Enlaces a recursos sobre el AÑO LITÚRGICO en educarconjesus

Un Espíritu para el bien común Jn 20,19-23 (PAA8-20) Pentecostés

1. El evangelio de hoy, Juan (20,19-23), nos viene a decir que desde el mismo día en que Jesús es resucitó de entre los muertos, su comunicación con los discípulos se realizó por medio del Espíritu. El Espíritu que «insufló» en ellos les otorgaba discernimiento, alegría y poder para perdonar los pecados a todos los hombres.El saludo de la paz, shalom, se repite en el relato por dos veces para confirmar algo que va mucho más allá del saludo cotidiano en el mundo bíblico y entre los judíos. Es el saludo de parte de Dios y es el saludo para preparar los que les va a otorgar a los suyos: la fuerza del Espíritu Santo. De esa manera la unión entre Jesús resucitado y el Espíritu Santo es indiscutible. Será, pues, el mismo Espíritu, es que les garantice el acontecimiento de la resurrección. Pero también el de la misión.

2. Pentecostés es la representación decisiva y programática de cómo la Iglesia, nacida de la Pascua, tiene que abrirse a todos los hombres. Esta es una afirmación que debemos sopesarla con el mismo cuidado con el que San Juan nos presenta la vida de Jesús de una forma original y distinta. Pero las afirmaciones teológicas no están desprovistas de realidad y no son menos radicales. La verdad es que el Espíritu del Señor estuvo presente en toda la Pascua y fue el auténtico artífice de la iglesia primitiva desde el primer día en que Jesús yo no estaba con ellos.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Hay tres acentos muy propios de este día.  Uno primero: que las puertas de la casa se abrieron para que las maravillas de Dios sean oídas por todos. La Iglesia nace evangelizando. La evangelización es su denominación de origen. La Iglesia no se tiene como finalidad a sí misma, sino al mundo, donde se abre paso el Reino por la presencia activa del Resucitado. La Iglesia no es una organización sin más, sino el cuerpo de Cristo animado por el Espíritu. Se ha dicho que: “Sin el Espíritu Santo, Cristo pertenece al pasado; el Evangelio es letra muerta; la Iglesia, mera organización más; la misión, simple propaganda; el culto, una evocación mágica; la moral, una disciplina de esclavos”.

En segundo lugar, que en esa comunidad nueva, cada uno conserva su personalidad y sus dones. La riqueza de la Iglesia es la riqueza de sus miembros. No todos hacemos lo mismo, ni pensamos o sentimos por igual, pero todos servimos a lo mismo. Pablo nos decía en su carta a los Corintios que: “en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. Esto exige el respeto de cada uno al don de los otros, sin recelos, envidias, imposiciones o avasallamientos. La pluralidad interna de la Iglesia no es una amenaza, sino un obsequio de Dios. La unidad, tampoco en esto, es uniformidad.

Por último, la comunidad de Hechos es una comunidad que se hace entender en diversas lenguas. La lengua expresa un modo de ser. Ninguna de ellas puede erigirse en vehículo privilegiado y único de evangelización. La Iglesia es una comunidad enviada a todos los pueblos y a todas las culturas. La evangelización no es tanto un ejercicio de elocuencia, para convencer de lo nuestro, cuanto de humildad dialogante, para avanzar con todos. Todo un programa para una Iglesia, la nuestra, necesitada de un renovado espíritu evangelizador que la saque de sus pequeñas y altivas seguridades y la resitúe en el mundo al que ha sido enviado por amor.

Fray Fernando Vela López

Energía renovadora Jn 20,19-23 (PAA8-20) Pentecostés



A un par de metros de ti (Funambulista)


Saldremos y será distinto
Recordaremos qué pasó
Será cómo acabar un libro
Que te ha ensanchado el corazón
Iremos a bailar, reiremos con cualquiera
Haremos el amor mirando estrellas.

