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MAGNIFICA HUMANITAS / "La magnifica humanidad" - León XIV Infografías resumen y texto completo
El texto consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión y los ejes principales de su mensaje son:
- Prioridad de la dignidad humana: El texto advierte contra el riesgo de crear una «Babel tecnológica», insistiendo en que las herramientas digitales y los algoritmos deben estar siempre al servicio de las personas y no al revés.
- Riesgos del poder tecnocrático: Alerta sobre un desarrollo tecnológico desmedido y sin límites éticos que pueda ser utilizado para beneficiar solo el poder de unos pocos, marginar a los más vulnerables o deshumanizar las relaciones sociales.
- Gobernanza y responsabilidad: Exige marcos de transparencia, regulación internacional y un diálogo abierto entre la teología, las ciencias humanas y los líderes de la industria tecnológica.
- Paz, trabajo y justicia social: Vincula el impacto de la IA con el futuro del empleo digno, la automatización militar (armas autónomas) y la necesidad de proteger a los menores de edad en el ecosistema digital.
Infografías que resumen su contenido:
Discurso León XIV a los participantes en el Encuentro Nacional de Profesores de Religión Católica (CEI)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!
Queridos hermanos obispos,
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Os saludo con afecto y os agradezco vuestra presencia y el valioso servicio que prestáis en la escuela. Vuestra labor es exigente, a menudo silenciosa y discreta, y sin embargo muy importante para el crecimiento de tantos niños, adolescentes y jóvenes. La dimensión religiosa, de hecho, «es un elemento constitutivo de la experiencia humana y no puede ser marginada en el proceso formativo de las nuevas generaciones» (CEI, Nota past. La enseñanza de la religión católica: laboratorio de cultura y diálogo, 11 de diciembre de 2025).
San Agustín escribía: «El hombre, una partícula de tu creación, quiere alabarte [, oh Dios]. Tú eres quien le estimula a deleitarse en tus alabanzas, porque nos has hecho para ti, y nuestro corazón no tiene descanso hasta que descansa en ti […]. Que te busque, Señor, invocándote, y te invoque creyendo en ti» (Confesiones, 1.1). Él hablaba de una búsqueda interior a la que siempre han estado ligadas, en el ser humano, las grandes preguntas de la vida, la relación con Dios, con la creación y con los demás, por lo que la sed de infinito, inherente a cada persona, puede convertirse en energía para promover la paz, para renovar la sociedad y para colmar sus contradicciones.
En este contexto, vuestro servicio, expresión del cuidado de la Iglesia por las nuevas generaciones, es como un trampolín desde el que los niños y los jóvenes pueden aprender a lanzarse a la fascinante aventura del diálogo interior, y en esto constituye un elemento indispensable de esa alianza educativa de la que hoy tanto se necesita.
Y no solo eso. La enseñanza de la religión católica es una asignatura de gran valor cultural, útil para comprender las dinámicas históricas y sociales, así como las expresiones del pensamiento, el ingenio y las artes que han dado forma y siguen moldeando el rostro de Italia, de Europa y de tantos países del mundo.
Todo ello forma parte de vuestras clases, a la luz de la enseñanza siempre actual de la Iglesia, en diálogo con otros campos del saber y de la investigación religiosa, y sobre todo en el estudio de las inagotables páginas de la Biblia, a través de las cuales conocemos a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, revelación del rostro del Padre y modelo perfecto de humanidad. Así hacéis accesible a las nuevas generaciones, en pleno respeto de la libertad de cada uno, lo que de otro modo podría permanecer incomprensible y vago, mostrando cómo la verdadera laicidad no excluye lo religioso, sino que, por el contrario, sabe atesorarlo como recurso educativo. Esto forma parte, por lo demás, de una actitud más amplia, imprescindible para todo diálogo, tanto en la escuela como en la sociedad: conocer y amar lo que uno es, para saber encontrarse con el otro con respeto y apertura.
A la luz de esto, me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones que me interesan especialmente.
