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La voz del pastor Jn 10,1-10 (PAA4-26)

 “Salvaos de esta generación perversa”  Con esas palabras responde Pedro a las gentes que le preguntan qué han de hacer, tras escuchar de boca del Apóstol que Dios había constituido a Jesús como Señor y Mesías (Hch 2,14.36-41).

 La palabra de Dios nos ayuda a comprender que la salvación no viene de lo que nosotros tenemos o fabricamos. Es un don que recibimos gratuitamente del Salvador.

Con el salmo responsorial proclamamos a Jesucristo  como nuestro pastor  y nuestro guía: “El Señor es  mi pastor, nada me falta” (Sal 22).

De Pastor nos habla también la primera carta de Pedro: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,25).

EL ENCUENTRO

En el domingo cuarto de Pascua todos los años recordamos la figura del Buen Pastor.  Este año, Jesús se aplica a sí mismo la imagen de la puerta del aprisco: “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”  (Jn 10,9).

 La puerta cierra la casa y defiende nuestra intimidad. Pero la puerta nos libera del encierro, facilita la salida para poder contemplar la belleza del  mundo creado por Dios.

Además, nos gusta decir a nuestros parientes y amigos que  nuestra puerta siempre estará abierta para acogerlos en nuestra casa.   

Así pues, en Jesús toda persona puede encontrarse con Dios. En Jesús, Dios se nos abre y manifiesta, nos sale al encuentro, nos acoge y nos perdona.

Por otra parte, Jesús nos advierte para que no abramos la puerta a los falsos redentores. Solo merecen nuestra acogida quienes llegan hasta nuestra casa trayendo la paz y la verdad.  

 EL DISCERNIMIENTO

En un domingo como este, el papa Francisco aludía a Jesús, diciendo que «las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una» (Jn 10,3).

Y añadía el Papa: “El Señor nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Pero también dice el Evangelio que hay otras voces que no debemos seguir: las de los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas”. Y sugería cómo diferenciarlas:

• La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone. La voz maligna seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras, pero pasajeras.

• La voz del enemigo nos distrae del presente y quiere que nos centremos en los miedos del futuro o en la tristeza del pasado. La voz de Dios dice: “Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes practicar la creatividad del amor”. 

  • La voz que viene de Dios nos dice: “¿Qué es bueno para mí?”. En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me apetece hacer?”. Qué me apetece: la voz del mal siempre gira en torno al ego, a sus pulsiones, a sus necesidades, al todo y ahora.

• La voz de Dios y la del tentador hablan en diferentes “ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la falsedad, el chismorreo; por el contrario, el Señor ama la luz del sol, la verdad, la transparencia sincera. 

Yo he venido para que tengan vida en plenitud Jn 10,1-10 (PAA4-26)

1. El evangelio de Juan (10,1-10), nos habla del «buen pastor» que es la imagen del día en la liturgia de este cuarto domingo de Pascua. Comienza el evangelio con una especie de discurso enigmático, que es así para los oyentes, ya que este texto es bien claro: en el redil de las ovejas, el pastor entra por la puerta, los ladrones saltan por la tapia. Es una especie de introducción para las afirmaciones cristológicas de Juan. Esas afirmaciones, con toda su carga teológica, se expresan con afirmaciones de revelación bíblica, con el «yo soy».

2. En el AT Dios se reveló a Moisés con ese nombre enigmático de Yahvé (algunos piensan que significa “yo soy el que soy”, aunque no está claro). Ahora, Jesús, el Señor, no tiene recato en establecer lo sustancial de lo que es y de lo que siente. Y de la misma manera que ha dicho en otros momentos que es la verdad, la vida, la resurrección, la luz, ahora se nos presenta con la imagen del pastor, cuya tradición veterotestamentaria es proverbial, como nos muestra el Salmo 23. En realidad, la imagen de este texto joánico es la de Jesús como «puerta», aunque en el conjunto de Jn 10 se juega precisamente con las dos imágenes: puerta y pastor.

3. La imagen de la puerta es la imagen de la libertad, de la confianza: no se entra por las azoteas, por las ventanas, a hurtadillas, a escondidas. Es la imagen, pues, de la confianza. En el Antiguo Testamento se habla de las puertas del templo: "Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor, los vencedores entrarán por ella" (Sal 118,19-20). Las puertas del templo o de la ciudad eran ya el mismo conjunto del templo o de la ciudad santa (es una especie de metonimia, con lo que se expresa el todo por una parte). Por eso dice el Sal 122,2: "ya están pisando nuestros pies tus puertas Jerusalén"; cf. Sal 87,1-2; 118,21; etc.). Pasar por la puerta era ¡el no va más! para los peregrinos. Ahora Jesús es como la nueva ciudad y el nuevo templo para encontrarse con Dios. Porque a eso iban los peregrinos a la ciudad santa a encontrarse con Dios.

