Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Agua viva, religión de gracia Jn 4,5-42 (CUA3-20)

1.Jesús pasa por territorio de herejes, como eran considerados los samaritanos por los judíos ortodoxos. Es una vieja historia de odios y rencores a causa de la religión. Los samaritanos se consideraban herederos de los patriarcas, tenían su Pentateuco, creían en Yahvé, en Dios, pero unos y otros pensaban que su “dios” era mejor que el otro, y su templo, y su monte santo, y su agua y sus fuentes. La escena se sitúa en Samaría.

2.Los samaritanos proceden de la unión de tribus asirias y de judíos del reino del Norte antes de su destrucción en el año 721 a. C.. Después se llegó a un verdadero cisma entre judíos y samaritanos, como rigorismo de la reforma judía que sigue al destierro de Babilonia. Los samaritanos se opusieron a la construcción del nuevo Templo de los judíos. Construyeron otro santuario para ellos en el monte Garizim que fue destruido en el año 129 a C.. Los samaritanos se consideran descendientes de los Patriarcas, y estaban orgullosos del pozo que -decían- les había dejado su padre Jacob por medio de José (Gn 33,19;48,22; Jos 24,32). Los samaritanos solamente creen en los cinco libros del Pentateuco; aún hoy existen tribus samaritanas. Un judío religioso debía evitar todo contacto con los samaritanos, no solamente impuros, sino herejes, y lo que menos se podía pensar era en pedirle a ellos de comer o beber (Cf. Eclo 50,25-26; Lc 9,52; 10,33; Mt 10,5). En este relato van a coincidir una serie de factores, muchos tipológicos, para enseñar verdades que nunca deberíamos olvidar. Jesús fatigado del camino, deja Jerusalén, va hacia Galilea y pasa por Samaría que era un lugar que evitaban los judíos piadosos. El, Jesús, un hombre, un judío, y si queremos Dios «pide» a una mujer pecadora y herética. Jesús, a una samaritana, a una persona que por herejía solo podía dar hastío y maldición, le pide. Ya sabemos que Jesús le pide para dar él mucho más. El diálogo es sabroso, es un diálogo con alguien maldito. Y Jesús ofrece a cambio «agua viva». Esta expresión en el AT significaba: los valores de la vida, la revelación, la Sabiduría divina y la Ley (Cf: Jer 2,13; Zac 14,8; Ez 47,9; Prov 13,14; Is 44,3; Jl 3,1). En nuestro caso, a cambio, Jesús ofrece por el agua del pozo (que puede significar el judaísmo con lo que prometía y no daba, ya que los samaritanos también eran judíos), «agua viva» que según el mismo Juan es el Espíritu que da la vida eterna (cf: Jn 7, 37-39).

3. Jesús no pasa por casualidad por aquél camino, ya que a la ida o vuelta de Jerusalén, había que evitar este territorio central de Tierra Santa; había elegido él mismo el camino por el que debía pasar; se siente cansado, pero, más bien que por el camino, a causa de estas disputas religiosas sin sentido y le pide a la mujer (representante de todo un pueblo odiado y condenado) agua, llega pidiendo, no ofreciendo. Existe desconfianza, aunque Jesús ha venido para ofrecer a estos herejes un espíritu nuevo, un agua viva, un culto nuevo, un Dios verdadero. El agua del pozo estaba encerrada y el pozo era hondo; representa el judaísmo y el samaritanismo. Es una crítica a las religiones que ponen tanto empeño en sus cosas, en sus tradiciones, en sus costumbres y en sus normas. A una y otra religión les faltaba el agua viva, carecían de Espíritu y verdadera adoración. Vemos a Jesús que escucha las quejas de la mujer samaritana contra los judíos; pero Jesús, en el evangelio no representa a los judíos, aunque sea confundido con uno de ellos. Advirtamos que Jesús pide, para dar; pregunta, para responder; siente sed, para ofrecerse como agua viva.

4.Con esa dinámica de contraste, la teología joánica de este pasaje, emblemático a todas luces, propone una religión nueva y un culto nuevo: el culto en Espíritu y verdad. El Espíritu dará a conocer cuál es el culto que tiene sentido: el conocer a Dios y el adorarlo como Padre. Pero los judíos y los samaritanos no adoran precisamente a un Dios como Padre, sino a un dios que ellos mismos se han creado a su modo y manera; el dios que justifica sus odios y rencores. Esa religión, que muchas veces sigue siendo la dinámica de nuestras religiones actuales es un contra-Dios y anti-evangelio. Hoy, pues, también podemos aprender mucho desde el punto de vista ecuménico en la celebración de la eucaristía con este evangelio joánico. Ese no pasar de lejos por el terreno, por el mundo o la vida de los malditos; ese pedir para dar y ofrecer en nombre del Dios vivo la felicidad y la vida verdadera… es lo propio de la “religión” de Cristo. Son muchos los desafíos que esta narración evangélica nos sugiere. El relato nos muestra a un Jesús que en este caso no es un simple judío, sino el Logos de Dios, que habla y dialoga con una mujer (que representa a un pueblo con sus influencias sincretistas, pero al fin y al cabo una mujer)… que descubre algo nuevo que viene de Dios. Y entonces todo cambia… se dejan de lado historias pasadas, reglas que atan el corazón y el alma de la gente religiosa… y hacen posible descubrir a Dios como Padre.
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/15-3-2020/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