Como título para vuestro tercer Encuentro Nacional habéis elegido la expresión «El corazón habla al corazón» (Cor ad cor loquitur), inspirándoos en el lema de San John Henry Newman, Doctor de la Iglesia y copatrón del mundo educativo. Estas palabras encierran la propuesta de un camino en el que la verdad es la meta y la relación personal el camino para alcanzarla. Os comprometen, a través de la enseñanza, a ayudar a los jóvenes a reconocer una voz que, en realidad, ya resuena en ellos, a no enterrarla ni a confundirla con los ruidos que los rodean. En una época en la que vivimos constantemente asediados por estímulos de todo tipo, silenciar esa voz es muy fácil. Por eso, educar para escucharla o para reencontrarla es uno de los mayores regalos que se pueden hacer a las nuevas generaciones. El hombre no puede vivir sin verdad y sin significados auténticos, y los jóvenes, aunque a veces parezcan apáticos o insensibles, tras una fachada de aparente indiferencia, en realidad suelen ocultar la inquietud y el sufrimiento de quien «siente demasiado» y de manera demasiado intensa, sin lograr poner nombre a lo que experimenta.
Educar, por lo tanto, significa formar a las personas para que escuchen al corazón y, con ello, para la libertad interior y la capacidad de pensamiento crítico, según dinámicas en las que la fe y la razón no se ignoran, ni mucho menos se oponen, sino que son compañeras de viaje en la búsqueda humilde y sincera de la verdad. Por eso, educar requiere la paciencia de sembrar sin pretender resultados inmediatos respetando los tiempos de crecimiento de la persona. Y, sobre todo —como nos enseña Newman—, requiere amor.
Queridos amigos, la verdad pasa a través de las personas, y para vuestros alumnos esas personas sois también vosotros, llamados a convertiros en maestros creíbles porque estáis enamorados de Dios y de ellos, a transmitir valores, sin protagonismo ni moralismos, a ofrecer miradas que animan y a ser testigos de esa coherencia humilde y cercana que hace que incluso los contenidos más exigentes resulten entrañables y deseables. Vuestros alumnos no necesitan respuestas prefabricadas, sino cercanía y honestidad por parte de adultos que los acompañen con autoridad y responsabilidad, mientras se enfrentan a las grandes preguntas de la vida. Recordarán los ojos y las palabras de quienes supieron reconocer en ellos un don único, de quienes los tomaron en serio, de quienes no tuvieron miedo de compartir con ellos un tramo del camino, mostrándose a su vez como hombres y mujeres que buscan, piensan, viven y creen. Todo ello, naturalmente, sin restar importancia a la necesidad de una sólida competencia, animada por la pasión por el estudio, el rigor cultural y la preparación didáctica, porque la enseñanza de la religión católica exige también actualización, capacidad de planificación y el uso de un lenguaje adecuado.
La escuela de hoy —en Italia, pero no solo allí— se enfrenta a retos dramáticos y, al mismo tiempo, estimulantes. Por eso, la Iglesia, que camina con vosotros, os envía a ella como «servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, incansables buscadores de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza» (Carta apostólica «Trazar nuevos mapas de esperanza», 11.3).
Os doy las gracias y os animo a perseverar en este compromiso, al tiempo que os encomiendo a la intercesión de la Virgen María y de los santos y santas educadores. Os tengo presentes en la oración y os imparto de corazón la bendición apostólica, que extiendo a vuestras familias, a vuestros alumnos y a todos vuestros seres queridos. ¡Gracias!
Sala Pablo VI. Sábado, 25 de abril de 2026
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO NACIONAL DE PROFESORES DE RELIGIÓN CATÓLICA, ORGANIZADO POR LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA
Fuente: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/it/speeches/2026/april/documents/20260425-insegnanti-religionecattolica.html
Mensaje cuaresmal 2026 por el Papa León XIV
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Enseñanza actual y retos por ello Papa León XIV
¿Cuáles son, en el mundo juvenil de nuestros días, los retos más urgentes que hay que afrontar? ¿Qué valores hay que promover? ¿Con qué recursos se puede contar?
