigos de la fe que viven junto a nosotros. 

Mensaje del papa FRANCISCO para el lanzamiento del Pacto Educativo

(Si quieres ver el vídeo del mensaje grabado al papa Francisco PINCHA AQUÍ)
Queridos hermanos y hermanas:

En la Encíclica Laudato si’ invité a todos a colaborar en el cuidado de nuestra casa común, afrontando juntos los desafíos que nos interpelan. Después de algunos años, renuevo la invitación para dialogar sobre el modo en que estamos construyendo el futuro del planeta y sobre la necesidad de invertir los talentos de todos, porque cada cambio requiere un camino educativo que haga madurar una nueva solidaridad universal y una sociedad más acogedora.

Por este motivo deseo promover un evento mundial para el día 14 de mayo de 2020, que tendrá como tema: “Reconstruir el pacto educativo global”; un encuentro para reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión. Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna.

El mundo contemporáneo está en continua transformación y se encuentra atravesado por múltiples crisis. Vivimos un cambio de época: una metamorfosis no sólo cultural sino también antropológica que genera nuevos lenguajes y descarta, sin discernimiento, los paradigmas que la historia nos ha dado. La educación afronta la llamada rapidación, que encarcela la existencia en el vórtice de la velocidad tecnológica y digital, cambiando continuamente los puntos de referencia. En este contexto, la identidad misma pierde consistencia y la estructura psicológica se desintegra ante una mutación incesante que «contrasta la natural lentitud de la evolución biológica» (Carta enc. Laudato si’, 18).

Sin embargo, cada cambio necesita un camino educativo que involucre a todos. Para ello se requiere construir una “aldea de la educación” donde se comparta en la diversidad el compromiso por generar una red de relaciones humanas y abiertas. Un proverbio africano dice que “para educar a un niño se necesita una aldea entera”. Por lo tanto, debemos construir esta aldea como condición para educar. El terreno debe estar saneado de la discriminación con la introducción de la fraternidad, como sostuve en el Documento que firmé con el Gran Imán de Al-Azhar, en Abu Dabi, el pasado 4 de febrero.

En una aldea así es más fácil encontrar la convergencia global para una educación que sea portadora de una alianza entre todos los componentes de la persona: entre el estudio y la vida; entre las generaciones; entre los docentes, los estudiantes, las familias y la sociedad civil con sus expresiones intelectuales, científicas, artísticas, deportivas, políticas, económicas y solidarias. Una alianza entre los habitantes de la Tierra y la “casa común”, a la que debemos cuidado y respeto. Una alianza que suscite paz, justicia y acogida entre todos los pueblos de la familia humana, como también de diálogo entre las religiones.

Para alcanzar estos objetivos globales, el camino común de la “aldea de la educación” debe llevar a dar pasos importantes. En primer lugar, tener la valentía de colocar a la persona en el centro. Para esto se requiere firmar un pacto que anime los procesos educativos formales e informales, que no pueden ignorar que todo en el mundo está íntimamente conectado y que se necesita encontrar —a partir de una sana antropología— otros modos de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso. En un itinerario de ecología integral, se debe poner en el centro el valor propio de cada criatura, en relación con las personas y con la realidad que las circunda, y se propone un estilo de vida que rechace la cultura del descarte.

Otro paso es la valentía de invertir las mejores energías con creatividad y responsabilidad. La acción propositiva y confiada abre la educación hacia una planificación a largo plazo, que no se detenga en lo estático de las condiciones. De este modo tendremos personas abiertas, responsables, disponibles para encontrar el tiempo para la escucha, el diálogo y la reflexión, y capaces de construir un tejido de relaciones con las familias, entre las generaciones y con las diversas expresiones de la sociedad civil, de modo que se componga un nuevo humanismo.

Otro paso es la valentía de formar personas disponibles que se pongan al servicio de la comunidad. El servicio es un pilar de la cultura del encuentro: «Significa inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a lavar los pies a los apóstoles. Servir significa trabajar al lado de los más necesitados, establecer con ellos ante todo relaciones humanas, de cercanía, vínculos de solidaridad»[1]. En el servicio experimentamos que hay más alegría en dar que en recibir (cf. Hch 20,35). En esta perspectiva, todas las instituciones deben interpelarse sobre la finalidad y los métodos con que desarrollan la propia misión formativa.