Recordaremos el deshielo
Aplausos desde aquel balcón
Le contaremos a los nuevos
Lo que una vez nos sucedió
Teniendo que esperar que gire la moneda
Haciendo del amor una bandera

Podrás decir que viste a tantos héroes
Sin su capa por ahí
Que no poder tocarnos
Nos sirvió para sentir que estás ahí
Diciéndome que venceremos

A un par de metros de ti
Buscándote en mi canción
Cierra los ojos y ahora vuela, vuela, vuela, vuela
A un par de metros de ti
Buscándote en mi canción
Cierra los ojos y ahora vuela, vuela, vuela, vuela

Saldremos y será distinto, mejor que lo anterior
Caminaremos por…

Estaré siempre con vosotros Mt 28,16-20 (PAA7-20)

1. El evangelio de este día es el final del evangelio de Mateo y se quiere poner de manifiesto lo que Lucas ya nos ha expresado con la presentación de la «Ascensión»: es el momento de los discípulos, de sus seguidores, que tienen que llevar el evangelio allí donde Jesús no pudo ir: a todo el mundo. Desde lo alto de un monte, con todo el simbolismo que esto tiene en la Biblia, Jesús les otorga a los suyos un poder comunicador de salvación y de gracia.

2. El bautismo en su nombre, será por otra parte, el sacramento de iniciación de los que quieran llevar una vida nueva en este mundo. Mateo ya había elegido un monte para la enseñanza de Jesús que ha pasado a la historia como el «sermón de la montaña» (Mt 5-7). Con ello se quería ir más allá del monte Sinaí y de la ley del Antiguo Testamento, la ley del la Alianza. Para culminar la teología de una Alianza nueva dada en una enseñanza nueva, ahora Mateo, en Galilea, nos presenta al Resucitado corroborando, con un nuevo poder, lo que ya les había trasmitido en el sermón de la montaña.

3. Mas no podemos menos de resaltar que a la promesa de hacer discípulos en todo el mundo (aquí el evangelio de Mateo se hace absolutamente universalista), corresponde la promesa del mismo Jesús de estar con los suyos siempre. Muchos autores resaltan con razón que aquí se retoma el significado de “Emmanuel” (Dios con nosotros) como cumplimiento de la profecía de Is 7 y del anuncio a José (Mt. 1,23). Como el nombre que recibió fue Jesús, no concretamente “Emmanuel”, y Jesús significa “Dios salva”, quiere decir que la promesa se cumple porque la salvación de Dios con la humanidad no tendrá límites. Y esto, prometido al final, como Señor resucitado que tiene todo el poder, en el “monte”, es de una importancia teológica irrepetible.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Todo va a ir bien (Luis Guitarra)


LETRA:

Mientras haya un horizonte en esta tierra,
mientras no pierdas las ganas de reír,
mientras brille en nuestro cielo alguna estrella,
no te rindas, no te canses de vivir.

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
TODO, TODO, TODO TODO VA A IR BIEN

Mientras haya quien denuncie en las aceras
la injusticia, las promesas sin cumplir…
Mientras quede algún peldaño en tu escalera
no te pares, no lo dejes sin subir.

Mientras siga amaneciendo en cada aldea,
mientras falte una canción por escribir,
mientras sepas que aún te merece la pena
no te calles, no te quedes sin decir…

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
TODO, TODO, TODO TODO VA A IR BIEN

TODO VA A IR BIEN, TODO VA A IR BIEN
DE ALGÚN MODO SÉ QUE TODO, TODO VA A IR BIEN.

Hay ventanas en mitad de mi ciudad,
hay palabras en el aire, que nos hacen confiar.
Y certezas que nos dan la libertad,
que nos hablan de utopías, que contagian valentía,

que nos muestran un camino por andar.

TODO VA A IR BIEN…
DE ALGÚN MODO SÉ QUE TODO… TODO VA A IR BIEN.