Los jóvenes de nuestro tiempo, como los de todas las épocas, son volcanes de vida, de energía, de sentimientos, de ideas. Lo vemos en las cosas maravillosas que saben hacer en tantos campos. Pero también necesitan ayuda para hacer crecer en armonía tanta riqueza y para superar lo que, aunque de manera diferente al pasado, todavía puede impedir su sano desarrollo.
Si, por ejemplo, en el siglo XVII el uso de la lengua latina era para muchos una barrera comunicativa insuperable, hoy hay otros obstáculos que afrontar. Pensemos en el aislamiento que provocan los modelos relacionales cada vez más extendidos, basados en la superficialidad, el individualismo y la inestabilidad afectiva; en la difusión de esquemas de pensamiento debilitados por el relativismo; en el predominio de ritmos y estilos de vida en los que no hay suficiente espacio para la escucha, la reflexión y el diálogo, en la escuela, en la familia, a veces entre los propios compañeros, con la soledad que ello conlleva.Se trata de retos exigentes, de los que, sin embargo, también nosotros, como San Juan Bautista de La Salle, podemos hacer trampolines para explorar caminos, elaborar instrumentos y adoptar lenguajes nuevos, con los que seguir tocando el corazón de los alumnos, animándolos y estimulándolos a afrontar con valentía todos los obstáculos para dar lo mejor de sí mismos en la vida, según los designios de Dios. En este sentido, es loable la atención que prestan en sus escuelas a la formación de los docentes y a la creación de comunidades educativas en las que el esfuerzo didáctico se enriquece con la aportación de todos. Los animo a continuar por este camino.
Pero antes de concluir, quisiera mencionar otro aspecto de la realidad lasaliana que considero importante: la docencia vivida como ministerio y misión, como consagración en la Iglesia. San Juan Bautista de La Salle no quería que entre los maestros de las Escuelas Cristianas hubiera sacerdotes, sino solo «hermanos», para que todos sus esfuerzos se dirigieran, con la ayuda de Dios, a la educación de los alumnos. Le gustaba decir: «Su altar es la cátedra», promoviendo así en la Iglesia de su tiempo una realidad hasta entonces desconocida: la de los maestros y catequistas laicos investidos, en la comunidad, de un verdadero «ministerio», según el principio de evangelizar educando y educar evangelizando.
Extracto del Discurso del Santo Padre León XIV a los hermanos de las Escuelas cristianas -de La Salle (15-5-2025)
Escudo de armas del Papa León XIV y su simbología
Es obvio que, si una flecha atraviesa el corazón de una persona, la sangre salta a borbotones. Pero no sucede así cuando una flecha incendiaria toca el corazón humano. En este caso la herida que produce es una quemadura, la quemadura del amor, en la imagen agustiniana. La flecha incendiaria hiere porque quema. En la representación simbólica de la idea del santo no hay lugar para gotas de sangre.
Representar solo el corazón significa faltar por defecto y empobrecer la imagen. La razón es que queda sin indicar la fuente del amor y, consiguientemente, su naturaleza, datos aquí esenciales. San Agustín no consideraba necesario invitar al amor, porque partía de que no hay nadie que no ame; de hecho, dado que el amor es principio de toda actividad, una persona que no ame algo o a nadie, morirá de inmediato por simple inacción. Lo que él pedía a sus fieles era que jerarquizasen su amor. Una distinción básica establecida por el santo al respecto es el amor como cupiditas y el amor como caritas. En el primer caso, el amor surge de la necesidad y se expresa como deseo; en el segundo, surge de una plenitud y se expresa como donación que no conoce necesidad alguna porque la plenitud es única. El amor como caritas proviene de Dios, lo impregna todo de Dios, y conduce a Dios. Este último es el amor con que Agustín comenzó a amar a Dios y al que se refiere el emblema de la Orden. Ahora bien, si solo se representa el corazón en llamas, se sabe que está ardiendo, pero no qué amor le hace arder. En cambio, al representar también el libro se está indicando que el amor simbolizado en las llamas es el amor divino del que es acabada expresión la historia de salvación que relata la Escritura. La flecha es solo el medio que traslada el fuego –el amor– de la Escritura –sin él no se entiende ella– al corazón humano. Únicamente el amor como caritas es capaz de sostener la unidad de almas y corazones hacia Dios de que habla en la Regla.