No temáis Mt 17,1-9 (CUA2-20)

La vida de los discípulos era relativamente cómoda mientras seguían a Jesús de pueblo en pueblo, escuchando su palabra. Pero, un buen día, Él pidió a sus tres discípulos más cercanos: Pedro, Santiago y Juan, que le acompañaran a orar en la cima de un monte. Todos alguna vez hemos subido a una montaña. Y sabemos que no es fácil, porque nuestras piernas se cansan rápidamente, comenzamos a sudar y, al llegar a la cima, el aire frío azota nuestra cara.

Así, fatigados llegaron a la cumbre y se sentaron junto a Jesús a orar, mientras contemplaban la belleza del paisaje que se abría ante ellos. Y pronto se dieron cuenta de que el esfuerzo ascético que les había supuesto llegar ahí, había merecido la pena. Nos dicen los evangelistas que aquella oración fue tan profunda e intensa, que vieron cómo Jesús se mostraba ante ellos con toda su divinidad. ¿Estarían teniendo una alucinación? No, era real, pues vieron cómo las Sagradas Escrituras, representadas por Moisés –la Ley– y Elías –los profetas–, confirmaban que, en efecto, Jesús es Dios.

Aquello sobrepasaba su capacidad intelectual, estaban confusos, pero también se sentían muy a gusto estando junto a Jesús. Era tal su consolación interior, que deseaban que aquello no acabase nunca. Por eso, Pedro, ingenuamente, se ofreció para construir unas cabañas a Jesús, Moisés y Elías. Pensaba que cuanto más tiempo durase aquella experiencia espiritual, mejor. Pero ese no es el fin de la oración, uno no ora buscando su bienestar interior, sino su conversión. Oramos para que Dios nos transforme interiormente en personas caritativas.

Y así fue, Dios Padre se hizo presente ante ellos por medio una nube, pues sabían que estaba ahí, pero su intelecto no era capaz de percibir ni entender lo que estaba sucediendo. Pues Dios es el sumo Bien, la suma Verdad y la suma Belleza. Y eso no lo puede captar nuestro cerebro. Por eso, lo que vieron fue una nube. Y, por medio de ella, Dios les habló confirmando que Jesús es su Hijo, y diciéndoles que es a Él al que deben escuchar y al que deben seguir, incluso cuando, dentro de unas semanas, muera en la Cruz.

Y, una vez que los discípulos captaron este mensaje que les había llegado de lo Alto, la nube se disipó y todo volvió a la normalidad. La experiencia mística había acabado. Pero ellos ya no eran los mismos. Y Jesús les dijo que, de momento, no contaran nada. En efecto, sabemos por los autores místicos que una experiencia así de fuerte necesita años para ser comprendida y asimilada. Ellos tuvieron que esperar a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés para poder comenzar a contar aquello que les sucedió en la cima del monte, cuando subieron a orar con Jesús.

Como vemos, en este segundo domingo de Cuaresma las lecturas nos invitan a dejar la rutina, la comodidad de hacer siempre lo mismo, para aventurarnos a seguir a Jesús y tener una profunda experiencia de Dios que nos transforme. Ciertamente, eso nos va a suponer un esfuerzo, como lo fue para los discípulos subir al monte, pero mereció la pena, vaya que sí. A nosotros, como a ellos, Jesús nos invita a seguir sus pasos para experimentar su divinidad.

Jesús en el monte Tabor (Mc 9,1-9)

El 2º Domingo de Pascua se centra en la Transfiguración de Jesús. El Tabor fue un monte seguramente muy conocido por Jesús al encontrarse a unos 10 kms. de Nazaret y destaca con majestuosidad en las planicies que lo rodean. Disfruta de las fotografías

El Hijo de Dios vive nuestra existencia de verdad Mt 4,1-11 (CUA1-20)

1. Cada evangelista, en el respectivo año litúrgico, nos ofrece su versión de Jesús tentado, como Adán y Eva en el paraíso. Los que más se parecen, a diferencia de Marcos, son los relatos de Mateo y Lucas. Éste ha cambiado el orden, por razones teológicas; pero el mensaje no puede ser muy distinto en uno y otro, aunque con matices. En el caso de Mateo se intenta poner de manifiesto la fidelidad de lo que los judíos rezan todos los días en el “shema” (Dt 6,4-5: Escucha Israel, el Señor es tu único Dios... y lo amarás con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas). No debemos asombrarnos si decimos y subrayamos que el relato va más allá de lo puntualmente “histórico”, para ser un ejemplo vivo en la comunidad de cómo hay que luchar contra lo que nos deshumaniza en razón de una falsa “divinización”. Porque la divinización es pecado cuando viene de nosotros mismos que no aceptamos nuestra vida ni la de nuestros hermanos los hombres; pero es gracia y salvación cuando viene de Dios como don de la creación y de la redención; entonces es auténtica “theoresis”, como pensaban los “padres” griegos.