Los Simpson vienen a clase de Religión

Mi querido Jorge Juan, sacerdote y profesor de "Religión y su pedagogía" en la Facultad de Educación de la Universidad de León, aborda un interesante tema que reúne animación, educación, series de TV y religión en el artículo que recoge la Revista Aularia en su volumen 2 (pp. 99-106) de este 2020. Bajo el sugerente título "Los Simpson vienen a clase de Religión" estructura la unidad didáctica "La Biblia y los Simpson" pensada para 2º o 3º de la ESO. Complementa dicha unidad con tres apartados imprescindibles para poder entender, conocer y relacionar los tres elementos de la misma: la serie, la religión y la Biblia. El artículo finaliza con una bibliografía y webgrafía básicas.
Interesante aportación que pone a los adolescentes en primera línea uniendo sus intereses con la imagen del Dios de los cristianos y los relatos bíblicos.
Aquí os dejo el enlace a la revista Aularia para que podáis leerlo y aprovecharlo. Muchas gracias Jorge por esta original visión.
ENLACE (pincha sobre la frase): "LOS SIMPSON  VIENEN A CLASE DE RELIGIÓN"

El Espíritu, nuestro defensor Jn 14,15-21 (PAA6-20)

1. El evangelio de Juan prosigue con su discurso de revelación de la última cena. Se hace una conexión entre amor y mandamientos. Si amamos a Jesús estamos llamados a amarnos los unos a los otros, porque en la teología de Juan ese es el mandamiento nuevo y único que nos ha dejado para que tengamos nuestra identidad en el mundo. ¿Era eso nuevo? Era nuevo en la forma en que lo entendió Jesús: incluso hay que amar a los que nos odian; así seremos sus discípulos.

2. Para llevar adelante este mandamiento Jesús pedirá un «defensor», un ayudador: el Espíritu. Se nos vuelve a poner en línea abierta con la fiesta de Pentecostés que celebraremos tras dos domingos. El Espíritu de la verdad, no de una verdad abstracta, sino de la verdad más grande, de una verdad que el «mundo» odia, porque el mundo en San Juan es el misterio de la mentira, del odio, de las tinieblas. Probablemente se detecta aquí un dualismo un poco exagerado, pero es verdad que el mundo de la mentira existe y nos rodea frecuentemente.

3. Jesús promete no dejarnos huérfanos: El Espíritu es más fuerte que el mundo, como el amor y la verdad son más fuertes que el mundo, aunque nos parezca lo contrario. Si queremos vivir otra vida verdadera debemos fiarnos de Jesús que, desde el regazo de Dios como Padre, no se ha instalado allí, sino que enviándonos un Defensor nos conduce al mundo de la verdad, de la luz, del amor que reina en el seno de Dios.

4. El evangelio nos habla del “Paráclito” que Jesús promete a los suyos. El término griego parákletos (que significa “llamado”, del verbo griego kaleo, “llamar, interceder por”) tiene su origen en el mundo jurídico y designa a alguien que es llamado como defensor en un tribunal, un abogado en definitiva. Se sabe que los discípulos han de afrontar en el mundo una lucha. El autor del evangelio ya lo está viendo con sus ojos y por eso construye este discurso sobre el “Paráclito” que “estará con vosotros para siempre” (Jn 14,16). Es el Espíritu de la “Verdad”, que es una de las formas en que Jesús se ha presentado en este evangelio (14,6), un tema dominante de la catequesis joánica. Por lo mismo, el Espíritu vendrá a hacer lo que hacía Jesús mientras estaba con ellos.

