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La comunidad como experiencia de perdón y oración Mt 18,15-20 (TOA23-26)
1. El evangelio de hoy forma parte de uno de los discursos más significativos del primer evangelio. Mateo se caracteriza por una narración de la actuación de Jesús que viene alentada por una serie de discursos. En este caso, nos encontramos con el llamado «discurso eclesiológico» porque se contemplan en él las normas de comportamiento básicas de una comunidad cristiana: perdón, comprensión, solidaridad. Hoy aparece lo que se ha llamado la corrección fraterna, el tema del perdón de los pecados en el seno de la comunidad, y el valor de la oración común.
2. La corrección fraterna es muy importante, porque todos somos pecadores, y tenemos un cierto derecho a nuestra intimidad. Pero se trata de pecados graves que afectan a la comunión, y para ello se debe seguir una praxis de admonición, con necesidad de testigos, para que nadie sea expulsado de la comunidad sin una verdadera pedagogía de caridad y de comprensión. El poder de «atar y desatar», que en Mt 16 (hace dos domingos) se confería a Pedro, completa lo que allí se dijo: es en la comunidad donde tiene todo sentido el perdón de los pecados. Eso exige dar oportunidades, para que no sea el puritanismo lo específico de una comunidad, como muchas lo han pretendido a lo largo de la historia de la Iglesia. ¡No! No es el puritanismo lo esencial, aunque nuestro texto se resiente de ello, sino ofrecer a los que se han equivocado e incluso ofendido a la comunidad, la oportunidad nueva de integrarse solidaria y fraternalmente en ella. Si leemos el texto en clave disciplinar y jurídica, entonces habremos rebajado mucho el valor evangélico de la comunidad
3. De la misma manera, la oración común enriquece sobremanera nuestra oración personal. Eso no excluye la necesidad de que tengamos experiencias de perdón y de oración personales, pero hay más sentido cuando todo ello se integra en la comunidad. La religión enriquece la dimensión social de la persona humana. Sin duda que estos aspectos tienen otros matices e interpretaciones, pero la dimensión comunitaria es la más rica en consecuencias.
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/6-9-2026/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/
El pan vivo Jn 6,51-58 - Corpus Christi
Si el hambre lo llevaba a reconocer su indigencia, el maná tendría que recordarle que Dios se cuidaba de él. Por tanto debería agradecerlo por los siglos de los siglos.
De hecho, el salmo responsorial invita a la comunidad a glorificar al Señor: “Ha puesto paz en tus fronteras y te sacia con flor de harina (Sal 147).
Ya en la nueva alianza, san Pablo recuerda a los fieles de Corinto que la unidad de la comunidad viene exigida por el hecho de participar en el mismo pan y en el cáliz de la bendición, es decir de la eucaristía. El pan que partimos y compartimos nos une a todos en el cuerpo de Cristo (1 Cor 10,16-17).
LA VIDA Y SU SENTIDO
La multiplicación y distribución de los panes y los peces se encuentra reflejada en los cuatro evangelios. Pero solo el evangelio de Juan recoge el discurso que Jesús pronuncia después en la sinagoga de Cafarnaúm.
En el texto que hoy se proclama (Jn 6,51-58) Jesús manifiesta su identidad y su misión: ˝Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.
Como los que seguían a Jesús por los caminos, también nosotros buscamos lo que ha de mantenernos en vida. No solo el pan material que sostiene nuestra vida biológica sino también el otro pan espiritual que da sentido a nuestra vida biográfica.
El pan del Señor no solo sostiene nuestra vida personal, que no es poco, sino que nos impulsa a abrir nuestros ojos a las necesidades de nuestros hermanos. El Señor nos da su carne para la vida del mundo, es decir para que el mundo tenga vida y sentido para ella.
AMOR Y SERVICIO
“Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron. El que come este pan vivirá para siempre”. Esa frase con la que se cierra el texto evangélico de hoy era profética y lo será siempre.
• “Este es el pan que ha bajado del cielo”. Esta primera parte incluye la revelación del presente. Jesús es alimento para quienes escuchan su voz. Ese alimento supera todas nuestras aspiraciones terrenas y nuestras previsiones inmediatas.
• “No como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron”. La segunda parte se refiere al pasado. Hay que agradecer todo lo que mantuvo la vida de los que nos precedieron. Pero el maná no pudo satisfacer su anhelo de una vida sin límites.
• “El que come este pan vivirá para sIempre”. La tercera parte orienta nuestra mirada al futuro que Dios nos ha prometido. Nosotros esperamos una vida en la que participaremos de su misma vida, es decir de su amor eterno y definitivo.
El pan de una vida nueva, resucitada Jn 6,51-58 - Corpus Christi
1. El texto de Juan es una elaboración teológica y catequética del simbolismo del maná, el alimento divino de la tradición bíblica, que viene al final del discurso sobre el pan de vida. Algunos autores han llegado a defender que todo el discurso del c. 6 de Jn es más sapiencial (se entiende que habla de la Sabiduría) que eucarístico. Pero se ha impuesto en la tradición cristiana el sentido eucarístico, ya que Juan no nos ha trasmitido la institución de la eucaristía en la última cena del Señor.
2. Este discurso de la sinagoga de Cafarnaún es muy fuerte en todos los sentidos, como es muy fuerte y de muy altos vuelos toda la teología joánica sobre Jesús como Logos, como Hijo, como luz, como agua, como resurrección. Se trata de fórmulas de revelación que no podemos imaginar dichas por el Jesús histórico, pero que son muy acertada del Jesús que tiene una vida nueva. Desde esta cristología es como ha sido escrito y redactado el evangelio joánico.
3. El evangelio de Juan, con un atrevimiento que va más allá de lo que se puede permitir antropológicamente, habla de la carne y de la sangre. Ya sabemos que los hombres ni en la Eucaristía, ni en ningún momento, tomamos carne y sangre; son conceptos radicales para hablar de vida y de resurrección. Y esto acontece en la Eucaristía, en la que se da la misma persona que se entregó por nosotros en la cruz. Sabemos que su cuerpo y su sangre deben significar una realidad distinta, porque El es ya, por la resurrección, una persona nueva, que no está determinada por el cuerpo y por la sangre que nosotros todavía tenemos. Y es muy importe ese binomio que el evangelio de Juan expresa: la eucaristía-resurrección es de capital importancia para repensar lo que celebramos y lo que debemos vivir en este sacramento.
4. El evangelista entiende que comer la carne y beber la sangre (los dos elementos eucarísticos tradicionales) lleva a la vida eterna. Es lo que se puso de manifiesto en la tradición patrística sobre la “medicina de inmortalidad”, y lo que recoge Sto. Tomás en su antífona del “O sacrum convivium” como “prenda de la gloria futura”. Y es que la eucaristía debe ser para la comunidad y para los individuos un verdadero alimento de resurrección. Ahora se nos adelanta en el sacramento la vida del Señor resucitado, y se nos adentra a nosotros, peregrinos, en el misterio de nuestra vida después de la muerte.
5. Esta dimensión se realiza mediante el proceso espiritual de participar en el misterio del “verbo encarnado” que en el evangelio de Juan es de una trascendencia irrenunciable. No debe hacerse ni concebirse desde lo mágico, sino desde la verdadera fe, pues de lo contrario no tendría sentido. Por tanto, según el cuarto evangelio, el sacramento de la eucaristía pone al creyente en relación vital y personal con el verbo encarnado, que nos lleva a la vida eterna.