2. Sabemos que este relato tiene una característica que los expertos le han llamado “haggada”, sobre las tentaciones del pueblo en el desierto, y actualizadas por la tradición cristiana para presentar el verdadero mesianismo de Jesús. Podemos constatar que las respuestas de Jesús están formuladas según los textos bíblicos que aluden al pueblo en esa travesía: La primera respuesta de Jesús es una cita de Dt 8,3 que, a su vez alude a Ex 16,1 ss (el maná). La respuesta a la segunda tentación es una cita de Dt 6,16 que, a su vez, alude a Ex 17,1-7 (las aguas de Massá). La tercera respuesta cita a Dt 6,13 que puede aludir tanto a Ex 32 (el becerro de oro) como a Ex 23,24 y 34,13-17 (mandato de no adorar las divinidades cananeas). Por tanto respuestas que quieren ser ejemplo “corporativo” para la comunidad, porque Jesús con su rechazo es, para Mateo, el Mesías que hace posible un nuevo pueblo hacia Dios. Pero también deberíamos ver aquí lo más personal de Jesús como hombre, como persona, igual que nosotros, que vence… con opciones personales, al ponerse en manos de Dios.

3. Tres pruebas, como número simbólico, cumplen de modo perfecto esa oración a Dios. Y así: 1) rechazando convertir las piedras en pan ha amado con todo el corazón; 2) al rehusar poner a Dios a prueba inútilmente, ha amado con toda al alma; 3) no aceptando los reinos que le ponen a sus pies, ha amado con toda las fuerzas. Eso es lo que no fue posible en el paraíso. El rechazo de Jesús a todo lo que se le ofrecía no es una victoria humillante; era lo único que verdaderamente le podía mantener unido a Dios y a todos los hombres. Estas fidelidades de Jesús, fidelidades que se muestran a todo lo largo de su vida, lo harán más humano y más cercano. Jesús, el Hijo de Dios, mientras está en el papel radical de la encarnación no sueña, ni siquiera, con ser Dios o tener su poder. Sería un sueño imposible que deja un gran vacío; así lo han pretendido los hombres, emperadores o no, que han querido ser adorados; pero la verdad es que nunca llegaron a ser dioses, se alejaron de los hombres, eso sí, y se quedaron solos para siempre.

4. En este sentido de cómo debemos ver a Jesús en lo más personal, incluso en la praxis humana como Hijo de Dios, cito estas palabras que son muy sugerentes y válidas para el conjunto del relato, aunque se centran en la primera tentación: “La tentación consiste, pues, en el uso de Dios y de la relación privilegiada con El, como medio para alterar la condición humana en beneficio propio, eludiendo de esta manera la tarea del hombre en el mundo. Dios es visto como protector, y la relación con El como ventaja personal frente a las fuerzas ocultas y necesidades de la vida, a las que el hombre teme cuando ha experimentado hasta qué punto pueden destrozarle y hasta qué punto está indefenso ante ellas. Así se comprende que la respuesta de Jesús sea una apelación a la condición humana. Si se hubiese tratado de interrogar a Jesús sobre su filiación divina, el redactor podía haber puesto en su boca cualquiera de los pasajes bíblicos relativos a ella que la comunidad primera aplicaba a Jesús (v. gr., Sal 2,8). Pero lo que ahora importa no es la realidad sino el significado de esa filiación divina; y la respuesta de Jesús equivale a decir: la filiación divina no elimina nada de la condición humana. Y el hombre es tal que no vive sólo de pan, sino de todo aquello que procede de Dios, es decir: de toda la realidad de la vida, en cuanto entregada a él para que la domine. Es evidente que hay que satisfacer el hambre, pero sin esperar en los milagros para ello; es evidente que hay que convertir los desiertos en pan, pero no a base de rogativas, sino por el esfuerzo humano: ésta es la condición humana y esto es aquello de lo que "vive el hombre". Porque Dios no está con él sólo cuando tiene pan, sino también cuando no lo tiene, cuando cree estar sin El: ya que se le manifiesta precisamente en la llamada a convertir en pan las piedras” (J. I. González Faus, La Nueva Humanidad. Ensayo de Cristología. vol. I, Madrid, 1974, pp. 182-194).