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Invitados al banquete Mt 22,1-14 (TOA28-23)
“Aquel día preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos” (Is 25,6). EL profeta Isaías veía a Jerusalén como el santuario al que un día habría de dirigirse la peregrinación de todos los pueblos.
Para todos los hambrientos, Dios tenía preparado un espléndido banquete. Y no solo eso. El Señor liberaría a los pueblos de su ignorancia, de sus dolores y aun del último mal que es la muerte. Dios invitaba y nos invita a todos al festín de la vida y de la alegría.
A esa promesa respondemos con el salmo 22: “Tú bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.
Como escribía san Pablo a los fieles de la comunidad de Filipos, también nosotros podemos exclamar: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4,13).
EL DESAIRE Y LA GENEROSIDAD
Tanto el poema del profeta Isaías como el evangelio de Mateo (Mt 8,11-12) comparaban la era mesiánica con un espléndido banquete. Esa imagen reaparece también en el evangelio que se proclama en este domingo (Mt 22,1-14). En él se presenta a un rey que celebra la boda de su hijo y envía mensajeros a dos grupos de invitados.
• “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. El banquete mesiánico ha sido preparado directamente para los hijos del pueblo de Israel. Dios les ha mostrado continuamente su predilección. No los llamó a sufrir como esclavos, sino a participar de la alegría de un banquete de bodas.
• “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los hijos de Israel se excusan para no aceptar la invitación. Pero el rey convida a su banquete a todos los pueblos, es decir a los paganos. El desaire de su pueblo no anula la generosidad del rey.
UNA GRATITUD FESTIVA
La parábola evangélica señala que la sala se llenó de comensales. Pero el rey observa que uno de ellos ha llegado sin un traje de fiesta. Y lo interpela con seriedad:
• “Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” Los cristianos llegados del mundo pagano sin duda podían sentirse felices de heredar los bienes preparados para Israel. Pero no debían continuar con los hábitos de su anterior paganismo.
• “Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” También en este tiempo, el Señor nos invita a todos a participar del banquete de la gracia y de los sacramentos. Pero no debemos vivir esa vida nueva con las actitudes y la irresponsabilidad del hombre viejo.
• “Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” No se trata solamente de evitar los antiguos vicios. Si la invitación es una gracia, es preciso responder a ella con una gratitud festiva. Para el banquete al que hemos sido invitados, nos viste de gala la virtud.
Un banquete para la libertad Mt 22,1-14 (TOA28-23)
1. El evangelio del banquete que un rey da por la boda de su hijo es una de las parábolas más sofisticadas del evangelio de Mateo, que marca unas diferencias substanciales con la que nos ofrece Lucas (14,15-24); incluso podríamos hablar de parábolas distintas. Mateo nos habla de un rey, rechazado por los magnates, y tras ser maltratados y asesinados algunos de sus criados, manda atacar y destruir la ciudad. Ahora se debe ir a los cruces de los caminos para instar a los transeúntes a que vengan al banquete. Como es lógico, vinieron toda clase de gentes, buenas y malas. ¿Qué significa, pues, que tras esta invitación tan generosa e informal, el rey venga a la sala del banquete y encuentre a uno que no tiene traje de bodas? Esto cambia el sentido de la interpretación de los vv. 1-10, cuando la sala se llenó de invitados, poniendo de manifiesto que incluso los que no estaban preparados son invitados a un banquete de bodas. Aquí nos encontramos con lo más extraño, quizás lo más importante y original de la parábola de Jesús redactada por Mateo.
2. Los vv. 11-14, sobre el traje de bodas, pues, deben ser un añadido independiente. Estaríamos ante una reconstrucción alegorizante para la comunidad de Mateo, que saca unas consecuencias nuevas para los miembros de esa comunidad cristiana tan particular, con objeto de que sepan responder siempre a la llamada que se les ha hecho. Pensemos en la «justicia» de las buenas obras, del compromiso constante, de la perseverancia, a lo que es muy dada la teología del evangelio de Mateo. En todo caso no debemos perder de vista que la parábola la pronunció Jesús para poner de manifiesto la fiesta de la libertad de Dios que llama a todo el que encuentra. Por lo mismo, el significado del traje de boda, añadido posteriormente (quizás se trataba de una parábola independiente), debe estar supeditado al primero, porque no es lógico que los invitados por los caminos estén preparados para una boda. No obstante deberíamos suponer que en la semiótica del vestido con que se quiere generar el texto, todo el mundo, incluso lo más pobres, siempre encuentran unas ropas más decentes para ir a una boda o a un banquete; de lo contrario no tendrían sentido los vv. 11-14. Por eso pensamos con otros intérpretes que se trata de una parábola sobreañadida a la original de los vv. 1-10, que son los coinciden más con Lc 14.
3. En todo caso, la parábola es escandalosa, y debe seguir siéndolo en cuanto a los motivos de los que rechazan el banquete, como en la actitud del rey que, en vez de suprimir el banquete, invita a todo el mundo que se encuentre por los caminos: hay que buscar a las personas que no están atadas a nada ni a nadie; son libres. El banquete no es un acto burlesco, sino que Jesús piensa en el festín de la salvación; no en una fiesta de compromiso, sino de libertad. En ese supuesto, hasta el hombre que no lleva vestido de boda, independientemente de la teología de Mateo, habría que entenderlo, hoy y ahora, como que no está allí como los demás, libre para la gracia de Dios. Quien no posea esa actitud, “ese vestido”, estará echando por tierra la fiesta de la libertad y de la gracia.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/15-10-2023/comentario-biblico/miguel-de-burgos-nunez/