Por esto, deseo encontrar en Roma a todos vosotros que, de diversos modos, trabajáis en el campo de la educación en los diferentes niveles disciplinares y de la investigación. Os invito a promover juntos y a impulsar, a través de un pacto educativo común, aquellas dinámicas que dan sentido a la historia y la transforman de modo positivo. Junto a vosotros, apelo a las personalidades públicas que a nivel mundial ocupan cargos de responsabilidad y se preocupan por el futuro de las nuevas generaciones. Confío en que aceptarán mi invitación. Apelo también a vosotros, jóvenes, para que participéis en el encuentro y para que sintáis la responsabilidad de construir un mundo mejor. La cita es para el día 14 de mayo de 2020, en Roma, en el Aula Pablo VI del Vaticano. Una serie de seminarios temáticos, en diferentes instituciones, acompañarán la preparación del evento.

Busquemos juntos las soluciones, iniciemos procesos de transformación sin miedo y miremos hacia el futuro con esperanza. Invito a cada uno a ser protagonista de esta alianza, asumiendo un compromiso personal y comunitario para cultivar juntos el sueño de un humanismo solidario, que responda a las esperanzas del hombre y al diseño de Dios.

Os espero y desde ahora os saludo y bendigo.

Vaticano, 12 de septiembre de 2019

La injusticia y la astucia Lc 16,1-13 (TOC25-19)

“Escuchad esto los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo y el sábado para ofrecer el grano?” (Am 8,4). El pueblo de Samaría gozaba de una cierta prosperidad. Pero Amós, aquel pastor llegado de Técoa, de pronto comenzó a denunciar las injusticias que envenenaban allí la convivencia.
Él nunca se hubiera creído un profeta. Pero con razón decía que nadie puede dejar de temblar cuando el león ruge en la selva.  Es un crimen aplastar al débil y al indefenso. Pero es una infamia y un pecado tratar de ignorar los fraudes y los abusos contra ellos.
Amós sabe que algunos parecen celebrar el día del sábado, pero al mismo tiempo lamentan que no se pueda comerciar en ese día. Los que solo piensan en sus dineros no pueden detenerse a celebrar con verdad los días  dedicados al descanso sagrado.  
Con razón el salmo responsorial proclama que el Señor “levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre” (Sal 112,7). Como escribía san Pablo, “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim 2,4). Y esa voluntad de Dios alcanza tanto al oprimido como al opresor.

LA PAZ Y LOS BENEFICIOS
La parábola evangélica que hoy se proclama evoca también el ambiente de los negocios. Un administrador va a ser despedido por defraudar a su amo. Pero aprovecha una última oportunidad para ganarse unos amigos. Disminuyendo la deuda que tienen pendiente, espera conseguir sus favores cuando se encuentre en la calle y sin trabajo (Lc 16,1-13).
Lo más sorprendente del relato evangélico es que el amo felicita a ese administrador infiel por la astucia que ha demostrado. El comentario con el que Jesús concluye la parábola podría aplicarse a muchas situaciones actuales: “Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.  
Algunos comentaristas modernos tienen en cuenta la frecuencia con la que aparecen los dineros en el evangelio de Lucas. Y se preguntan si el dueño no alabará al administrador porque el fraude le ha hecho comprender que no merece la pena perder el ánimo y la paz por la pérdida de unos beneficios económicos. 

RESPONSABLES Y FIELES
Por otra parte, Jesús utiliza la parábola para dirigir a sus discípulos algunas reflexiones  de tipo sapiencial. En ellas se refiere al hombre, pero también a Dios.
• “El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar”. Ser honrados en los pequeños compromisos de cada día constituye una buena preparación para asumir nuestra responsabilidad humana y para aceptar el proyecto de Dios sobre nosotros.
• “Ningún siervo puede servir a dos amos”. El corazón dividido no puede encontrar la paz, ni en el trabajo ni en la vida familiar. Pero esa división llega a ser dramática cuando pretendemos ser fieles a las voces del mundo y olvidamos la voz de Dios.
• “No podéis servir a Dios y al dinero”. Parece que siempre hemos de servir a alguien. Y muchas veces servimos a los que nos ofrecen seguridades inmediatas. Sin embargo, hemos de reconocer que esas satisfacciones no equivalen a la felicidad. Solo Dios es Dios. Solo quien adora  a Dios y solamente a Dios, puede encontrar la libertad.

Tres en una parábolas Lc 15,1-32 (TOC24-19)

 El evangelio de hoy nos trae las primeras tres parábolas enlazadas entre sí por la misma palabra. Se trata de tres cosas perdidas: la oveja perdida (Lc 15,3-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), el hijo perdido (Lc 15.11-32). Las tres parábolas son dirigidas a los fariseos y a los doctores de la ley que criticaban a Jesús (Lc 15,1-3). Es decir que son dirigidas al fariseo o al doctor de la ley que existe en cada uno de nosotros.