5. ¿Qué sentido tiene todo este discurso? Pues que aunque falte Jesús, no nos faltará su Espíritu. Es una presencia nueva de Jesús, una presencia que viene después de la Resurrección y que no podemos dudar que existe y existirá. Y aunque no esté definida esa personalidad del Espíritu, como habrá de hacerse en la teología posterior, debemos estar abiertos a esta promesa de comunión y de vida. En este mundo nuestro de disputas interminables y de intereses muy humanos, tener un abogado “defensor” es como una necesidad para no estar desamparados. Los cristianos, por lo mismo, tienen el suyo y pueden apoyarse en él, porque es un “abogado de la verdad que libera” nuestras conciencias.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Padrenuestro de la paz

No se turbe vuestro corazón Jn 14,1-12 (PAA5-20)

"Yo soy el camino, la verdad y la vida"
En el evangelio según Juan, Tomás y Felipe recogen muchas de las dudas que cualquiera de nosotros y nosotras siente ante un Jesús que les plantea un futuro, una posibilidad que va más allá de nuestra propia existencia y conocimiento. Jesús les dice que hay un solo camino: Sin embargo, ninguno de los dos discípulos siente que esté señalado y trazado con suficiente claridad. La respuesta de Jesús parece decir que no existen señales, que solo existe Él como recorrido y como modo de ser. Así, frente a las dudas y peticiones de Felipe la réplica es, sencillamente, «permanece».

Esta invitación a la cercanía, a la intimidad, a pasar mucho tiempo con Él es un recorrido que ha de ser transitado a lo largo de toda nuestra vida creyente. Quizá, en este tiempo experimentamos muchos cambios. Nuestras prácticas religiosas se han transformado y han pasado a ser virtuales. Nos preguntamos si esos caminos para mantener el aislamiento social y esas posibilidades espirituales que exploramos nos llevan a experimentar la vida comunitaria de la que brota la eucaristía. Estamos ayunando de pan y de vino, pero aparecen otros senderos que nos están llevando a experimentar y a cuestionar muchas de nuestras verdades religiosas profundas. No se trata tan solo de cambios temporales en las prácticas eclesiales, sino de dudas más profundas acerca de dónde están esos verdaderos caminos para la redención humana. De nuevo a parecen dudas como las de Felipe y Tomás. Como brújula, como norte, disponemos tan solo de la búsqueda de la verdad, y al hacerlo, es posible, que también imitemos y realicemos nosotros buenas obras.

"Piedra de escándalo"
Cada día más, cada persona desde esta nueva situación que estamos viviendo, somo conscientes también de que hay muchas cosas por hacer, mucho dolor que reparar. Innumerables incertidumbres afloran en nuestras sociedades, comunidades predicadoras y en la propia Iglesia. El papa Francisco recurrió a la imagen de «Iglesia, hospital de campaña» para recordarnos cómo debíamos reaccionar ante un mundo enfermo de indiferencia y con periferias en las que habitan cada vez más personas. Ahora, los temores crecen frente a las debilidades sociales, democráticas y eclesiales que presentan estas instituciones. Ante ellas cuestionamos los cimientos sobre los cuales hemos estado construyendo, nos preguntamos cuáles han sido los materiales elegidos y si los planos iniciales estuvieron siempre bien trazados. Según dice la carta de Pedro, formamos parte de la construcción de una casa espiritual y todos y todas somos responsables del sacerdocio santo y de los sacrificios que en ella se realizan. Ahora esta «casa espiritual» es la humanidad entera, la casa común que necesita, como en otros tiempos, ser reparada a fondo, y en medio, las palabras de Pedro nos invitan a buscar, de nuevo, la «piedra angular».

"Piedras vivas"
Quizá hemos sido sordos o hemos dejado que, como sucedía en las primeras comunidades, las lenguas y las formas de entender el seguimiento pudieran llegar a dividirnos. Sin embargo, el libro de los Hechos de los Apóstoles señala que tenían una certeza común y era que las viudas, debían ser atendidas. En eso no parecían tener dudas. Hoy las pobrezas, el dolor y desconsuelo de tantas gentes ha de ser también nuestra certeza común. Estamos experimentando un tiempo atención, de necesaria cercanía que ha aproximado nuestras vidas, y esperanzas de una manera diferente. No sabemos si dentro de unos meses seguiremos viviendo estos modos nuevos de solidaridad y proximidad, pero de lo que tenemos certeza es de que las personas vivimos solo a partir de cuidados, de tiempo regalado, de consuelo, de esperanza. Esta es nuestra fe, ser en el Espíritu, «piedras vivas».  