El libro no hace referencia al simple saber profano sino al saber último que da razón de todo otro saber: el saber sobre Dios y, desde él, sobre el hombre y el resto de la creación; se ha indicado también que el corazón en llamas no hace referencia a cualquier amor, por legítimo que pueda ser, sino al amor último, el que es fuente de todo otro amor lícito, el amor que, partiendo de Dios y tocando todo, conduce a Dios.
Primer discurso del Papa León XIV desde la logia de la basílica de S. Pedro
¡La paz esté con todos ustedes! Queridísimos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el buen pastor que dio la vida por el rebaño de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entrara en su corazón, alcanzara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes!
Esta es la paz de Cristo Resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente. Aún conservamos en nuestros oídos esa voz débil pero siempre valiente del Papa Francisco que bendecía a Roma. ¡El Papa que bendecía a Roma daba su bendición al mundo, al mundo entero, aquella mañana del día de Pascua! Permítanme dar continuidad a esa misma bendición: ¡Dios nos quiere, Dios los ama a todos, y el mal no prevalecerá! ¡Estamos todos en las manos de Dios! Por lo tanto, sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo va delante de nosotros. El mundo necesita su luz. La humanidad necesita de Él como el puente para ser alcanzada por Dios y su amor. Ayúdennos también ustedes, luego los unos a los otros, a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. ¡Gracias al Papa Francisco!
Quiero agradecer también a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser Sucesor de Pedro y caminar junto a ustedes, como una Iglesia unida, buscando siempre la paz, la justicia, tratando siempre de trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros. Soy hijo de San Agustín, agustino, que dijo: “Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo.” En este sentido, todos podemos caminar juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado.
¡A la Iglesia de Roma, un saludo especial! [aplausos]
Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, el diálogo, siempre abierta a acoger como esta plaza con los brazos abiertos. Todos, todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor.
(PARTE EN ESPAÑOL) Y si me permiten también, una palabra, un saludo a todos aquellos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo (FIN DE LA PARTE EN ESPAÑOL).
A todos ustedes, hermanos y hermanas de Roma, de Italia, de todo el mundo, queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cerca especialmente de quienes sufren.
Hoy es el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María quiere siempre caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor.
Entonces, quisiera rezar con ustedes. Recemos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo, y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre.
¡¡¡Habemus papam!!! Robert Francis Prevost, León XIV
Primer Papa agustino, es el segundo Pontífice americano, después de Francisco, pero a diferencia de Bergoglio, el estadounidense Robert Francis Prevost, de 69 años, es originario del norte del continente. De hecho, el nuevo obispo de Roma nace el 14 de septiembre de 1955 en Chicago (Illinois), hijo de Louis Marius Prevost, de ascendencia francesa e italiana, y de Mildred Martínez, de ascendencia española. Tiene dos hermanos, Louis Martín y John Joseph.
Pasa su infancia y adolescencia con su familia y estuda primero en el Seminario Menor de los Padres Agustinos y después en la Universidad de Villanova, Pennsylvania, donde se licenca en Matemáticas y estudia Filosofía en 1977. El 1 de septiembre de ese mismo año ingresa en el noviciado de la Orden de San Agustín (OSA) de St. Louis, en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo de Chicago, e hace su primera profesión el 2 de septiembre de 1978. El 29 de agosto de 1981 emite los votos solemnes.
Prevost es originario del norte del continente. De hecho, el nuevo Obispo de Roma nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, Illinois, hijo de Louis Marius Prevost, de Prevost se licenca en 1984 y al año siguiente, mientras prepara su tesis doctoral, es enviado a la misión agustiniana de Chulucanas, Piura, Perú (1985-1986). Es en 1987 cuando discute su tesis doctoral sobre «El papel del Prior Local de la Orden de San Agustín» y es nombrado Director de Vocaciones y Director de Misiones de la Provincia Agustiniana «Madre del Buen Consejo» en Olympia Fields, Illinois (USA).