4. Jesús en este evangelio se propone, según la teología joánica, como la persona en la que podemos confiar; por Él podemos entrar y salir para encontrar a Dios y para encontrar la vida. Quien esté fuera de esa puerta, quien pretenda construir un mundo al margen de Jesús lo puede hacer, pero no hay otro camino para encontrarse con el Dios de vida y con la verdad de nuestra existencia. No es una pretensión altisonante, aunque la afirmación cristológica de Juan sea fuerte. Eso no quita que debamos mantener un respeto y una comprensión para quien no quiera o no pueda entrar por esa puerta, Jesús, para encontrar a Dios. Nosotros, no obstante, los que nos fiamos de su palabra sabemos que él nos otorga una confianza llena de vida.

5. Se habla de un “entrar y salir” que son dos verbos significativos de la vida, como el nacer y el morir. En Jesús, puerta verdadera de la vida, ésta adquiere una dimensión inigualable. Por la fórmula de revelación, del “yo”, se quiere mostrar a Jesús que hace lo contrario de los ladrones que entran de cualquier manera en la casa, para robar, para matar, para llevarse todo lo que pueden. Jesús, puerta, “viene” para dar, para ofrecer la vida en plenitud (v. 10). Pero en este domingo pascual, el símbolo de la puerta debemos enhebrarlo a la significación del misterio de la resurrección de Jesús. Es verdad que en el texto joánico este significado no cuenta, pero sí debemos tenerlo presente en la predicación, ya que la resurrección de Jesús es la “puerta” de la vida nueva para El y para todos nosotros. Y solamente es desde la resurrección cómo podría expresarse el Cristo de Juan esas expresiones de revelación del “yo soy” la vida, la resurrección, el buen pastor, la luz…

Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/26-4-2026/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

Dios da su vida a los hombres en Jesús Jn 10,27-30 (PAC4-25)

1. Siempre se ha considerado éste el domingo del Buen Pastor a causa del evangelio del día que habla de las ovejas,
retomando el comienzo de Jn 10,1-10.. El texto del Apocalipsis que se ha leído como segunda lectura también apunta a este simbolismo. Está situado en el marco de la fiesta de la dedicación del Templo de Jerusalén y le acosan a preguntas sobre si es verdaderamente el Mesías. Jesús, aparentemente, no quiere contestar a esa pregunta intencionada, pero en realidad no desvía la cuestión, sino que les habla con un lenguaje más vivo, más radical y en consonancia con una forma de entender el mesianismo en clave distinta de los judíos.

2. No viene para ser un personaje nacionalista, sino aquél que sabe bien la necesidad que tienen los hombres de vida y de vida verdadera; de una forma nueva de comprender a Dios, y por ello va a dar la vida. Los judíos nunca esperaron un Mesías que sufriera y que fuera, por tanto, capaz de dar la vida como Jesús se empeña en hacer. El evangelio de Juan, pues, pretende desmontar una concepción equivocada de mesianismo y nos descubre la opción radical tomada por Jesús. El verdadero Mesías es el que sabe dar “la vida por las ovejas”, es decir, por el pueblo.

3. Esta polémica, pues, de Jesús con los judíos, revela el sentido ejemplar, global, del buen pastor, símbolo de la gracia y del juicio que se opera en el seno de su pueblo. La altura desde la que Juan nos presenta a Jesús, “uno con el Padre”, es una provocación teológica, sin duda; pero es una realidad incuestionable. Tenemos que reconocer que el Jesús histórico no habló así, de la forma que lo hace en Juan; ni siquiera hablaba de sí mismo, pero siempre de Dios y del Reino de Dios. Pero el evangelio de Juan tiene otro tono, menos histórico, aunque más teológico. No entramos en la cuestión de la conciencia personal de Jesús, no es el caso. Decir que “el Padre y yo somos uno” es alta cristología, sin duda. Pero es verdad que Jesús nos reveló al verdadero Dios, y es eso lo que le discuten los adversarios.

4. Es un escándalo, porque toda la vida de Jesús es un juicio contra los que pensaban que el mismo Dios debía ajustarse a su dogmática. Así, pues, lo que decide de un modo definitivo el sentido de este evangelio es la actitud que tenemos ante la verdad que Jesús propone: quien se encuentra de verdad con Él, se encuentra con Dios. Si Él escucha nuestras súplicas, Dios hace lo mismo. Si Él da la vida por nosotros, eso es lo que hace Dios por nosotros. No estamos ante una ficción teológica con estas palabras de Jesús, sino que estamos ante el “dador de vida”.