Dña. Montse Escribano
Comunidad El Levantazo - Valencia

Tú eres Pedro

Para que tengan plenitud de VIDA Jn 10,1-10 (PAA4-20)

El evangelio de Juan (10,1-10), nos habla del «buen pastor» que es la imagen del día en la liturgia de este cuarto domingo de Pascua. Comienza el evangelio con una especie de discurso enigmático, que es así para los oyentes, ya que este texto es bien claro: en el redil de las ovejas, el pastor entra por la puerta, los ladrones saltan por la tapia. Es una especie de introducción para las afirmaciones cristológicas de Juan. Esas afirmaciones, con toda su carga teológica, se expresan con afirmaciones de revelación bíblica, con el «yo soy».

2.En el AT Dios se reveló a Moisés con ese nombre enigmático de Yahvé (algunos piensan que significa “yo soy el que soy”, aunque no está claro). Ahora, Jesús, el Señor, no tiene recato en establecer lo sustancial de lo que es y de lo que siente. Y de la misma manera que ha dicho en otros momentos que es la verdad, la vida, la resurrección, la luz, ahora se nos presenta con la imagen del pastor, cuya tradición veterotestamentaria es proverbial, como nos muestra el Salmo 23. En realidad, la imagen de este texto joánico es la de Jesús como «puerta», aunque en el conjunto de Jn 10 se juega precisamente con las dos imágenes: puerta y pastor.

3. La imagen de la puerta es la imagen de la libertad, de la confianza: no se entra por las azoteas, por las ventanas, a hurtadillas, a escondidas. Es la imagen, pues, de la confianza. En el Antiguo Testamento se habla de las puertas del templo: "Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor, los vencedores entrarán por ella" (Sal 118,19-20). Las puertas del templo o de la ciudad eran ya el mismo conjunto del templo o de la ciudad santa (es una especie de metonimia, con lo que se expresa el todo por una parte). Por eso dice el Sal 122,2: "ya están pisando nuestros pies tus puertas Jerusalén"; cf. Sal 87,1-2; 118,21; etc.). Pasar por la puerta era ¡el no va más! para los peregrinos. Ahora Jesús es como la nueva ciudad y el nuevo templo para encontrarse con Dios. Porque a eso iban los peregrinos a la ciudad santa a encontrarse con Dios.

4.Jesús en este evangelio se propone, según la teología joánica, como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida y con la verdad de nuestra existencia. No es una pretensión altisonante, aunque la afirmación cristológica de Juan sea fuerte. Eso no quita que debamos mantener un respeto y una comprensión para quien no quiera o no pueda entrar por esa puerta, Jesús, para encontrar a Dios. Nosotros, no obstante, los que nos fiamos de su palabra sabemos que él nos otorga una confianza llena de vida.

5. Se habla de un “entrar y salir” que son dos verbos significativos de la vida, como el nacer y el morir. En Jesús, puerta verdadera de la vida, ésta adquiere una dimensión inigualable. Por la fórmula de revelación, del “yo”, se quiere mostrar a Jesús que hace lo contrario de los ladrones que entran de cualquier manera en la casa, para robar, para matar, para llevarse todo lo que pueden. Jesús, puerta, “viene” para dar, para ofrecer la vida en plenitud (v. 10). Pero en este domingo pascual, el símbolo de la puerta debemos enhebrarlo a la significación del misterio de la resurrección de Jesús. Es verdad que en el texto joánico este significado no cuenta, pero sí debemos tenerlo presente en la predicación, ya que la resurrección de Jesús es la “puerta” de la vida nueva para El y para todos nosotros. Y solamente es desde la resurrección cómo podría expresarse el Cristo de Juan esas expresiones de revelación del “yo soy” la vida, la resurrección, el buen pastor, la luz…