En el espacio de once años desempeña los cargos de prior de la comunidad (1988-1992), director de formación (1988-1998) y profesor de profesos (1992-1998) y, en la archidiócesis de Trujillo, de vicario judicial (1989-1998) y profesor de Derecho Canónico, Patrística y Moral en el Seminario Mayor «San Carlos y San Marcelo». Paralelamente, se le confia la atención pastoral de Nuestra Señora Madre de la Iglesia, más tarde parroquia con el título de Santa Rita (1988-1999), en la periferia pobre de la ciudad, y fue administrador parroquial de Nuestra Señora de Monserrat de 1992 a 1999.
En 1999 es elegido Prior Provincial de la Provincia Agustiniana 'Madre del Buen Consejo' de Chicago, y dos años y medio después, en el Capítulo General Ordinario de la Orden de San Agustín, sus hermanos le eligieron Prior General, confirmándole en 2007 para un segundo mandato.
En octubre de 2013 regresa a su provincia agustiniana, en Chicago, y fue director de Formación del Convento de San Agustín, primer consejero y vicario provincial; cargos que desempeñó hasta que el Papa Francisco lo nombra, el 3 de noviembre de 2014, administrador apostólico de la diócesis peruana de Chiclayo, elevándolo a la dignidad episcopal como obispo titular de Sufar. Ingresó en la diócesis el 7 de noviembre, en presencia del nuncio apostólico James Patrick Green, quien le ordena obispo poco más de un mes después, el 12 de diciembre, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe, en la catedral de Santa María.
Su lema episcopal es «In Illo uno unum», palabras que San Agustín pronuncia en un sermón, la Exposición sobre el Salmo 127, para explicar que «aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno».
El 26 de septiembre de 2015 fue nombrado obispo de Chiclayo por el Pontífice argentino y en marzo de 2018 fue elegido vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Peruana, dentro de la cual también es miembro del Consejo Económico y presidente de la Comisión de Cultura y Educación.
En 2019 por Francisco, se cuenta entre los miembros de la Congregación para el Clero el 13 de julio de 2019 y al año siguiente, entre los de la Congregación para los Obispos (21 de noviembre).
Mientras tanto, el 15 de abril de 2020, llega el nombramiento papal también como administrador apostólico de la diócesis peruana de Callao.
El 30 de enero de 2023, el Papa lo llama a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, promoviéndolo a arzobispo. Y en el Consistorio del 30 de septiembre del mismo año lo creó y nombró cardenal, asignándole el diaconado de Santa Mónica. Prevost tomó posesión el 28 de enero de 2024 y, al frente del dicasterio, participó en los últimos viajes apostólicos del Papa Francisco y en la primera y segunda sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Sinodalidad, celebradas en Roma del 4 al 29 de octubre de 2023 y del 2 al 27 de octubre de 2024, respectivamente.Una experiencia en asambleas sinodales ya adquirida en el pasado como prior de los agustinos y representante de la Unión de Superiores Generales (UGS).
Mientras tanto, el 4 de octubre de 2023, Francisco se cuenta entre los miembros de los Dicasterios para la Evangelización, Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares; para la Doctrina de la Fe; para las Iglesias Orientales; para el Clero; para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; para la Cultura y la Educación; para los Textos Legislativos; de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano.
Finalmente, el 6 de febrero de este año, fue promovido al orden de los obispos por el Pontífice argentino, obteniendo el título de la Iglesia Suburbicaria de Albano.
Durante la última hospitalización de su predecesor en la policlínica «Gemelli», Prevost presidió el rosario por la salud de Francisco el 3 de marzo en la plaza De San Pedro.
Fuente: VaticansNews





