El buen pastor Jn10,27-30 (PAC4-25)


 

El pastor bueno Jn 10,27-30 (PAC4-25)

 En Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé anunciaron el mensaje de Jesucristo en la sinagoga. Al ver el gentío que los escuchaba y los seguía, los judíos se llenaron de envidia y respondieron con blasfemias.

En cambio, los gentiles, es decir los miembros de la comunidad helenista, se alegraron de que los apóstoles les entregasen a ellos aquel mensaje de salvación, acogieron la palabra del Señor y la difundieron por aquella región (Hch 13,43-52).

Con el salmo responsorial nosotros adelantamos ya el mensaje del evangelio de este domingo, proclamando: “Somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 99).

Seguimos leyendo el Apocalipsis. Hoy se nos dice que el Cordero, que está delante del trono de Dios, será nuestro pastor y nos conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7,17).

UNA ESTRECHA RELACIÓN

  Como todos los años, en este cuarto domingo de Pascua contemplamos la imagen de Jesús, que se presenta como el pastor que guía y protege a las ovejas que le han sido confiadas por su Padre celestial (Jn 10,27-30).  

El texto evangélico presenta tres manifestaciones de la estrecha relación existente entre los discípulos y su Maestro y Pastor, que los conoce, les da la vida y los defiende.

• “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”. Los hebreos eran invitados continuamente a escuchar la palabra de Dios que los había liberado de la esclavitud. Ahora, los seguidores de Jesús escuchan al Pastor que los conoce y los reconoce.   

• “Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. Los hebreos seguían al Dios que los guiaba por el desierto hacia una tierra que manaba leche y miel. Ahora, los creyentes que siguen al Pastor esperan de él la vida eterna. 

• “Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano”. Los hebreos fueron defendidos de sus enemigos por el poder de Dios. Ahora los discípulos del Pastor saben con seguridad que él siempre los defenderá con el poder de su mano. 

EL PADRE DE JESÚS

De pronto, el texto del evangelio de Juan que hoy se proclama deja de lado la relación de Jesús con sus discípulos para revelar su relación personal con su Padre celestial.  

• “Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas”. Además de compartir la divinidad, el Padre ha confiado a Jesús la misión de hacer presente en la tierra su misericordia. El Padre ama al mundo y su Hijo lo iba demostrando cada día. 

• “Nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre”. Muchos han pretendido arrebatarle a Dios las claves de la vida y de la felicidad.  Pero el poder de Dios se identifica con su misericordia y su ternura.

• “Yo y el Padre somos uno”. El evangelio según Juan repite una y otra vez la unidad entre el Padre y el hijo. En el Hijo nosotros hemos descubierto la verdad y el amor de su Padre, que es también el nuestro.   

El buen pastor Jn 10,11-18 (PAB4-24)

 PASTOR  

 “No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos” (Hech 4,12). Los miembros del Sanedrín sabían de sobra que el nombre de Jesús significa “Dios salva”. Pedro les anuncia que Juan y él habían curado al paralítico, precisamente en el nombre de Jesús de Nazaret.   

Jesús podía ser comparado con la piedra desechada por los constructores. Pero, por voluntad del Padre, se había convertido en la piedra angular de un nuevo edificio (Sal 117). Esa era la verdad que tenían que aceptar los judíos. Y esa es la noticia que todavía hoy escandaliza a nuestro mundo.  

Como escandaliza el testimonio de los creyentes que se muestran convencidos de que el amor del Padre celestial los ha convertido en hijos de Dios (1 Jn 3,1-2).

TRES ACTORES DE UN DRAMA

En el domingo cuarto de Pascua todos los años evocamos la alegoría evangélica que nos presenta a Jesús como el verdadero Pastor de su rebaño. En sus palabras aparecen tres actores que han de ser tenidos en cuenta también en nuestro tiempo: 

• Jesús menciona al lobo que ataca a los rebaños, dispersa a las ovejas y las mata. Este texto evangélico debía de impresionar a los miembros de las primeras comunidades cristianas. También ellas eran y son divididas y dispersadas por quienes buscan sus propios intereses,

• Además, aun dentro de las comunidades había y hay todavía responsables que se comportan como asalariados. No procuran guiar y defender a los fieles. Al contrario, los desorientan y hasta los abandonan en los momentos de crisis o de persecución. 

• El pastor verdadero se interesaba y se interesa por sus ovejas. Les entrega su vida y está dispuesto a morir por ellas. Además, sale en busca de otras ovejas que no pertenecen a su rebaño o le han sido arrebatadas. Y sigue el mandato del Señor para atraerlas a la comunidad. 

LA REVELACIÓN DEL PASTOR

Esta alegoría evangélica contiene una de las revelaciones más importantes sobre Jesús: sobre su identidad y sobre su misión: “Yo soy el buen Pastor, que conozco a mis ovejas y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre”.  