Fray Miguel de Burgos Núñez

Estructura jerárquica de la Iglesia

Cuando arde nuestro corazón Lc 24,13-35 (PAA3-20)

1. El evangelio (Lucas 24,13-35) es una de las escenas de las apariciones del Resucitado que más han calado en la catequesis de la comunidad cristiana. La polifonía de la narración encierra notas de mucho calado, “tempi” que deben recrearse en una lectura pausada y sosegada para llegar hasta donde nos quiere llevar el autor. Todo esto es lo que constituye la gramática generativa de nuestro relato como obra narrativa; pero no se queda ahí, en pura narración. Bien es verdad que sin narración, sin gramática, no hay mensaje y no puede haber hermenéutica. Pero la narración no está sola, sino que engendra un texto sagrado para la comunidad. Es como si fuera la descripción de una eucaristía en un proceso dinámico: primeramente los peregrinos de Emaús, desconcertados, van escuchando la interpretación de las Escrituras en lo referente al Mesías. Es una catequesis de preparación para lo que viene a continuación. Bien podemos articular esta narración en torno a dos escenas principales introducidas por la misma expresión: (a) Lc 24,15: "Y sucedió mientras conversaban..." (kai egéneto en tô homilein autois...); (b) Lc 24,30: "Y sucedió mientras se sentó a la mesa ..." (kai egéneto en tô kataklithenai auton...). Muchos han reconocido que Lucas indica los dos momentos esenciales de la liturgia cristiana: la palabra y el sacramento, escucha de las Escrituras y liturgia eucarística.

2. La primera parte es en el camino. Desde la nostalgia solamente no es posible abrirse a la resurrección. No es la nostalgia la forma y manera de adentrarse en el anuncio pascual de que “el crucificado vive”. Esta primera etapa es la narración más impresionante de eso que podemos llamar la etapa de la verificabilidad de la resurrección. En ella ha quedado claro que el sepulcro vacío ha dejado de significar nada, al menos en la obra de Lucas y yo creo que en todo el NT. Pero es Lucas el que nos ha mostrado con esta escena que la “verificabilidad” no puede sostener la grandeza del misterio de la Pascua. Porque es después del intento de la verificabilidad cuando los dos discípulos prácticamente huyen de Jerusalén con el convencimiento de que todo ha terminado Mientras iban de camino, el Resucitado les sale al encuentro sin que puedan reconocerlo. Sabemos que Lucas es un verdadero catequista del camino. Así entiende toda la vida de Jesús, y muy especialmente en su decisión irrevocable de ir a Jerusalén (Lc 9,51-19,24). Y entiende, a su vez, que el discipulado cristiano es un camino que se ha de recorrer con Jesús; no es un discipulado de tipo intelectual: se aprende viviendo. Por eso, ahora también, en este relato de la experiencia de la resurrección, ese misterio es un “itinerario” que hay que recorrer en la lectura de la Escritura. En el caso de la comunidad cristiana debemos interpretarlo del mensaje de la vida de Jesús. Pero Jesús toma su iniciativa: se hace un peregrino, un itinerante con ellos, que vienen de Jerusalén desesperados, porque ni siquiera han tomado en consideración lo que algunas mujeres ya decían.

III.3.El peregrino, sin que se lo pidan, hace el camino con ellos y les explica las Escrituras; ya no pueden vivir sin él, sin su palabra de consuelo y de vida. Estamos ante una de las novedades del cristianismo primitivo que Lucas plasma extraordinariamente en este relato, en cuanto esos pasajes, como Is 53, van a ser considerados mesiánicos por los cristianos. El v. 26 es el punto de arranque en el proceso de leer las Escrituras desde la Pascua, con ojos nuevos. No olvidemos que el lector sabe quién habla, aunque los peregrinos son ignorantes, pero es una de las claves de este itinerario que el evangelista quiere marcar a la comunidad cristiana que ha de leer las Escrituras.

