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Sagrado Corazón de Jesús. Origen, símbolos y significado, y dibujos

La historia de la fiesta del Sagrado Corazón se remonta al siglo XVII, con las apariciones de Jesús a santa Margarita María Alacoque, monja de la Visitación en el monasterio de Paray-le-Monial, en Francia. Entre 1673 y 1675, Jesús le reveló su ardiente corazón de amor por la humanidad y le pidió que instituyera una fiesta dedicada a su Sagrado Corazón. Durante estas apariciones, Jesús expresó su deseo de que esta fiesta se celebrara para : Reparar las ofensas a su amor, animar a los fieles a consagrarse a su Sagrado Corazón, difundir la devoción al Sagrado Corazón como fuente de gracias.

Aunque la devoción al Sagrado Corazón encontró fuertes resistencias al principio, poco a poco fue reconocida gracias al apoyo de San Claudio La Colombière, director espiritual de Margarita María. En 1765, el Papa Clemente XIII autorizó oficialmente la celebración de la fiesta en la Iglesia universal, y en 1856, el Papa Pío IX la convirtió en solemne fiesta litúrgica. 

Se celebra el segundo viernes después del domingo de Pentecostés.





 

La misión y la Esperanza - Ascensión del Señor

“A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.  

• En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.

• Después, aparecen dos hombres que  recuerdan a los que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc 24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una explicación celestial.

• Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc 1,35).

El Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).

Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).

EL TRIPLE ENCARGO

En el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos (Mt 28,16-20): 

• Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.

• Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de bautizar  a las gentes en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.  

PRESENCIA Y COMPAÑÍA

La triple tarea que, al ser glorificado,  Jesús deja a sus discípulos no habría de ser fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:

• “Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado por el ángel como el Emmanuel, es decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno,  él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.

• “Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de soledad.  

• “Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos. Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman. Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero siempre bien atentos al presente.

Jesùs, rey del universo conocido y desconocido Lc 23,35-43 (TOC33-25)

 



El Salvador crucificado, ese es nuestro rey LC 23,35-43 (TOC34-25)

1. El evangelio de Lucas forma parte del relato de la crucifixión, diríamos que es el momento culminante de un relato que encierra todo la teología lucana: Jesús salvador del hombre, y muy especialmente de aquellos más desvalidos. Lucas, con este relato nos quiere presentar algo más profundo y extraordinario que la simple crucifixión de un profeta. Por ello se llama la atención de cómo el pueblo “estaba mirando” y escuchando. Y comienza todo un diálogo y una polémica sobre la “salvación” y el “salvarse” que es uno de los conceptos claves de la obra de Lucas. Los adversarios se obstinan en que Jesús, el Mesías según el texto, no puede salvarse y no puede salvar a otros. Además está crucificado y ya ello es inconveniente excesivo para que el letrero de la cruz (“rey de los judíos”=Mesías) pierda todo su sentido jurídico y se convierta en sarcasmo. Está claro por qué ha sido condenado: por una razón política, acusado de ir contra Roma, en nombre de un mesianismo que ni pretendió, ni aceptó de sus seguidores.

2. Todo, en el relato, convoca a contemplar; emplaza al “pueblo” (testigo privilegiado de la pasión en Lucas) para que sea espectador del fracaso de este profeta que ha dedicado su vida al reinado de Dios, sin derecho alguno, y rompiendo las normas elementales de las tradiciones religiosas de su pueblo. Los profetas verdaderos no pueden acabar de otra manera para las religiones oficiales. Por lo mismo está en juego, según la teología de Lucas, toda la vida de Jesús que es una vida para la salvación de los hombres. La psicología del evangelista se percibe a grandes rasgos. El pueblo será “secretario” cualificado del fracaso de éste que se ha atrevido a hablar de Dios como nadie lo ha hecho; porque se ha osado recibir a los publicanos y pecadores, compartir su vida con hombres y mujeres que le seguían hasta Jerusalén. Este era el momento esperado… y, de pronto, un “diálogo” asombroso rompe, antes de la hora “tercia”, el “nudo gordiano” de la salvación. No va a ser como Alejandro Magno con su espada a tajo, en Godion de Frigia, para dominar el mundo por esa decisión drástica. Será con la oferta audaz y valiente de la salvación en nombre del Dios de su vida.

3. El diálogo con los malhechores (vv. 39-43), y especialmente con aquél que le pide el “paraíso”, es un episodio propio de Lucas que ha dado al relato de la crucifixión una fisonomía inigualable. La comparación que hemos mencionado con Alejandro Magno y el “nudo gordiano” sigue estando en pie a todos los efectos. Quien crucificado, la muerte más ignominiosa del imperio romano, pueda ofrecer la salvación al mundo, podrá dominar el mundo con el amor y la paz, no con un imperio grandioso fundamentado en la guerra, la conquista, la muerte y la injusticia. Lucas es consciente de esta tradición que ha recogido y que ha reinventado para este momento y en este “climax”. Cuando ya está dictada la sentencia de impotencia y de infamia… la petición de uno de los malhechores ofrece a Jesús la posibilidad de dar vida y salvación a quien irá a la muerte innoble como él. No es un libertador militar… está muriendo crucificado, porque ha sido condenado a muerte. Los valientes militares morían a espada; los esclavos y los parias, en la “mors turpissima crucis”.

4. El malhechor lo invoca con su nombre propio ¡Jesús!, no como el de Mesías o el de Rey o incluso el de Hijo de Dios. Esto es algo que ha llamado poderosamente la atención de los intérpretes. Es verdad que en la Biblia, en el nombre hay toda una significación que debe ser santo y seña de quien lo lleva. “Jesús” significa: “Dios salva” o “Dios es mi salvador”. Es una plegaria, pues, al crucificado, pero Lucas entiende que en todo aquello está Dios por medio. Es decir, que Dios no está al margen de lo que está aconteciendo en la cruz, en el sufrimiento de Jesús y de los mismos malhechores. La interpelación del buen ladrón como plegaria es para Lucas toda una enseñanza de que el crucificado es el verdadero salvador y de que por medio de su vida y de su muerte, Dios salva. Por tanto encontraremos salvación y salvación inmediata: “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Esta es una fórmula bíblica cerrada para expresar la vida después de la muerte. No sabemos cómo ha llegado a Lucas este diálogo de la cruz, pero la verdad es que es lo más original de todos los evangelistas sobre esta escena de la pasión. Jesús es verdaderamente rey, aunque al margen de todas las expectativas políticas. El “nudo gordiano” se rompe, si queremos a tajo, por la palabra de vida que Jesús ofrece en nombre de Dios.

5. Este relato majestuoso tiene muy poco de deshonor. Lucas no entiende la muerte de Jesús como un fracaso. Y no lo es en verdad. Es el momento supremo de la entrega a una causa por la que merece dar la vida. Cuando todos los que están al lado de la cruz le han retado a que salve tal como ellos entienden la salvación, Jesús se niega a aceptarlo. Cuando alguien, destrozado, aunque haya sido un bandido o malhechor, le ruega, le pide, le suplica, ofrece todo lo que es y todo lo que tiene. Desde su impotencia de crucificado, pero de Señor verdadero, ofrece perdón, misericordia y salvación. Esta teología de la cruz es la clave para entender adecuadamente a Jesucristo como Rey del universo. Es un rey sin poder, es decir, el “sin-poder” del amor, de la verdad y del evangelio como buena nueva para todos los que necesitan su ayuda. “Hoy estarás conmigo en el paraíso” es la afirmación más rotunda de lo que este rey crucificado ofrece de verdad. No es la conquista del mundo, sino de nuestra propia vida más allá de este mundo.