Lucas 15,1-3: Los destinatarios de las parábolas. Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley. Lucas dice con un poco de exageración: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: "¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!". En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).

Lucas 15,4: Parábola de la oveja perdida. La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: "¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían. La pregunta es formulada de tal manera que la respuesta no puede que ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”

Lucas 15,5-7: Jesús interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión."

Lucas 15,8-10: Parábola de la moneda perdida. La segunda parábola: "O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros. La parábola era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4)

Lucas 15,11-32: En la 3ª parábola, el padre trata de encontrarse de nuevo con los dos hijos perdidos
Esta parábola es muy conocida y en ella encontramos cosas que por lo regular suceden en la vida y otras que no suceden. El título tradicional es “El Hijo Pródigo”. En realidad, la historia de la parábola no habla sólo del hijo menor, sino más bien describe la conducta de los dos hijos, acentuando el esfuerzo del padre por reencontrar a los dos hijos. La localización de esta parábola en el capítulo central del evangelio de Lucas indica su importancia para la interpretación de todo el mensaje contenido en el Evangelio de Lucas.

Natividad de la Virgen y el Santuario de Covadonga-Asturias (8 septiembre)


El santuario de la Virgen de Covagonga en el norte de España es uno de los principales centro marianos del país. La web "Santuario de Covadonga" (pincha en el nombre para ir allí) explica su origen, significado histórico y religioso, el culto a la Virgen, la tumba de D. Pelayo... especialmente en su primer menú desplegable denominado "Santuario". Muy interesante conocerlo. Animaos.

La historia primitiva nada nos ha dejado escrito acerca de los comienzos del culto a la Virgen María en la Cueva de Covadonga, y las noticias que de aquella época tenemos, es necesario buscarlas en la tradición: Refiere ésta que la Cueva de Covadonga servía de retiro a un ermitaño que la tenía dedicada al culto de la Virgen, cuya imagen allí se veneraba.
En cierta ocasión Pelayo, refugiado con otros cristianos en aquellas montañas, entró en la Cueva persiguiendo a un malhechor. El ermitaño rogó a Pelayo que lo perdonara, puesto que se había acogido a la protección de la Virgen, y que llegaría también el día en que él tendría necesidad de buscar en la Cueva el amparo y ayuda de Nuestra Señora.

Algunos historiadores dicen- que lo más verosímil es que Pelayo y los cristianos, en la huída por aquellas montañas, llevarían consigo alguna imagen de la Virgen, que colocaron en la Cueva para implorar su protección, o mejor que la pondrían allí después de la victoria obtenida, a fin de dar culto a María Santísima en memoria' y gratitud por el triunfo obtenido por su mediación y, más tarde, Pelayo, deseando tributar a María un homenaje perenne, edificó en la misma Cueva un altar a la Virgen María.

Las Crónicas árabes, cuando hablan de Covadonga afirman que en esta Cueva las mermadas fuerzas de Pelayo encontraron refugio, alimentándose de la miel que las abejas habían producido en las colmenas construidas en las hendiduras de las rocas.

Ante ella se libró lo que se vino a llamar la "Batalla de Covadonga" y que vendría a ser una de "las primeras piedras de la Europa cristiana". Las viejas crónicas ponen en boca de Pelayo esta afirmación: "Nuestra esperanza está en Cristo y de este pequeño monte saldrá la salvación de España". El rey Alfonso I y su esposa Dª Hermesinda, construyeron una iglesia y en ella fueron erigidos tres altares, dedicados uno a la Santísima Virgen, en el misterio de su Natividad; otro a San Juan Bautista y el tercero a San Andrés. Además, con el fin de que se tributara un culto continuo a la Madre de Dios, fundaron dichos monarcas un monasterio.
 
La escritura de fundación que se atribuye a Alfonso I dice que hace entrega de la iglesia a los monjes Benedictinos; trae la lista de donaciones de objetos para el culto y privilegios y firman el Rey y la Reina, tres Obispos, dos Abades y algunos caballeros y manda trasladar desde el Monsacro una imagen de Nuestra Señora. A este templo construido en la hendidura de la peña se le llamó "del milagro" dado que al ser construido con madera y ésta volar tanto sobre el abismo era un auténtico milagro que se mantuviese en pie.