4. Como buenos orientales, han dado hospitalidad a este peregrino desconocido que les ha interpretado las palabras de los profetas sobre la muerte y la resurrección de Jesús. Eso fue lo que tuvieron que hacer los primeros cristianos para explicarse y vivir espiritualmente la muerte y la resurrección de Jesús. Y entonces, en la casa, símbolo de una comunidad eucarística, Él, que aparecía como un hombre de paso, viene a constituirse en el anfitrión de aquella celebración. Por eso, aquellos peregrinos «reconocen» al Señor, en un gesto como el que pudo hacer en la noche de la última cena; podemos entender que parte el pan y lo reparte y beben de la copa. Así se cumple, pues, el sentido de las palabras de Jesús, en la tradición de Lucas y Pablo, la conocida como tradición de Antioquía, cuando se dice: "haced esto en memoria mía" (Lc 22,19c; 1Cor 11,24c), después de haber tomado pan y haberlo repartido entre los suyos. Es, la Eucaristía, memorial de lo que hizo Jesús aquella noche, que no se explica, desde luego, sin lo que le lleva a realizar aquel acto profético de lo que estaba por llegar inmediatamente. En efecto, fue entregar su vida, en el pan y en la copa que reparte entre los discípulos. Pero ese memorial no está limitado a ese momento puntual, sino a toda su existencia, que culminará en la cruz.

5. Es, pues, en la Eucaristía donde nos entrega el Señor la vida de la que goza ahora como resucitado. Lucas quiere enseñar a su comunidad que, aunque ellos como nosotros, no pudimos vivir con El, ni conocerle, en la Eucaristía es posible tener esta experiencia de vida. En definitiva, en la Eucaristía hacemos un «memorial», con todo lo que esto significa, pero con el Resucitado, mas no como testigo pasivo, sino siendo El Señor y anfitrión, porque es solamente con El con quien podemos abarcar la altura y la profundidad de algo que no es simplemente repetir, sino revivir. La Eucaristía, como la Resurrección, es un misterio inefable de liberación, ya que los discípulos que estaban angustiados por lo que había pasado en Jerusalén, poco a poco, en la medida en que va haciéndose la Eucaristía, como un peregrinar, se conmueven, porque la vida del Resucitado se apodera de sus corazones. Eso es lo que Lucas quiere enseñarnos, catequéticamente, sobre lo que acontece cuando el Señor resucitado parte el pan con su comunidad, con y en la Iglesia.

6. La “fracción del pan! es el signo que necesitaban para saber lo que había pasado. Queda, no obstante, por formular el remate de este momento decisivo. Es lo que se describe ajustadamente en el v. 31, y que es lo contrario de lo que se ha expresado en el v. 16 (sus ojos estaban cerrados, retenidos, sin luz). Este es el momento que tan maravillosamente plasmó Rembrandt en su cuadro de los discípulos de Emaús, una de las composiciones pictóricas más hermosas que existan. No hay palabras para expresarlo mejor. Es una “auto-revelación” del resucitado en la cena, la fracción del pan, es decir, en la eucaristía. Por eso, esa presencia no es “visible” como normalmente entendemos esto. El hecho de que se use el verbo en aoristo pasivo indica que se trata de una experiencia profunda, espiritual, real sin duda, pero no para ver con los ojos corporales, sino con los ojos de la fe. ¡No debe caber la menor duda de hablar de este modo! Por eso, el v. 32 tiene un sentido irrenunciable en el metalenguaje del nuestra narración. Es la clave: “y se decían el uno al otro: ¿no ardía nuestro corazón cuando por el camino nos hablaba y nos explicaba (nos abría) las Escrituras?”.

N.F. Para una mayor profundización en este hermoso relato remito a mi artículo titulado: ”Los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35): pedagogía de la resurrección. El texto en su identidad dinámica”, ISIDORIANUM, 25 (2004) 167-185.

Fray Miguel de Burgos Núñez