• “Yo soy el buen Pastor”. Esta imagen evocaba la historia de Israel. Dios se había manifestado muchas veces como el pastor de su pueblo y como tal era invocado. La comunidad cristiana habría de ver en esa imagen la entrega de Jesús a todos los necesitados.

• “Conozco a mis ovejas y las mías me conocen”.  Dios conocía a su pueblo y sus gentes no podían confundirlo con los ídolos de los paganos. Jesús conocía a sus discípulos y nos conoce a nosotros. Tenemos que tratar de conocer quién es él y qué hace por nosotros.  

• “Como el Padre me conoce y yo conozco al Padre”.  La relación existente entre el Padre y Jesús no es una verdad abstracta e indiferente. También hoy ha de ser el modelo y la pauta para la espiritualidad y la vivencia de la fe entre los miembros de la comunidad cristiana.

Pastor que da su vida por sus ovejas Jn 10,11-18 (PAB4-24)

 Marco: Los capítulos 9 y 10 tienen un tema central importante: Jesús es la luz del mundo. En el capítulo 10 Jesús se revela como el Buen Pastor que acoge, cuida, conduce a la vida a sus discípulos y les entrega su misma vida. Pero en ese ciego de nacimiento curado estamos representados todos los creyentes. Por eso Juan quiere que el lector y oyente de todos los tiempos se sienta identificado con el ciego y entre en la acción que le presenta en su relato. Y, por tanto, vivan en la seguridad de que tienen un Buen Pastor que expone la propia vida por los suyos. Así es Jesús, Luz del mundo.

Reflexiones: 

1ª) La señal del Buen Pastor: donación de la vida.

Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ove-jas...Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. El adjetivo utilizado por el evangelista para calificar al Pastor no indica solamente su bondad personal, sino también y especialmente califica su misión. Jesús se presenta como el único Pastor genuino, auténtico, digno de fiar. Y eso es lo importante en el momento en que habla Jesús y en el que escribe el evangelista: muchos se presentaron con la pretensión de ser los salvadores (celotas, entre otros). Pero ninguno llevaba la marca de la autenticidad, no fueron de fiar y llevaron al pueblo a la destrucción (destrucción de Jerusalén en el año 70). Jesús es el único salvador. Y está dispuesto a llevar su misión hasta el final y así lo realiza: hasta el don generoso de la propia vida. Para ello el evangelista lo contrasta con el mercenario que está más pendiente del sueldo que del bienestar de las ovejas. El evangelista piensa también en los pastores de su Iglesia. Y para ellos escribe indicando: mirad al verdadero Pastor y sacad vuestras consecuencias. Una severa advertencia. Jesús entrega la vida libremente, nadie se la arrebata violentamente. Una bella interpretación de la muerte de Jesús: nadie tiene amor más grande que el que entrega su vida por sus amigos.

2ª) El Buen Pastor trata personalmente con los suyos.

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. En la Ultima Cena (Jn 15,12-15) Jesús realizará -según el evangelista Juan- una de las revelaciones más consoladoras: vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Con esta revelación introdujo en la historia una nueva relación de los hombres con Dios, elevándolos a la categoría de amigos. Pero es necesario escuchar de sus labios el por qué: porque os he revelado todos los secretos que he recibido de Dios. El trato auténtico entre los amigos radica ahí. Pitágoras afirmaba: entre los amigos todo se tiene en común. Un trato interpersonal de auténtica amistad. Jesús conoce a los hombres (especialmente a sus discípulos) con sus nombres propios. Recuérdese que en el Oriente la imagen del Pastor está relacionada con los gobernantes, los dirigentes espirituales y los maestros que enseñaban al pueblo. Jesús introdujo una radical novedad: su gobierno y su enseñanza se imparte y se recibe en un clima de total amistad y apertura.

3ª) ¡Jesús rompe fronteras: Pastor universal!

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Jesús, Buen Pastor, ofrece a la humanidad la posibilidad real de constituir una sola gran familia, que era el proyecto original del Dios Creador. Una gran familia en comu-nión interpersonal de vida con la experiencia de la felicidad (este es el sentido original del relato del paraíso teológicamente considerado, porque nos hizo a imagen y semejanza de la comunidad que existía entre ellos). El relato popular de la torre de Babel trata de explicar la situación de enfrentamiento y división que existe entre los pueblos de la tierra. El Buen Pastor tiene como misión de reconstruir sobre nuevo cimiento la unidad de la familia humana: esa unidad se construye en círculos cada vez más amplios pero que comienza en la familia entendida como comunidad de vida y de amor y culmina en la reconciliación de toda la humanidad y de toda la creación. La Iglesia tiene la misión de ser en el mundo sacramento de salvación, de reconciliación y de comunión entre todos los hombres (cap. 17).

Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/21-4-2024/comentario-biblico/gerardo-sanchez-mielgo/